ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 18 de agosto de 2017

EL FAMOSO CASO MAYBRICK

Esta vez he conseguido reunir dos asuntos misteriosos en un solo artículo. Así que espero que os guste.
Desde hace unos 20 años, se viene sospechando que el famoso Jack el destripador pudiera haber sido un tipo llamado James Maybrick.
Parece ser que los que están a favor de ello alegan que en 1991 un chatarrero de Liverpool recibió un extraño regalo de un amigo suyo. Consistía en un diario que el otro había encontrado al hacer obras de reforma en una antigua casa.
En el citado diario, escrito a mano por James Maybrick, éste decía haber sido el famoso asesino en serie.
Evidentemente, el diario, tras haber pasado por una serie de pruebas, tiene partidarios y detractores.  Unos dicen que es una prueba que ha sido “fabricada” recientemente, por el mismo chatarrero, llamado Michael Barret. Curiosamente, su esposa, cuando estaba soltera se apellida Chandler. Es un dato que es muy importante, aunque ahora no lo parezca. El caso es que, en otra ocasión, su esposa, afirmó que ese diario siempre había pertenecido a su familia.
Por el contrario, otros argumentan que se sabe que Maybrick se hallaba en Londres, cuando sucedieron esos asesinatos y, casualmente, dejaron de producirse a la muerte de este hombre.
Incluso, en el diario se cita un detalle que no fue publicado por la prensa. Una de las víctimas de Jack fue hallada con una caja metálica en la mano, la cual se encontraba vacía. Ese dato figura con todo detalle en el diario.
No obstante, creo que debemos dejar a los investigadores que prosigan su tarea, hasta que nos ofrezcan algunas pruebas más fehacientes de la culpabilidad de Maybrick. Ya habréis visto que cada año aparece una nueva teoría sobre quién fue el verdadero Jack el destripador.
Por cierto, cuando consultamos la biografía de este personaje, nos encontramos con que murió envenenado a los 50 años. A partir de ahí, he supuesto que iba a encontrar una historia muy interesante y os voy a contar lo que he encontrado.
James Maybrick nació en 1838 en Liverpool (Reino Unido), en el seno de una familia más o menos burguesa. Tuvo tres hermanos más. Uno de ellos, Michael, fue un conocido compositor y cantante de música clásica. Los otros dos se dedicaron al comercio, al igual que James.

Nuestro personaje se dedicó al comercio textil, concretamente, era corredor en la compra-venta de algodón,  y solía viajar mucho a donde hubiera plantaciones de este tipo.
Parece ser que en uno de esos viajes contrajo la malaria y, aunque hoy nos pueda causar sorpresa, le recetaron un medicamento a base de arsénico y estricnina. Así que se convirtió en un verdadero adicto a estos dos
peligrosos compuestos. No obstante, llegó a hacerse rico, aunque su estado de salud nunca fue muy bueno.
Ahora os voy a presentar al personaje más importante de esta historia. Se llamaba Florence Maybrick, porque fue su esposa, pero de soltera se llamaba Chandler. Supongo que ya os suena ese apellido de algo.
Nació en 1862 en una localidad de Alabama (USA). En plena Guerra Civil o Guerra de Secesión USA (1861-65). Era hija de un banquero local, el cual murió al poco tiempo de nacer ella. Así que su madre y ella se fueron a otro Estado, huyendo de la guerra.
En 1880, James volvía a Liverpool, navegando en el crucero Baltic de la célebre compañía White Star, la misma a la que perteneció el famoso Titanic. Esta nave hacía la ruta entre Nueva York y Liverpool.
Casualmente, en ese mismo crucero también viajaba una joven que sólo tenía 17 años, junto con su madre y un hermano pequeño. Se trataba de Florence. Así que allí se conocieron y estuvieron casi todo el tiempo juntos, durante los 8 días que duraba este viaje.
Como parece que congeniaban tan bien a pesar de que él ya había cumplido los 42 años, su madre dio su permiso y pocos meses después se casaron discretamente en la iglesia de Saint James, en Piccadilly, Londres.
No sé si se casaron de esa forma tan discreta, porque a los 8 meses ya tuvieron su primer hijo, al que llamaron James, como su padre.
Al principio, pasaron unos años viajando entre Liverpool y Norfolk (Virginia), por motivo de negocios. Precisamente, el mismo Estado donde se encuentra Richmond, la que fue capital de los Estados Confederados de América.
En 1884, se compraron una casa enorme en Liverpool, para residir habitualmente en ella. La llamaron Battlecrease. Tenía tres pisos y nada menos que 20 habitaciones. Así que contrataron a 5 personas para el servicio doméstico.
En Liverpool,  él siguió dedicándose a sus negocios y ella a administrar la casa y cuidar de sus hijos, porque luego tuvieron también una niña. Por supuesto, también se dedicó a hacer vida social con otras damas de las familias más importantes de esa ciudad.
Según parece, un día se enteró Florence que su marido llevaba varios años teniendo relaciones con otra mujer, incluso, desde antes de casarse y seguía teniéndolas después.
Es más, de esa relación habían nacido nada menos que 5 hijos, los cuales, desgraciadamente,  vivieron pocos años.
Así que se montó una discusión bastante fuerte entre los dos cónyuges, la cual fue escuchada por todos sus empleados. Incluso, parece ser que Florence amenazó con irse y su marido le dijo que, si iba, ya no volviera por allí. Así que se quedó, pero las cosas ya no fueron igual que antes.
Unos meses más tarde, pasó por su casa otro rico comerciante de tejidos, como James, sólo que éste era mucho más joven. Su nombre era Alfred Brierley. Ahí empezó una relación entre Florence y Alfred, que les llevó a verse a solas en algunos hoteles.
Incluso, unos meses más tarde, con motivo de la visita a las famosas carreras del Grand National, en el hipódromo de Aintree, el matrimonio coincidió allí con Brierley, que se hallaba con otros amigos. Florence y éste consiguieron escaparse entre la muchedumbre y estar solos en un lugar del hipódromo. Parece ser que alguien se lo contó a James y, cuando regresaron a casa,  éste le dijo a su esposa que este tema iba a llegar a los oídos de la gente y se convertiría en todo un escándalo. Lógicamente, esto le sentó muy mal a Florence, la cual pasó varios días en cama.
Está visto que  en esa rígida sociedad victoriana no se contemplaba de igual manera el adulterio del hombre que el de la mujer. Eso ya no ocurría en USA.
A mediados de abril, Florence, fue a su farmacia habitual y compró una serie de hojas de papel con mata-moscas, que eran muy populares por entonces, las cuales contenían cierta cantidad de arsénico. Parece ser que algunas jóvenes de la época, también las usaban para suavizar la cara.
Un dato muy importante fue que, al llegar a su cuarto,  Florence, metió estas hojas en una palangana con agua. Ese era un método que se utilizaba para extraer el arsénico de esas hojas de papel.
A finales de abril, James volvió de un viaje a Londres y parecía tener muy buena salud y estar muy animado.
Sin embargo, al día siguiente, James, se despertó enfermo y no paraba de vomitar. Incluso, dijo que no sentía las piernas.
Parece ser que había tomado una sobredosis de su peligroso medicamento y, cuando llegó el médico, su mujer le informó de lo que solía tomar su marido.
Posteriormente,  mejoró su estado de salud y al día siguiente acudió a su oficina. Incluso, siguió echando esos polvillos en su plato. Cosa que llamaba mucho la atención a los que comían con él.
Por alguna extraña razón, Florence fue de nuevo a la farmacia, para comprar más hojas de papel mata-moscas.
A primeros de mayo, James, se encontraba tan mal que tuvo que guardar cama en casa y contrataron a una enfermera. El médico le diagnosticó dispepsia crónica.
En tanto que la niñera, Alice Yapp, se dedicó a seguir continuamente a Florence y llegó a la conclusión de que estaba envenenando a su marido. Así se lo dijo a la enfermera.
Es más, un día en que iba a salir a pasear con los niños, Florence, le entregó una carta para que la echara al correo. Iba dirigida a Brierley. Así que lo único que se le ocurrió a la niñera fue decir que se le había caído en un charco y la tinta de la dirección no se veía muy bien. Por lo que compró otro sobre nuevo.
No hará falta decir que se sirvió de esa argucia infantil para leer la carta. Parece ser que en la misma, Florence, le decía a su amante que su marido “estaba enfermo de muerte”. Algo que, más tarde,  fue utilizado en contra de Florence.
Dado que tanto la enfermera como el médico tenían ciertas sospechas, éste analizó unas muestras de heces del enfermo y no encontró nada raro. Sin embargo, al día siguiente, analizó el contenido de una botella de caldo de carne, que estaba junto al enfermo, y encontró en su interior restos de arsénico.
Llegó tarde, porque esa misma noche del 11 de mayo de 1889 murió James. Por entonces, Florence tenía 26 años y su marido ya había cumplido los 50.
Los hermanos de James, que también habían sido advertidos por la niñera, consiguieron que Florence fuera encerrada en su cuarto. Luego, acompañados del servicio, registraron la casa, encontrando varios recipientes con un veneno para gatos, hecho a base de arsénico.
Posteriormente, siguieron buscando y encontraron cientos de medicamentos y una cantidad de arsénico suficiente para matar a más de 100 personas.
Ciertamente, como dijo su abogado durante el juicio, si Florence hubiera sabido que su marido tenía esa cantidad de arsénico en su casa ¿para qué iba a ir a comprar esas tiras mata-moscas en la farmacia?
Incluso, si ella hubiera sido culpable de su muerte, lo normal es que se hubiera deshecho de esas pruebas, antes de que la acusaran de ello.
Tres días después del fallecimiento de James, la Policía detuvo a Florence y se la llevó a una prisión, como sospechosa de la muerte de su marido.
Tras la exhumación del cadáver, se comprobó que había restos de arsénico en su cuerpo, pero en una cantidad muy inferior
de la que le podría haber causado la muerte. No obstante, el 6 de junio, Florence, fue procesada por asesinato.
Curiosamente, durante la autopsia, sólo se encontraron restos de arsénico en el hígado, los intestinos y el bazo. Sin embargo, no hallaron ese compuesto en el corazón, los pulmones o el estómago.
También hallaron en su cuerpo, pequeños restos de otros compuestos, pero, seguramente, procedían de otros medicamentos que había tomado, pues siempre había sido muy hipocondriaco y le gustaba mucho automedicarse. De hecho, decía que los polvos blancos de arsénico “le daban la vida”.
Tampoco hay que desdeñar la influencia de la madre de Florence. Parece ser que, en solo un año, perdió a dos maridos. William Chandler, el padre de Florence, que no tenía antecedentes de padecer ninguna enfermedad, un día se encontró muy mal. Su esposa se quedó varios días junto a él, sin dejar que entrase nadie en la habitación. Lo cierto es que a los pocos días murió, con sólo 32 años. Parece ser que hubo muchas conjeturas sobre esa muerte. No obstante, la madre junto con sus hijos, se trasladaron a vivir a otro Estado.
Unos meses después, su madre, Caroline, se volvió a casar con un oficial de la Armada Confederada, llamado Franklin Bache du Barry. Éste también murió mientras navegaba en su barco con su esposa. Ella se negó a que se llevara su cadáver a tierra y exigió que se le lanzara al mar, como es habitual entre los marinos. Así que no se le pudo realizar la autopsia.
En 1872, se volvió a casar. Esta vez el elegido fue un oficial prusiano de Caballería. El matrimonio nunca fue muy bien y acabaron separándose. No obstante, ella siguió utilizando el aristocrático apellido de su ex marido, von Roques.
Volviendo a Florence, su juicio comenzó el 31/07/1889. Era la primera vez que una ciudadana USA iba a ser juzgada por un tribunal británico y eso no le gustó nada al Gobierno de Washington.
El juicio estaba presidido por un anciano juez, llamado Stephen. El jurado estaba compuesto, exclusivamente, por 12 hombres, traídos desde Lancashire. Ninguno de ellos era de Liverpool.
El fiscal era John Addison. Mientras que el abogado defensor, que había sido contratado por la madre de Florence, era uno de los mejores del Reino Unido. Se trataba de sir Charles Russell.
El fiscal comenzó su disertación refiriéndose a la relación entre Florence y su amante Brierley. Donde más cargó las tintas fue en la frase “mi marido está enfermo de muerte”, que había escrito ella en la carta interceptada por la niñera. El abogado defensor demostró que esa frase era muy utilizada en USA, de donde procedía Florence, pero no en el Reino Unido.
El principal testigo aportado por el fiscal, fue Michael, el músico hermano de James. Al abogado defensor no le costó demasiado rebatir su declaración. Sobre todo, cuando le preguntó si sabía que hubo adulterio por ambas partes. Él contestó afirmativamente. Eso era muy importante, porque ella podría haber pedido el divorcio y no le hubiera hecho falta asesinarle.
Tampoco le costó demasiado al abogado hacer descender de “su pedestal” a la niñera. Conforme llegó le preguntó si cuando vio lo que estaba haciendo Florence en su cuarto con las hojas mata-moscas es porque ella tenía que hacer algo allí o, simplemente, la estaba vigilando. Así que la convirtió en una especie de espía, cuyo testimonio carecía de validez, por tener animadversión a su señora. También le echó en cara que hubiera leído una carta de Florence dirigida a otra persona.
Los peritos médicos, presentados por ambas partes, sólo llegaron a la conclusión de que el fallecido había muerto a causa de una gastroenteritis. Sin embargo, el que presentó la defensa dijo que James no presentó casi ninguno de los síntomas de una muerte por arsénico. Mientras que el presentado por el fiscal afirmó que no todos los muertos por este tipo de envenenamiento muestran los 
mismos síntomas y que, en su opinión, había muerto por sobredosis de arsénico.
De todas formas, la viuda declaró que, en cierta ocasión, unos días antes del fallecimiento, le dio unos polvos de arsénico a su marido, porque así se lo pidió él. No olvidemos que este hombre los había estado tomando durante toda su vida. Luego dijo  ella que le había alejado el envase de los polvos de la habitación, para que su marido no tomara más.
Tampoco deberíamos de olvidar las malas relaciones entre Florence y  Michael, uno de los hermanos de James. Éste fue el que la denunció. Es posible que estuviera interesado en administrar la suculenta herencia del fallecido. Como, después, así sucedió.
El juicio llegó el 6 de agosto a la fase de conclusiones. Allí se vio que el juez no era imparcial, pues intentó convencer, durante dos días,  al jurado de la culpabilidad de Florence.
De esa forma,  con sólo 45 minutos de deliberación, los miembros del jurado la declararon culpable y Florence fue condenada a morir en la horca.
Así de sencillo era, en aquella época, condenar a una persona a la pena de muerte. Curiosamente, el juez que la condenó fue ingresado pocos años después en un sanatorio para enfermos mentales y allí murió.
La ejecución de Florence fue fijada para 20 días después. Parece ser que hubo miles de personas que estuvieron en contra del veredicto y escribieron cartas al Gobierno y al palacio Real, para que fuera indultada.
Hasta los mismos consumidores habituales de arsénico, que lo solían tomar como afrodisiaco, opinaron que la muerte de James no se debió a una sobredosis de este producto, sino todo lo contrario.
En el bando contrario, también había mucha gente que opinaba que Florence había matado a su marido, porque él se quería divorciar y eso la iba a dejar en la miseria y, posiblemente, sin sus hijos.
Enseguida llegaron más de medio millón de firmas, entre ellas, las de algunos prestigiosos médicos británicos, donde se pedía el indulto, pues no estaba claro que el arsénico hubiera sido el causante de la muerte de James, sino, quizás, la gastroenteritis crónica, producida por el consumo habitual de diversos productos farmacéuticos.
Incluso, el ministro del Interior llegó a convocar al juez, el fiscal y el abogado defensor de este juicio, junto con notorios especialistas científicos en esta materia.
Afortunadamente, este movimiento consiguió que el 22 de agosto la reina, aconsejada por el ministro del Interior,  firmara la conmutación de esa condena por la de cadena perpetua. Parece ser que encontraron muchas dudas razonables sobre su culpabilidad en la muerte de su marido.
Su abogado siguió intentado que se pusiera en libertad a su defendida. Incluso, en 1895, cuando fue nombrado ministro de Justicia.
Es más, cuando lord Asquith fue nombrado nuevo ministro del Interior, recibió la visita de
la madre de Florence, acompañada por algunos sirvientes de su hija, junto con un abogado francés. Éste le mostró un informe de un conocido médico USA, que alababa las virtudes del arsénico para mejorar la piel de la cara. Aun así, el ministro, se negó a concederle el indulto.
Por fin, en 1904, tras 15 años de cárcel, fue puesta en libertad bajo palabra. Poco después, regresó a los USA y allí se enteró de que su hijo, al que no veía desde que fue arrestada, había muerto. Nunca más volvió a ver a sus hijos.
El resto de su vida lo dedicó a dar conferencias sobre la necesidad de una reforma penitenciaria. También escribió un libro al que tituló “Mis quince años perdidos”.

Florence Elizabeth Maybrick murió en 1941, pobre, sola y rodeada de gatos, en una pequeña localidad del Estado de Connecticut, cuando acababa de cumplir los 79 años.
Parece ser que tras su muerte, se encontró, entre sus escasas pertenencias, una Biblia, dentro de la cual, se hallaba una receta escrita a mano, donde se explicaba cómo extraer arsénico para utilizarlo como maquillaje para la cara.

Se dice que Isabel I de Inglaterra, también llamada “la reina virgen” solía utilizar muy a menudo el arsénico para empolvarse la cara.

martes, 15 de agosto de 2017

SENÉN ORDIALES, UN HÉROE OLVIDADO DE LA AVIACIÓN ESPAÑOLA

Nuestro personaje de hoy es de esos que, actualmente,  no suelen aparecer en la prensa, porque, según parece, no les interesa a determinados colectivos.
Senén Ordiles González nació a finales de 1900 en lo que hoy es el barrio de Carabanchel Alto, en Madrid.

Parece ser que siempre tuvo muy claro que quería ser militar. Así que en 1916 ingresó en la famosa Academia de Artillería, situada en Segovia.
Por si no lo sabéis, este año se cumple el 225 aniversario de la apertura del Laboratorio de Química en lo que entonces se llamaba Real Colegio de Artillería de Segovia. Esto tuvo lugar durante el reinado de Carlos III.
No deberíamos de olvidar que esta academia fue, en su momento,  uno de los centros científicos más punteros del mundo.
Incluso, el Gobierno español, llegó a contratar durante varios años al famoso científico francés Louis Proust. Un personaje que aparece en todos los libros de textos, referidos a la Química.
Precisamente, en el laboratorio de esta academia fue dónde, en 1799, enunció su famosa Ley de las Proporciones Definidas, también llamada Ley de Proust. Actualmente, se considera una de las Leyes Fundamentales de la Química.
Parece ser que este químico francés gozó de tal libertad de trabajo y de tan buenos medios en nuestro país, que renunció a muy buenas ofertas, que le solían llegar desde Francia.
Desgraciadamente, en 1806, tuvo que regresar a su país por motivos familiares y ya no volvió a causa de la guerra entre ambos países.
Si a alguno le suena esto un poco extraño, le puedo indicar que los artilleros, aparte de disparar con sus cañones, también los fabricaban, así como a las municiones de los mismos. Por eso, deberían de tener amplios conocimientos en diversas materias científicas.
Aparte de ello, para que veáis que siempre han tenido relación con otras materias, os puedo decir que, tras varios ensayos en esa Academia, bajo la dirección de Proust, en noviembre de 1792, los artilleros hicieron una demostración de vuelo en globo ante Carlos IV, que se hallaba en El Escorial.
Con ello demostraron que este artefacto podría servir para observar desde el aire las posiciones del enemigo y apoyar el avance de nuestras propias tropas.
Desgraciadamente, a causa de la guerra y del lamentable estado financiero del país, este avance no fue aprovechado, en España, hasta casi 100 años más tarde.
Volviendo a nuestro personaje, a su salida de la Academia de Artillería es destinado a un regimiento de esta arma ubicado en Valencia.
Como es un hombre muy inquieto, en 1922, solicita y consigue ser destinado a África, donde, desde hace varios años,  se está desarrollando una guerra entre España y las tribus de lo que hoy es Marruecos.
Allí tuvo su bautismo de fuego, luchando contra esos feroces guerreros africanos. Parece que esa vez salió sin un rasguño.
La Aviación militar española ya llevaba unos cuantos años actuando en esa guerra. No olvidemos que el Servicio Aeronáutico Militar fue creado por un decreto de 28 de febrero de 1913. En España, el Ejército del Aire, no se creó hasta después de la Guerra Civil.
Así que eso le debió de atraer mucho y en 1923 fue enviado al aeródromo militar de Tablada, en Sevilla, para hacer un curso elemental de vuelo.
De allí partió para el aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid, donde obtuvo su título de piloto militar, en abril de 1924. Posiblemente, estuvo dentro de la promoción 19 de este centro.
Posteriormente,  fue destinado al aeródromo militar de Nador, donde se reincorporó a la guerra de África.
Por cierto, todo el mundo podría pensar que la aviación comercial española nació en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, pues no es así. El primer vuelo comercial lo hizo, el 15.10.1921, un avión DH-9 de la antigua compañía CETA, presidida por el empresario e ingeniero Loring,  desde el aeródromo de Tablada hasta el de Larache, transportando exclusivamente sacas de correo.
Volviendo al personaje del que nos ocupamos hoy, cumplió decenas de misiones, siendo la mayoría de ellas consistentes en el bombardeo de las posiciones enemigas. Durante las cuales se distinguió por descender hasta una altura casi temeraria a fin de bombardear con mayor precisión sus objetivos.
Tras el Desastre de Anual, participó en la llamada “campaña de desquite”, donde atacaron cientos de objetivos y comprobaron las fuerzas del enemigo, mientras llegaban refuerzos de la Península. Lo cierto es que de esa manera consiguieron parar de una manera muy efectiva el avance de los moros hacia ciudades importantes, como Melilla.
También hay que decir que el ametrallamiento a baja altura produjo muchas bajas entre los pilotos, pues los rifeños se acostumbraron a esa maniobra y ya los esperaban parapetados en lo alto de las colinas, desde donde  disparaban a los aviones, que volaban por debajo de ellos. Por cierto, no vayáis a pensar que los rifeños sólo disponían de fusiles. También 
tenían algunas ametralladoras.
Aparte de que la mayoría de esos aviones estaban construidos a base de una estructura de madera forrada de lona. Lo cual les hacía muy frágiles ante los disparos del enemigo.
Incluso, se dio el caso de que un hidroavión fue derribado cerca de la costa, por una parada del motor,  y los pilotos tuvieron que defenderse a tiros, pues los rifeños les atacaron desde unas barcas, para intentar hacerse con el aparato. Cosa que no consiguieron, porque se presentó un torpedero para ayudarles. No obstante, uno de los oficiales resultó muerto por los disparos de los rifeños.
En abril de 1925 le ocurrió una cosa impensable con los actuales aviones. Cuando bombardeaba una posición, junto a otro avión, éste fue derribado por el enemigo.
Aunque ya había visto que los tripulantes del otro aparato habían perecido, no quiso dejarlos allí al capricho de los moros, los cuales solían tratar muy mal los cadáveres de los soldados españoles.
Así que, ni corto ni perezoso, aterrizó con su aparato modelo Bristol y tanto él como su artillero, se pusieron a disparar con sus fusiles contra el enemigo, hasta que pudieron llegar a esa zona unas fuerzas españolas para relevarles.
Acto seguido, despegaron y continuaron su misión de bombardeo, para luego retornar a su
 base, como si no hubiera ocurrido nada. Por este acto, le fue concedida la Medalla Militar individual.
Posteriormente, también participó activamente en el famoso desembarco de Alhucemas, bombardeando la cabeza de playa, donde luego llegarían las tropas españolas.
Poco después, siempre acompañado por su ametrallador, el sargento Gutiérrez Lanzas, que procedía de Intendencia,  pudieron ver que un grupo de moros estaba instalando un cañón para bombardear a las tropas de desembarco.
Así que, como ya era habitual en su forma de pilotar, descendió hasta unos pocos metros del suelo, y desde allí bombardeó la posición donde estaban instalando el cañón.
Desgraciadamente, en una primera pasada, el piloto es herido en la cabeza. Posteriormente. Lo fue también en la muñeca derecha y se lo vendó con una corbata.
Así y todo, consiguieron destruir el cañón y volver a su base. Esta vez tuvieron que ingresarlo urgentemente en un hospital por haber perdido mucha sangre.
En 1927, se reincorporó al servicio activo, como jefe de una escuadrilla en Marruecos, con el grado de capitán. Ese mismo año, por su anterior actuación, le conceden la preciada Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración militar española. Ese mismo año, también le condecoraron con la medalla de sufrimientos por la Patria.
El uso de los aviones se hizo casi imprescindible en esta campaña. No sólo en las misiones de observación,  bombardeo y ametrallamiento de las posiciones enemigas. También se utilizaron, habitualmente, para llevar suministros a aquellas pequeñas e indefensas fortificaciones en mitad de la nada, llamadas blocaos, que se erigían conforme avanzaba el Ejército español.
Aparte de lanzarles víveres y municiones, una de sus labores más importantes era lanzarles agua. Evidentemente,  no la llevaban en estado líquido, sino en barras de hielo de 12 kg, que era más fácil de transportar y no se les deshacía por el camino.
Tras la guerra de África, en 1929, es destinado a la Escuadrilla de Experimentación, ubicada en la base de Cuatro Vientos, en Madrid.
Esta escuadrilla estaba formada por pilotos e ingenieros aeronáuticos y se dedicaba a probar los nuevos aviones y las modificaciones realizadas en los que ya había. Digamos que eran una especie de pilotos de pruebas. Algo muy arriesgado, por cierto.
No obstante, como los pilotos siempre se han tomado estas cosas con un envidiable sentido del humor, crearon un emblema con mucha gracia.
En él, podemos ver un conejo de indias subido en una escoba y con un lema que dice: “Echar paja que no vuelo”.
Allí estuvo destinado durante varios años. Es preciso decir que la Aviación española, cuando se proclamó la II República, el 14/04/1931, en su mayoría, se demostró pro republicana.
De hecho, es posible que estuviera implicado en el intento de golpe de Estado a favor de la 

República, que intentaron realizar algunos pilotos de Cuatro Vientos. En un diario madrileño de febrero de 1931, aparece su nombre dentro de una larga lista de militares, que según parece, habían sido cesados por el Gobierno como pilotos militares.
De todas formas, parece que esa situación duró poco y muy pronto se reintegraron al servicio.
Sin embargo, en julio de 1936, se vió que este cuerpo estaba dividido, como le ocurrió al resto del Ejército o la Armada.
Parece ser que nuestro personaje se negó a combatir a favor del gobierno republicano del Frente Popular y, por tanto, fue encerrado en la, desgraciadamente,
famosa Cárcel Modelo de Madrid.
No se sabe que estuviera adscrito a ningún partido o sindicato. Supongo que, simplemente, quiso ser neutral en ese conflicto y no le dejaron.
Desafortunadamente, en una de las habituales sacas de prisioneros, ocurrida el 18 de agosto de 1936, fue conducido por unos milicianos fuera de la cárcel y asesinado. Precisamente, el mismo día en que se supone fue también asesinado Federico García Lorca, en Granada, por parte de las tropas del bando nacional.
Estaréis conmigo en que fue un triste final para todo un héroe de la Aviación española. Parece ser que no fue el primer piloto condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando, sino el noveno.

Así que hubo antes muchos más héroes de la Aviación que son prácticamente desconocidos hoy en día. Lo cual me parece toda una injusticia y creo que la sociedad española debería reivindicarlos como suyos.

martes, 8 de agosto de 2017

MANUEL TAGÜEÑA, UN GRAN MILITAR REPUBLICANO

Hoy voy a narrar la historia de un personaje ciertamente sorprendente. La verdad es que en muchas de las fotos que disponemos de él se le ve con uniforme militar y unas gafas que le dan un aspecto que no parecen cuadrar con la imagen habitual de un militar. Como ya veremos, las apariencias engañan.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Manuel Tagüeña Lacorte. Nació en Madrid en 1913, en el seno de una familia burguesa. Su padre trabajaba como Topógrafo en el, por ento
nces, denominado Instituto Geográfico y Catastral, hoy Instituto Geográfico Nacional. Mientras que su madre era maestra.
Realizó sus estudios primarios en una escuela pública, mientras que el Bachillerato lo realizó en el antiguo colegio de los Maristas, sito en el número 15 de la calle de los Madrazo, en Madrid. Actualmente, ese local pertenece al Ministerio de Educación.
Entre 1929 y 1933 estudió Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad Central, en Madrid. Llegando a licenciarse con premio extraordinario fin de carrera. No pudo acabar su doctorado en Físicas por la llegada de la Guerra Civil.
Una vez leído esto, supongo que todos estaríamos de acuerdo con que nos encontramos ante la figura de un intelectual muy alejado de las formas violentas que se necesitan para hacer la guerra. Si habéis pensado eso, os habréis equivocado totalmente.
Parece ser que, desde pequeño, a este hombre le metieron en la cabeza que tendría que luchar en la vida por algo que mereciera la pena. Es posible que tuvieran que ver algo en ello uno de esos abuelos, que siempre fue republicano, o una de sus abuelas, hija de un general carlista.
En sus memorias, tituladas “Testimonio de dos guerras”, comenta que, cuando era pequeño,
un viejo carlista le dijo “quedarse al margen de la lucha es una cobardía”. Así que, desde ese momento, se aficionó a leer narraciones sobre héroes y se puso a buscar una razón por la que verdaderamente valiera la pena luchar. Algo así como un ideal caballeresco. Desde un principio, tuvo muy claro que habría que recurrir a la violencia para intentar cambiar al mundo.
Así que, en 1929, ingresó en la Universidad Central, cuya facultad estaba situada en el antiguo edificio de la calle de San Bernardo, en Madrid,   y al poco tiempo pasó a formar parte de la FUE, una organización estudiantil que se había distinguido por sus protestas, durante la dictadura de Primo de Rivera.
Parece ser que allí comenzó a militar en la izquierda y a tener frecuentes peleas con otros estudiantes monárquicos o de organizaciones derechistas.
La muerte de su padre y, posteriormente,  la de su hermano mayor, que se producen entre 1927 y 1930, cambian profundamente su carácter y hace que se haga más reflexivo.
No obstante, en 1930, parece ser que tuvo un discreto papel en el fracasado golpe, conocido como la Sublevación de Jaca. Se dice que le dieron una pistola y el mando de un grupo de milicianos republicanos. Afortunadamente, no fue detenido.
En aquella época, un acontecimiento que atraía mucho a aquellos jóvenes que aspiraban a cambiar el mundo fue la Revolución Rusa.
Evidentemente, como todas las informaciones que salían de allí habían pasado antes por una férrea censura, casi nadie se estaba dando cuenta de que los rusos lo estaban pasando muy mal y en el resto del mundo se veía como a unos héroes a los líderes comunistas soviéticos.
Como es lógico, en 1932, nuestro personaje ingresó en las Juventudes Comunistas, junto a su amigo, Fernando Claudín, que, posteriormente, sería uno de los máximos dirigentes de ese partido.
Como le vieron con muchas ganas de estar en la lucha callejera, le destinaron a unas milicias antifascistas, que tenía un cierto cariz paramilitar.
A partir de 1934, con la llegada de los partidos de la derecha al Gobierno de la II República, se multiplica la violencia, llegando a haber múltiples tiroteos en las calles contra los falangistas. Con las correspondientes bajas producidas en ambos bandos. De hecho, en aquella época, Tagüeña, acostumbraba a llevar siempre encima una pistola, por si acaso.
Parece ser que, fue por entonces, cuando conoció a su futura esposa, Carmen Parga Parada, nacida en La Coruña,  militante de la organización comunista BEOR y estudiante de Filosofía y Letras en la Universidad Central. Por entonces, su Facultad ya se había mudado a la Ciudad Universitaria de Madrid.
Desgraciadamente, ella no pudo licenciarse a causa de la Guerra Civil. No olvidemos que el frente de Madrid estuvo, durante casi toda la guerra, justo en la Ciudad Universitaria.
También en ese mismo año, durante la llamada Revolución de Asturias, que también se produjo en otros rincones de España, le fue encomendado el ataque a un cuartel militar en Madrid. El suceso acabó con la muerte de un guardia de asalto, que es como se llamaba entonces a una unidad de la Policía, y un joven del grupo de nuestro personaje.
Por ello, es detenido, pasando varias semanas en la cárcel, de la que sale en libertad gracias a unas gestiones realizadas por un tío suyo, que era diputado del partido gobernante.
Consigue una plaza de profesor en el Instituto de Molina de Aragón, pero la Policía sigue su rastro. Así que se traslada a Zaragoza, para esconderse en casa de unos familiares, hasta que pase un tiempo.
Cuando ya no lo buscan, se decide a realizar el servicio militar. En un principio, paga una tasa, que le permite hacer sólo la mitad de tiempo en ese servicio. Le toca realizarlo en el Regimiento de Ingenieros Zapadores nº 1, radicado en el famoso Cuartel de la Montaña.
Lo cierto es que luego ve que le gusta ese mundo. Así que va ascendiendo y se presenta a los exámenes para oficial de complemento. Como los militares pudieron comprobar que ya estaba fichado por la Policía no le dejaron examinarse y se quedó siendo brigada.
Cumplida la mili, retorna a su actividad política. Reorganiza las Juventudes Socialistas para unificarlas con las comunistas y fundar las Juventudes Socialistas Unificadas.
Curiosamente, indica en sus propias memorias que, el día del asesinato del líder de la Oposición, Calvo Sotelo, él se hallaba dentro del Cuartel de Pontejos, sito en la madrileña Puerta del Sol, de donde partieron los asesinos, pero afirmó que no tuvo nada que ver con ese crimen.
El 18 de julio de 1936 recibe la orden de coger un grupo de milicianos, proveerlos de armas en una Casa del Pueblo, junto al Puente de Segovia y con ellos ir a asediar el cuartel de Artillería, en Getafe, el cual se ha rebelado contra el Gobierno. Curiosamente, consiguen entrar muy fácilmente en ese recinto militar.
Poco más tarde, es destinado al Alto del León, en la Sierra de Guadarrama, para combatir contra las milicias de Falange.
Combate dentro de un batallón. Casualmente, el capitán jefe de esa unidad cae muerto de un balazo. Así que él se hace cargo del batallón y es nombrado capitán y luego comandante.
En 1937 el batallón se convierte en una brigada mixta y él es designado para estar al frente de la misma.
Tras la batalla de Brunete, en julio de 1937, con sólo 24 años, le encargan el mando de la 3ª División, a pesar de la oposición del ministro Indalecio Prieto, que lo ve muy joven para ocupar ese cargo.
Al año siguiente, destinan a su unidad para reforzar el frente de Teruel, que ha sido roto por los nacionales. Así y todo, consigue contener el avance de las tropas italianas en varios puntos. Esto le hace ganarse el ascenso a teniente coronel. También recibió, por ese hecho,  la Medalla de la Libertad.

En abril de 1938, le conceden el mando del XV Cuerpo de Ejército, que, poco después,  tuvo una importancia primordial en las operaciones de la Batalla del Ebro. Aquí fue donde se demostró su valía como uno de los más competentes militares republicanos.
Curiosamente,  todas las unidades que participaron en esa batalla estaban mandadas por comunistas. Los otros cuerpos de Ejército eran el V, mandado por Enrique Líster, y el XII, a las órdenes de Etelvino Vega.
Con esta operación, ideada por el general Vicente Rojo, sólo se buscaba quitar presión sobre Valencia y sobre Madrid, ya que el bando nacional tuvo que retirar muchos de sus efectivos que asediaban o se dirigían hacia esas dos ciudades y llevarlos a combatir en el Ebro. De esa forma, consiguieron tener entretenidas a importantes unidades del bando nacional entre los meses de julio y noviembre de 1938.
A mediados de noviembre, Tagüeña, consiguió que sus tropas se retiraran ordenadamente del frente del Ebro con una maestría tal que recibió elogios por parte de los Estados Mayores de ambos bandos.
Posteriormente, su unidad se dirige hacia Barcelona, donde destruyen los archivos del PSUC, el partido comunista catalán. La capital de esa región cae a finales de enero de 1939.
En sus memorias, nos dice que los líderes comunistas Francisco Antón y Santiago Carrillo le intentaron convencer para que defendiera Barcelona y así estabilizar el frente, para dar más tiempo a los que quisieran escapar. Era algo así como intentar repetir el asedio de Madrid.
Sin embargo, cuando esos líderes hicieron llamamientos a la población para ayudar en la fortificación de la ciudad, de una población de un millón de habitantes, sólo acudieron unos 1.000 voluntarios para este trabajo. La mayoría de la gente estaba hambrienta y sólo deseaba que la guerra se acabara cuanto antes. Más o menos, es lo que ocurría en toda España.
Nada que ver con el entusiasmo de esas masas, que derrotaron el 18/07/1936 a los militares sublevados en Barcelona
A primeros de febrero, ordena que su unidad atraviese la frontera con Francia y entre lo más ordenadamente posible en ese país. Tal y como corresponde a una unidad militar, aunque haya sido vencida. Con él llega también a Francia su esposa.
Allí se entera de que Negrín piensa prolongar la resistencia al igual que los líderes del PCE. Así que vuela en un avión hacia Albacete, junto con otros líderes militares republicanos.
De allí se va hacia Madrid, donde la noticia de su llegada se publica en “Mundo Obrero”,  y se entera de que el coronel Casado tiene intención de rendir la ciudad a los nacionales, apoyado por los anarquistas de Cipriano Mera.
Le ordenan que se presente en un lugar llamado “Posición Yuste”, que está en una casa de campo cercana a la ciudad de Elda (Alicante). Allí se entrevista con Negrín y con el resto del Gobierno. Le dicen que el Gobierno ha tomado la decisión de abandonar el país y que se lo vaya a anunciar a los líderes comunistas, que se hallaba en otro lugar llamado “Posición Dakar”. Situado no muy lejos de allí.
En ese lugar estaban refugiados varios dirigentes comunistas, como el ministro Vicente Uribe, Togliatti, Dolores Ibarruri, Enrique Líster, Juan Modesto, Rafael Alberti, Mª Teresa León, etc. Posteriormente, desde allí, volaron hacia el exilio. La mayoría de ellos fueron a Orán.
Allí comprueba que sus compañeros comunistas son partidarios de continuar la guerra a fin de que pase a ser un episodio más de la II Guerra Mundial, que ya se adivina a lo lejos y así hacer que los aliados derrotaran a Franco. Sin embargo, él se da cuenta de que todo está perdido cuando comprueba que el gobernador de Alicante ya ha entregado la ciudad a las fuerzas de Casado.
Lo cierto es que, desde 1938, mucha gente piensa que es absurdo prolongar una guerra que ya está perdida. Entre ellos, tenemos al propio presidente Azaña, su consejero Hernández Saravia, Indalecio Prieto, el general Rojo  y muchos otros más.
Así que el 07/03/1939, Tagüeña,  toma un avión DC-2 de la compañía LAPE, en el aeródromo
de Monóvar (Alicante) y unas horas más tarde llega a Toulouse. Luego va hasta París, donde ya le está esperando su esposa y es donde se entera del final de la guerra y de que muchos de sus amigos comunistas han sido asesinados por las fuerzas del coronel Casado.
Otros comunistas fueron encarcelados por las tropas afines a Casado y allí los encontraron los nacionales, los cuales ordenaron su inmediato fusilamiento.
Muchos combatientes republicanos no tuvieron la misma suerte de sus dirigentes. Se fueron al puerto de Alicante, porque les habían dicho que irían varios barcos a recogerles. Sólo llegó uno, llamado “Stanbrook”. Posteriormente,  las miles de personas que no pudieron embarcar en él, fueron capturadas por los nacionales e internadas en campos de concentración. Posteriormente, muchos de ellos, fueron ejecutados.

El mismo Tagüeña se lamenta de que la flota republicana no quiso esperar a los que querían huir de España y se fue con sus barcos casi vacíos hacia Túnez. Lo cierto es que podrían haber embarcado a muchos de esos refugiados y así hubieran salvado sus vidas.
Poco después, la familia Tagüeña, se traslada hasta la antigua URSS. En Moscú, nuestro personaje, ingresa en la prestigiosa Academia Militar Frunze de la que, posteriormente, sale con el mismo grado que tuvo en la Guerra Civil, o sea, el de teniente coronel.
No obstante, los soviéticos, no le permiten combatir en la II Guerra Mundial y pasa todo el tiempo, en esa academia, formando a los nuevos oficiales soviéticos.
Permanece en Moscú hasta 1946 y luego lo envían como asesor militar a la antigua Yugoslavia. Al surgir las disensiones entre la URSS y Yugoslavia, abandona ese país y se va a la antigua Checoslovaquia. Parece ser que ya se muestra muy crítico con la política de su partido. Nunca más volverá a vestir un uniforme militar.
Según parece,  una de las cosas que más les marcó tanto a él como a su esposa, durante su estancia en la URSS, fue el suicidio de su cuñada rusa. La esposa de Antonio Parga, que era hija de un político,  el cual había sido represaliado por Stalin.
Lo cierto es que siempre hubo muchas disensiones en el seno del Comité Central del PCE, en Moscú. Hubo diversas camarillas, que solían acusarse entre ellas. Sin embargo, Tagüeña, siempre quiso permanecer neutral en estos conflictos y, según parece, no se lo permitieron.
De esa manera, se puede decir que se va dando cuenta de que ha dedicado su vida a una causa injusta. En pocas palabras,  él siempre fue una especie de idealista revolucionario. Algo que hubiera tenido algún futuro en las revoluciones del siglo XIX, pero que ya no lo tenía en pleno siglo XX.
De hecho, en sus escritos, se queja amargamente del poder que tiene la burocracia en los países comunistas, que ni siquiera deja pensar por su cuenta a la gente que, en teoría, debería de mandar sobre ella. Incluso, dice que han discriminado a las mentes más preclaras y han puesto a los mediocres al frente de esas Instituciones, porque los primeros suelen criticar a los dirigentes y eso no se lo permiten a nadie. Él no llega a entender que, en esos países, el Socialismo haya quitado la libertad a la gente y dice que así no puede progresar ningún país.
Incluso, en sus memorias, hace unas interesantes reflexiones sobre la Guerra Civil: "La responsabilidad del fracaso no era sólo de los gobernantes, sino de la oposición de la derecha e izquierda que no habían dado sosiego al nuevo régimen desde el 14 de abril. Hubiera sido mejor encontrar una fórmula aceptable para la mayoría, pero intransigencias, intereses creados, impaciencias y demagogias, se opusieron a ello. Ya no quedaba más salida que la guerra a muerte".
Tanto su mujer como él, imparten clases en la Universidad de Brno. Uno en la Facultad de Medicina y la otra en la de Filosofía.
En 1955, tras una larga espera, consigue salir de la URSS y se traslada a México, junto con su mujer y sus dos hijas y allí se sale del partido comunista (“Me aparté del comunismo, no por sus fines, sino por sus métodos”). Al principio, tardó en encontrar un empleo estable. Posteriormente, en la capital federal, trabajó como asesor médico de un laboratorio farmacéutico. No olvidemos que él también estudió Medicina, mientras estaba exiliado.
Parece ser que, tras el fallecimiento de Stalin, en 1953, se relajó el régimen y él lo aprovechó para intentar que le dejaran marchar. Incluso, presentó un escrito, gestionado por unos familiares de su esposa, que vivían en México, donde una universidad de ese país le invitaba a que impartiera clases en sus aulas. Lo cierto es que también tuvo que vencer la enemistad de ciertos dirigentes del PCE, pues ellos también tenían que autorizar su marcha hacia México.

Parece ser que, con el tiempo, se fue dando cuenta de que el principal interés del PCE, durante la Guerra Civil, no fue exclusivamente defender a la II República, sino, principalmente, cumplir las órdenes que les llegaban de Stalin.
Aunque, en México, algunos dirigentes del PCE, quisieron recuperarlo para su causa, él se negó a ello. No se sabe si por eso mismo, en cierta ocasión, estuvo a punto de ser expulsado de ese país, acusado de ser un espía soviético. Menos mal que la cosa no fue a más, de lo contrario, lo hubieran devuelto a la URSS y a saber cómo habría acabado.
En 1960, también tras varios años esperando que le concedieran un visado,  hizo un corto viaje a España, para visitar a su madre, que se encontraba muy enferma. Incluso, se le propone quedarse en nuestro país, pero él no lo acepta, porque no quiere ser utilizado por la propaganda del régimen franquista.
En 1962, fallece su madre y consigue llevarse a su hermana Encarna a México, la cual había pasado varios años encerrada en las cárceles franquistas.

Nuestro personaje continuó con su exilio en México, donde murió en 1971, con sólo 58 años, víctima de un cáncer. En España no se publicaron sus obras hasta 1978.