ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

lunes, 13 de noviembre de 2017

JANE ANDERSON CIENFUEGOS, PERIODISTA Y ESPÍA

Esta vez voy a hablar de uno de los miles de extranjeros que pasaron por España para conocer lo que para ellos era algo muy exótico: una guerra civil.
La verdad es que, cuando te pones a ver documentos sobre la guerra civil española, te encuentras con que por aquí pasó media Humanidad. Unos vinieron a pegar tiros y otros, simplemente, a darse una vuelta por aquí. Hasta el mismo Nehru y su hija, la futura Indira Gandhi, estuvieron de visita por esa España en guerra. Supongo que muchos de ellos se llevarían una impresión bastante lamentable de nuestro país.
Curiosamente, aunque en la zona nacional se declaró el estado de guerra nada más empezar la misma, en cambio,  en la zona republicana no se declaró hasta 1939, cuando ya se estaba acabando. Lo que, como era de esperar, fue motivo de chistes en los dos bandos.

No me extraña, si, como se ha demostrado, en España, tenemos algunos políticos que no conocen el precio de un café con leche, pues igual tampoco se habían enterado de que en nuestro país la gente llevaba así tres años matándose, a causa de una cruenta guerra civil.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Jane Anderson y nació en el sur de USA. Concretamente, en 1888, en Atlanta (Georgia). Actual sede de algunas conocidas multinacionales.
Parece ser que nació en el seno de una familia acomodada de esa ciudad y que tenían unas amistades muy variopintas, entre ellas, con el famoso Buffalo Bill.

Como ya sabemos, a los ciudadanos de USA, no les importa cambiar constantemente de Estado. Así que, mientras sus padres se fueron a Arizona, ella se quedó al cuidado de sus abuelos en Georgia. Allí comenzó su formación y la terminó en Dallas (Texas).
Posteriormente, en 1909, se trasladó a la gran metrópoli de Nueva York, donde conoció a su primer marido, el compositor y crítico musical Deems Taylor, con el que se casó en 1910. Por su parte, ella se dedicó a escribir cuentos infantiles, que se publicaban en periódicos nacionales.

Este compositor apareció en la célebre película de Disney “Fantasía”, haciendo el papel de maestro de ceremonias.
En 1915, en plena I Guerra Mundial, Jane, se trasladó sola a Europa y allí destacó por ser una de las primeras mujeres corresponsales de guerra. Enviaba sus reportajes al periódico londinense Daily Mail.
Parece ser que era una mujer muy bella, con una llamativa cabellera pelirroja. Algunos la apodaron como “el melocotón de Georgia”. Así que no le faltaron amantes. Por lo visto, uno de ellos fue el conocido escritor Joseph Conrad.
Poco después, volvió a su país y en 1918 se divorció de su primer marido, pero no duró mucho tiempo su estancia en USA.
En 1922, consiguió ser enviada de nuevo a Europa. Esta vez como corresponsal del International News Service, una agencia de noticias propiedad del magnate W.R.
Hearst. Ese que Orson Welles retrató magistralmente en su película “Ciudadano Kane”.
En 1934, se casó en la catedral de Sevilla con un tipo que decía ser un aristócrata español, Eduardo Álvarez de Cienfuegos. Parece ser que ni era noble ni nada parecido. Lo cierto es que la pareja pasó a residir en España.
Lógicamente, el estallido de la guerra civil, los pilló en nuestro país. Así que ella retomó su papel de corresponsal y se dedicó a enviar sus crónicas al Daily News, donde insertaba informaciones de interés para el bando nacional. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que este conflicto no fue algo tan “civilizado” como lo fue la I Guerra Mundial. Así que pronto fue detenida, acusada de espionaje y encerrada en una de las famosas checas, que se prodigaron por todo Madrid.
Es posible que la detuvieran, porque solía presumir de ser una aristócrata y  todos los aristócratas, salvo algunas excepciones, se decantaron por el bando nacional. Así que solían ser encerrados por los milicianos y, posteriormente, muchos de ellos fueron asesinados.
Para el que no lo sepa, una checa era una cárcel más o menos secreta, donde los milicianos izquierdistas y anarquistas encerraban a los que consideraban sus enemigos y allí se dedicaban a torturarles hasta que, al final, muchos de ellos aparecían asesinados en los lugares más remotos.
Afortunadamente, como ella nunca perdió su nacionalidad USA, alguien denunció su arresto en la embajada de su país en Madrid y la diplomacia se puso en marcha. Hasta el mismo secretario de Estado, Cordell Hull, tuvo que presionar al Gobierno de la II República para que la pusieran en libertad.
Esta vez tuvieron éxito y llegaron a tiempo, porque ya la habían condenado a muerte. Así que, según parece,  nuestro personaje sólo pasó unas 3 semanas en una de las checas de Madrid. Eso sí, fue liberada con la condición de que tendría que abandonar España.
A partir de entonces, se dedicó a dar múltiples conferencias por todo USA, supongo que financiada por la Iglesia Católica de ese país, pues, igual que ella, se mostraba  a favor de Franco. No hay que olvidar que ella se convirtió al catolicismo poco antes de su boda en Sevilla. Aparte de eso, siempre fue una conocida anticomunista.
En esas charlas, y también por medio de artículos en la prensa de su país, se dedicó a narrar las atrocidades que dice haber contemplado tanto en la España republicana, como en la checa donde estuvo encerrada. Haciendo hincapié en las vejaciones sufridas por los miembros del clero católico.
Seguramente, se la utilizó para presionar al Gobierno USA, entonces presidido por F. D. Roosevelt, para que no ayudara al Gobierno de la II República. Como así se hizo.
Otra de sus curiosas actividades fue ayudar en la promoción del turismo de guerra. Una iniciativa muy curiosa del bando nacional y al que ya dediqué otro de mis artículos. Por medio de ella, se mostraba a los turistas extranjeros cómo habían quedado algunas zonas de España, tras haber sido conquistadas por el bando nacional. Nada menos que 36 agencias de viajes se dedicaron a impulsar esta curiosa iniciativa.
Supongo que para apoyar esta iniciativa, nuestro personaje, regresó en 1938 a España, para, según decía, mostrar a esos turistas lo que había visto ella durante la guerra civil. Por supuesto, estuvo contratada por el Ministerio de Propaganda del bando nacional.
Algún destacado militar franquista dijo de ella que, probablemente, había sido la mujer que más había contribuido a la victoria de su bando en la guerra.
Incluso, parece ser que fue condecorada por el mismo Franco con la medalla de sufrimientos por la Patria y otra como Dama mutilada de guerra. Parece ser que un famoso obispo de USA la calificó como de “mártir viviente”.
Ante la perspectiva de otra nueva guerra mundial,  España ya se hallaba repleta de espías de todos los países. Así que esta mujer no pasó desapercibida para los eficientes agentes alemanes. De este modo, en 1940, nada más acabada la guerra, fue contratada por la radio pública de Alemania.
En Berlín llegó a entrevistarse, en mayo de 1941, con el famoso ministro Goebbels y éste le dio un puesto en la radio y en una publicación alemana, que se editaba en inglés.
Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Alemania declaró la guerra a USA. Así que a los ciudadanos de este país, que residían en Alemania, les dieron la opción de regresar a su país. En cambio, ella no aceptó esa invitación y prefirió seguir viviendo allí.
Hasta mediados de 1942 tuvo un programa, donde, bajo el seudónimo del “Melocotón de Atlanta”, se dedicaba a enviar propaganda a favor de Alemania, dirigida a los soldados aliados. Curiosamente, en el mismo también se hacía propaganda de los famosos cereales Kelloggs.


Se comenta que siempre acudía a realizar esos programas vestida con el uniforme de las enfermeras del bando nacional y con la boina roja de los requetés. Esos programas eran emitidos todos los jueves y sábados a las 21.00 horas.
Parece ser que su voz no volvió a salir por las ondas hasta 1944, cuando tuvo a su cargo un programa en el que hacía referencia a las atrocidades cometidas por el Ejército de la antigua URSS.
Antes de que acabara la guerra, un tribunal de su país la acusó de traición, junto a otros personajes que también se dedicaban a emitir propaganda a favor del Eje.
Como muchos otros nazis, al finalizar la guerra, se escondió donde pudo, hasta que en 1947 fue detenida en Salzburgo (Austria) y entregada a las autoridades militares de ocupación de USA.
Aunque fue repatriada a su país, increíblemente, en octubre de ese año, un tribunal la puso en libertad por falta de pruebas. Sin embargo, en el caso de Ezra Pound, que hizo lo mismo para los italianos, fue condenado por ello.
Hay quien dice que podría ser porque ella también tenía la ciudadanía española, obtenida tras su matrimonio, y no se la podía acusar de traición a USA. Sin embargo, no hay que olvidar que fue liberada de la checa por haber tenido la nacionalidad de USA.
Ciertamente, me parece algo muy extraño. Se me ocurre pensar que la pusieron en libertad, porque igual pensaron que les podría venir  bien para hacer propaganda contra los comunistas, ya que acababa de empezar la Guerra Fría.
Como la vida de esta mujer no deja de ser sorprendente, esta vez la pareja decidió irse a vivir a una finca que poseía su marido en la localidad española de Almoharín (Cáceres). Allí, los lugareños la conocieron como doña Juanita. Parece ser que les llamaba la atención por su elevada estatura, alrededor de 1,80 m, y porque no paraba de fumar en una larga pipa.

Parece ser que, posteriormente, se trasladó a Cáceres, donde, durante unos años,  se dedicó a dar clases de idiomas. Allí residió hasta enviudar. Poco después, se trasladó a Madrid, donde falleció en mayo de 1972.

domingo, 12 de noviembre de 2017

EL MISTERIO DEL GENERAL JUAN BAUTISTA SÁNCHEZ

Esta vez voy a dedicar mi artículo de hoy a un militar que gozó de un cargo muy importante durante la época franquista, pero que tuvo un final muy extraño.
Juan Bautista Sánchez González, nació  en la localidad granadina de Illora, precisamente, el día del Pilar de 1893.
Desde muy pequeño tuvo vocación militar, así que, al terminar sus
estudios en una Academia de Granada, ingresó, en 1911, en la Academia de Infantería de Toledo.
Su primer destino fue el regimiento Córdoba 10, de guarnición en Toledo y allí permaneció hasta su ascenso a capitán, cuando fue destinado a Marruecos, en plena Guerra de África.
Participó en diversos hechos de guerra. El más destacado de todos ellos fue el famoso Desembarco de Alhucemas, que tuvo lugar en 1925, donde fue herido tres veces y citado por su valor en el informe redactado por su inmediato superior.
Permaneció destinado en África y allí le pilló la Guerra Civil. En 1936, tenía el grado de coronel y el cargo de coronel interventor regional del Rif, destinado en Alhucemas.
El día 16 de julio ya empezó a movilizar ciertas unidades de Regulares, al mando del comandante Ríos Capapé, para intentar que tuviera éxito la sublevación militar. El mismo día 17 de julio ya había sublevado a todas las tropas de su zona de influencia. Incluida Melilla. Más tarde, fue nombrado comandante general de Melilla. Ya entonces destacó por oponerse a los asesinatos indiscriminados llevados a cabo por los falangistas. Estuvo en ese destino hasta 1937.
Por lo que respecta al  citado comandante, nos lo volveremos a encontrar a lo largo de esta historia.
Hay que hacer hincapié en que los militares del bando nacional nunca pensaron que su sublevación iba a degenerar en una guerra civil. Eso ocurrió porque el golpe de Estado fracasó al dividirse el Ejército en dos bandos.
Parece ser que, tras la guerra, un periodista les preguntó a varios generales si se hubieran unido al golpe, sabiendo que iba a provocar una guerra civil. La mayoría de ellos contestó negativamente.
Volviendo a nuestro personaje, en 1937, pasó a la Península, donde estuvo luchando en varios frentes al mando de diversas unidades como la 5ª Brigada de Navarra. Incluso, participó en las famosas batallas de Brunete, Belchite y Teruel. Además de llegar con sus tropas hasta el Mediterráneo, por Vinaroz, a fin de dividir en dos la zona republicana.
Parece ser que su estreno en la guerra civil fue avanzar, con la V Brigada de Navarra, sobre Bermeo (Vizcaya) para dar apoyo urgentemente a las tropas italianas, que estaban siendo rebasadas en ese sector.
Como general de brigada, también participó en la campaña de Cataluña, siendo sus unidades las primeras que entraron en Barcelona.
En una alocución radiada, entre otras cosas, dijo a los barceloneses: Os diré en primer lugar a los barceloneses, a los catalanes, que os agradezco con toda el alma el recibimiento entusiástico que habéis hecho a nuestras Fuerzas Armadas. También digo al resto de españoles que era un gran error eso de que Cataluña era separatista, de que era antiespañola. ¡Debo decir que nos han hecho el recibimiento más entusiasta que yo he visto”  “…en ningún sitio, os digo, en ningún sitio nos han recibido con el entusiasmo y cordialidad que en Barcelona”.
Aunque el bando nacional siempre quiso mostrarse como un bloque monolítico, en su interior siempre hubo diversos grupos, que rivalizaban entre sí. Nuestro personaje siempre se consideró monárquico y, como otros muchos, pidió en varias ocasiones a Franco la restauración de la Monarquía. A lo que éste siempre les dio largas, prometiendo que lo haría, pero más adelante.
De hecho, cuando el general Varela fue ministro del Ejército, quiso nombrarlo subsecretario de ese Ministerio, pero él no aceptó ningún cargo de tipo político hasta que no se restaurara la Monarquía.
Los principales grupos del bando nacional eran los falangistas, como el general Yagüe; carlistas, como el general Varela, y monárquicos, como el general Kindelán.
Parece ser que, nuestro personaje, mantuvo diversos contactos con emisarios de don Juan, conde de Barcelona. Algo que no les pasó desapercibido a los servicios secretos españoles. Según algunos autores, entre esos emisarios estaría el conde de San Pedro de Ruiseñada, Juan Claudio Güell, también marqués de Comillas.
Parece ser que en alguna ocasión invitó a comer a su casa a don Juan Carlos, futuro rey de España, que, por entonces, se hallaba estudiando en nuestro país.
Incluso, apareció su nombre, como ministro del Ejército,  en un posible gobierno monárquico, si conseguían echar a Franco del poder.
En algunas obras figura este movimiento como “Operación Ruiseñada”, en la que estaban presentes monárquicos, enemigos de la Falange y hasta algunos miembros del Opus Dei.
De hecho, algunos tenientes generales se reunieron con Franco para intentar restaurar la Monarquía, definiéndola como “ese modo de gobierno genuinamente español, que hizo la grandeza de nuestra patria”. Lógicamente, en la persona de don Juan de Borbón, porque su padre,  Alfonso XIII, había muerto en Roma en 1941.
Parece ser que entre esos generales estaban algunos nombres muy conocidos, como Aranda, Tella, Kindelán, Ponte, Galarza, Orgaz, etc. Como era de esperar, casi todos ellos fueron apartados de sus cargos hasta pasar a la reserva.
En 1944, nuestro personaje, ascendió a teniente general y estuvo al frente de diversas capitanías generales, como las de Aragón, Baleares o Cataluña. Tomó posesión de esta última a finales de noviembre de 1949.
Parece ser que el que, posteriormente, sería ministro del Ejército, capitán general Muñoz Grandes, lo tuvo siempre muy vigilado. A lo mejor os suena el nombre de este militar, porque fue el primer jefe de la División Azul, la unidad que envió Franco para ayudar a los alemanes en su invasión a la antigua URSS. Se le consideraba contrario a la monarquía. Incluso, en cierta ocasión, rechazó ser nombrado ayudante del rey Alfonso XIII.
Por otra parte, algunos autores comentan que Muñoz Grandes era un militar admirado por Hitler y siempre pensó en él como relevo de Franco, con el que nunca se entendió muy bien.
Volviendo a nuestro personaje, parece ser que, durante su destino en Barcelona, tuvo algunos enfrentamientos con Franco. Por una parte, se negó a ejecutar a algunos condenados por haber participado en la guerra. También prohibió que los falangistas asesinaran a la gente, con sus famosos “paseos”.
Realmente, parece ser que él pensaba que sólo se había sublevado contra la II República para echar del poder al Frente Popular y no para dar paso a una dictadura. Según dicen, tampoco era partidario utilizar a los consejos de guerra para juzgar a los civiles.
Por otra parte, se negó a sacar a las tropas a la calle, cuando se produjeron las huelgas de tranvías de Barcelona en 1951 y 1957. Eso no gustó nada al régimen.
También tuvo siempre fama de austero y honrado. Se cuenta que, en cierta ocasión, fue enviado al frente de una delegación española para estar presente en la coronación del nuevo rey de Irak. Curiosamente, administró muy bien los fondos que le dieron y sólo los gastó en el viaje y las comidas. Así que devolvió una buena parte de lo que se había llevado. Por supuesto, durante el viaje, no aprobó ningún otro tipo de gasto. Así que los componentes de esa delegación no quedaron muy contentos con él. La única afición que se le conocía era asistir a las corridas de toros.
También, según dicen, manifestó su antipatía por la Dictadura, no asistiendo a casi ninguna de las sesiones de las Cortes a pesar de que, en 1955, había sido nombrado procurador en ellas.
Incluso, cuando en febrero de 1956, le fue permitido a don Juan hacer una escala en Barcelona, para visitar a una hermana suya, que se hallaba enferma en esa ciudad, tuvo una entrevista con nuestro personaje.
Curiosamente, al teniente general Sánchez, se le prohibió asistir a una cacería a la que había sido invitado por el conde de Ruiseñada, por sospechar que a la misma acudirían varias personalidades monárquicas, que podrían estar tramando un golpe contra el régimen.
Parece ser que, poco a poco, su salud se fue deteriorando a causa de problemas cardíacos. Así que en enero de 1957, tras una visita a unas unidades militares, que se hallaban realizando unas maniobras en los Pirineos, se sintió mal. Fue el primer militar de ese rango que subió a inspeccionar las defensas en la cumbre del Puigmal y en pleno invierno.
El 30/01/1957 falleció en su habitación del Hotel del Prado en Puigcerdá a causa de un ataque cardiaco. Otras fuentes dicen que falleció el día antes.
Sobre esta extraña muerte se han escrito muchas hipótesis. Una de ellas dice que le dio ese ataque, tras una discusión telefónica con Muñoz Grandes, ministro del Ejército.
Otros dicen que fue tras una anterior discusión, que tuvo lugar en el campamento militar,  con el general Ríos Capapé, que asistía a esas maniobras en calidad de capitán general en Valencia. Lo cierto es que éste último debía imponer mucho, porque medía casi 2 metros de altura.
Incluso, que el ministro había movilizado hacia esa zona a fuerzas de la Legión, porque sospechaba que nuestro personaje podría negarse a ser cesado y utilizar las fuerzas a su cargo para hacerse fuerte.
Es más, también se rumoreaba que en esa discusión también había participado el general Gallarza y había recibido un disparo de alguno de ellos.
Lo cierto es que Franco, a pesar de que lo apreciaba como un gran militar, se sintió muy aliviado con su muerte.
Parece ser que el comandante, que estaba destinado como ayudante de nuestro personaje, también falleció electrocutado, cuando regresaba, por carretera, procedente de esas maniobras.
Según parece, nuestro personaje siempre fue muy querido en Cataluña. Algo que se demostró por las miles de personas que fueron a firmar en el libro de condolencias y la cantidad de coronas de flores que se enviaron. Incluso, por la cantidad de gente que fue a su entierro. Hasta se vio en el mismo a una representación de los oficiales de la VI Flota de USA, que estaba atracada en el puerto de Barcelona.
Hasta el mismo Muñoz Grandes encargó una en cuya cinta podía leerse: “Al honrado soldado y modelo de caballeros”.
Luis Martínez de Galinsoga, entonces director de La Vanguardia, que entonces se llamaba “La Vanguardia española”, le dedicó un editorial en su periódico elogiando las virtudes de este militar y el afecto que le tenían los barceloneses.
Hasta el mismo Ayuntamiento de Barcelona regaló la lápida y la tumba, donde enterraron el cadáver del general, en prueba de la gratitud de esa ciudad.
Casualmente, también el conde de San Pedro de la Ruiseñada falleció de igual forma, el 23/04/1958, cuando viajaba en tren por Francia.

Su sucesor, el general Pablo Martín Alonso, tras su toma de posesión como capitán general de la IV Región Militar, con sede en Barcelona, se trasladó hasta el cementerio del Sudoeste de la misma ciudad, también llamado de Montjuic, para depositar una corona de flores y rezar ante  la tumba de su amigo y predecesor en el cargo. 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

EL GENERAL DIEGO DE LEÓN

Seguro que más de uno habrá pasado junto al Hospital de la Princesa, situado en la calle Diego de León, dentro del Barrio de Salamanca, en Madrid.
Como yo creo que vosotros sois gente curiosa, igual que yo, seguro 
que os habréis preguntado en alguna ocasión quién sería ese personaje, pues ahora  os lo voy a explicar. No tenéis más que leer este artículo.
Diego Antonio de León y Navarrete, que así era cómo se llamaba nuestro personaje de hoy, nació en Córdoba en 1807, justo un año antes de que comenzara la Guerra de la Independencia contra las tropas de Napoleón.
Nació en el seno de una familia donde había nobles y militares. Su padre, Diego Antonio de León, marqués de las Atalayuelas, también era coronel del Ejército en Andalucía, comendador de la Orden de Calatrava y gentilhombre de Cámara de Fernando VII. Su madre fue María Teresa Navarrete y Valdivia. Precisamente, su padre participó en la batalla de Bailén (Jaén), que fue la primera derrota sufrida por las tropas de Napoleón.
Sin embargo, años después, fue condecorado por Luis XVIII por haber ayudado a las tropas de los Cien Mil Hijos de San Luis, que venían a restaurar el absolutismo en España.
Nuestro personaje pasó sus primeros años  en Montoro (Córdoba), de donde era originaria su familia. Posteriormente, su padre fue destinado a Madrid, donde empezó sus estudios.

Pronto vio que la vocación de su hijo era la carrera militar. Así que, como se solía hacer entonces, lo inscribió como oficial en el regimiento de Granaderos Realistas de Montoro.
Posteriormente, Diego,  tuvo otros destinos en diferentes unidades. En 1827 fue nombrado capitán del Regimiento de Coraceros de la Guardia Real. Sólo tres años más tarde fue ascendido a comandante del Regimiento de Granaderos a caballo de la misma Guardia Real.
En 1833, a la muerte de Fernando VII, comenzó la Primera Guerra Carlista. Siempre se ha dicho que el motivo de la misma fue la proclamación de Isabel II como reina, ya que era la hija mayor del difunto rey, que no tuvo ningún hijo varón.
Esta decisión no fue  aceptada por los partidarios de la Ley Sálica, que no permitía reinar a las mujeres. No obstante, hubo muchos más motivos que desarrollaré en otro artículo posterior.
Lo cierto es que nuestro personaje pidió ir al frente y en 1834 fue destinado al Ejército de Operaciones del Norte. Lógicamente, combatió en el bando isabelino. Por entonces, se llamaba “cristino”, hasta la mayoría de edad de Isabel II.
Allí comandó un regimiento de lanceros de Caballería y gracias a su valentía se le apodó “la mejor lanza del reino”.
En 1836  fue destinado al mando del famoso regimiento de Húsares de la Princesa. Al poco tiempo, el coronel de esta unidad fue asesinado por un prisionero, ascendiendo a Diego de León a coronel de esa unidad.
En junio de 1836 comenzó el periplo del general Gómez, recorriendo casi toda la Península con sus tropas carlistas. A este militar ya le dediqué otro de mis artículos.
Lo cierto es que se encomendó a la división de Espartero la persecución de las tropas del general Gómez.
Como nuestro personaje estaba dentro de esa unidad, tuvo que enfrentarse varias veces con esas tropas carlistas. El combate más importante se dio en la batalla de Villarrobledo (Albacete), cuando con fuerzas muy inferiores en número, supo poner en fuga a varias unidades carlistas.

Esta demostración de coraje le valió la condecoración más preciada del Ejército español, la Cruz Laureada de San Fernando y el ascenso a general de brigada. Aparte de ser nombrado, posteriormente, comandante general de la Caballería del Ejército del Norte.
Posteriormente, consiguió sucesivas victorias en su persecución de esas tropas carlistas por Andalucía y Extremadura, hasta que huyeron hacia su base en el País Vasco.
En 1837, cuando se hallaba en Palencia, descansando junto a sus tropas, le llegó la orden de marcha hacia Barbastro (Huesca), donde se hallaba el cuartel general carlista. Tomó esa ciudad y persiguió a las tropas del pretendiente carlista hasta vencerle en Cataluña. Por esa acción fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica.
Tras varias victorias sobre los carlistas en la provincia de Guadalajara, consiguió que huyeran hacia sus bases en Álava. Por ello fue de nuevo ascendido a mariscal de campo y nombrado jefe de la división que combatía en Navarra.
A finales de 1837, los carlistas habían interceptado las comunicaciones terrestres en la provincia de Navarra, pues tenían en su poder el estratégico puente de Belascoain. Él se lo comunicó a su jefe, el cual no le autorizó a atacarlo por no disponer de suficientes fuerzas para ello.
Así que, bajo su responsabilidad, atacó el puente con la Caballería y tras varias horas de combate, puso en fuga a las tropas carlistas. Esta acción le valió la Gran Cruz Laureada de San Fernando.
Al año siguiente fue nombrado virrey de Navarra. Lo cierto es que se hizo muy popular en toda España, así es que también fue condecorado por las Cortes con la Gran Cruz de Carlos III.
En 1839, los carlistas, volvieron a recuperar el citado puente, pero él consiguió reconquistarlo, por lo que fue recompensado con el título de conde de Belascoain.
En toda su vida militar nunca eludió un combate y se hizo famoso entre sus soldados, porque siempre marchó a la cabeza de sus lanceros de Caballería.
Continuó la guerra hasta el 31  de agosto de 1839, fecha en que tuvo lugar el famoso Abrazo de Vergara, por el que los líderes militares de los dos bandos firmaron la paz.
No obstante, a pesar de haberse firmado la paz, aún quedaban guerrillas carlistas combatiendo, al mando de Cabrera, en la comarca del Maestrazgo (Castellón).
Parece ser que ahí se vieron las grandes diferencias y las rivalidades entre los generales Espartero y Diego de León. Sobre todo, después de que la regente ascendiera a nuestro personaje a teniente general.
Está claro que ya, por entonces, Espartero tenía ambiciones políticas, lo cual desaprobaba León, aparte de otras como ser el jefe de todo el Ejército.
En 1840, estalló una revolución, cuyo objetivo fue quitar a la reina madre María Cristina de su puesto de regente, hasta la mayoría de edad de su hija.  Por supuesto, al frente de la misma se hallaba el general Baldomero Espartero.

Diego de León estaba muy agradecido a la regente, por lo bien que lo había tratado, y se puso a su favor. No obstante, como María Cristina no quiso que eso degenerara en una guerra civil, abdicó de ese puesto y partió hacia su exilio en Francia, donde fue muy bien recibida por su tío, el rey Luis Felipe de Orleans.
La verdad es que María Cristina se casó con su amante, un antiguo miembro de la Guardia Real, con el que tuvo varios hijos,  y se estaban forrando a base de fomentar la corrupción generalizada en todo el reino.
Así que el 8 de mayo de 1841, las Cortes, aprobaron que a partir de entonces, Espartero sería el único regente  de la princesa de Asturias, futura Isabel II, que sólo tenía 10 años, y de su hermana, María Luisa Fernanda, futura esposa del duque de Montpensier, hijo del rey Luis Felipe, la cual tenía 2 años menos que Isabel.
En octubre de 1841 se puso en práctica un plan ideado por los seguidores de la antigua regente María Cristina, encabezados por el general O’Donnell. Dicho plan consistía en que unos militares asaltarían el Palacio Real y secuestrarían al general Espartero, liberando de éste a la princesa y a la infanta, llevándolas hasta el País Vasco, donde su madre volvería a ostentar la regencia.
Curiosamente, querían llevarlas al País Vasco, porque allí es donde O’Donnell sublevaría a las tropas para que se pusieran de parte de la reina regente.
De esa forma se restablecería en su puesto a la regente María Cristina y hasta que ésta llegara a Madrid, se formaría un consejo de regencia compuesto por el general Diego de León y los políticos Javier de Istúriz y Manuel Montes de Oca.
El 07/10/1841 se produjo el levantamiento. Al general Manuel Gutiérrez de la Concha le encargaron asaltar el palacio Real con sus tropas y llevarse a la princesa y a la infanta.
Por si alguno no lo sabe, una estatua de un militar a caballo, situada en el Paseo de la Castellana, en Madrid, y que dice estar dedicada al marqués del Duero, representa a este militar, que también tenía ese título. Curiosamente, nació en el territorio de la actual Argentina, cuando todavía pertenecía a España, y murió en otra de esas guerras carlistas.
Paradójicamente, este general llegó acompañado de unos soldados del Regimiento del Príncipe para llevarse a la Princesa. Lo cierto es que no tuvo mucha suerte. Cuando pretendieron subir por la escalinata principal, les estaban esperando los alabarderos de la Guardia Real. Estos no eran muchos, pero supieron aguantar el asedio entre las 8 de la noche y las 5 de la mañana. Hasta que  llegaron refuerzos de la Milicia Nacional para auxiliar a los sitiados.
Diego de León se presentó a medianoche por la zona del Palacio Real y enseguida se dio cuenta de que la sublevación había fracasado. Así que decidió huir con su caballo.

Curiosamente, le persiguió un escuadrón de los Húsares de la Princesa al mando de un antiguo subordinado suyo. Cuando lo capturaron, cerca de Puerta de Hierro, éste le propuso dejarle huir hacia Portugal, sin embargo, él se negó y le dijo que cumpliera con su deber. Así que lo llevaron arrestado.
Fue encarcelado en el cuartel de la Milicia Nacional y, posteriormente, juzgado por un Consejo de Guerra de generales. El tribunal lo formaban 7 generales.
Parece ser que, al votar la sentencia, 3 se mostraron contrarios a la pena de muerte y otros tres votaron a favor de la misma. El empate lo rompió el presidente votando a favor. Lo cierto es que nadie, ni siquiera nuestro personaje, pensaba que lo condenarían a muerte.
Su defensor fue su gran amigo el general Federico Roncali, que, curiosamente, también tenía mucha amistad con Espartero.
Como suele ocurrir con los consejos de guerra, éste se hizo muy deprisa. El tribunal dictó su  sentencia el día 13. Publicándose la misma al día siguiente.
Tampoco esperaban que se cumpliera esa sentencia, pero, esta vez, Espartero, fue inflexible. De hecho, algunos autores dicen que había presionado a los miembros del tribunal para que también lo fueran. Esto le acarreó la enemistad de muchos generales y la radicalización de posturas entre militares liberales y conservadores. Entonces llamados progresistas y moderados.
Aparte de que se hizo muy impopular de cara a la opinión pública. Lo peor que le puede pasar a un aspirante a político, como él.
Todo el mundo le había pedido clemencia a Espartero. Empezando por su propia esposa, el general Roncali, el famoso y ya anciano general Castaños, vencedor en Bailén,  y hasta el coronel Dulce, que estaba al mando de los alabarderos que habían aguantado el ataque al Palacio Real.
Por cierto, este último militar, que llegó a general, consiguió a lo largo de su carrera nada menos que 4 Cruces Laureadas de San Fernando.
La sentencia se cumplió a mediodía del día 15. La comitiva salió de Madrid por la actual Puerta de Toledo, cuando todavía la ciudad se hallaba amurallada, y lo fusilaron unos metros más allá. Donde se halla, actualmente, la calle Toledo. Sólo tenía 34 años.
Todos los autores nos dicen que lo llevaron en un coche descubierto, como si estuviera paseando
por Madrid con unos amigos. Junto a él iba un capellán y frente a él su defensor y amigo, el general Roncali.
Parece ser que, cuando llegó, le dirigió unas palabras a los soldados que formaban el pelotón de ejecución: “Os habrán dicho que el general León era traidor y cobarde. Ambas cosas son falsas. El general León jamás ha sido cobarde ni traidor”.
Posteriormente, pidió el honor de dar él mismo las órdenes al pelotón y les dedicó estas palabras: “Que la mano no os tiemble. ¡Amigos! ¡Atención a la voz de mando! ¡No tembléis, disparad al corazón!”.
No hará falta decir que para muchos de ellos era un día muy triste, pues habían combatido a sus órdenes, luchando contra los carlistas. Además, siempre fue un militar muy querido por sus soldados. Esta vez, tampoco se olvidó de ellos y les regaló unas monedas de oro a los miembros del pelotón de ejecución.

Su cadáver fue enterrado en el cementerio de Fuencarral y, posteriormente, en el de San Isidro, donde comparte panteón con otras personalidades.
No fue el único ejecutado por esa sublevación. Fusilaron a varios generales que habían participado en la conjura. También a Montes de Oca, que era uno de los que pretendía formar parte del nuevo consejo de regencia de la princesa. Sin embargo, el general Gutiérrez de la Concha consiguió escapar y se exilió durante un tiempo en Italia.
También consiguió huir fácilmente el general O’Donnell, pues se hallaba en el País Vasco, muy cerca de la frontera con Francia.
Diego de León, tuvo otros dos hermanos que también fueron oficiales de Caballería, igual que él, Rafael y Carlos. Curiosamente, durante su vida militar, los tres fueron condecorados, con la Cruz Laureada de San Fernando. Sin embargo, el mayor de todos, Sebastián, no fue militar, pero heredó de su padre el título de marqués de las Atalayuelas, que le había sido otorgado por Carlos IV.
Nuestro personaje se casó en dos ocasiones. La primera de ellas con la marquesa de la Roca y de ese matrimonio nacieron dos hijos varones.
Más tarde, casó de nuevo con la marquesa de Zambrano, prima de su primera esposa. De este matrimonio sólo nació una hija, pues sólo estuvieron casados durante un año.
Curiosamente, su única hija, Isabel de León y de Ibarrola, heredó el título de marquesa de Guardia Real de una tía suya, casada con el citado Sebastián, hermano de nuestro personaje. Posteriormente, tras la llegada de Amadeo de Saboya, este monarca, convirtió a este título, que era de origen italiano, en título de la nobleza española.
Digo que es curioso, porque nuestro personaje, precisamente, fue vencido por la Guardia Real de Palacio.

Espero haber despejado vuestra curiosidad sobre quién fue este personaje, al que Madrid le tiene dedicada una de sus calles.

domingo, 5 de noviembre de 2017

ANGÉLIQUE DU COUDRAY, UNA MATRONA EJEMPLAR

Seguro que más de uno se habrá preguntado por qué, en la actualidad, se producen muy pocos fallecimientos en los partos. Me refiero, lógicamente,  a los países más o menos avanzados.
Desde luego, los avances de la Medicina y la Farmacia han tenido mucho que ver en ello. Sin embargo, no deberíamos olvidar otros aspectos muy importantes, como son la extrema higiene practicada por el personal sanitario y el aumento de la formación del mismo.

Hoy vamos a referirnos a una mujer que, a través de su ejemplo, consiguió salvar muchas vidas en su país, Francia. Posteriormente, esos conocimientos llegaron a otros países y también beneficiaron a millones de personas.
Angélique Marguerite Le Boursier du Coudray nació en 1712 en la ciudad de Clermont-Ferrand, situada en la región de la Auvernia. Ciudad donde también nació  el gran filósofo y matemático Pascal.
Es posible que a alguno de vosotros le suene más esta ciudad por haberla visto en las imágenes del Tour de Francia, ya que cerca de ella se encuentra el famoso Puy de Domme. Una subida ya clásica en la historia de esa competición.
Volviendo a nuestro personaje de hoy, es preciso decir que vino al mundo en el seno de una familia donde había varios médicos. Así que ella se dedicó también a la misma rama, pero no a la Medicina, porque en aquel momento no permitían que las mujeres estudiaran esa carrera.
Como ya mencioné en otro de mis anteriores artículos, tradicionalmente, se veía a los médicos y a los cirujanos como dos profesiones diferentes. Así que cada uno de ellos tenía sus centros propios para que los alumnos pudieran estudiar esas dos carreras.
Parece ser que Du Coudray elevó una petición a la Facultad de Medicina de París para que la pudieran formar para ser matrona y lo consiguió.
Sin embargo, poco después, hizo la misma petición a la Escuela de Cirugía y fracasó en el intento. No obstante, consiguió que los médicos dieran esa adecuada formación a las parteras, argumentando que, al no tenerla, podrían poner en peligro las vidas de sus pacientes. Esto le dio una gran popularidad.
En 1759, cuando ya llevaba bastantes años de práctica, publicó un libro sobre los conocimientos de esa especialidad. Increíblemente, el último libro que se había escrito, sobre este tema, antes que el suyo, había sido publicado casi un siglo antes.
Por aquel entonces, el rey Luis XV de Francia, andaba muy preocupado a causa de la gran mortalidad infantil.
En cambio, algunos dicen que lo que más  le preocupaba era la escasez de jóvenes para su Ejército, que, por aquella época,  andaba envuelto en varias guerras.
Lo cierto es que el rey tomó buena nota de los consejos que daba nuestra protagonista en su libro y la encargó que viajara por toda Francia a fin de enseñar esos conocimientos a las parteras y reducir el nivel de mortalidad infantil. Para ello, le proporcionó un diploma real que la autorizaba a dar clases por toda Francia.
Así que Angélique estuvo nada menos que 23 años, entre 1760 y 1783, viajando por todos los rincones de su país y mostrando sus conocimientos a miles de comadronas. Incluso, se permitió enseñar a médicos y cirujanos. Los que no se opusieron a ello, claro está.
Hay muchas discusiones acerca de su muerte, pues se produjo en 1794, justamente, durante el famoso período del Terror, que encabezó Robespierre. No hay que olvidar que ella siempre fue una persona muy cercana a la monarquía y que, indirectamente,  le había dado mucha popularidad a la Corona.
Fue la primera que utilizó una especie de muñecos de tamaño natural, para explicar, en la práctica, el nacimiento de los bebés. Estos solían estar realizados con tela, cuero y un relleno a base de algodón y  esponja.
Solían tener un aspecto muy realista. Se podían apreciar en ellos, claramente, los ojos, la nariz y hasta una boca abierta, donde se podían introducir los dedos, para poder hacer la llamada “Maniobra de Mauriceau”. Popularmente, se conoció a este muñeco como “la Máquina”.
También se hallaban representados los órganos de la madre, como la vagina, la pelvis, el útero, etc. El cuerpo de la madre iba colocado sobre un marco de madera, con las piernas reposando sobre unas piezas de hierro, que las obligaban a estar separadas. Tal y como se coloca a las parturientas, cuando van a dar a luz.
También está dotado de una serie de cuerdas para mostrar la ampliación de la vagina y la dilatación del perineo, cuando el bebé está a punto de nacer.
Para facilitar su estudio, al modelo le cosieron 21 pequeñas etiquetas a fin de que los estudiantes pudieran memorizar el nombre y el lugar donde se encontraban los diferentes órganos femeninos.
En el muñeco que hace de feto se pueden distinguir unas partes más blandas y otras más duras, como la fontanela, la columna, los codos o hasta las extremidades. Estando los dedos de éstas bien diferenciados para que las pudiera distinguir fácilmente la partera al tacto.
También se construyeron unos muñecos para explicar el nacimiento de los gemelos. En aquella época, era algo muy complicado, pues no olvidemos que no se solía utilizar la cesárea, ya que morían casi todas las madres a causa de las infecciones. Estos muñecos ya no están tan detallados, pues sólo fueron diseñados para mostrar la posición de ambos fetos y no para la práctica manual de las parteras.
Parece ser que, en la actualidad,  algunos de estos muñecos fueron vistos a través de rayos X y se dieron cuenta de que, en el interior de la zona donde se representaba el cuerpo de la madre, habían insertado la pelvis real de una mujer joven.
Aparte de este muñeco, también se construyeron otros como uno que representaba al desarrollo de un feto de 7 meses. En cuanto a la matriz, se ve redondeada y en su interior está la placenta. Ésta se representa bordada con hilos rojos y azules, como si fueran las venas que se hallan situadas alrededor del cordón umbilical. Éste está conectado mediante un cable de medio metro de largo, con el ombligo del feto.
Parece ser que Angélique se tomaba muy en serio sus cursos. Estos duraban dos meses, siendo las clases de lunes a sábado en horario de mañana y tarde. De esa forma, todos sus alumnos pudieron practicar una y otra vez con “la máquina”, hasta que ella viera que todos tuvieran la formación adecuada.
Incluso, las formaba para casos más complicados, como tener delante un parto de un sietemesino, unos gemelos, etc.
Por medio de ese método miles de parteras e, incluso, cirujanos de toda Francia aprendieron las técnicas más modernas de la época para aplicarlas en su trabajo y poder salvar así las vidas de muchos bebés.

No solamente formaba a estos profesionales para el parto, sino que también les daba clases sobre los órganos femeninos y el proceso de la reproducción, paso a paso.
Parece ser que también les daba consejos sobre la forma de tratar a la madre durante el parto. Según ella, había que darles a entender que no corrían ningún peligro, evitando hablar a otros al oído por medio de susurros.
Evidentemente, no viajaba sola, sino que la acompañaban un grupo de personas, que se ocupaban de ayudarla en las clases y de vender los maniquíes o los manuales a quien estuviera interesado en ellos.
Publicó un manual sobre este tema, titulado “Compendio del arte del parto”, que fue para
muchas parteras su libro de cabecera, durante todo el siglo XVIII.
Evidentemente, tuvo que luchar contra la mentalidad de algunas parteras, que ejercían su trabajo por medio de supersticiones y de malas prácticas utilizadas durante siglos. No obstante, triunfó al lograr que se redujeran las cifras de muertes entre los bebés y entre sus madres.
Curiosamente, en aquella época, una partera cobraba menos si el bebé que había ayudado a nacer era una niña, que si hubiera sido un niño.
A pesar de que muchos médicos de la época valoraron mucho los nuevos conocimientos de las parteras, hubo otros que siempre las criticaron.
Hubo un caso en que una famosa partera atendió a uno de los partos de la duquesa de Orleans. El bebé nació perfectamente. Sin embargo, la madre, murió a los pocos días víctima de una infección que le causó mucha fiebre.
Los médicos que le realizaron la autopsia realizaron un informe en el que acusaban a la partera de haber dejado parte de la placenta dentro del útero de la difunta. Ella les contestó acusándoles de desconocer cómo era una placenta antes y después del parto.

Volviendo a nuestro personaje, parece ser que se llegaron a realizar cientos de “máquinas” imitando la de ella. Desgraciadamente, en la actualidad sólo se conserva una, que se halla depositada en el Museo Flaubert, en Rouen (Francia).