ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 22 de julio de 2012

EL FENÓMENO DE LAS BEGUINAS


Hoy traigo al blog un fenómeno que, he de confesar, desconocía hasta hace muy poco tiempo. Se trata de las beguinas, las cuales eran unas mujeres que realizaban vida en común y que usaban unos hábitos parecidos a los de las monjas, pero no lo eran.


Ya en el siglo IV DC algún autor nos habla de los diferentes tipos de comunidades religiosas de hombres o mujeres, que existían sobre todo en los desiertos de los actuales Siria y Egipto. Algunos de estos monasterios fueron fundados por conocidos santos de la Iglesia Católica.
 

También hubo muchas mujeres que dedicaron su vida a Dios en otros entornos como su propia casa o, en forma colectiva, en los llamados beaterios.
 

Desde la fundación de la orden cisterciense, en el siglo XII, ésta protegió a las beguinas, las cuales solía ser un grupo de mujeres que se reunía para la oración o para el estudio. Posteriormente, también cuidaron a los enfermos, a las parroquias o ayudaban a los párrocos. No pedían limosnas.


Las beguinas habían realizado unos ciertos votos de castidad, donde rechazaban el matrimonio y se dedicaban a las obras de caridad. No renunciaban a sus propiedades y en cualquier momento podían dejar sus votos y casarse, si así lo deseaban.
 

A finales del siglo XIII parece que ser que habían aumentado considerablemente y empezaron a ser un problema para la Iglesia. Parece ser que el motivo fue la disminución de los hombres con motivo de las guerras y las Cruzadas. Por ello, fueron perseguidas y obligadas a convertirse en monjas o a dejar sus actividades. Incluso, se dice que en algunos sitios fueron consideradas brujas y quemadas por ello.
 

Aunque parezca mentira, durante el Medievo, las monjas tuvieron mayor libertad y mayor acceso a la cultura que en el  Renacimiento, pues, tras el Concilio de Trento, los conventos femeninos perdieron todo su poder y el acceso a la cultura que tuvieron los masculinos. Parece ser que el número de mujeres religiosas era casi el doble que el de los varones y de esa forma se pretendió tenerlas más sometidas al poder central del Papa.
 

En el caso de las beguinas nunca hubo una casa madre, ni orden general, ni reglas comunes. Solían vivir en casas sencillas cerca de los hospitales o las iglesias donde ejercían su actividad. Cada comunidad se organizaba a su manera.


Parece ser que el origen de las beguinas está en la zona de Lieja (Bélgica), desde donde trascendió este fenómeno hacia el Sur y el Este de Europa.
 

En 1233 fueron reconocidas por el Papa Gregorio IX, al objeto de que no se alejaran de la Iglesia.
 

Hubo algunas beguinas místicas que gozaron  de cierta fama en su momento como Hadewych de Amberes, Matilde de Magdeburgo, María de Oignies, Lutgarda Tongeren, etc. Son nombres que hoy en día no nos dicen nada, pero algunos autores creen que, junto con los trovadores, crearon la lengua literaria francesa y alemana, escribiendo en la lengua vulgar que hablaba ya todo el mundo.
 

El caso de Margarita Porete, una autora muy conocida en su época, fue muy lamentable. En su obra “El espejo de las almas simples” reivindicaba la oración privada y el contacto directo con Dios, sin necesitar a ningún clérigo para ello. Su libro ya fue quemado en 1306 y se le advirtió de que no lo publicara más. Ella se negó valientemente y fue detenida. Otra de las imputaciones fue la traducción de las obras del místico Eckhart. Fue encarcelada durante varios años hasta la salida del juicio y, al no abjurar de sus ideas, fue quemada en público en 1310.
 

El conocido Bernardo Gui, inquisidor que aparece en la obra “El nombre de la rosa” escribió un “Manual del inquisidor”. En esta obra ya se cita a las beguinas como una de las herejías para combatir.
 

Nunca buscaron un aislamiento total, como otras órdenes religiosas. Tampoco quisieron rebelarse abiertamente contra la Iglesia, aunque sí querían exponer sus puntos de vista, los cuales fueron revisados con lupa por los inquisidores. Se negaron en redondo a aceptar el celibato por ir contra natura.


El Papa Clemente V, en 1316, se dedicó a perseguir a todo movimiento que se apartara, aunque fuera levemente, de las doctrinas de la Iglesia. Sobre todo si era femenino.
 

En 1452, una bula de Nicolás V intentó que las beguinas entraran en la orden carmelita. El propio duque de Borgoña, Carlos el Temerario, ordenó que gran parte de los bienes de éstas pasaran a la orden carmelita.
 

A partir del siglo XVI, el movimiento se radicalizó y muchas de ellas se unieron a los protestantes más radicales.


Hoy día ya no existen, pero sobrevivieron en Bélgica hasta la primera mitad del siglo XX.
 

Los beguinajes flamencos fueron inscritos por la UNESCO, en 1998, en la lista del patrimonio mundial.




5 comentarios:

  1. Un post muy instructivo, sabía muy poco sobre este tema.

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  2. Me ha gustado mucho la historia y hoy vi esta noticia y encontre tu blog, toda una casualidad. Saludos
    http://www.lavanguardia.com/vida/20130416/54371255454/beguinas-apagan-luz.html

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  3. La verdad es que es muy curiosa la forma en que lograron sobrevivir durante tanto tiempo en un mundo que les era hostil.

    Saludos.

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  4. mira que curiosidad encontramos, interesante..

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    1. Yo también me encontré con esta historia, cuando andaba buscando otras cosas y, por eso, le dediqué un artículo.
      Muchas gracias por tu comentario y saludos.

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