ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 26 de septiembre de 2012

PERSONAJES POCO CONOCIDOS DE LA II G. M.: EL SACERDOTE JOSEF TISO



Nuestro personaje de hoy nació en un pequeño pueblo de Eslovaquia, en 1887, cuando esta zona aún pertenecía al Imperio Austro-Húngaro. Su padre era de origen húngaro y su madre, eslovaca.
            Más tarde, se fue a Viena a estudiar para sacerdote, ordenándose en 1910.
            Durante su servicio como sacerdote, aparte de cumplir las obligaciones de su cargo, se dedicó a fomentar la enseñanza de la lengua y la cultura eslovacas.
            Al inicio de la I Guerra Mundial ejerció como capellán militar, pero luego fue nombrado, en 1915, director del seminario de Nitra.
            Otro sacerdote, Andrej Hlinka, fundó en 1913 el Partido del Pueblo eslovaco, el cual intentó que Eslovaquia gozara de una autonomía tras la creación de Checoslovaquia. En 1923 ya fue el partido más importante de este territorio.
            Tiso se afilió a este partido y fue desde 1930 su diputado-líder, llegando, en 1938, a la muerte de Hlinka, a ser el líder absoluto del partido.
            No obstante, siguió atendiendo a su parroquia y a sus obligaciones como diputado, entre 1925 y 1939.
            Entre 1927 y 1929 fue ministro para la salud y los deportes del gobierno checoslovaco. Desde 1938, fue ministro para los asuntos eslovacos en Praga.
            Ese mismo año, tras la invasión alemana de los Sudetes, el Gobierno se disolvió y Eslovaquia proclamó su autonomía dentro de Checoslovaquia, nombrándose a Tiso como su primer ministro.
            Tras las presiones de varios países para quedarse con partes de Checoslovaquia, se fundó en Eslovaquia el partido de la unidad nacional eslovaca, formado por todos los anteriores partidos, menos el comunista. Así se inició el régimen autoritario de este país.
            Hitler ya tenía pensado ocupar toda Checoslovaquia, así que presiona a Tiso para que proclame la independencia de Eslovaquia. El 09/03/1939 el gobierno de Praga ocupa Eslovaquia y depone a Tiso de su cargo.
            El 13 de marzo fue a Berlín, invitado por Hitler. Este le presiona para que proclame la independencia de Eslovaquia, bajo el amparo de Alemania y, si no lo hace, dejará que Polonia y Hungría se repartan su territorio.
            El 14 de marzo el parlamento eslovaco proclamó la independencia del país y el 15, Alemania ocupó el resto del territorio checo, dejando independiente el territorio eslovaco.
            Tiso fue nombrado primer ministro de la nueva Eslovaquia y ejerció como tal hasta el 26/10/1939, fecha en la que es nombrado presidente de la república y presidente del partido del pueblo eslovaco.
            Desde 1942, adopta las formas propias de un régimen fascista o nazi y se autodenomina “vodca”, o sea, líder.
            Su país siempre fue un estado títere de Alemania, la cual se aprovechó de él en todo momento, como para enviar desde allí tropas para la invasión de Polonia o para reclamar tropas eslovacas para apoyar el ataque alemán a la URSS. Incluso, tuvo que declarar la guerra a USA y al Reino Unido. También tuvo que firmar el Pacto Tripartito, con el resto de las potencias del Eje.
            En el seno de su partido, pronto se dio una división entre los conservadores, que lo apoyaban a él, y los jóvenes más radicales, admiradores de Hitler. Esto lo supieron aprovechar los alemanes para descompensar continuamente el Gobierno de ese país.
            Los ideales del Gobierno de Tiso fueron siempre el desprecio a la democracia, nacionalismo a ultranza, orden social basado en el catolicismo, etc.
            Su partido adoptó las tesis nazis sobre los judíos, pues su lema era “Eslovaquia para los eslovacos”. Para ello, decretaron un “Código judío”, el cual estaba lleno de prohibiciones para esta gente.
            Se discute si aprobó las deportaciones de los judíos hacia Alemania, pero lo cierto es que miles de ellos fueron obligados a dejar este país.
            Los nazis, en un principio, presentaron un plan para obligarles a emigrar a Madagascar, el cual fue rechazado por la Comunidad Internacional.
            Desde 1940, los judíos fueron obligados a asentarse en ghetos en las ciudades. En principio, se negaron a enviarles a Alemania, por considerar que sus campos no reunían buenas condiciones e hicieron planes para construir otros en Eslovaquia.
            Sin embargo,  en 1942, Alemania solicitó a Eslovaquia 20.000 trabajadores judíos y, salvo una pequeña oposición de algunos miembros del Gobierno, los demás aceptaron de buen grado.
            Las peticiones en contra de algunos obispos católicos y rabinos judíos, fueron desoídas por el propio Tiso.
            En marzo de 1942 comenzaron estas deportaciones y el propio Tiso mostró claramente sus intenciones declarando: La expulsión de los judíos es un acto cristiano porque se hace por el bien del pueblo, que se libra así de sus plagas.”
            Las deportaciones fueron detenidas en octubre de ese año, una vez que se demostró que Alemania no sólo obligaba a trabajar a los judíos, sino también los asesinaba. No obstante, a esas alturas, un 75% de la población judía, unas 59.000 personas, ya habían sido expulsadas a Alemania. De ellos sobrevivieron muy pocos. Se calcula que de los 70.000 judíos que había en Eslovaquia murieron 65.000 durante la guerra.
            Entre esa fecha y octubre del 44, Eslovaquia fue un refugio seguro para los judíos perseguidos en los países conquistados por los nazis.
            En octubre del 44 las deportaciones fueron reanudadas por orden de los ocupantes nazis, como resultado de la sublevación nacional eslovaca.
            En abril del 45 Tiso fue depuesto tras la conquista de Eslovaquia por el ejército soviético. Todo el Gobierno huyó hacia Austria para ponerse bajo la protección de las tropas USA.
            Fue entregado por los americanos al nuevo Gobierno checoslovaco. Luego fue encarcelado y acusado de traición a Eslovaquia y a su sublevación y por colaboración con los nazis.
            El 15/04/1947 la Corte Nacional lo condenó a muerte. A pesar de múltiples gestiones a todos los niveles e, incluso, de la opinión favorable de muchos miembros del Gobierno para que le fuera conmutada la pena de muerte, el presidente Benes se negó a perdonarle y fue ahorcado el 18/04/1947.

sábado, 15 de septiembre de 2012

VÍCTIMAS POCO CONOCIDAS DE LA GUERRA CIVIL (10)




Aunque en nuestra pasada Guerra Civil se asesinó mucha gente, la muerte de este nuevo personaje está muy relacionada con la de la entrada anterior, el general Batet.
            El personaje de esta entrada se llamaba Miguel Campins y Aura y nació en Alcoy (Alicante) el 18/03/1880.
            Esta vez no he puesto la foto del personaje, porque, de momento, no he podido encontrar ninguna.
            Su padre también fue militar y, tanto su madre como su hermano menor, murieron cuando él sólo tenía 5 años, a causa de una de las típicas epidemias de cólera que, por esa época, llenaban España de cadáveres.
            Su padre pidió volver a prestar servicio en Cuba y, al volver, se quedó en casa de sus tíos, para preparar su ingreso en la academia de Infantería, de Toledo, a la que accede con muy buena puntuación, en 1898.
            Con la guerra, hubo mucha demanda de oficiales y él fue destinado prematuramente a un regimiento en Figueras.
            En 1903 ascendió y lo trasladaron a otro regimiento en Barcelona.
            Posteriormente, estuvo destinado dos años en Canarias, de donde volvió a la Península para realizar las pruebas de ingreso para la Escuela Superior de Guerra.
            Estuvo haciendo sus prácticas en un regimiento de caballería en Ceuta y de ahí le dieron, en 1911, el mando del 1º Escuadrón del regimiento de Caballería de Alcántara.
            Entre 1911 y 1915 estuvo en la guerra del Rif, donde es condecorado en varias ocasiones. Luego pasó a la Capitanía general de Melilla, donde se ocupó de trabajos burocráticos.
            En 1915 asciende a comandante y es destinado a su villa natal de Alcoy, donde se casa.
            En 1918 es destinado a Oviedo y es donde conoce al también comandante Franco, con el que tendrá mucha amistad.
            Con la llegada de los nuevos ascensos, se aceleran los traslados. En 1921, ya teniente coronel, es destinado a Lérida y en agosto del mismo año, se le envía a un regimiento en Almería.
            Tras las noticias del Desastre de Annual, se ordena que su unidad mande un batallón a Melilla. El jefe de este batallón fallece y Campins se presenta voluntario para ir en su lugar.
            En 1922, al mando de su batallón y a las órdenes del general González de Lara, consigue varias victorias, reconquistando algunas plazas. Recibe muchas felicitaciones y, de vuelta en Almería, le espera un enviado del rey, que le llevará a presencia de éste en Madrid.
En diciembre del mismo año, el regimiento de Campins, la Legión de Millán Astray y Franco y el grupo de Regulares nº 3 de Ceuta, mandado por González Tablas y Mola, reciben una medalla militar colectiva de manos del rey.
            Es elegido para hacer un curso de Aeronáutica, en Cuatro Vientos, junto con Mola. No llega a tener el título de piloto, pero sí el de observador aéreo. Realmente, lo que estaban buscando eran mandos de reconocido prestigio en el Ejército para gobernar las bases aéreas, pues no consideraban a los pilotos como adecuados para esas tareas.
Luego es trasladado al batallón de montaña de Ronda, siendo nombrado comandante militar de esa ciudad.
            Entre 1924 y 1926 participa en varias acciones en la guerra de África, incluido el desembarco de Alhucemas y, en ese último año, es ascendido a coronel.
            Acabada la guerra es nombrado para la comisión encargada de organizar la academia general militar, que preside su amigo, Francisco Franco. También recibe la Legión de honor francesa, por su participación en el desembarco.
            La Academia arranca en 1927, siendo Franco su primer director y Campins, su subdirector y jefe de estudios.
            En 1930, con motivo de la Sublevación de Jaca, Campins desplegó sus cadetes para oponer resistencia a los sublevados. No tuvieron que entrar en acción, pero fueron felicitados por la maniobra.
            En 1931, con la llegada de la II República, se disuelve la Academia y es destinado a la Brigada de Montaña, en Gerona, y allí empieza a escribir su libro sobre la Academia.
            La Ley de Azaña de 1933 le afecta, pues no tiene en cuenta muchos ascensos ganados por méritos de guerra. Poco más tarde, se le respeta su puesto en el escalafón y se le destina en un regimiento de Infantería en Zaragoza.
            En 1936, a pesar del triunfo del Frente Popular y la vuelta de Azaña, es ascendido a general de brigada, concediéndole el mando de la 3ª brigada de Infantería, en Granada, y nombrándole comandante militar de esa plaza.
            Con la llegada del 18/07/1936 duda entre un bando y otro. Se decide por los sublevados, pero no está muy convencido. Proclama, con fecha 20/07 el bando de guerra, destituyendo al gobernador civil y poniendo en su lugar al tristemente famoso comandante Valdés. Este mantiene, desde un principio agrias discusiones con nuestro personaje, por lo que se decide a denunciarlo a Queipo de Llano, el cual aprovecha para detenerle, pues ya le tenía en el “punto de mira” desde que se negó al principio a obedecer sus órdenes sobre declarar el estado de guerra.
            Campins esta vez obedeció la orden de arresto y dejó el mando a su subordinado, el coronel Basilio León Maestre.
            El 04/08 es traslado por vía aérea a Sevilla, donde se le forma un Consejo de Guerra sumarísimo, para acelerar la sentencia, y es condenado a muerte el 14/08. Ciertos autores dicen que preparó él mismo su defensa, pues ya había sido juez militar en alguno de sus destinos.
            Aquí podemos ver claramente su relación con la entrada anterior. Franco pidió personalmente a Queipo clemencia para su amigo Campins, pero “el virrey de Andalucía” no quiso escucharle. Por eso, luego se vengó Franco no atendiendo a la petición que le hizo Queipo en el caso del general Batet.
            El 16/08 a las 06,30 de la mañana, el general Campins fue fusilado públicamente junto a las murallas del barrio de la Macarena, justo enfrente del actual Parlamento andaluz.
            Se dice que algunos obreros que se dirigían en tranvía a esa hora a su trabajo, fueron testigos del hecho.
           
           

viernes, 14 de septiembre de 2012

VÍCTIMAS POCO CONOCIDAS DE LA GUERRA CIVIL (9)


Esta vez traigo al blog la biografía de un militar que siempre me pareció un ejemplo de lealtad al Gobierno que tuvo España en cada momento de nuestra Historia.

            El destino, a veces, es caprichoso y el de este general dependió de la ejecución de otro militar. Lo curioso es que los dos fueron asesinados por el mismo bando. En la próxima entrada hablaré de ese otro general.

            Para empezar, en esta entrada voy a intentar que todo el mundo conozca la figura de Domingo Batet Mestres.

Nació en Tarragona el 30/08/1872 e ingreso muy joven en la academia militar, en 1887. En 1895 partió como teniente voluntario a la guerra de Cuba y logró ascender a capitán. Estuvo allí hasta 1897.

Como todos los militares, pasó por muchos destinos y ya en 1919 fue ascendido a coronel.

En 1925 fue ascendido a general de brigada y destinado a Alicante y luego a su tierra natal, Tarragona.

Con motivo del famoso Expediente Picasso, al cual ya le dediqué una entrada anterior, fue nombrado juez para instruir el procedimiento y se dice que no habló muy bien de Franco. Incluso llegó a dimitir a causa del escandaloso favoritismo hacia ciertos oficiales.

Parece ser que aceptó de buen grado la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera, pero en 1926 es detenido bajo la acusación de complicidad en un intento de golpe conocido como “Sanjuanada”. No obstante, fue absuelto por el Consejo de Guerra.

En 1931, al llegar la II República, estaba destinado en Mallorca, pero enseguida fue destinado como capitán general de Cataluña, sustituyendo al general López Ochoa. Su mandato se caracterizó por su respeto a las autoridades civiles y autonómicas catalanas y por su prudencia para arreglar los conflictos entre militares y civiles.

Con la fracasada revolución del 34, Companys quiso que se pusiera a sus órdenes y el presidente del Gobierno, Lerroux, le ordenó que declarase el estado de guerra.

Rodeó con sus tropas la plaza de San Jaume, de Barcelona, donde están las sedes de la Generalitat y del Ayuntamiento y, tras unos disparos que provocaron algunas víctimas, exigió la rendición de los que estaban dentro de la sede autonómica. Se negaron a rendirse y volvió el intercambio de disparos.

Ya en esa época tuvo una agria discusión con Franco. Como se había declarado el estado de guerra, el ministro Hidalgo le dio la orden a Franco, que era el jefe suplente del Estado Mayor Central, de luchar contra la sublevación. En ese caso, los militares tienen prioridad sobre los civiles. Franco le envió refuerzos de la Legión por vía marítima y le ordenó que atacara esa misma noche el edificio de  la Generalitat.

El no le hizo caso y, poniéndose en contacto incluso con Alcalá Zamora, les explicó que esa invasión daría lugar a muchos muertos. Sin embargo, él tenía preparada otra para el día siguiente más sencilla. 

Colocó unos cañones, con los que bombardeó levemente el edificio y, tras unas horas de tensión, se rindieron todos.

Se reconoció su labor, pues había resuelto la situación con muy pocos muertos y fue muy aplaudido por la burguesía catalana. Esto le valió el odio de los dos bandos y, como contrapartida, le fue impuesta la Cruz Laureada de San Fernando.

En 1935 fue nombrado jefe del Cuarto Militar del presidente Alcalá-Zamora, porque, tras la vuelta de Companys a Barcelona, ya no era tan popular.

En junio de 1936 dimite a petición propia del cargo y es nombrado general en jefe de la VI División Orgánica (ya no existían las Capitanías generales) con sede en Burgos.

Supo que se estaba preparando un golpe y se sabe que el 16 de  julio de ese año, se entrevistó en el monasterio de Irache con el general Mola, comandante militar de Pamplona y amigo suyo. Le llega a exigir a Mola que le dé su palabra de honor de que no participa en el golpe y se la dio. No olvidemos que Mola le debía muchos favores a Batet, pues, cuando llegó la II República, Mola fue atacado por muchos y cayó en desgracia, siendo defendido siempre por Batet.

Es posible que su nombramiento y el de otros muchos que aparecerán en este blog, seguramente se deba a una estrategia del Gobierno de rodear las zonas más propensas al golpe, como Navarra, con militares de probada lealtad a la II República. Quizás, por ello, visitaba asiduamente sus unidades militares y les recordaba a los oficiales sus obligaciones militares. El problema es que no pudieron dominar sus tropas y el golpe triunfó a pesar de su oposición.

El 18 de julio, su jefe de Estado Mayor, el coronel Moreno Calderón, le ofreció ponerse al mando de la sublevación en Burgos, pero él no quiso, así que fue detenido en su despacho de Capitanía  por sus mismos subordinados. Cuando Mola se enteró pidió que lo tratasen bien.

Fue trasladado al cuartel de San Marcial y luego procesado el 08/01/1937 por un Consejo de guerra, actuando como juez el general López Pinto.

Parece ser que ningún oficial quería ocuparse de su defensa. Después de consultar con varios, el coronel Ribas de Pina accedió.

Como su defensa fue más efectiva de lo que deseaban, fue cesado de manera fulminante y se le quitó todo mando sobre tropas.

Según parece, Franco se estaba poniendo nervioso y ordenó que el dieran de baja en el Ejército y le quitaran la pensión de la Laureada, cosa que es ilegal.

Incluso, hizo gestiones en su favor el propio cardenal Gomá, que lo conocía desde la infancia

El 08/01/1937 se hizo por fin su Consejo de guerra, donde fue condenado a la pena de muerte y fusilado en el campo de tiro de Vista Alegre  (Burgos) el 18/02/1937, a pesar de las gestiones que hicieron a su favor Queipo de Llano y Cabanellas, pero Franco no accedió a causa del asunto Campins.

Dicen que la intermediación de Queipo fue por un favor que le pidió directamente su consuegro, Alcalá Zamora, pero no pudo hacer nada, porque Franco estaba enfrentado con él.

Batet y Franco nunca fueron amigos y tuvieron varios desencuentros. En un informe dice de éste último: “El comandante Franco, del Tercio, tan traído y llevado por su valor, tiene poco de militar, no siente satisfacción de estar con sus soldados, pues se pasó cuatro meses en la plaza para curarse de enfermedad voluntaria, que muy bien pudiera haberlo hecho en el campo, explotando vergonzosa y descaradamente una enfermedad que no le impedía estar todo el día en bares y círculos. Oficial como éste que pide la laureada y no se le concede, cuando con tanta facilidad se ha dado, porque sólo realizó el cumplimiento de su deber, ya está militarmente calificado”.

Tampoco le gustó nada que, en la revolución del 34 le dieran la Laureada a Batet y a Franco, no. Sólo la consiguió cuando se la concedió a sí mismo, una vez acabada la guerra, y se la impuso su amigo, el general Varela.

Se ha dicho también que Franco llegó a humillar a la familia de Batet, los que vivían en territorio nacional. Los otros, que vivían en territorio republicano, al ser muy católicos, fueron perseguidos y Tarradellas, que era amigo suyo, les ayudó para que  pudieran escapar a Francia.

Parece ser que sus últimas palabras fueron: «Soldados, cumplid un deber sin que ello origine vuestro remordimiento en el mañana. Como acto de disciplina debéis disparar obedeciendo la voz de mando. Hacedlo al corazón; os lo pide vuestro general, que no necesita perdonaros, porque no comete falta alguna el que obra cumpliendo órdenes de sus superiores».

 

 

           

jueves, 13 de septiembre de 2012

VÍCTIMAS POCO CONOCIDAS DE LA GUERRA CIVIL (8)


Nuestro nuevo personaje tiene un nombre un poco extraño, pero fue su nombre real y nació un día 18 de julio de 1893, en Barcelona.

             Era hijo de un científico muy conocido en su época, Odón de Buen y del Cos, fundador del Instituto Español de Oceanografía y catedrático de Historia Natural de la Universidad de Barcelona. Su madre era Rafaela Lozano, hermana de un conocido catedrático, Luis Lozano rey.

            Sus hermanos fueron gente de gran valía: un magistrado, dos oceanógrafos, un ingeniero y un médico.

            Casó con Berta López de Heredia, hija de un bodeguero riojano, el creador de Viña Tondonia, y tuvieron 4 hijos, dos de ellos fueron luego profesionales muy importantes y reconocidos en México.

            Sadí estudió Medicina y se especializó desde 1920 en el estudio de los parásitos, bajo la dirección del Dr. Pittaluga, en la Universidad de Madrid. También fue profesor de Parasitología en la Facultad de Medicina de Madrid y miembro del Sindicato de Médicos de la UGT.

            En el campo práctico, colaboró con el doctor en algunos trabajos de investigación en Cataluña y en Cáceres.

            Pasó por el Instituto de Higiene Alfonso XIII como miembro de la Comisión Antipalúdica central.

            Desde 1920 dirigió varios dispensarios y en 1924 fundó el Instituto Antipalúdico de Navalmoral de la Mata.

            Con ayuda de su hermano Fernando, que era especialista en la fauna acuática, importaron un pez propio del Golfo de México para que se comiera las larvas de los mosquitos que transmitían estas enfermedades.

            Consiguieron aclimatarlo en un arroyo de Talayuela (Cáceres) y de ahí salieron todos los ejemplares que se utilizaron para erradicar el paludismo en España, luego en el resto de Europa y en el N. de África.

            Hizo estudios sobre la lepra y la leishmaniasis, que es una enfermedad que suele atacar a los perros y es endémica en la zona central de la Península.

            Descubrió también la causas y la forma de propagarse de otras enfermedades propias de la Península.

            En 1931 fue nombrado director general de instituciones sanitarias, siendo el hombre de confianza de Marcelino Pascua, director general de Sanidad, a quien sustituía en caso de ausencia.

            El golpe le pilló en Córdoba, realizando actividades profesionales. Fue apresado el 23/07 y fusilado el 02/09 en las tapias del cementerio de San Rafael.

            Al ser conocida en el extranjero su muerte se montó un gran escándalo y, quizás, por eso, luego canjearon a su padre, que estaba preso en Mallorca.

            Como la estructura que montó fue eliminada, en 1942 el problema de la malaria fue el problema sanitario más grave de España. Así que tuvieron que empezar desde cero.

            Al haberlo asesinado, también se intentó ocultar el valor de su obra científica, la cual se está empezando a conocer en los últimos años.

            Parece ser que fue detenido en un hotel de Córdoba por el jefe de Orden Público. Algunos autores dicen que, entre las causas de su detención, figuraban las envidias profesionales. Además, era un representante del Gobierno republicano.

            Por lo que se ve, nadie quiso avalarle para que no lo fusilaran y una de las acusaciones era de que “actuaba de enlace entre las milicias marxistas”.

            Fue asesinado el 02/09/1936. Según un testigo lo llevaron atado a un gitano, que no hacía más que llorar y él lo animaba para que muriera como un hombre.

            Rechazó la confesión, porque todo lo pareció una farsa creada para asesinarle.

            Cuando dispararon cayó al suelo, gritando que le mataran, porque todas las balas le habían dado al gitano.   

VÍCTIMAS POCO CONOCIDAS DE LA GUERRA CIVIL (7)


Nuestro personaje de hoy se llamaba Salvador Vila Hernández y nació en Salamanca, en 1904.

            Fue el cuarto de los hijos de un abogado. Al terminar sus estudios secundarios, ganó una importante beca que le sirvió para pagarse la carrera y hacer su doctorado en el extranjero.

            Entre 1920 y 1924 estudio a la vez Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad  de Salamanca

            Allí fue donde conoció al famoso escritor Miguel de Unamuno, con el que hizo una buena amistad, declarándose siempre discípulo de éste.

            Desde entonces se interesó por el arabismo, trasladándose, en 1924, a la Universidad de Madrid para hacer su doctorado en esa especialidad.

            A partir de entonces tuvo algunos problemas con el Gobierno de turno. Durante la Dictadura de Primo de Rivera, fue detenido en 1925 por repartir panfletos contra éste.

            Al año siguiente, tras haber increpado, junto con otros estudiantes, a un miembro del Tribunal que le quitó la cátedra de Griego a Unamuno, que estaba desterrado en Fuerteventura y se la dio a un clérigo salmantino, fue desterrado a las islas Chafarinas.

            Allí compartió la soledad con otros conocidos personajes de la época, como Jiménez de Asúa, Francisco Cossío, etc.

            No obstante, no estuvieron más de 2 semanas, pues fueron devueltos a la Península con motivo de la celebración del cumpleaños de Alfonso XIII.

            En 1927 pudo leer su tesis doctoral, denominada “Capítulo del matrimonio del formulario notarial de Abén Moguit”, la cual fue calificada como sobresaliente y en 1928 obtuvo el premio extraordinario del grado de doctor, tras aprobar una oposición.

            Entre 1928-29 residió en Alemania para ampliar sus estudios en la Universidad de Berlín. Allí conoció a su futura esposa, hija de un redactor-jefe de un periódico judío y muy bien relacionado con el Gobierno alemán de entonces.

            A su vuelta, comenzó a trabajar como catedrático de Literatura española en el Instituto de Baeza, igual que el insigne poeta Antonio Machado.

            En 1930 obtuvo la plaza de profesor temporal en la Facultad de Letras de la Universidad de Madrid.

            En 1933 alcanzó su meta, al conseguir la cátedra de Cultura árabe e instituciones musulmanas de la Universidad de Granada.

            También, ese mismo año, fue secretario del Tribunal que juzgó la tesis de Melchor Martínez Antuña, otro gran especialista en la materia y que también fue, desgraciadamente, fusilado en la Guerra Civil.

            En 1934 fue profesor de la Escuela de estudios árabes, de Granada, dependiente de esa Facultad, en cargado de la sección de Derecho e Instituciones Islámicas.

            Al final de 1935, tras la marcha del conocido arabista Emilio García Gómez a Madrid, fue nombrado nuestro personaje para ocupar ese puesto de Director del mencionado Centro.

            En 1936 fue nombrado representante de su facultad en la Junta de Gobierno de la citada Universidad.

            El 22 de abril del mismo año fue nombrado rector interino, en sustitución de Antonio Marín Ocete, que había dimitido y que, posteriormente, fue nombrado de nuevo.
 

            Parece ser que esta dimisión vino provocada por un suceso en el cual unos estudiantes falangistas atacaron a un catedrático republicano. Como el Rectorado no quiso hacer nada, pues el Claustro le retiró su confianza y tuvieron que dimitir tanto el rector como el vicerrector.

            Tras las algaradas estudiantiles de final de curso, tomaron la decisión de anular la convocatoria de exámenes de junio, lo cual no sentó nada bien a los estudiantes.

            El 18/071936 le pilló de vacaciones, junto a su familia, en Salamanca. El 24 del mismo mes fue destituido de su cargo de rector y nombrado de nuevo el anterior.

            En Salamanca tuvo algunas discusiones con Unamuno, porque éste, en un principio, apoyó al bando nacional. Esto hizo que algunos intelectuales republicanos renegaran del gran maestro, pero nuestro personaje siguió siendo su amigo.

            Fue detenido cuando estaba paseando junto a Unamuno y trasladado a Granada el 8 de octubre. Es encarcelado allí, junto a su mujer. Ella fue liberada gracias a la intercesión de Manuel de Falla y, además, fue obligada a bautizarse, pues era judía.

            Tras unos meses esperando en la cárcel, fue llevado al famoso barranco de Víznar, junto a otros 28 detenidos, el 22/10/1936, y fusilado, arrojando su cuerpo a una fosa común.

            Algunos autores explican su asesinato con la presión sobre Unamuno, pues los dos eran muy amigos.

            Incluso, se sabe que Unamuno pidió que no fuera fusilado, por ser uno de sus alumnos predilectos, pero como sus relaciones con el nuevo régimen fueron de mal en peor, el bando nacional no tuvo en cuenta su petición.

            Además, se puede ver que la fecha fue en días posteriores a los sucesos del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, 12 de octubre, provocados por una agria discusión entre Unamuno y el general Millán Astray. Esto dio lugar al cese fulminante, el 22/10, como rector de la Universidad de Salamanca.

            El régimen franquista quiso borrar su memoria y quitó su retrato de la sala de rectores, no pudiéndose volver a colgar hasta la llegada de la Democracia.

           

           

miércoles, 12 de septiembre de 2012

MELCHOR RODRÍGUEZ GARCÍA


Hoy traigo a mi blog un personaje que, durante la Guerra Civil, con su conducta, sirvió de  ejemplo a los dos bandos. Creo que, si hubiéramos tenido más gente como él, quizás se hubieran producido menos muertes.

            Nació en Sevilla en 1893, hijo de una familia muy modesta, que, para colmo, perdió muy pronto a su padre, debido a un accidente en los muelles del río Guadalquivir.

            Su madre se dedicaba a la costura y también era cigarrera y sufrió mucho para sacar adelante a sus 3 hijos.

            Estudió hasta los 13 años en una escuela del asilo, pero, con esta edad, tuvo que empezar a trabajar como calderero en un taller de Sevilla.

            Se inició en el toreo y logró lidiar en algunas plazas importantes, como Sanlúcar de Barrameda y llegó incluso a hacerlo en Madrid, donde recibió una grave cogida en 1918. Después de torear algunas corridas más, se retiró en 1920.

            Hacia 1921 le encontramos trabajando como chapista en un taller de Madrid. Al poco tiempo, se dedica a actividades sindicales, siendo uno de los fundadores del sindicato de carroceros, dentro de la CNT.

            Su defensa de los derechos de los reclusos le costó varios encarcelamientos durante la época monárquica y republicana.

            Como la CNT colaboró con el Gobierno cuando estalló la guerra, el 10/11/1936 fue nombrado delegado especial de prisiones de Madrid. Desde este puesto luchó para eliminar las sacas de presos de las cárceles. Al no conseguirlo, dimitió el 14 del mismo mes.

            Tras las protestas del Cuerpo Diplomático y el Tribunal Supremo, se le nombró esta vez delegado general de prisiones, a las órdenes directas del Ministro de Justicia.

            Esta vez sí que consiguió para estas sacas, aunque tuvo fuertes enfrentamientos con algunos dirigentes comunistas.

            Como prohibió tajantemente la salida de los presos de las cárceles entre las 7 de la tarde y las 7 de la mañana, consiguió parar esta sangría.

            El 08/11/1936 se enfrentó a un grupo de milicianos que llegó a la prisión de Alcalá de Henares exigiendo que les entregasen un grupo de presos para lincharlos. El motivo es que, previamente, la aviación nacional había bombardeado la base aérea de esta localidad y había causado muchas víctimas. Él se presentó en esta prisión y se enfrentó a los milicianos, incluso dando la orden de que se les dieran armas a los presos si los milicianos asaltaban la cárcel.

            En Madrid también consiguió que no se asaltaran las prisiones y así salvó la vida de personajes muy conocidos, como Muñoz Grandes, Valentín Gallarza, Serrano Súñer, el Dr. Gómez Ulla, los hermanos Luca de Tena, el portero Ricardo Zamora, Sánchez Mazas, Raimundo Fernández-Cuesta, etc.

            Por ello, fue conocido como “el Ángel rojo” y se le recuerda también por una de sus frases:  "Se puede morir por las ideas, pero nunca matar por ellas".

            Cuando regresé a Madrid después de haber salvado de la muerte a 1.532 presos en Alcalá, tuve que escuchar unos tremendos insultos y amenazas de jefes de relevancia que hasta llegaron a acusarme de ser un fascista. Tuve a menudo la posibilidad de huir de la zona republicana, pero no la aproveché, porque ¿quién se hubiese preocupado de los 12.000 presos que había en las cinco cárceles de Madrid, y de los 1.500 en la de Alcalá, de las 28 personas escondidas en mi casa y de muchas, muchas más? Solamente yo podía hacer esto. Ahora debo decir que estaba solo en este asunto. Ninguno de ellos, de los rojos, me prestó ayuda...»”

            El 28/02/1939 recibió el nombramiento como Alcalde de Madrid del Consejo Nacional de Defensa y tuvo que participar durante dos días en el traspaso pacífico de poderes al nuevo Consistorio municipal.

            Al acabar el conflicto,  fue sometido a dos consejos de guerra. Del primero salió absuelto, pero el fiscal recurrió y fue sometido a un segundo, donde sólo le pudieron aplicar la pena de cinco años, porque el propio general Muñoz Grandes se encargó de recoger y presentar firmas de franquistas que lo avalaran.

            En 1944, al salir de la cárcel, le ofrecieron un puesto en los sindicatos verticales, pero él siempre los rechazó argumentando que se sentía anarquista y que no podía aceptarlo.

            De hecho, se le veía paseando por la calle libremente con personajes del Estado franquista y eso no gustó a ninguno de los dos bandos.

            También intentó ayudar siempre a los presos políticos, muchas veces valiéndose de sus amigos en el nuevo Estado, cosa que no gustó a sus compañeros.

            Por su militancia constante en la CNT ingresó varias veces en la cárcel.

            En cuanto a su vida laboral, se dedicaba al gremio de los seguros y, en sus ratos libres, componía letras de pasodobles y cuplés. Incluso, escribía en el diario Ya, debido a su buena amistad con Martín Artajo y Blas Piñar.

            En 1947 fue procesado de nuevo y encarcelado por haber introducido propaganda política en la prisión de Alcalá.

            A su muerte, en 1972, asistieron a su entierro personajes de todo tipo. Desde anarquistas hasta falangistas. Se cantó el himno “A las barricadas”, sin que, extrañamente, se produjera ningún incidente. Además, se le enterró envuelto en una bandera anarquista en plena época franquista.

           

           

martes, 11 de septiembre de 2012

VÍCTIMAS POCO CONOCIDAS DE LA GUERRA CIVIL (5)


Hoy traigo a este blog la historia de una persona que siempre le echó mucho valor a la vida. Me refiero a María Domínguez Remón. El nombre, seguramente, no le sonará a casi nadie, pero si digo que fue la primera mujer alcaldesa de este país, muy posiblemente que a más de uno le interesará leer algo sobre su vida.

            Nació en un pueblo pequeño de la provincia de Zaragoza llamado Pozuelo de Aragón, en 1882.

            Casó muy joven, a los 18 años, pero su matrimonio no fue bien y se separó también pronto. Parece ser que fue a consecuencia de los malos tratos. Por ello, ya entonces, fue tachada de libertina por algunos de sus vecinos. De todas formas, se trató de un matrimonio concertado por sus padres, algo muy habitual en esa época.

            Aún sin tener el título, ejerció como maestra en el Valle de Baztán (Navarra). No obstante, compatibilizó su trabajo con sus estudios en la Escuela Normal de Pamplona.

            El clima de esa zona no le fue bien, así que los médicos le aconsejaron que se mudase a otra zona menos fría y se trasladó a Zaragoza, donde realizó estudios en la Escuela de artes y oficios y trabajó cosiendo medias a máquina.

            Ya en 1916 empezó escribiendo artículos para el Ideal de Aragón, pero su salud de nuevo se resintió y tuvo que cambiar de trabajo.

            En los años 20 evoluciona del republicanismo al socialismo y se traslada a Gallur, donde es muy querida por su labor a favor de los más humildes. Ahora escribe para el periódico socialista Vida Nueva.

            El ayuntamiento elegido en ese pueblo en abril del 31 dimitió en pleno, debido a la presión popular. El gobernador civil nombró mientras tanto una Comisión Gestora que se hiciera cargo de ese Consistorio y se nombró a ella como presidenta. Ostentó este cargo entre el 29/07/1932 hasta el 06/02/1933 y salió bastante desilusionada de ese puesto. No es de extrañar conociendo a este país.

            Dio varias conferencias. Algunas de ellas fueron publicadas por la editorial Castro en un  libro llamado “Opiniones de mujeres”. El prólogo de este libro fue escrito por la famosa escritora y política Hildegart Rodríguez, a la cual le dedicaré otra entrada.

            Siempre tuvo muy claro que la vida la había hecho pobre, pero la cultura le salvaría de ser humillada. Así que aprendió por su cuenta todo lo que pudo.

            Luchó por una enseñanza pública que fuera digna. Atacó a la Iglesia, porque, para ella, despreciaba a la mujer.

            Al mismo tiempo, siempre defendió a la II República, porque la veía como un régimen garante de las libertades y como un instrumento positivo para la transformación de la sociedad española. Seguramente, con esta forma de pensar se ganó muchas enemistades y no se lo perdonaron nunca.

            Durante su trabajo como alcaldesa de Gallur aprendió muy claramente dos lecciones. Una de ellas era la falta de formación democrática de la sociedad española, incluso entre los miembros de su partido, que era el PSOE. Otra, que quienes siempre habían tenido el poder sólo estuvieron todo ese tiempo esperando para volver a tomarlo de cualquier forma.

El 07/09/1936 por la noche llamaron violentamente  a la puerta de su casa en Fuendejalón. No le extrañó esta visita, pues Arturo, su segundo marido, había sido fusilado unos días antes en Tabuenca.

Se trataba de una partida de falangistas que se dedicaban a recorrer los pueblos de la comarca para “ajustar cuentas”.

Sin mediar palabra alguna, le hicieron un gesto para que montara en una camioneta que estaba fuera con el motor encendido. Incluso, le resultó conocida la cara de algunos de ellos, aunque no la miraron directamente.

Subió a la parte de atrás de la camioneta y se encontró con otros hombres que, igual que ella,  presentían su triste final.

Seguramente, en esos momentos pasó por su mente lo que había sido su vida. Una niña hija de campesinos pobres, que siempre había ayudado en todas las labores del campo. Sólo que ella siempre que pudo se dedicó a leer todo lo que caía en sus manos y formarse.

Más adelante, como ya se ha mencionado, sustituyeron la autoridad de sus padres, por la de un marido de un matrimonio concertado.

Recordaría sus años de maestra en Nuevo Baztán. Su posterior traslado a la gran ciudad, sin apenas equipaje. Allí llegó a conocer a mucha gente y tomó cierta fama como escritora.

Sus años en Gallur, donde se esforzó por hacer llegar la educación a la mayor cantidad de gente posible y que se dieran las clases en un lugar digno.

Al llegar a la altura del cementerio, les hicieron bajarse y les asesinaron vilmente junto a las tapias del recinto. Su tumba se halla junto a árbol, en una esquina del cementerio de Fuendejalón.

 

           

VÍCTIMAS POCO CONOCIDAS DE LA GUERRA CIVIL (6)


Esta vez traigo al blog un personaje que pagó con su vida, en fecha tan histórica como el 18/07/1936, su lealtad probada al Gobierno de la II República.

            Se trata de José Rodríguez-Medel Briones, el cual nació en Siruela, un pueblo de Badajoz, en 1889.

            Llegó por vez primera a Pamplona en 1908, destinado como oficial al cuartel de la Guardia Civil de esa ciudad. Allí conoció a la que sería su esposa, Lucía Carmona, en 1911.

            Obtuvo el título de ingeniero industrial y se trasladó a Granada con su familia, optando por pedir excedencia en el Cuerpo y trabajar en la vida civil. Trabajó durante unos años en la compañía de seguros alemana “La Victoria”, de Berlín

            En 1933 reingresó en el Cuerpo como comandante, siendo destinado como ayudante del general Federico Santiago. Al ser ascendido su jefe, el nuevo general, Sanjurjo, se trajo su ayudante y él quedó pendiente de destino, a disposición del director general, que, en ese momento, era el general Sebastián Pozas.

            En Navarra, los sectores partidarios del republicanismo estaban nerviosos por la exhibición constante de las fuerzas tradicionalistas, organizadas por el general Varela.

            Por esas fechas, el general Mola fue trasladado forzosamente a Navarra, por orden directa del presidente de la República, Manuel Azaña, para intentar que tuviera pocas fuerzas bajo su mando. Seguramente, también se tuvo en cuenta que este general fue el director general de Seguridad en la época de la Sublevación de Jaca y fue el que encarceló al Gobierno Provisional republicano, en 1930.

            Tampoco estaban muy contentos en la Guardia Civil con el Gobierno, pues en el desfile del aniversario de la llegada de la II República fue asesinado un alférez del Cuerpo, llamado Anastasio de los Reyes. Incluso, algunos oficiales del mismo Cuerpo que había ido a entrevistarse con Casares Quiroga, para protestar por la conducta del Gobierno ante este hecho, fueron detenidos.

            En este contexto, se nombró apresuradamente a 8 cargos de la Guardia Civil para que tomaran inmediatamente posesión de sus puestos. A él le tocó el mando de la Comandancia de este Cuerpo en Navarra.

            Parece ser que Mola y él ya eran viejos conocidos y sus relaciones no habían sido buenas desde antaño. Por ello, el nuevo comandante se presentó ante el gobernador civil de Navarra, Mariano Menor, y el alcalde de Pamplona, Tomás Mata.

            Como no fue a presentarse ante el gobernador militar, general Mola, éste lo llamó a su presencia. Parece ser que la cosa quedó en una simple discusión.

            No obstante, su nombramiento cayó mal entre la oficialidad de Navarra, pues la mayoría era partidaria de los requetés y siempre le vieron como un intruso. Además, fue a sustituir al teniente coronel Ignacio Gregorio Muga Díez, el cual era muy conocido en la Plaza y fue trasladado de manera forzosa a Soria.

            El Gobierno detectó una posible conspiración militar, pero el presidente del Consejo de Ministros, Casares Quiroga, aunque informó al resto de los ministros en el Consejo del 10 de julio, no le dio mucha importancia. Quizás, se confiaron pensando que podían vencerla, como habían hecho anteriormente con la de Sanjurjo.

            El gobernador civil de Navarra, Mariano Menor Poblador, también pensaba que lo tenía todo controlado.

            Como todos habían pensado que la guarnición de Valencia se iba a sublevar anticipadamente el 29/05/1936, todos, incluso Mola estuvieron expectantes, pero no ocurrió nada anómalo.

            A pesar de ello, el 3 de junio se movilizaron algunas comandancias de provincias fronterizas de Navarra e, incluso, se personó en Pamplona el propio director general de Seguridad, Alonso Maillol, al frente de guardias civiles y de asalto.

            No encontraron prácticamente nada, salvo escopetas de caza y algunas pistolas sin licencia y realizaron algunas detenciones. Incluso se entrevistó con Mallol un antiguo amigo suyo, el capitán Rafael Tejero, el cual le convenció de que todo era normal. Así que Mallol se volvió a Madrid sin ninguna prueba contra Mola.

            No obstante, el general Pozas, le encargó a nuestro personaje que creara con sus efectivos una línea de defensa en Tafalla, para aislar a Navarra por el sur.

            Se sabe que hubo una conversación entre Mola y el comandante, donde éste último le dijo que su deber era “obedecer las órdenes del poder constituido”.

            Parece ser que Mola también intentó atraerse para su causa a nuestro comandante a base de unas gestiones realizadas por el coronel García Escámez con el segundo jefe de la Guardia Civil, Luis Espinosa Ortiz, por tener los dos una buena amistas desde que coincidieron en la academia. El intento trascendió y cada uno fue trasladado forzoso fuera de Navarra.

            Para sustituir a Espinosa se trasladó a Navarra a Martínez-Freira, amigo del comandante. También éste tomó contacto con el general Batet, nuevo capitán general de la división en Burgos.

            Una vez conocida la noticia del golpe en África, Mola llamó a todos los mandos a su despacho, sólo faltó nuestro personaje. Incluso otro oficial se ofreció como rehén para que acudiera. Al fin, se decidió por la tarde a ir a ver a Mola. No le pudo convencer, aunque le dijo que conocía bien el Cuerpo, porque su padre fue coronel del mismo.

            Nuestro comandante formó sus efectivos en la puerta de la Comandancia, para llevarlos a Tafalla. Al final de su arenga, en la cual les dijo que el Cuerpo siempre había estado del lado del poder legítimo, terminó con un ¡Viva la República!, que fue contestado por los guardias con un ¡Viva España!. Estos le apuntaron y él disparó a uno de ellos, pero le asesinaron allí mismo, por la espalda.

            Existe una versión posterior que reproduzco:

El asesinato: según Luis Romero «Tres días de julio»

Luís Romero (voluntario en la División Azul y escritor), «Tres días de Julio», depósito legal B 18.121-69, Barcelona, 1967.

Comandancia de la Guardia Civil, en esta puerta fue muerto a tiros el comandante José Rodríguez Medel, el 18 de julio por la tarde.

El general Mola sale de su despacho, seguido de su ayudante y de los oficiales que están con él.
Un brigada y unos 'números' de la Guardia civil, llegan tumultuosamente al descubrir al general le vitorean.
-Dígame brigada, ¿qué ocurre?
-¡Mi general! Hemos matado al comandante Rodríguez Medel...
El comandante... obedeciendo las órdenes de esos canallas del Frente Popular, nos ha hecho formar en la explanada del cuartel, había dispuesto camiones y hecho cargar en ellos cuatro ametralladoras, bastantes pistolas ametralladoras, cartuchos y la Caja de la Comandancia. Mi general, ¡quería que nos trasladáramos fuera de Pamplona a combatirles a ustedes!

El comandante apoyado por el comandante Martínez Friera y por el capitán Fresno se negaba a decirnos adónde se nos llevaba, entonces, mi general, se ha armado un 'barullo, un compañero ha hablado en nombre de los demás... se han cruzado algunos disparos, un número ha sido herido y el comandante... ha caído a la puerta ¡muerto!

--¡Y no será por falta de advertírselo! dijo Mola.”

            El coronel Beorlegui, nombrado delegado de Orden Público por Mola se hizo cargo de la situación y detuvo a dos oficiales responsables del acto. Parece ser que Beorlegui oyó el disparo cuando se dirigía a detener al comandante, siguiendo las órdenes de Mola. Más tarde, cuando rellenó el informe del asesinato, indicó que se había producido por una hemorragia interna y los dos oficiales quedaron en libertad.

            La familia del comandante se enteró por la radio, pues no estaban en Pamplona. Cuando llegaron, los militares sólo les autorizaron su entierro en una fosa común.

 Tras unas gestiones  de la familia de su esposa, se consiguió que pudieran enterrarlo dentro del panteón de la familia Chueca, pero sin ninguna inscripción.

Se le considera uno de los primeros asesinados de nuestra pasada Guerra Civil y esperamos que haya sido la última.

           

lunes, 10 de septiembre de 2012

VÍCTIMAS POCO CONOCIDAS DE LA GUERRA CIVIL (4)


Virgilio Leret Ruiz nació en Pamplona en 1902 y, como era hijo de un militar, pues siguió esa carrera.

            A los quince años, que era lo habitual, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, para salir de ella con 18, en 1920, y ser destinado a un regimiento en Ceuta.

            Entre 1920 y 1924 luchó en la guerra de África, tomando parte en la ocupación de las importantes plazas de Xauen y Alhucemas.

Una de sus gestas más heroicas fue soportar durante 21 días el asedio de los moros al blocao donde estaban él y 20 soldados más.

            Entre 1925 y 1927 se formó como aviador y participó en el famoso desembarco de Alhucemas.

            Durante este episodio, su aparato fue derribado y tuvo que caminar más de 24 horas a través de territorio enemigo, hasta llegar a la frontera del Protectorado francés.

            En 1929, después de 5 años, obtuvo el título de ingeniero libre mecánico-electricista, con lo cual se cumplieron muchas de sus aspiraciones.

            Aparte de ello, tuvo también de aprender a tocar el violín y de escribir novelas de ficción, bajo el seudónimo de “el Caballero del azul”.

            En la década de los 20 conoció a su esposa, Carlota O’Neill, de origen mexicano y feminista de izquierdas, que le dio una nueva visión del mundo.

            Obtuvo varias recompensas por su actividad en la guerra de África y Alfonso XIII le nombró caballero de primera clase de la Orden del Mérito Militar.

            En 1930, cuando ocurrieron los sucesos de Jaca, él estaba destinado en la base de Getafe. En esa misma base, intentaron sublevarse ramón Franco, Hidalgo de Cisneros y Queipo de Llano. Los oficiales le pidieron al jefe de la base que les permitiera no disparar sobre los sublevados. Así, éstos pudieron escapar a Portugal y los oficiales, entre ellos Leret, fueron acusados de rebelión militar y encarcelados por ello.

            Con la llegada de la II República fueron amnistiados y volvió al servicio activo.

            En 1932 fue destinado a la base de hidroaviones del Atalayón, a orillas de la Mar chica, en Melilla.

            En 1934 su Escuadrilla Dornier dio la primera vuelta a España.

            Ese mismo año tuvo un problema, pues fue expedientado a causa de un escrito que envió al general Romerales, preguntando si se había derogado la norma que obligaba a los militares a no afiliarse a ningún partido político.

            Mientras estuvo encarcelado por ello, se dedicó a diseñar un original motor a reacción, muy revolucionario en aquella época, el cual patentó en 1935. También aprendió a hablar árabe y francés.

            Ya en libertad, a causa de la amnistía dictada por el nuevo Gobierno del Frente Popular, expuso su proyecto de reactor al general Núñez de Prado, director general de Aeronáutica y al mismo Azaña, presidente de la República. Parece ser que lo dejaron en manos de un comité de expertos a los cuales les pareció muy interesante.

A mediados de junio del 36 se inició la construcción de un modelo experimental en los talleres Hispano-Suiza, para probarlo a mediados de septiembre.

La familia se fue de vacaciones de verano a Melilla y el 17/07/1936, víspera del pronunciamiento militar, ostentaba el mando accidental de su base en Melilla.

            Al ser atacada la base por un tabor de regulares, la defendió produciendo en el otro bando los primeros muertos militares de la guerra.

            Tras la llegada de refuerzos a los asaltantes, optó por rendir la base a causa de la gran superioridad del enemigo.

            Según el informe oficial, fue capturado y llevado al fuerte de Rostrogordo, donde fue fusilado el día 23, en compañía de 2 alféreces bajo su mando.

            Sin embargo, se supo más tarde que eso era falso. Parece ser que uno de los oficiales sublevados declaró que había sido fusilado el día 18, semidesnudo y con un brazo roto, junto con esos 2 alféreces.

            Muy posiblemente, fue el primer oficial fusilado por el bando nacional durante la guerra civil.

            Al enterarse en Madrid, el Gobierno de la II República, le ascendió a comandante a título póstumo.

            Su esposa también fue arrestada, separada de sus hijas  y juzgada en un Consejo de Guerra. Allí fue condenada a 6 años de prisión, acusada de unas cosas que hoy nos producirían risa, como ser la causante de la conducta de su marido y saber hablar ruso.

            Tardó bastante en recuperar a sus hijas y luego se fue exiliada primero a Venezuela y luego a México, donde escribió su experiencia personal en “Una mujer en la guerra de España”.

            Parece ser que Carlota pudo recuperar los planos del motor proyectado por su marido y los tuvo escondidos hasta que salió en libertad. Luego depositó los mismos en el consulado británico, para que no cayeran en poder de Franco y luego de los nazis.

            Perdió todo contacto con el oficial al que había entregado los planos y nunca más supo de ellos hasta que el Reino Unido empezó a desarrollar aviones de este tipo. Se el ocurrió enviar un escrito para que reconocieran el invento de su marido, pero nunca le contestaron.
            Sus hijas han seguido luchando para que el Gobierno reconociera que su padre había sido una víctima del franquismo y para que figurara como uno de los inventores pioneros españoles en este sector. Además, para llegar a conocer dó