ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 30 de diciembre de 2012

LOS DESGRACIADOS NÁUFRAGOS DEL USS INDIANÁPOLIS


Es muy posible que el nombre de este barco no le diga nada a nadie, pero si digo que se menciona su nombre en la famosa película “Tiburón”, pues, a lo mejor, alguien va haciendo  memoria.

             El 16/07/1945 era un simple crucero más de la inmensa Armada de los USA que triunfó en la II GM. Había sido el buque insignia de la 5ª Flota USA y ahora estaba atracado en un muelle de los astilleros de San Francisco, sometido a una reparación. Hacía pocos meses que uno de esos pilotos kamikazes estrelló su aparato contra el casco del buque.

            Ese mismo día acabó sus reparaciones y, de pronto, empezaron a meter en el buque varios contenedores de plomo. Se rodeó todo del mas absoluto secreto y se apostaron a su alrededor bastantes agentes de la policía naval, con órdenes muy estrictas de disparar a cualquiera que entrara en el hangar sin preguntar antes.

            Ningún tripulante, ni siquiera el capitán McVay, fueron informados de lo que había en esos contenedores. Nadie supo que eran los elementos para montar dos bombas atómicas. El Alto Mando había decidido que los disparadores y demás elementos para detonarlas se transportarían por vía aérea.

            Sus órdenes eran transportar esa carga a una base aérea en Tinián, muy cerca de Japón, a la máxima velocidad posible y sin escolta. No se debían hacer preguntas sobre la carga, ni acercarse al hangar, pues los guardias podrían disparar en el acto.

            También se le dijo al capitán que la carga era prioritaria sobre la tripulación. En caso de naufragar en aguas seguras, tendría que salvar primero la carga. Si, por el contrario, lo hacía en aguas profundas, tendría que lanzar la carga al fondo, antes de botar las lanchas salvavidas.

            Como le dieron esas órdenes tan concretas, el buque rompió un récord de velocidad con ese tipo de navío y cubrió las 5.300 millas náuticas en menos de 10 días, con sólo una parada técnica en Pearl Harbor para repostar.

            El 26/07/1945 entregó su carga y estuvo allí lo justo para repostar para el viaje de retorno. Como la operación fue tan discreta, ni siquiera se comunicó al Estado Mayor que este buque estaba navegando por esa zona.

            El día 29 el barco se dirigió hacia Guam, unas 100 millas al sur y de ahí partió el 30 por haber recibido órdenes de unirse en Filipinas al USS Idaho.

            Como esas aguas solían ser transitadas por submarinos japoneses, el capitán pidió una escolta, pero se la denegaron argumentando que ya estaban controladas.

            Hacia el atardecer del día 30 dejó de hacer las consabidas maniobras en zigzag para no ser un objetivo fácil de los submarinos, pero, para ahorrar combustible, dio la orden de navegar en línea recta.

            Así a medianoche, fue detectado por el submarino japonés I-58 al mando del capitán Hashimoto. Este esperó hasta asegurar el disparo y le mandó 2 torpedos.

            Los dos torpedos dieron en el blanco y el barco se escoró hacia estribor, con lo cual, los náufragos apenas tuvieron tiempo de soltar las balsas, pues se hundió en unos 12 minutos. Con las explosiones ya murieron unos 300 marineros.

            La tripulación constaba de 1196 hombres, incluyendo los oficiales, de los cuales sólo unos 800 lograron saltar del barco.

            Al amanecer del día 31 se vieron ya rodeados de tiburones. Durante 5 días tuvieron que luchar con estos animales que los fueron devorando uno a uno, porque la mayoría dse los hombres sólo flotaba con un chaleco salvavidas.

            Aparte de ellos, como nadie sabía dónde estaban, aguantaron el hambre, la sed, la insolación, las alucinaciones, etc.

            Como nadie los buscaba, pues fueron descubiertos de una manera casual por un avión que realizaba una patrulla anti-submarina y dio la posición por radio.

            Un hidroavión se acercó posteriormente y al ver que estaban siendo atacados por los tiburones amerizó y se llevó a unos cuantos supervivientes.

            Ya de noche llegó un barco, pero sólo pudo rescatar a 316 supervivientes en diferentes grupos.

            El Alto Mando se buscó un chivo expiatorio en la persona del capitán MacVay. Le acusó de ser responsable de estos hechos y le formó un consejo de guerra. Se basaron en que no había mantenido la navegación en zig-zag. Incluso, llevaron a declarar al capitán del submarino, que había sido apresado, y declaró que fue un simple acto de guerra y que si hubiera navegado en zig-zag lo hubiera hundido igualmente.

            Fue declarado culpable y expulsado de la Armada. Quizás, por ello, se suicidó en 1968.

            Su caso fue revisado y, a propuesta del Parlamento USA, en presidente Clinton, en 2000, firmó una ley que le exoneraba al capitán MacVay de la responsabilidad por estos hechos.
 
¡¡ OS DESEO A TODOS UN MUY FELIZ AÑO 2013!!

jueves, 27 de diciembre de 2012

LA OTRA MAFALDA


Confieso que siempre me han gustado las historietas de Mafalda y de vez en cuando me gusta releerlas, porque parece que te levantan el ánimo, sobre todo en una época de crisis como la que vivimos ahora.

De todas formas, he de decir que, en cuestión de cómics, mi héroe siempre ha sido y será Tintín, a pesar de que vaya por ahí diciendo que es periodista y nunca se le haya visto escribir ningún artículo.

El personaje que traigo hoy al blog es una princesa italiana con el mismo nombre que el personaje de cómic. No sé si Quino la conocería antes de realizar sus viñetas. De todas formas, se conocen otras princesas que tuvieron este nombre durante la Edad Media.

Mafalda de Saboya nació en 1902 y fue la segunda hija del rey Víctor Manuel III y de su esposa, Elena de Montenegro. Por tanto, también fue hermana del futuro rey Humberto II de Italia.

De pequeña la solían llamar “Muti” y, como era habitual entre las gentes de su posición social, recibió clases de diversas artes y de varios idiomas modernos.

La familia real primero residió en el famoso Palacio del Quirinal y, más tarde, en Villa Ada, un palacete más tranquilo en las afueras de Roma.

En 1923 conoció a un príncipe alemán que, más tarde, se convertiría en su esposa. Su nombre era Felipe de Hesse-Kassel y era nada menos que sobrino del exilio Kaiser Guillermo II de Alemania. Además, tenía un hermano gemelo llamado Wolfgang.

La boda se llevó a cabo en septiembre de 1925 y, tras la luna de miel por la Riviera, se fueron a vivir a Villa Polissena, la cual se hallaba dentro del complejo real de la antigua Villa Ada, ahora denominada Villa Saboya. La pareja tuvo allí sus cuatro hijos entre 1926 y 1940.

Felipe era un gran admirador de Mussolini y soñaba con llevar sus ideas a Alemania. Como muchos otros nobles, se afilió al partido nazi y a las SA.

Con estas credenciales fue nombrado en 1934 gobernador de Hesse-Nassau, pero Mafalda no quiso seguirle, porque no le gustaba el cargo de su marido ni su ideología.

En 1943, como Italia siempre tiene que terminar victoriosa en todas las guerras donde se ha metido, pues el propio Víctor Manuel III le da la “vuelta a la sartén”. Organiza un golpe de Estado, aprovechando que se están acercando los aliados, tras su desembarco en Sicilia, y encarcela a Mussolini.

Este acontecimiento hace que se enfurezca Hitler, su colega de infortunios, y pone en marcha la Operación Abeba, la cual consistía en detener a todos los miembros de la familia real italiana.

Ella no sabía nada, pues se hallaba en Bulgaria en el entierro de su cuñado Boris III, esposo de su hermana Juana.

Cuando se enteró de todo esto, pensó que podría estar más o menos segura por la pertenencia de su marido al partido nazi, pero se equivocaba, porque Hitler lo había encarcelado, acusándole de haberle traicionado por no haber informado con antelación del golpe de Estado que pensaba dar el rey de Italia.

Inmediatamente, se fue al Vaticano con sus hijos y los dejó allí bajo la custodia de un personaje muy conocido que llegaría a ser Papa con el nombre de Pablo VI.

No sabemos por qué razón abandonó su refugio en el Vaticano para ir a su casa, donde fue arrestada. Es un poco raro, porque ella sabía que el resto de la familia real se había desplazado hacia el sur, huyendo de los fascistas y los nazis.

La GESTAPO le dijo que la iban a llevar a Alemania para reunirse con su marido. Al llegar, vio que no era cierto, pues la acusaron de traición y la enviaron al campo de Büchenwald. Allí, la encerraron en un barracón de aislamiento, donde estaba con algunas otras personas y rodeada por un jardín y un muro muy alto. Se la registró con un nombre falso y no se dejó que nadie conociera su verdadera identidad.

Realmente, era una zona para “visitantes ilustres”, como Edouard Daladier, el general Gamelin, Paul Reynaud, Georges Mandel, León Blum, la familia del coronel Von Stauffenberg, responsable del intento de atentado contra Hitler, etc.

Allí compartió su habitación con María Ruhnau, nombrada ayudante de la princesa, y con otro matrimonio más. No podía quejarse mucho, porque el trato era algo mejor que el que recibían el resto de los presos de ese campo, a los cuales no podían ver, pues estaban apartados de los demás.

Parece ser que en agosto de 1944, el campo fue bombardeado por la aviación aliada. A consecuencia de este ataque algunos de los prisioneros murieron, pero Mafalda sólo fue herida en un hombro.

El problema es que la herida dejaba ver el hueso y, seguramente, se le infectó a causa de la escasez de medicinas que padecían en Alemania en esa época. No sabemos el motivo, lo cierto es que fue atendida por uno de los doctores del campo, un tal Gerhardt Schiedlausky, que, posteriormente, fue condenado como criminal de guerra, y éste le amputó el brazo.

Dicen que luego la dejaron en una habitación, sin cuidados médicos, y eso hizo que empeorara y que falleciera desangrada.

Cuando unos prisioneros italianos la llevaban para incinerarla en los famosos hornos crematorios del campo, la reconocieron y se lo dijeron al sacerdote que pronunciaba unas palabras antes de quemar los cuerpos. Entre todos consiguieron convencer al jefe del campo para que no la quemaran y fue enterrada en una fosa como “mujer desconocida”.  

La familia real italiana, que se encontraba exiliada en Alejandría (Egipto), no se enteró de la noticia hasta abril de 1945, cuando informó de ello la BBC.

El príncipe Felipe tuvo que esperar hasta 1951, pues el cadáver se hallaba enterrado en la antigua RDA, y necesitaba el permiso de las autoridades soviéticas, para poder trasladarlo al mausoleo de su familia en el castillo de Kronberg (Hesse), donde se halla ahora.

Podemos ver un busto de la princesa, el cual fue realizado hace varios años por uno de sus hijos.

También, en los años 20, fue botado un crucero de pasajeros con el nombre de esta princesa, el cual naufragó llevándose, desgraciadamente, al fondo muchas vidas humanas.
Parece ser que el fenómeno llamado “Sebastianismo” también ha llegado hasta aquí, pues hay por ahí un individuo que asegura que nuestro personaje consiguió escaparse del campo de concentración y llegar hasta Egipto, donde vivió un romance con el rey Faruk y él es fruto de ese idilio. Esa historia podría colar si no fuera porque este individuo dice que nació en 1957 y se olvida de que nuestra princesa nació en 1902. Así que, con 55 años, como todo el mundo sabe, es prácticamente imposible dar a luz.

domingo, 23 de diciembre de 2012

UNA HISTORIA NAVIDEÑA EN MEDIO DE LA I GM


Hay varios dichos sobre las guerras, como el de “las guerras las declaran las gentes que sí se conocen para que luchen en ellas los que no se conocen” o también “las guerras las hacen los viejos para que mueran en ellas los jóvenes”.

            No obstante, como estamos en plena Navidad 2012, me gustaría contar un suceso que ocurrió en la Navidad de 1914, al comienzo de la I GM.

            Este hecho se recuerda como la llamada “Tregua de Navidad”. Empezó un día de Nochebuena de 1914. Ese día, las tropas alemanas atrincheradas cerca de Ypres empezaron a decorar sus trincheras con árboles de Navidad y a cantar villancicos. Uno de ellos fue el muy conocido “Noche de paz”. Dicen que en algunos sitios había un árbol iluminado cada 5 metros.

            Las tropas británicas, que estaban atrincheradas justo enfrente, les contestaron cantando, a su vez, villancicos en inglés.

            Poco después, se gritaron deseándose mutuamente Feliz Navidad y, mas adelante, se citaron en la llamada “tierra de nadie”, la cual se sitúa en medio de las dos líneas de trincheras, para tomar una copa y fumar juntos.

            La artillería que se situaba a retaguardia también cesó el bombardeo y los camilleros pudieron retirar los cuerpos de los heridos y muertos situados en esa zona.

            Incluso, se realizaron ceremonias de enterramiento, donde asistieron soldados de ambos bandos y se dieron el pésame. Además, leyeron conjuntamente fragmentos del Salmo 23 para adornar los entierros.

            Algunos autores dicen que la noticia llegó a otras zonas y que, incluso, hubo un partido de fútbol, donde los alemanes ganaron, como siempre, a los ingleses.

            En algunos sectores, la tregua sólo duró esa noche y en otros, que fueron más afortunados se amplió unos días más.

            A todo esto, los mandos que suelen ser en todos los trabajos bastante menos humanos que sus subordinados, condenaron esta práctica, aunque el mismo Papa Benedicto XV había pedido unos días antes una tregua de este tipo a los países beligerantes.

            Para que no se volvieran a dar “estos escándalos” se dio la orden de bombardear las posiciones del enemigo unos días antes de estas festividades y rotar las unidades para que no se repitieran estas “familiaridades” con el enemigo. También repartieron a los soldados que estaban allí ese día en otras unidades.

            También se dice que confiscaron todas las fotos que se habían tomado del evento y destruyeron las cartas donde los soldados contaban el acontecimiento a sus familiares.

            Aún así, se dice que en la Pascua de 1916, se produjo otra situación parecida en el Frente Oriental.

            Como las bajas en esta guerra habían llegado a unas cifras inadmisibles, se dice que, oficialmente, las baterías de artillería disparaban sobre otros lugares que no fueran las trincheras del otro bando.

            Esta Tregua de Navidad de 1914 ha sido retratada en libros y películas e, incluso, Paul McCartney la incluye en uno de sus vídeos.

            También se ha mencionado que fue el último vestigio de las guerras del XIX, cuando se trataba al enemigo con caballerosidad y respeto.  

            Desde aquí, este modesto bloguero os desea a todos

 

¡¡FELICES NAVIDADES Y UN BUEN AÑO 2013!!



sábado, 22 de diciembre de 2012

LA VUELTA DE UNA ANTIGUA COLONIA A SU METRÓPOLI


Como en este país cada vez sabemos menos y, según parece, en las tertulias televisivas se le da la razón al que da más voces, pues así nos va.

Traigo hoy este tema al blog, porque acabo de oír decir a una conocida política independentista muy catalana que nunca un territorio independiente de España ha vuelto a pertenecer a España. Como veremos en esta entrada, esa afirmación es falsa.

En 1861 la República Dominicana vivía una situación muy agitada, agravada por una política muy represiva del presidente Pedro Santana y por las luchas internas del partido en el poder.

Esta inestabilidad política hizo que también se diera una inestabilidad económica, la cual hacía que el país no levantara cabeza.

Presionado por algunos grupos poderosos nacionales, Santana, tuvo que elegir una potencia que ejerciera un protectorado sobre el país para salir de esa situación.

Parece ser que tuvo que elegir entre Francia, USA y España y eligió nuestro país, porque le pareció que sería mejor aceptado por sus ciudadanos.

Para esta misión, se nombró a Felipe Alfau para firmar los acuerdos con España, donde por entonces reinaba Isabel II.

Las bases del acerado de anexión fueron:

·         No establecimiento de la esclavitud

·         Considerarla como otra provincia española

·         Utilizar el mayor número de dominicanos para el servicio a la Patria

·         Reconocimiento de todos los actos de la República Dominicana desde 1844 hasta 1861

·         Amortización de su moneda dominicana.

Enseguida empezaron las protestas, debidas a organizaciones de carácter nacionalista, las cuales alegaron que los acuerdos no se estaban cumpliendo. Sus quejas se argumentaron de la siguiente manera:

·         El control del tabaco por parte de España

·         El cambio de billetes por monedas de poco valor

·         Aranceles a favor de los productos españoles

·         No amortización de la Deuda

·         Imposición parea alojar las tropas

·         Cierre de las logias de la Masonería

·         Matrimonio religioso obligatorio

·         Burocracia española con altos sueldos

·         Impuestos muy elevados a los barcos y mercancías no españolas.

También hubo muchas protestas por parte de antiguos territorios hispanos, como Chile, Perú, etc. Al presidente Santana le dejaron al mando del país con el cargo de capitán general.

Los nacionalistas intentaron invadir el país desde Haití, pero no lo consiguieron, siendo su líder detenido y fusilado.

La anexión no solucionó el problema económico, pues se intentó arreglar a base de emitir demasiado papel moneda, pero como la producción no aumentó, el problema se agravó. Los productores de café, tabaco y cacao fueron los más castigados con esta crisis.

El temor a la implantación del monopolio sobre sus productos hizo que los comerciantes dominicanos estuvieran en contra de la anexión.

A mediados de agosto de 1863 un grupo de patriotas cruzaron la frontera, iniciando una guerra que restauraría la soberanía dominicana.

Los combates se iniciaron en Santiago, donde el general español Buceta se defendió como pudo de las tropas nacionalistas.

Intentó llegar a un acuerdo para rendirse, pero le exigieron que entregaran sus armas. Como se negó, intentaron una retirada hasta Puerto Plata, pero les costó muchas bajas.

En 1876, el general La Gándara, gobernador español, se encontraba desesperado por los múltiples ataques que tenían que repeler y porque no le enviaban refuerzos. Pidió permiso a España para mantener unas conversaciones de paz.

Estas se iniciaron en el mes de diciembre de 1864 en la Quinta del Carmelo. Parece ser que llegaron rápidamente a un acuerdo, pues con fecha 03/03/1865 las autoridades españolas le dieron permiso al general para abandonar la isla.

La salida de las tropas españolas se realizó a partir del 10/07/1865, con lo que este país volvió a ser soberano e independiente.

 

 

LOS JUDÍOS EN JAPÓN.


Confieso que desconocía totalmente este tema, pero, al ir a preparar otra entrada, me he encontrado con esta historia y me gustaría comentarla en el blog.

            Parece ser que los primeros judíos llegaron a Japón en busca de negocio junto con los primeros viajeros, en el siglo XVI, los cuales procedían principalmente de Portugal y de Holanda.

            En 1853, tras la brutal llegada del famoso comodoro Perry, Japón no tuvo más remedio que abrir sus fronteras al exterior. Esto hizo que muchos extranjeros se asentaran en ese país. Entre ellos había muchos judíos.

            Se tiene constancia que la primera emigración judía en masa, unas 50 familias, llegó a Yokohama en 1861 y fundaron allí la primera sinagoga de Japón. Posteriormente, la mayor parte de ellos se trasladó a Kobe.

            Hacia 1880 había otra comunidad en Nagasaki con unas 100 familias. Allí edificaron la sinagoga de Beth Israel.

            Tras la guerra ruso-japonesa esta comunidad empezó a decrecer y entregaron sus libros sagrados a la de Kobe.

            En Kobe se constituyó una gran comunidad formada por prisioneros y emigrados rusos, que venían huyendo de la guerra y de la revolución de 1905.

            También se agruparon en esa comunidad judíos procedentes de todas las partes del globo. Los procedentes de Europa solían venir de Alemania.

            Formaron una serie de comunidades a las que dieron los valores constitucionales, que habían conocido en sus países de procedencia, y le otorgaron una estructura comunal.

            En los años 30, el Gobierno japonés ideó atraer a los judíos europeos para asentarlos en los territorios invadidos por su ejército en Manchuria.

            Como la propaganda decía que los judíos eran muy hábiles comerciantes y financieros, suponían que serían muy beneficiosos para Japón y, además, mejorarían sus relaciones diplomáticas con USA, por tener contenta a la comunidad judía de ese país.

            El plan no cumplió las expectativas, porque no consiguieron atraer a una gran población judía que se quisiera asentar de manera estable en esa zona.

            Aunque Japón fue aliado de Alemania no tuvo la misma política que utilizaban los alemanes contra los judíos.

            Muchos judíos que quisieron escapar de Polonia, durante la II GM, sólo pudieron hacerlo a través de la neutral Lituania, antes de ser ocupada.

            Allí, el cónsul japonés a riesgo de perder su trabajo, se dedicó a emitir visados de entrada en Japón, a través de las Indias Holandesas. De esta forma, se calcula que salvó unas 10.000 vidas. Muchos de ellos fueron luego invitados a asentarse en Shangai, ciudad china ocupada por Japón.

            Al final de la II GM, sus aliados nazis intentaron convencer a los japoneses para que asesinaran a la colonia judía de Shangai, pero se negaron a hacerlo.

            Es llamativo el contraste entre el maltrato dado por los japoneses, en esa época, a los chinos y el buen trato dado a los judíos.

            Tras la II GM, la mayoría de los judíos allí asentados emigró hacia Canadá, USA y, sobre todo, a Israel.

            Hoy día quedan muy pocos judíos en Japón. Sólo unos cientos de familias en Tokio y unas cuantas en Kobe.

            También hay bastantes sinagogas en Japón, pero suelen utilizarlas los miembros judíos de las bases del Ejército USA. Hay también templos para judíos más ortodoxos.

Aparte de todo esto, sería interesante hacer referencia a una secta japonesa llamada Makuya. Es muy extraña, porque entremezcla la doctrina cristiana con la judía. Tiene sólo unos 60.000 adeptos en Japón, lo cual es muy poco para un país tan poblado.

Fue fundada en 1948 por Ikuro Teshima, que era un cristiano muy devoto. El nombre de la secta se refiere al Tabernáculo judío. Intentan volver a la raíces del cristianismo, relacionado con el pueblo judío.

Su símbolo no es la cruz, sino el candelabro judío de 7 brazos y sólo adoran a Dios y a Cristo, prescindiendo de todo lo demás. Su fundador cambió su nombre japonés por el de Abraham. Otro de sus símbolos es la Estrella de David.

Suelen añadir a sus nombres  otros bíblicos y tienen fuertes relaciones con Israel, haciendo todos los años una peregrinación a Tierra Santa.

Durante la Guerra de los 6 días apoyaron a Israel. También durante la Crisis del 73. Tienen diferentes ramas en Corea del Sur, USA, Taiwán y Hawai. También patrocinan algunas comunas de Israel.

Rechazan todo lo relacionado con iglesias, liturgia y clero. Suelen realizar sus oraciones en sus casas.

Suelen vestirse con pañuelos atados alrededor de la cabeza, comno los kamikazes, y túnicas blancas, aunque pregonan la paz y no la guerra.

Todos los años desfilan por Jerusalén, comenzando su marcha  con el sonido de un gong.


UN HOMBRE JUSTO QUE NO QUISO TOLERAR EL HOLOCAUSTO JUDÍO


Hoy voy a hablar de un personaje formidable, cuyo centenario parece que no ha sido tenido en cuenta por los medios de comunicación. Se trata de un diplomático sueco, su nombre era Raoul Wallemberg.

            Nació en 1912, hijo de un oficial de la Marina sueca, al que apenas pudo conocer, porque murió de cáncer cuando él sólo tenía 3 meses de edad.

            Su familia siempre ha sido una de las más importantes de Suecia. Dentro de ella ha habido varias generaciones de banqueros, diplomáticos y políticos.

            Su padre era primo de Jacob y Marcus Wallemberg, dos de los banqueros e industriales  suecos más importantes del siglo XX.

            La idea de la familia es que nuestro personaje se dedicara a la Banca, pero él tenía la mirada puesta en la Arquitectura y en las actividades mercantiles.

            Como no tenía problemas económicos, en 1931 se trasladó a Michigan para estudiar allí Arquitectura. No olvidemos que en aquella época estaba muy de moda la escuela americana de Arquitectura, con Lloyds Wright y demás miembros de la misma. También aprovechó para aprender inglés, francés y alemán, lo cual le fue mucho más útil en su vida.

            En 1935 volvió a su país y, descubrió con asombro que su título no era válido para ejercer en Suecia.

            Tras este revés, en 1936 se fue a trabajar a la sucursal de Haifa (en el actual estado de Israel) del Holland Bank. Allí conoció a algunos judíos que habían emigrado huyendo de la persecución nazi anterior a la II GM.

            Más tarde, volvió a Estocolmo, donde estuvo trabajando en la Central European Trading Company, una empresa de importación-exportación, dedicada al comercio en Suecia y la Europa central, cuyo dueño era el empresario judío húngaro, Kalman Lauer. En esa empresa hizo carrera gracias a su habilidad con los idiomas y su facilidad para moverse por Europa, pues él no era judío como su jefe, al que representó en muchas ocasiones. Así llegó a director internacional de esa empresa.

            Aprendió mucho viajando por la Europa ocupada por los nazis, lo que valió para saber moverse dentro de la burocracia alemana.

            Parece ser que tenía dotes como actor, pues solía imitar varios estados de ánimo y eso dejó muy impresionados a los nazis. También hay que decir que viajaba con pasaporte diplomático y nunca se atrevieron a tocarle.

             En julio de 1944 fue nombrado primer secretario de la embajada sueca en Hungría. Es posible que llevara algún tiempo buscando un puesto así, porque estaba muy interesado en la lucha contra el Holocausto judío.

            Para salvar a la mayor cantidad posible de judíos buscó un ardid. Consistió en expedir unos pasaportes protegidos, donde se decía que el titular era de nacionalidad sueca y que ese era un pasaporte provisional para regresar a su país.

            Aunque pidió permiso a las autoridades de su país para expedirlos, lo cierto es que emitió el triple de los que le habían autorizado. Seguramente, le autorizaron pocos para no comprometer el status de neutralidad de Suecia en la II GM.

            A pesar de que esos documentos eran de dudosa legalidad, cumplieron el efecto deseado, porque fueron aceptados por los agentes alemanes y húngaros. No obstante, a veces tuvo que utilizar con éstos los sobornos y las amenazas.

            También escondieron a miles de familias por toda la ciudad en casas donde colocaron rótulos falsos, como “la Biblioteca de Suecia” o el nombre de algunos centros suecos de investigación.

            Al final de la II GM se permitió amenazar a algunos mandos militares alemanes con denunciarlos por crímenes de guerra.

            También se hizo muy amigo de Pal Szalay, un alto mando de la policía húngaro, antiguo miembro de un grupo fascista local, que no estaba en absoluto de acuerdo con esas matanzas. Le ayudó mucho para esconder al mayor número posible de familias judías.

            Hay quien dice que, al final de la II GM, consiguió convencer a un general alemán para no arrasar el gheto de Budapest, desobedeciendo una orden personal de Hitler.

            De los 330.000 judíos que había en Hungría antes de la guerra lograron sobrevivir unos 120.000, lo cual indica que su labor fue muy efectiva.

            Al llegar las tropas soviéticas a Budapest, en enero de 1945, fue arrestado por algún motivo no aclarado aún. Parece ser que le acusaron de ser un espía del OSS americano (antecedente de la CIA).

            Parece ser que fue trasladado, junto con su chófer, a la prisión de la Lubyanka, la central de la NKVD (hoy llamada KGB) en Moscú.

            Algunos autores dicen que fue trasladado dos años después a la prisión de Lefortovo.

            Las declaraciones de algunos prisioneros de guerra, cuando regresaron a su país, dieron a entender que le habían visto con vida en los años 50.

            Después de una gran presión internacional, los soviéticos mostraron en 1957 una nota emitida por un tal Smoltsov, entonces jefe de la prisión de la Lubyanka, con fecha 17/07/1947, dirigida al ministro de seguridad. En ella se decía “el prisionero conocido por Vds. como Wallemberg, murió anoche en su celda”.

            Para muchos, las dudas sobre este caso no habían quedado bien aclaradas. Algunos reporteros estuvieron investigando a fondo el asunto y aprovechando que en 1981 salieron en libertad muchos presos del GULAG, les entrevistaron. Algunos de ellos coincidieron en sus declaraciones al afirmar haber visto por allí a un extranjero con una descripción similar a nuestro personaje.

            En 1989 el Gobierno soviético aceptó recibir a un comité sueco para investigar el hecho. En él había varios miembros de su familia. Al llegar a Moscú le entregaron algunas de sus pertenencias, que decían haber descubierto tras realizar unas obras de reforma en los archivos del KGB.

            Dos años después, se reunieron unos representantes de los gobiernos ruso y sueco para estudiar este tema.

            Su informe fue publicado en 2001, pero en él indicaban que no podían dar por cerrado el caso, pues aún quedaban sin respuesta muchas preguntas muy importantes.

            En 2001, el Gobierno sueco encargó este caso a la Comisión Eliasson, la cual publicó sus resultados en 2003, calificando la actuación del Gobierno sueco como un fracaso diplomático.

            Tras su desaparición ha sido muchas veces honrada su memoria. Fue nombrado por una organización israelí “Justo entre las naciones”, por haber salvado la vida de un número enorme de judíos.

            También fue nombrado  en 1981 ciudadano honorario de los USA. Además existen monumentos en su honor y calles con su nombre en muchos lugares del mundo.

            En Jerusalén hay un monumento dedicado a la memoria de los judíos muertos en el Holocausto. Una avenida atraviesa esa zona, rodeada por 600 árboles, cada uno de ellos dedicado a uno de estos héroes no judíos que arriesgaron su vida para salvarles. Uno de estos árboles lleva el nombre de nuestro personaje.

            No olvidemos que, cuando la política fracasa, el valor de una persona puede marcar la diferencia y hacer que todo cambie

domingo, 16 de diciembre de 2012

EL ASESINATO DEL ALMIRANTE YAMAMOTO


Seguramente, todos hemos visto alguna película de la multitud de ellas que se han filmado sobre el tema del ataque japonés a la base USA de Pearl Harbor.

            En ellas, casi siempre aparece el almirante jefe de la flota combinada japonesa dando las últimas instrucciones a sus subalternos y esperando luego durante horas la vuelta de los pilotos que participaron en ese hecho. Posiblemente, no sabéis que el nombre de ese almirante era Isoroku Yamamoto.

            Nació en Nagaoka en 1884, siendo su padre un samurai menor de Nagaoka-Han.

            Ingresó en 1901 en la Academia naval de Etajima, en Hiroshima, obteniendo su graduación en 1904.

            En 1905 participó en la guerra contra Rusia, como alférez en el crucero Nissin. Luchando en la batalla de Tsushima perdió 2 dedos de la mano izquierda.

            Durante su carrera ocupó varios puestos importantes dentro de la Armada Imperial japonesa y le dio prioridad al desarrollo de la aeronáutica naval.

            Al principio se opuso a la guerra contra USA, pues conocía ese país por haber estado estudiando en Harvard.

            Sabía del poderío americano y tenía claro que, en una guerra larga, siempre perdería Japón, porque USA tenía muchos más recursos que ellos.

            Sin embargo, tras la negativa americana a vender petróleo a Japón, se convirtió en un enemigo más de los USA.

            Como he dicho anteriormente, fomentó la construcción de portaviones y también la de submarinos.

            En lugar de atacar barcos mercantes, como hacían los alemanes, dio la orden de atacar sólo barcos militares, para lo cual, muchas veces los submarinos los esperaban a la salida de los puertos.  No obstante, tuvieron muchas pérdidas, igual que los alemanes.

            Para atacar Pearl Harbor se basó en el ataque británico a la base italiana de Tarento. Su idea era hacer una guerra muy rápida y de corta duración.

            Tras el ataque se hizo muy popular en su país, llegando a la categoría de héroe nacional.

            Tras la derrota en la célebre batalla de Midway su imagen empezó a decaer, por la gran pérdida de naves, aviones y tripulaciones expertas.

            En abril de 1943 los servicios de inteligencia USA descodificaron un mensaje donde se decía que este almirante iba a realizar una visita de inspección a algunas de las bases situadas en diversas islas.

            Como los americanos aún estaban muy dolidos por su derrota en Pearl Harbor, viueron aquí la ocasión para desquitarse.

            Se discutió este asunto dentro del Gobierno USA, pues muchos de los ministros pensaban que eso no era propio de la guerra y lo consideraban un asesinato. Cuando el presidente Roosevelt lo aprobó terminó la discusión. Parece ser que se argumentó que así terminaría antes la guerra.

            El 18/04/1943, Yamamoto iba a inspeccionar 3 bases de la isla Salomón.

            Fue muy fácil estudiar sus movimientos, pues, como era muy metódico, siempre obraba de igual forma.

            Ese día, a las 08,35 horas, el avión del almirante despegó escoltado por 6 cazas Zero, junto con otro avión de transporte donde viajaba su Estado Mayor.

            Una vez avistado el grupo de aeronaves japonesas por los 16 aviones P-38, que los USA habían destinado para esta misión, se inició un combate, donde el avión del almirante fue derribado a la altura de Bougainville, muriendo todos en el acto.

            Su cadáver fue transportado hasta Buin, para hacerle la autopsia y luego cremado, vistiendo su uniforme.

            Sus cenizas fueron llevadas a Rabaul y de allí enviadas a Japón por barco, donde le hicieron un funeral con honores de Estado.

             

UN DESCONOCIDO SECRETARIO GENERAL DE LA ONU


Había una vez un hombre justo que se tomó su trabajo muy en serio y llegó a ser Secretario General de la ONU, cuando esta organización aún gozaba de cierta credibilidad. Esto, según parece, no gustó nada a las grandes potencias y su fin estaba cantado.

            El nombre de este personaje fue Hjalmar Hammarskjold. No me pidan que lo pronuncie, porque no sabré hacerlo.

            Nació en 1905 en un pueblo de Suecia y su padre fue muy conocido en su país, pues llegó a ser primer ministro durante la I GM. Aparte de ello, también fue miembro del Tribunal de la Haya, gobernador de Upland y participó en la Fundación Nobel.

            Nuestro personaje siempre decía que se sentía muy influido por pertenecer  a una familia de gente que siempre habían sido políticos o militares.

            En 1925 se graduó en la Universidad de Upsala en la rama de Humanidades. Allí aprendió a manejarse bien en inglés, francés y alemán.

            Aparte de ello, también se le dieron bien los deportes, como el esquí o el alpinismo, de cuya federación sueca fue, durante varios años, su presidente.

            Algunos autores lo llaman “hombre del Renacimiento”, porque tenía una cultura muy amplia y lo mismo podía hablar sobre Arte antiguo o moderno, música de Beethoven o actual.

            Posteriormente, se interesó por la Economía, cuyo grado obtuvo en 1928 y por el Derecho, que lo obtuvo en 1930. Su tesis doctoral en Economía política fue aprobada en 1934.

            Más tarde, se dedicó a las relaciones exteriores y los negocios de Suecia, labor a la que dedicó 31 años.

            Tuvo mucho éxito en este trabajo, pues llegó a ser secretario del Banco de Suecia, en 1935.

            Entre 1936 y 1945 ocupó el puesto de subsecretario del Ministerio de Finanzas de Suecia.

            Más adelante, hasta 1948, fue el gobernador del Banco de Suecia, uno de los puestos más influyentes de su país.

            Fue partidario de la Economía planificada, junto con su hermano Bo, que era el subsecretario del Ministerio de Bienestar Social. Fue el que abrió el camino para dictar las normativas necesarias para crear el actual estado de bienestar de su país.

            Durante este tiempo mantuvo frecuentes conversaciones con los líderes de USA, Reino Unido, etc. para realizar acuerdos comerciales ventajosos. Incluso, trabajó en el Comité ejecutivo de la OECE, la actual OCDE, organismo que se dedicaba a administrar los fondos del Plan Marshall.

            En 1949 consiguió un puesto en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en 1951 obtuvo uno de los puestos más altos de esa Institución, sin pertenecer a ningún partido político.

            Ese mismo año fue ministro sin cartera, dedicándose a los proyectos suecos de cooperación con los países en vías de desarrollo.

            En 1949 representó a Suecia ante la ONU y más tarde, entre 1951 y 1953. En ese año fue elegido Secretario general de ese organismo por 57 votos de un total de 60 países.

            Lo primero que hizo fue reafirmar los poderes de la ONU, a base de dejar muy claras sus competencias y no tener que depender de ningún país en concreto.

            Uno de sus mayores éxitos fue la negociación con China para devolver a los prisioneros de guerra de los USA, capturados durante la guerra de Corea, donde habían combatido bajo la bandera de la ONU. Esa labor la realizó él personalmente.

             En 1954 fue elegido miembro de la Real Academia Sueca en el mismo puesto que había ocupado antes su padre.

            En 1955 y 1958 organizó conferencias en la ONU para que la energía nuclear sólo fuera usada con propósitos pacíficos.

            También pidió que los adelantos de la Ciencia y la Tecnología se usaran para desarrollar prioritariamente las zonas más atrasadas del mundo.

            Intentó por todos los medios arreglar el eterno problema de Palestina e Israel, que aumentó con la Crisis del Canal de Suez, de 1956.

            En esa crisis fueron movilizados por vez primera los famosos cascos azules de la ONU. Siempre fue seguidor de lo que llamaba la “diplomacia preventiva”.

En 1957 fue reelegido por unanimidad para continuar en el mismo cargo durante otros 5 años.

            En 1959 viajó hasta el Lejano Oriente, para poner un poco de paz, cuando Camboya y Tailandia rompieron sus relaciones diplomáticas.

            También, durante su mandato, tuvo que organizar la descolonización de varios territorios, sobre todo en África. Eso le obligó a viajar continuamente por todos los continentes.

            En 1960, durante la descolonización del Congo, estalló un conflicto, porque su antigua metrópoli, Bélgica, animó a la secesión de un territorio muy rico llamado Katanga. Cuando pidieron el envío de los cascos azules, se presentó en el Congo al frente de los mismos.

            Cuando la situación se hizo casi imposible, aumentaron sus esfuerzos por conseguir la paz.

            Así, en 1961, en la noche del 17 al 18 de septiembre, tras haber estado ultimando los detalles de paz con el presidente congoleño, se desplazó en avión a Katanga, para dar a conocer los mismos al presidente Tsombé.

            Esa noche viajaron en ese avión él y 15 personas más. Por circunstancias desconocidas, el avión se estrelló muriendo todos.

            Con carácter excepcional, se le dio en 1961 el Premio Nobel de la Paz a título póstumo.

            Siempre fue muy querido en la ONU y le dieron su nombre a la Biblioteca Central de este Organismo.

            En 1964, el conocido pintor Marc Chagall le dedicó una de sus obras, la cual se expone en el lado este del vestíbulo público del edificio central de la ONU.   

             

             

sábado, 15 de diciembre de 2012

LA FRAGATA QUE PRIMERO FUE BRITÁNICA Y LUEGO ESPAÑOLA


Hoy voy a comentar un suceso relacionado con una fragata de la Armada británica llamada Hermione. Ya sé que a muchos os sonará este nombre, porque es el de la amiga del célebre Harry Potter, pero no tiene nada que ver. Al menos, eso creo yo, porque es el de un personaje de la Mitología Griega.

            Alguno quizás conozca ya esta historia, pues se hace referencia a ella en el libro “La costa más lejana del mundo”, de Patrick O’Brien.

            Según parece, lo que se enseña en las escuelas británicas sobre esta nave está un tanto alejado de la verdad, así que entiendo que debo aportar los datos que tengo sobre estos hechos.

            El 27/09/1797 las autoridades del puerto de la Guaira se levantaron pronto para ver un extraño suceso. A la entrada del puerto se hallaba fondeada una fragata británica llamada Hermione, la cual formaba parte de un grupo de naves de ese país que se dedicaban habitualmente a dificultar el tráfico naval en la zona de la costa venezolana y las islas del Caribe.

            De la nave salió una lancha que se dirigió al puerto. Dentro de ella viajaba una comisión formada por miembros de la tripulación. El brigadier Mateo Pérez, gobernador de esa Plaza los recibió a su llegada al puerto.

            Allí le informaron que se habían amotinado contra el capitán Hugh Pigott, que se había portado con ellos como un tirano. El segundo piloto había organizado esta acción y habían abandonado a sus mandos en una chalupa, con agua y víveres, a la altura de Puerto Rico. Es curioso porque ese mismo año se dieron varios motines en la Royal Navy.

            Le informaron que ya no querían luchar para el Reino Unido sino para el rey de España y, como prueba de lealtad, le entregaron la fragata. Sólo pidieron que les dejaran en libertad, salvo unos cuantos que exigieron ser tratados como prisioneros de guerra parea manifestar que no habían tomado parte en el motín y no ser colgados en el futuro.

            El militar español no se creyó del todo esta historia, pero les invitó a atracar en el puerto y abandonar la fragata. También le entregaron toda la documentación del buque, incluido el libro de claves de a bordo.

            No obstante, el gobernador dio cuenta de esta noticia al capitán general de Caracas, Pedro Carbonell.

            Tomó provisionalmente el mando de la fragata un teniente coronel de Artillería, el cual observó que no faltaba ninguna lancha, por lo que pensó que habían asesinado y arrojado al mar a los mandos. Eso lo confirmaron, posteriormente, las declaraciones de 4 hombres y un muchacho que no habían participado en el motín.

            Para contar esta historia correctamente hay que retroceder un poco hasta unos meses atrás.

            En febrero del mismo año se había producido la victoria de la Royal Navy sobre la Armada española en la batalla del Cabo San Vicente. Eso hizo que además se apoderaran de la isla Trinidad.

            Desde esa isla promovieron un contrabando muy activo con los criollos de Venezuela.

            Es posible que también apoyaran a los primeros grupos de criollos independentistas. Por ello, en julio de ese año se descubrió una conspiración de este tipo, la cual fue abortada inmediatamente.

            Así, el Almirantazgo británico envió esta nave, que tenía como base un puerto de Haití a patrullar entre las islas de la Española y Puerto Rico, por donde solían navegar los mercantes españoles.

            El capitán Pigott siempre fue partidario de una disciplina muy dura. Por otra parte, los marineros no eran militares, sino civiles obligados a navegar en esas naves, poco amantes de la disciplina y sin espíritu de lucha.

            Parece ser que los capitanes británicos consiguieron aumentar el ardor guerrero de sus marineros a base una disciplina muy fuerte, repartiendo buena cantidad de alcohol y utilizando garrotes.

            Como precedente tenían en ese momento el célebre motín de la Bounty, que fue totalmente incruento.

            A juzgar por sus hechos, el capitán Pigott debería de haber estado encerrado en un manicomio y no al frente de una nave. Creo que todos estarán pensando que igual debería ocurrir con algunos de los actuales mandos de ciertas empresas.

            Parece ser que ordenó hacer una maniobra peligrosa con las velas. Como consideró que lo estaban haciendo de una manera muy lenta, amenazó con azotar al último que acabara y bajara. Eso hizo que el pánico cundiera por todas partes, los marineros no actuaron coordinadamente y, como consecuencia de ello, 3 hombres cayeron a la cubierta muriendo en el acto.

            El capitán, lejos de frenar los ánimos, ordenó arrojar inmediatamente sus cadáveres por la borda acusándolos de “marinos de agua dulce”.

Incluso, se permitió ordenar que se azotara a otros 6 de ellos, que habían participado en la accidentada maniobra.

Así, a la mañana siguiente, un grupo de marineros se amotinaron y entraron en el camarote del capitán, cosiéndole a puñaladas. Lo mismo hicieron ellos con el primer, segundo y tercero de los oficiales. También asesinaron al contramaestre, al guardiamarina y al teniente de Infantería de Marina.

Luego también mataron al contador, al secretario del capitán y al cirujano. Pocos mandos sobrevivieron ese día.

Posteriormente, como he comentado anteriormente, los marineros decidieron huir, entregando el barco a las autoridades españolas.

La Royal Navy se tomó este asunto muy en serio y, aunque los miembros de la tripulación habían huido cada uno por su lado, no dejó de perseguirles y de unos 200 consiguió capturar y ahorcar a 24 de ellos, en los siguientes 9 años.

A finales de diciembre de ese año, se decidió que se la quedase la Armada española. Así que la renombraron como Santa Cecilia y la incorporaron a la flota con base en La Habana.

De momento, la enviaron a Puerto Cabello para su carenado y necesarias reparaciones.

Estando allí atracada, se presentó su nuevo capitán, Ramón Echalaz, un veterano marino con muchos años de servicio y muchos combates a sus espaldas.

A muchos les extrañará que, con tantos años de servicio, su grado no fuera más alto. Eso fue debido a que no era miembro de la nobleza y era lo habitual en esa época.

Al llegar, no quedó muy conforme con las reparaciones, que consideró muy deficientes. También se quejó de que le habían asignado una tripulación muy poco fiable. En su mayor parte procedían de las prisiones.

Por otra parte, el ambiente de Puerto Cabello no era muy favorable para los españoles, pues acababan de anular el intento de independencia, habiendo ejecutado a uno de los líderes, el otro pudo escapar.

Aparte de ello, los comerciantes estaban descontentos con el transcurso de la guerra que encarecía sus negocios.

Tampoco le dieron la mejor oficialidad, pues la destinaron a combatir los focos insurgentes de los independentistas.

Así, con una nave y una tripulación en un lamentable estado, le llegó en octubre de 1799 la orden de zarpar hacia Veracruz.

No sabemos si Echalaz no se fiaba de su tripulación. Lo cierto es ordenó zarpar y fondear enfrente de las baterías de un pequeño fuerte que había junto a la entrada del puerto.

Por supuesto, ya tenía conocimiento de que una fragata británica vigilaba la entrada del puerto, pero no se le ocurrió que se atreviera a entrar en un puerto enemigo y atacar a un barco fondeado allí.

Para el Reino Unido era un insulto que unos amotinados se hubieran salido con la suya y el barco estuviera ahora en manos españolas.

Aparte de ello, la situación de los británicos no era buena, pues, últimamente, llevaban varios fracasos a sus espaldas.

No habían conseguido nada, en los últimos 2 años, con sus habituales ataques a Puerto Rico. Tampoco había triunfado la insurgencia en Venezuela, promovida por ellos. Ni siquiera habían progresado en Haití, pues los españoles les plantaron cara en Santo Domingo. O sea, que necesitaban urgentemente un golpe de efecto para tranquilizar a sus aliados y a la burguesía independentista.

En septiembre de 1799 se ordenó al capitán de la nave Surprise (un nombre muy adecuado) atacar a la Hermione y hacerse con ella.

Es muy posible que los británicos estuvieran muy bien informados sobre esta nave, gracias a sus buenas relaciones con los independentistas criollos.

El capitán conocía de la habilidad de Echalaz para escabullirse de sus perseguidores en alta mar, así que se arriesgó mucho decidiendo atacarle dentro del mismo puerto.

Como llevaba a bordo más lanchas de las ordinarias, ordenó que unas le atacaran por la proa y otras cortaran sus amarras para remolcarle fuera del puerto.

Luego aprovecharían el combate con los españoles para largar las velas para hacer navegar al barco. Esperaban que, cuando los españoles vieran moverse el barco, se lanzarían al agua.

El ataque se produjo en la noche del 24 al 25 de octubre. Los marinos británicos se presentaron con 7 lanchas y vestidos de azul oscuro. Los españoles eran más visibles por su ropa blanca.

Como el oficial de guardia no se hallaba en su sitio, el personal de guardia se desmoralizó y abandonó enseguida la lucha. Incluso, muchos de ellos se montaron en un bote y abandonaron la nave.

Los británicos cerraron enseguida las escotillas y dejaron allí encerrados a la mayoría de la tripulación, aunque hicieron muchos esfuerzos por resistir.

Llegados a este punto, los asaltantes se hicieron con el mando del barco y lo sacaron del puerto a base del empuje de las velas y de remolcarlo con las lanchas.

Desde el pequeño fuerte hicieron algunos disparos, pero no consiguieron nada. Cuando los españoles empezaron a oír los disparos cada vez más lejanos, entendieron que se habían alejado del puerto y que sólo podían rendirse.

La cantidad de bajas fue muy descompensada. Mientras que los británicos no tuvieron ningún muerto y sólo una docena de heridos, los españoles habían sufrido los disparos y sablazos de los británicos, ocasionándoles 119 muertos y 57 heridos de consideración.

Echalaz sufrió una humillación por haber sido vencido de esta forma. Solamente 98 británicos habían vencido de esa manera tan fácil a un barco con 392 tripulantes. 

Así y todo, tuvo la gallardía de rendir el barco y pedir la libertad de sus marineros y la documentación del barco, donde demostraba la desidia de sus subalternos.

En alta mar, los ingleses dejaron en libertad a unos 220 tripulantes, los cuales embarcaron en un barco de los USA.

Cuando el capitán Hamilton llegó a Jamaica con las 2 naves redactó su informe, el cual también fue usado por Echalaz para su defensa, pues se publicó en un periódico local.

No hará falta decir que el capitán Hamilton “adornó” su informe para no dar a entender que se había llevado el barco “por la cara”. Lo único cierto es que él mismo había resultado herido en el combate.

Incluso, el historiador británico Dudley Pope calificó el hecho “entre las más bravas, mejor planificadas y más exitosas operaciones de la historia naval británica”.

El capitán Hamilton, desde entonces, se convirtió en todo un personaje de leyenda y fue nombrado caballero.

La Hermione ahora fue rebautizada como Retaliation y, poco antes de ser desguazada, en 1805, se le denominó Retribution.

Por lo que se refiere al pobre Echalaz, se le formó consejo de guerra en La Habana, donde le condenaron a permanecer 3 años encerrado en su prisión militar y luego fue expulsado de la Armada española.

Años después se quejó de que el proceso fue muy irregular y que tampoco se le permitió apelar al Supremo de la Armada y que los demás mandos no fueron castigados con la misma severidad.

Achaca la entrega del barco a una traición, cuyo origen podría haber tenido lugar en la Corte. Es posible, porque Godoy era un enemigo declarado de los marinos ilustrados, como él.

Siempre intentó volver a la Armada, pero no lo consiguió hasta 1820, aunque, tras la vuelta del Absolutismo, fue cesado de nuevo. Sólo le permitieron volver en 1828 con la condición de retirado.