ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 22 de febrero de 2013

LOS BARCOS DEL LAGO NEMI




Estas naves son el fruto de una visión más propia de un nuevo rico, pero que se dio abundantemente entre los tiranos megalómanos de la Antigüedad.

            Calígula fue uno de los emperadores romanos que llevó a cabo más proyectos de construcción. Dentro de ellos, podemos destacar la ampliación de varios puertos, lo cual hizo posible aumentar el volumen de los cereales que llegaban de Egipto.

            Aparte de la construcción de varios templos, se erigieron varios acueductos, calificados como maravillas de la técnica.

            El actual obelisco del Vaticano figuraba dentro de un gran circo, también construido en esta época.

            Otros proyectos suyos fueron la restauración del palacio de Polícrates de Samos, acabar un templo dedicado a Apolo en Éfeso, fundar una ciudad en la cima de los Alpes y realizar un canal a través del istmo de Corinto.

            También dicen que construyó un puente realizado a base de barcas en Baiae, con el cual atravesó a lomos de su caballo, Incitato, la bahía de este nombre. Es posible que fuera por haber leído la profecía de Tiberio Claudio Trasilo, en la que decía que nadie tenía más posibilidades de lograr ser un buen emperador si, previamente, no había atravesado esta bahía.

            Volviendo a nuestro tema de hoy, podemos decir que construyó también 2 barcos. Uno de ellos era un templo consagrado a Diana, al igual que los bosques que rodean el lago, y el mayor era un templo imperial con su propio suelo de mármol y su sistema de cañerías. El historiador Suetonio nos habla ampliamente de este tema.

            Estos barcos fueron usados por el emperador durante muy poco tiempo, pues éste sólo reinó entre los años 37 y 41 DC, y luego fueron hundidos en donde estaban navegando, o sea, el lago Nemi, a unos 30 Km. al sur de Roma y a unos 500 m sobre el nivel del mar.

            Todo el mundo conocía su existencia, pues muchas veces se quedaron los objetos del pecio atrapados en las redes de los pescadores. Por ello, desde siempre, todo tipo de aventureros intentaron llegar a los barcos hundidos, en busca de riquezas.

            En 1446, en pleno Renacimiento, al cardenal Colonna, señor de esas tierras, se le ocurrió la idea de poder recuperar los restos de estos barcos. Contrató al célebre ingeniero Alberti, el cual llevó nadadores expertos de Génova y se intentaron recuperar los restos, pero no se consiguió nada, salvo algunos fragmentos que fueron muy admirados por la Corte de Roma.

            En 1535 se hizo un nuevo intento, realizado por Francesco De Marchi, en el que él participó personalmente, dotado con algo que, según los comentarios, podría ser algo parecido a un traje de buceo, pero tampoco consiguió nada. 

            En 1827 hubo otro intento, que tampoco dio mucho resultado, pero que siguieron causando daños en los barcos, al intentar extraer un botín de ellos. Esta vez se utilizó una campana de buceo diseñada por Halley.

            En 1895 se volvió a intentar, haciendo una investigación más sistemática. Así localizaron el primer barco y luego, por indicaciones de un pescador, el segundo. Se extrajeron varias figuras en bronce, cañerías de plomo, tejas de cobre, etc.

            Ahora, el director de Antigüedades del Gobierno Italiano solicitó para las excavaciones para no hacer más daño a los barcos. Así lo ordenó el Gobierno y le encargó a la Marina hacer un informe de los restos.

            Se vio que los restos de los barcos se hallaban dañados, pero se pudo comprobar que el primero medía 64mx20m, a unos 12 m de profundidad y el segundo estaba separado unos 200 m del primero, teniendo unas medidas de 71mx24m y estaba a unos 20 metros de profundidad.

            El plan del ingeniero naval Malfatti era rescatar los barcos a base de hacer un túnel que drenara parcialmente el lago, llevando el agua al lago Albano. En 1926, una comisión reunida al efecto aprobó ese plan.

            En 1928 se comenzó a bombear el agua hacia el exterior, utilizando las galerías de un antiguo acueducto pre-romano.

A finales de marzo de 1929 se vieron algunas zonas de la primera nave que asomaban fuera del agua. En septiembre del mismo año se podía ver ya el casco completamente fuera del agua. Muchos ingenieros navales se dieron allí cita para admirar ante estos restos.

En agosto del 31 hubo un pequeño movimiento de tierra que causó una subida de nivel del agua, pero eso no fue un obstáculo para conseguir que saliera a la vista el casco del segundo barco, el cual estaba muy bien conservado a causa de haber quedado bajo los sedimentos. Esto también fue un problema, pues, al darle el aire, se descomponía, y tuvieron que pedir consejo al Museo de Oslo, donde tenían conservados varios barcos vikingos.

Así se pudo apreciar la técnica con que fueron construidos, aunque nunca fueron diseñados para navegar libremente.

Si los comparamos con otros barcos, se puede decir que eran excesivamente grandes. Así la nao Victoria, con la que Elcano dio la vuelta al mundo, tenía 25 m. de eslora. Los grandes buques del XVIII solían tener unos 60 m. y el Santísima Trinidad, nave española hundida en Trafalgar, tenía 70m.

El ancla era parecida a la que introdujeron los ingleses en el XVIII y desde entonces la llamaron “ancla romana”.

Fueron estudiados con detalle los metales y las aleaciones utilizadas y podía considerarse que todos se adaptaban a la norma alemana DIN.

Para  evitar que la madera se pudriera, sus planchas estaban recubiertas de una capa de lana impregnada con alquitrán y cubiertas con una capa de plomo. Las dos capas estaban unidas a la madera mediante clavos de cobre de gran pureza.

También se hallaron muchos materiales ornamentales, como leones, leopardos o zorros de bronce, que estaban colocados en los extremos de los maderos.

En cuanto a las teorías, hay gente que piensa que eran barcos de placer, otros que se usaban para batallas navales, otros decían que estaban relacionados con el cercano templo de Diana, incluso algunos dicen que se usaban para el culto a Isis, del que Calígula era muy devoto. Parece ser que había que acudir 2 veces al año para hacer un viaje por el lago como los que hacían los antiguos egipcios, con una imagen de Isis a bordo. Esos poderes religiosos le conferían al emperador mayor poder político. Así, tras su asesinato, probablemente los barcos fueron hundidos para borrar todo rastro de él.

En el verano de 1931 se recuperó del todo el primer barco y el segundo salió en otoño del 32. Sus restos fueron a parar a un museo inaugurado en el 36.

Los barcos fueron colocados sobre tierra y encima de ellos se hicieron unos hangares para protegerlos del clima. El agua del lago se envió mientras a un pantano artificial y, tras sacar los barcos, se devolvió el agua al lago.

El 31/05/1944 unos aviones alemanes que protegían la retirada de sus tropas bombardearon esta zona, causando un incendio en los hangares y la pérdida total de estos barcos.

El museo que destruyeron los alemanes fue reconstruido en la posguerra y es donde se muestran ahora los restos que nos han quedado de estos barcos.

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