ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 6 de julio de 2013

UNA OBRA MAESTRA: LA OPERACIÓN BERNHARD



Realmente, no se tiene muy claro quién fue el autor de esta idea, dentro de la SS. Unos dicen que fue el “carnicero” Richard Heydrich y otros piensan que fue el que la llevó a cabo, Bernhard Krüger, aunque también se dice que fue presentado por un anónimo miembro de la Oficina VI, especializada en sabotajes. Lo cierto es que, si lo tuviera, me quitaría el sombrero ante el autor. Desde luego, hay que reconocer que fue una de las operaciones más imaginativas de la II GM.
            Nada menos que se llegaron a imprimir, que se sepa, unos 9.000.000 de billetes falsos de libras, que, multiplicando por su valor facial, nos da un total de unos 134.000.000 de libras esterlinas, que no está nada mal, o sea, el 10% de los billetes en circulación en ese momento. Seguro que si  le hacen eso a España,  nuestros ministros de Economía o Hacienda se habrían cortado las venas, por lo menos.
            Algunos dicen que lo hicieron para vengarse de los británicos, pues éstos habían lanzado sobre Alemania vales de gasolina falsificados, que tampoco está mal.
            Los alemanes no los lanzaron  desde aviones para que los británicos  tuvieran tiempo de darse cuenta, sino que los metieron desde los circuitos económicos.
            En principio, la operación se llamó Andreas, por la cruz de San Andrés, que figura en la bandera británica.
            El primer taller se montó en Berlín y estaba al mando un oficial de las SS llamado Naujocks, el cual fracasó por no tener los conocimientos necesarios para esta complicadísima operación.
            A mediados de 1942, Heydrich fue asesinado en Praga y Himler nombró al comandante Krüger, como director de esta operación.
            Lo primero que hizo fue recorrer los campos para buscar expertos en estas materias y pudo encontrar a la mayoría en Auschwitz y Mauthausen. Así que los llevó a todos a Sachsenhausen, donde puso esta operación en marcha. Allí llegaron unos 142 prisioneros.
            Incluso, se dice que, para hallarlos, utilizó el contenido de las tarjetas perforadas de la empresa IBM, con las que habían realizado el censo de Alemania. Las mismas que fueron utilizadas por los nazis para detectar y capturar a los judíos alemanes.
            Para éstos, la situación cambió radicalmente, pues las órdenes siempre fueron darles el mejor trato posible. Así les pusieron colchones, sábanas limpias, zapatos, buenos alimentos y hasta les dejaron oír la radio, una cosa muy extraña en estos campos.
            Ocuparon dos barracas a las que nadie sin autorización podría tener acceso y estaban rodeados por guardias escogidos, con órdenes expresas de disparar a todo el que se acercara por allí.
            Una de las cosas más difíciles de conseguir fue la reproducción del papel que usaban los ingleses. Eso les llevó casi 2 años. Cuando lo consiguieron, encargaron la fabricación a la empresa Hahnemühle y mientras se encargaron de realizar las planchas.
            Los primeros 500 billetes fueron sometidos a un proceso de ligero envejecimiento.
            Luego, en un rasgo de audacia sin igual, no se les ocurrió otra cosa que enviarlos desde el Deutsche Bank a la Unión de Bancos Suizos, como si se tratara de una gestión normal en el sistema financiero. Los alemanes le preguntaron a los suizos, que eran los mejores expertos del mundo, si esos billetes eran buenos, pues ellos desconfiaban del cliente que se los había llevado.
            Los suizos dijeron que les parecían correctos, pero que iban a mandar unos cuantos al Banco de Inglaterra, para asegurarse del todo.
            Pues, aunque parezca mentira, para mayor escarnio,  los ingleses dijeron que eran perfectamente legales. Así que los alemanes se pusieron muy contentos y, desde entonces, no tuvieron más que fabricarlos como churros. La orden fue dada por Walter Schellenberg, director del mencionado Departamento VI.

            Se prefirió falsificar billetes de menor valor, porque eran más fáciles de meter dentro del país. por supuesto, se estudiaron todos los números de serie a fin de que no levantaran sospechas.
            Según la calidad de los billetes, unos se dedicaron al pago de los espías, otros fueron para los saboteadores, etc.
            Como es habitual que los ingleses pinchen los grupos de billetes en una esquina con un alfiler, pues ellos hicieron lo mismo.
            A finales del 44 recibieron la orden de dedicarse a falsificar los billetes de dólares USA.
Hay quien dice que no lo lograron a causa de los sabotajes de los mismos falsificadores, sin embargo, otros dicen que sí lo hicieron y que los miembros de Odessa, que se llevaron las planchas, se financiaron imprimiendo de vez en cuando unos cuantos.
            En cuanto a la distribución, se consiguió que una serie de hombres de negocios se dedicaran a pagar sus operaciones con estos billetes. También hubo muchos otros agentes que pagaron con estos billetes las materias primas necesarias en Alemania. Según parece, para que no se notara mucho, distribuyeron muchos de estos billetes por Sudamérica.
            Parece ser que los billetes falsificados eran depositados en el castillo de Labers, en Merano al sur del Tirol, desde donde se iban distribuyendo poco a poco por el mundo.
            Por una mera casualidad, un empleado del Banco de Inglaterra descubrió esta falsificación. Resulta que llegaron a sus manos unos billetes devueltos, para destruir. Lo curioso es que se dio cuenta que esos billetes ya figuraban en sus registros como destruidos con anterioridad. A partir de ahí saltaron las alarmas.
            Una opción que se pensó en un primer momento fue rechazarlos, pero eso sólo llevaría al caos en los mercados, porque la gente no aceptaría ya nunca más el pago en libras, con lo que la cotización de la  divisa caería hacia el abismo.
            Así que se optó por una segunda opción, plenamente ilegal. Por ello, el mismo Gobierno británico, presidido por Churchill,  se dedicó a colaborar con los falsificadores, aceptando estos billetes y volviéndolos a meter en el mercado, como si fueran auténticos. Lógicamente, esto fue durante muchos años un secreto de Estado.
            En la posguerra, cuando llegaron los criminales de guerra ante los tribunales, los que se dedicaron a estas falsificaciones fueron puestos a disposición de las autoridades británicas, las cuales desestimaron inmediatamente estos cargos, para no levantar la “liebre”.
            Cuando los Bancos suizos desconfiaban de alguno de estos billetes y los remitían al Banco de Inglaterra, siempre les decían que eran auténticos y que no se preocuparan.
            Incluso, en los propios Juicios de Nüremberg, los británicos siempre calificaron estas falsificaciones como invenciones de los alemanes.
            A finales de la guerra la fábrica se mudó desde Sachsenhausen hasta Schlier-Redi-Zipf y luego a Ebensee.
            En marzo del 45 se detuvo radicalmente la producción de estos billetes y los implicados en este caso fueron interrogados por los británicos en múltiples ocasiones.
            Parece ser que los billetes no distribuidos fueron lanzados desde camiones al lago Toplitz, en Austria.
            Como se montó toda una leyenda sobre el tema, pues se decía que en las cajas, aparte de billetes, había un número considerable de riquezas de todo tipo, pues, en 1953, la revista alemana Stern, montó una expedición, la cual llegó a sacar algunas cajas del lago. Dentro sólo encontraron los billetes falsos y sus planchas.
            Las expediciones continuaron durante unos años, para intentar rescatar el supuesto “tesoro nazi”, pero, tras una serie de accidentes con resultado de varias muertes, en 1963, el Gobierno austriaco prohibió la exploración en el fondo de este lago. Así que, de momento, no podemos saber si en las otras cajas, que se ocultan en el fondo, hay alguna otra cosa que no sean estos billetes.
            Tras la guerra, Adolf Burger, el más conocido de estos falsificadores, publicó un libro, donde comentaba las peripecias de esta audaz operación. Recientemente, se ha realizado una película llamada “Los falsificadores”, basada en esa obra.
            Según nos informa él, al final de la guerra, les llegó una orden para fabricar los famosos billetes de 100 $ USA. Parece ser que lo consiguieron el 22/02/1945, pero luego anularon la orden de fabricar 1.000.000 de esos billetes y los equipos fueron desmantelados. Así que no sería de extrañar que los hubieran fabricado por su cuenta y para financiarse en exilio. Se dice que esos billetes compraron la libertad de muchos nazis y con ellos pagaron su derecho de asilo en otros países.
            Como antecedentes, podemos destacar las falsificaciones francesas de marcos alemanes, tras la I GM, para hundir aún más su economía, y la de los monárquicos rusos, durante la revolución rusa.
            Parece ser que, en la posguerra, el mayor Krüger fue obligado por los franceses a incorporarse a su servicio secreto en el departamento de falsificaciones de documentos. Luego trabajó para la empresa que le había facilitado el papel para las falsificaciones.
            En los años 50 sufrió un proceso de desnacificación, pero fue exonerado de culpa por sus propios trabajadores del campo, al testificar que él les salvó la vida, no permitiendo que los mataran los nazis.
            Parece ser que estos billetes se siguieron usando durante muchos años, pues los billetes de 5 libras no se cambiaron hasta los años 60 junto con  los de 10, los de 20 en los 70 y los de 50 en los 80.
            Todo esto lleva a pensar que las cifras oficiales de dinero británico en circulación y las de su inflación durante esos años no pudieron ser mínimamente reales.
              
           

2 comentarios:

  1. De novela. Una vez leí que los ingresos generados por los discos de los Beatles retrasaron diez años la caída de la libra esterlina provocada por la falsificación.

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  2. De todas formas, creo recordar que el Reino Unido fue uno de los primeros países en pedir un préstamo al FMI.

    Lo de los Beatles no me extrañaría nada. Incluso, hoy en día sus canciones son muy apreciadas.

    Una cosa que parece ser que dijeron es que, como trabajaron una temporada en Hamburgo, se asombraron de que las ciudades alemanas estaban ya reconstruidas, mientras que las inglesas aún no lo habían conseguido.

    Saludos.

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