ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 8 de febrero de 2014

UN EXTRAÑO MILITAR REPUBLICANO: JUAN HERNÁNDEZ SARAVIA

Cuando nos explican la Guerra Civil española, normalmente, por aquello de simplificar las cosas, se dice que uno de los bandos era de derecha y muy católico, más que religioso, porque los protestantes nunca estuvieron bien vistos entre los nacionales.
El otro bando era el republicano, también llamado popularmente el de los rojos, por lo menos así les llamaban los habitantes de la zona nacional.
En este último bando, se suponía que la mayoría eran gentes de izquierdas, unos más radicales que otros y, desde luego, poco amantes de la Iglesia católica.
Eso es lo habitual que se enseña cuando uno se aproxima al estudio de la Guerra Civil. A un nivel básico, claro está.
Lo cierto, es que, si profundizamos un poco en el tema, vemos enseg
uida que no todo fue blanco o negro, sino, como en todas las épocas, hubo una gran gama de grises.
Efectivamente, en la zona republicana, se persiguió con mucha saña a la Iglesia católica, incluso en algunos sitios con tanta tradición católica como la provincia de Ávila.
No obstante, en el País Vasco, ocurrió lo contrario, pues como la II República otorgó a esta comunidad el régimen de autonomía,  que ansiaba desde hacía muchos años, lucharon bajo esa bandera. Sin embargo, no perdieron sus tradiciones y sus sacerdotes les acompañaron al frente. Se sabe que muchos de ellos fueron luego asesinados por las tropas franquistas. ¡¡Quién lo iba a pensar de gente que presumía de ser tan católica!!
Todo este rollo introductorio viene a cuento por el personaje que he traído esta vez al blog. Se trata de un militar profesional llamado Juan Hernández Saravia.
Como dice su biografía, nació en Ledesma (Salamanca), en 1880, o sea, que ya andaba por la cincuentena al comenzar la Guerra Civil.
Perteneció, como algunos de sus familiares, al arma de Artillería, y estuvo en contra de la Dictadura de Primo de Rivera, como muchos de sus colegas. No olvidemos que el Dictador fue el protagonista de una de las disoluciones de ese arma.
Esa oposición a la Dictadura y a las medidas que habían tomado contra los artilleros, le valió una condena de 2 años de cárcel y la suspensión de su cargo en el Ejército. Esas medidas  hicieron que muchos
de sus compañeros bascularan hacia la república.
En 1927 abandonó el Ejército, porque le estaban haciendo la vida imposible. Eso hizo que tuviera ya las manos libres para participar en todas las conspiraciones que tuvieran como fin acabar con la Monarquía. De hecho, fue detenido en 1930, aunque fue liberado poco después.
Aunque nunca fue un africanista, estuvo destinado una temporada en Ceuta y Melilla, tras el desastre del famoso Barranco del Lobo, en 1909.
Tuvo que volver a África en 1921, tras otro desastre: el de Annual, donde perdieron la vida incontables soldados españoles. También se sabe que en esa campaña colaboró con las tropas mandadas por un joven general llamado Franco.
Parece ser que conoció a Azaña en Valladolid, en 1925, durante una ocasión en que éste tuvo que formar parte de un tribunal de oposiciones. Por entonces, el futuro presidente de la II República era un jefe de negociado en el Ministerio de Justicia, en Madri
d. Sarabia estaba destinado en una unidad radicada en Medina del Campo y ya participaba en muchas reuniones clandestinas para impulsar la caída de la monarquía y la llegada de la república.
Al llegar el nuevo régimen, como tenía mucha amistad con Azaña, lo nombró jefe de su Gabinete militar, pues éste, en su primera época, compaginó la presidencia del Consejo de Ministros con el Ministerio de la Guerra. De he
cho, vivía en el propio ministerio.
Durante su estancia en ese puesto ocurrieron los famosos sucesos de Casas Viejas. A él le dolió personalmente, pues el jefe de las tropas atacantes, el capitán Rojas, detenido por el asesinato de varios campesinos, era el hermano de su esposa. Por ello, le presentó su dimisión a Azaña, pero no se la quiso aceptar.
En 1933, con la victoria electoral de la derecha y ya con el grado de teniente coronel, se retiró del Ejército y se afilió a la UMRA (Unión militar republicana antifascista). Un organismo creado para parar, en lo posible, la influencia de la derechista UME, en las Fuerzas Armadas.
En 1936, al ganar el Frente Popular, se reincorporó al servicio activo, ocupando la secretaría militar de Azaña, que luego fue, como todos sabemos, presidente de la II República.
Parece ser que en este tiempo actuó como enlace entre el Gobierno y los afiliados a la UMRA destinados en los diferentes cuarteles de España. Así, pudo hacer llegar los mensajes de éstos al Gobierno.
Al llegar el golpe de Estado, los hombres de la UMRA tomaron posiciones en los cuarteles generales y consiguieron que éste no triunfara.
Posteriormente, fue nombrado ministro de la Guerra, pero, a pesar de que inició la formación de un nuevo ejército, no pudo poner un poco de orden en los frentes y dejó el cargo un mes después a Largo Caballero.
Nada más empezar la guerra, una de sus mayores preocupaciones era que una de sus hijas había ido a pasar el verano a casa de una amiga suya a Cádiz, cuyo padre  era el gobernador civil y
allí había quedado atrapada sin poder volver a casa. Gracias a una gestión personal de Azaña, se realizó un canje y la niña pudo volver con su familia en 1937.
A pesar de su edad, fue destinado al Ejército del Sur, en su condición de artillero y, más tarde, jefe del caótico Ejército de Levante.
En este puesto tuvo un gran éxito al conseguir tomar la ciudad de Teruel, la única capital de provincia que perdieron los nacionales en la guerra. Eso le valió el ascenso a general. No nos debería de extrañar que no hubiera llegado antes al generalato, pues los artilleros se comprometen a rechazar todo ascenso que no sea por antigüedad, algo que no ocurre en las otras armas. No sé si en Ingenieros también lo hacían así.
No hará falta decir que eso le sentó muy mal a Franco y a su Estado Mayor, así que puso “toda la carne en el asador” (a pesar del frío reinante en esa zona) para reconquistar la ciudad dos meses después.
A mediados de 1938 fue nombrado comandante en jefe de los ejércitos de la región oriental, incluida toda Cataluña.
Como criticó duramente la labor de suministro de armamento del Estado Mayor, fue apartado del servicio por derrotismo y volvió a trabajar a las órdenes directas de Azaña.
Tras la caída de Cataluña, se fue con Azaña a Francia y ya no volvió más por aquí, muriendo en México en 1962.
Antes de eso, y a pesar de que no pudo salir de Francia durante la II Guerra Mundial, pudo contactar al final de la misma con los exiliados españoles en México.  Así, en 1945, fue nombrado ministro de Defensa en el Gobierno de la II República en el exilio, presidido por Giral. Luego continuó en ese cargo, a partir de 1947, en el Gobierno de Álvaro de Albornoz.  
En 1950, ya con nada menos que 70 años, se atrevió a viajar solo a México, para reunirse con el resto del Gobierno y los demás exiliados.
Hasta ahora, no parece nada extraño. Me he limitado a hablar de la carrera de un militar español que no quiso sublevarse contra la II República y permaneció fiel al Gobierno.
Lo curioso del asunto viene ahora. Como he dicho anteriormente, este hombre nació en la provincia de Salamanca, o sea, Castilla y León, una zona de rancia fe católica.
Como estudió con los jesuitas en Valladolid, se impregnó de ese estilo de vida y, a pesar de ser militar y un ferviente republicano, ingresó en la Orden seglar de los terciarios carmelitas, al igual que su esposa. Para él nunca fue una contradicción ser republicano y religioso a la vez. Lo que me llama mucho la atención es que se llevara tan bien con Azaña que era un anticlerical declarado.
De todas formas, siempre me pareció un poco extraño el proceder de  la familia de este hombre, pues, aunque eran todos fervientes católicos, no les importó comprar un buen “lote” de tierras procedente de la desamortización.
En 1960 fue nombrado vicepresidente del Consejo de Defensa de la II República española y a los dos años murió y fue enterrado en México con su hábito de la orden carmelita y envuelto en la bandera republicana.



11 comentarios:

  1. El título que has puesto al post le va al pelo. Tengo que reconocer que lo empecé pensando que sería la biografía de un republicano más, pero según iba leyendo iba abriendo más los ojos. El final, de película: envuelto en la bandera republicana y el hábito de los carmelitas. Muy bueno.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ayer estuve escuchando en RNE una interesante entrevista a la agente literaria Carmen Balcells, donde decía que el título de una obra era una de las cosas más importantes de la misma y también era lo que atraía más a un lector para escoger este libro u otro.

      http://www.rtve.es/radio/20140214/carmen-balcells-premio-especial-ojo-critico-2013-por-trayectoria-profesional/879243.shtml

      Os aconsejo oír esta entrevista. Es muy entretenida.

      Saludos.

      Eliminar
  2. Por eso me llamó la atención. Por ser un republicano muy católico y, además, muy amigo de Azaña, que era todo lo contrario.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  3. Lo que no he visto por ninguna parte es qué opinaba él acerca de la persecución religiosa que se dio en la zona republicana durante la guerra civil. Saludos.

    ResponderEliminar
  4. Salve.

    Sí era raro ver a un católico, aunque republicano, en un puesto de confianza de una institución de la república.

    Tenemos el caso del Gral.Escobar de la Guardia Civil, Antonio Escobar Huerta del que Companys no se fiaba un pelo porque era católico apostólico y romano, que fue el artífice de que Barcelona no se sumara a la rebelión militar del 36.
    Algo que Paco, yo no el otro, no le perdonaría y le fusiló.
    Bueno, rectifico, se fusiló así mismo porque el dirigió el piquete de su propio fusilamiento.
    Despues del fusilamiento, el mismo piquete, le rindió honores militares.

    Todo ésto ocurrió después de que se le ofreciese la salvación por parte del Gral.Yagüe quien puso a su disposición una avioneta. Y declinó la oferta porque quería quedarse con sus hombres.

    Muchas gracias y, por supuesto, un abrazo amigo.

    ResponderEliminar
  5. Lo más curioso es que fuera tan amigo de Azaña, que era un ferviente anticlerical. A lo mejor, pro eso, nadie le tocó un pelo.
    Sin embargo, en el caso del abogado Carrasco i Formiguera, que, incluso, fue representante del nacionalismo catalán en el Pacto de San Sebastián, firmado en 1930, que dio lugar, posteriormente, a la II República, no fue así. Le aconsejaron que se fuera de Cataluña y le ofrecieron un puesto de representante de la Generalitat ante el Gobierno Vasco. Tuvo la mala suerte de que su barco cayera en manos de los nacionales, siendo capturado y fusilado,algunos meses después en Burgos.
    De todas formas, la guerra civil da para mucho. Prueba de ello es que te recomiendo que consultes la entrada sobre el político católico valenciano Luis Lucia.

    Saludos y muchas gracias.

    ResponderEliminar
  6. Hola,
    Me dio mucho gusto leer el post porque Juan Hernández Saravia fue mi bisabuelo. Yo nací en México debido a esas diásporas de mi familia paterna que tuvo que partir de francia, donde estaba refugiada, a México. Donde él murió un año después de mi abuelo, que tuvo un accidente de montaña. Muy interesante la forma de abordar su biografía. Gracias y saludos. Juan F. Hernández Rodríguez (juanju71@hotmail.com)

    ResponderEliminar
  7. Me satisface enormemente que le haya gustado el artículo.

    Muchísimas gracias por su comentario.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  8. Soy nieta de Juan Henández Saravia, la vida no me dio la oportunidad de crecer junto a el, murió al yo tener cinco años, un año después que papá, conosco a mi abuelo por mamá y por lo que leo, un gran abuelo. Gracias

    ResponderEliminar
  9. Mi más sincera enhorabuena por este artículo Juan. Me parece muy interesante y me es muy revelador para una nueva investigación que estoy haciendo en Guerra en Madrid. Estoy escribiendo sobre el jefe de la escolta de Azaña, Alfredo Giménez Orge y me está sirviendo para conocer más datos de interés de su hombre de confianza en lo militar, Hernández Saravia. Así que una vez más muchas felicidades

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu amable comentario. Ya sabes que yo valor mucho tu opinión sobre el tema de la Guerra Civil.
      Creo que has escrito mal el apellido de la persona que estás buscando:

      https://es.wikipedia.org/wiki/Alfredo_Jim%C3%A9nez_Orge

      De todas maneras, a primera vista, no parece que se haya publicado mucho sobre él.
      Creo que tienes una foto del mismo en "La Guerra Civil Española". Así llegó España a la Guerra Civil". Tomo 1. Página 201. Publicado por El Mundo.

      De nuevo, muchas gracias y saludos.

      Eliminar