ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 1 de marzo de 2014

UN FRAILE REPUBLICANO: SALVADOR DE HÍJAR

Como, a estas alturas, todo el mundo sabe que buscando en Internet te puedes encontrar las cosas más variopintas, esta vez me he encontrado con un personaje que iba absolutamente a contracorriente de la Historia. Nada menos que con un fraile que apoyó durante la guerra civil al bando republicano. No estoy de broma, fue rigurosamente cierto.

Por los pocos datos que he podido recabar, este personaje se llamó fray Salvador de Híjar, aunque su nombre real en la vida civil fue Manuel Cardona Íñigo.

Perteneció a la orden de los Capuchinos, igual que el padre Revilla, a quien dediqué anteriormente otra de mis entradas.

El inicio de la guerra civil le pilló en su convento situado en el barrio de Venecia, en la ciudad de Zaragoza.

Es sabido que el golpe triunfó en la capital aragonesa y, desde ese momento, abundaron allí las patrullas de falangistas y requetés, que se dedicaron a las consabidas tareas de represión.

Algunos autores han calculado que, en ciertos momentos de la guerra, falleció más gente delante de los pelotones de fusilamiento que en los frentes de batalla. Eso nos da una idea muy clara de lo que fue la guerra civil.

Dentro del convento también se sufrieron esos momentos con mucha angustia, pues no disponían de noticias fiables y solían oír todas las noches muchos disparos cerca de ellos.

Según dijo, en esos primeros momentos, se puso de acuerdo con otro fraile y todas las noches escuchaban en una radio las noticias que pudiera ofrecerles cualquier emisora.

Parece ser que las discusiones dentro del convento subieron de tono con motivo de un triste suceso.  

Las patrullas falangistas capturaron a un joven comunista, acusándole del reparto de panfletos de esa ideología. Cuando le iban a fusilar, pidió confesión y, como estaban a menos de 100 metros de su convento, pidieron que saliera un fraile a confesarle. Así lo hizo el superior del convento.

Al día siguiente, hubo una fuerte discusión en el comedor entre los frailes. Nuestro personaje protestó y pidió la colaboración de todos, pero como varios de los hermanos eran navarros y fervientes partidarios de los requetés, la dio por perdida.

Incluso, el superior le miró con dureza y le dijo: “No faltaría más que entre los frailes de esta casa hubiera uno partidario de los rojos”.

Después de aquello y, tras un sermón que pronunció en la Seo de Zaragoza, denunciando esos hechos, al volver al convento se encontró con que su superior le exigía que abandonara el edificio.

De este modo, fue trasladado a Pamplona a finales del 36. Allí le fue mucho peor, porque contempló las matanzas más de cerca y al protestar ante su superior lo enviaron a Tudela.

Allí aguantó hasta mediados del 37, lejos del contacto con la calle, pero no pudo más y se decidió por alistarse como capellán castrense. Idea que a su superior le pareció muy buena.

Lo mandaron como capellán a un batallón de Falange española, que estaba destinado en ese momento en un pequeño pueblo de Burgos.

En septiembre de ese año consiguió salir de esa zona y desplazarse, por vía marítima, hasta Algeciras, yendo desde allí a Gibraltar.

En cuanto pudo tomó un barco de bandera británica, con el que fue a Valencia, donde le esperaba su hermano. Parece ser que les pasó muchos informes al bando republicano.

En el Archivo Gomá se puede ver un escrito del P. Lázaro de Arbona al cardenal Gomá, fechado el 16/11/1937, donde denuncia el hecho de la huida del fraile y menciona que el acontecimiento también tuvo eco en Radio Valencia, en su boletín de noticias del 03/10/1937.

Posteriormente, en el mismo archivo antes citado, se puede ver un escrito del cardenal, de fecha 29/11/1937, donde acusa recibo del escrito anterior y reconoce que ya conocía este hecho, por haber sido informado previamente a través de la Secretaría General de Franco.

Sencillamente, yo creo que fue una especie de experimento republicano. Seguramente que lo tomaron como un juguete al servicio del Gobierno. De otra manera no puede explicarse que en uno de sus artículos en la prensa republicana escribiera el 05/11/1937: “…he rezado la oración de la fraternidad cristiana: el Padre Nuestro; y la han rezado también cuantos sinceramente han querido hacerlo; porque en la zona leal todo ciudadano es libre de su credo religioso”.

En otro parte del mismo artículo se puede leer: “Los sacerdotes, que bendijeron las banderas y las armas de la rebelión, y fueron cómplices sino causa, de muchos fusilamientos, celebraron misas “pro defunctis” y rezaron responsos. ¡Espeluznante sacrilegio profanador de lo más sagrado que existe sobre la tierra: el altar y el sepulcro!”

Incluso, he entresacado este otro párrafo: “religión farsante es la de cuantos matan o vitorean al matador, en nombre de su credo, y en ese mismo nombre ruegan por los asesinados.”

Francamente, yo no sé si este hombre, durante su estancia en la zona republicana no salió de casa para nada y se tapó los oídos para no escuchar ni los comentarios, ni los disparos, porque los republicanos tampoco se quedaron atrás en las tareas represivas en la retaguardia.

Además, es muy curioso, porque habla de los cadáveres de los fusilados y dice que algunos son sagrados, porque pertenecen a sacerdotes católicos, refiriéndose a los que estaba matando el bando nacional en el País Vasco. Es muy extraño que no se enterara que en la zona donde vivía él llegaron a matar a miles de religiosos.

El 21/06/1938 se puede leer en la hemeroteca de La Vanguardia un extracto del discurso que este fraile pronunció ante el Ateneo Profesional de Periodistas, de Barcelona. El mismo tuvo por título “La descomposición de la retaguardia facciosa”.

El periodista nos indica que la sala se llenó a rebosar, pues la gente tenía mucha curiosidad por saber lo que estaba ocurriendo en la zona nacional. Destaca que el sacerdote dijo: “…en la zona rebelde la Religión y la Patria han sido igualmente traicionadas”.

También comenta el fraile que muchos de sus datos se los ha aportado en Tudela un hijo del ayudante del general Franco.

Por otra parte indica que no ve unidad en el bando nacional, pues unos generales se alzaron con la bandera republicana, como Cabanellas en Zaragoza; otros, como en Navarra, con la rojigualda; por último, en Valladolid predominó la de Falange.

A la vez menciona los rumores sobre que los verdaderos dueños de la situación son los alemanes e italianos y que Franco no pintaba nada. Incluso, mencionó otros rumores sobre que el mismo podría estar implicado en la muerte de Mola, porque le hacía demasiada sombra.

Al final de la conferencia indicó que él opinaba que un día los españoles de la zona nacional se unirán a los de la republicana para echar a esos extranjeros que están poniendo en entredicho la independencia nacional.

Incluso, a finales de 1938, un periódico madrileño publicó un artículo suyo titulado “Franco no, Cristo sí”, donde afirmaba que “la santidad de las costumbres no se logra con la violencia de las armas, sino por el retorno de los corazones al Evangelio”.

A estas alturas de esta entrada, más de uno pensará que he bebido más de la cuenta o me he fumado algo raro, pero ni lo uno ni lo otro. Este personaje es una rara avis republicana.

La verdad es que esta historia es alucinante y eso mismo les debió de parecer a los servicios de información franquistas. En un informe de la Oficina de Información de la Secretaría general de Franco, fechado el 26/09/1937, y dirigido al cardenal Gomá, en uno de sus párrafos se dice literalmente: “Ha batido pues todos los records ya es el primero y único refugiado que para pasarse ha pedido protección y auxilio a esta Oficina. En vista de que no lo obtuvo se lo facilitó el Consulado rojo.”

Incluso, he estado comprobando que el pueblo de Híjar, donde había nacido este fraile fue beneficiario prioritario y “adoptado” por el Caudillo, dentro del plan de regiones devastadas por la guerra, según Decreto de 23/09/1939.

Sólo se sabe que en enero de 1939 abandonó España, cruzando la frontera francesa. Allí fue internado, como todos los exiliados españoles, por las “amables” autoridades republicanas francesas  en un campo de concentración.

En julio de 1939 consiguió largarse a México y a finales del mismo mes su barco, el Mexique,  lo dejó en el puerto de Veracruz. Allí consta en el registro de entrada de extranjeros a México como español, nacido en 1908 en Híjar (Teruel) y de 31 años de edad y con estado civil soltero. En el apartado de religión se indica “no consta”.

Allí acabó sus días, dedicado a la profesión de escritor, como se indicaba en su pasaporte, y a la enseñanza.

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