ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 19 de junio de 2014

LA ODISEA DEL MANUSCRITO DEL CANTAR DEL MÍO CID

Como, últimamente, me ha dado por las grandes obras literarias, pues voy a intentar contar la historia de este manuscrito de una forma mucho más amena que las aburridas clases de Literatura, que, supongo, siguen dando en los institutos.
A estas alturas, supongo que todo el mundo sabrá que ese manuscrito no es el original, que se escribió alrededor en 1140, en fecha posterior a la muerte del Cid, que fue en 1099, en Valencia. Lo que tenemos es una copia del siglo XIV, sobre la copia realizada por un tal Per Abat, en 1207.
Se sabe que el estudioso Juan Ruiz de Ulivarry lo encontró, en 1596, en el archivo del concejo de Vivar del Cid (Burgos) y realizó una copia del mismo.
Por motivos desconocidos, pasó a quedar custodiado en un convento de monjas clarisas del mismo pueblo, hasta 1776, cuando el secretario de Estado Eugenio de Llaguno y Amírola, ordenó que se le cediera al filólogo, clérigo y encargado de la Biblioteca Real, Tomás Antonil Sánchez.
Este erudito lo estudió y lo incluyó dentro de su obra “Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV”, editada en 1779. Así, en España, se publicaron las canciones de gesta mucho antes que en Francia, aunque ellos presuman de lo contrario.
Parece que el autor recibió algunas críticas, como al del conocido Juan Pablo Forner, que estuvo muy poco acertado cuando calificó al Cantar del Mío Cid como “viejo cartapapelón en loor de las bragas del Cid”.
Posteriormente, el secretario de Estado, Llaguno, por lo visto, hizo una cosa muy fea, que fue quedarse el manuscrito y no devolverlo a sus propietarios. Así fue pasando a sus herederos, como si fuera un bien adquirido de forma legítima.
Más tarde, pasó a ser propiedad del catedrático de árabe, Pascual Gayangos y Arce, famoso por la gran cantidad de obras que escribió sobre temas arábigos y sobre Historia de la Literatura. Aparte de formar parte de la comisión, que se dedicó a catalogar los documentos confiscados en los conventos desamortizados.
Este arabista estaba muy relacionado con el Museo Británico, pues su esposa era inglesa y él estuvo un tiempo trabajando en Londres, catalogando los manuscritos españoles antiguos, que tenían allí depositados.
Por lo visto, el arabista, le ofreció el Cantar al Museo Británico, pero el marqués de Pidal se enteró de ello y presionó al Gobierno español, para que le comprar la obra y no se marchara fuera del país. Incluso, se dice que fue llevado a Boston, para su estudio.
Como España estaba, como siempre, arruinada, pues el Gobierno no pudo pagar el precio y el mismo marqués, Pedro José Pidal,  tuvo que adquirirla de su bolsillo en 1863.
Esta familia tenía una gran relación con Asturias y fueron los que se quedaron con la abadía del santuario de
Covadonga y arreglaron sus accesos. Aparte de ordenar la construcción de la actual basílica.
Tras al muerte del primer marqués, el manuscrito fue heredado por su hijo, el conocido político conservador católico, Alejandro Pidal y Mon, quien manda construir un arca en forma de castillo medieval para guardarlo. Como material para el arca, se utilizaron viejas vigas procedentes del antiguo templo de Covadonga, que fue destruido por un incendio en 1777.
Por cierto, Alejandro, fue tío del conocido erudito español Ramón Menéndez Pidal. Ese es un dato muy interesante, para comprender esta historia.
La familia Pidal también recibió tentadoras ofertas, como la de Archer Milton Huntington, fundador de la prestigiosa Hispanic Society of  America, pero siempre se negaron a venderlo al extranjero. Algo que les honra.
Uno de los hijos de Alejandro, Roque Pidal, también fue un gran bibliófilo y depositó el manuscrito en la caja fuerte de un Banco en Madrid, para protegerlo de un posible robo.
 Allí estuvo hasta que lo incautó el Gobierno de la II República y lo trasladó, en 1936, junto con otros bienes de interés cultural a Ginebra (Suiza).
No obstante, a la muerte de Alejandro Pidal, su albacea, el conocido político Antonio Maura, ordenó que lo tasaran y los especialistas le dieron un valor de 250.000 Ptas. No olvidemos que, en esa época esa moneda valía mucho y era de plata.
Tras la guerra civil, se consiguió su devolución y fue depositado de nuevo en la caja fuerte de un Banco en Madrid, de donde no salió hasta su traslado definitivo a la Biblioteca Nacional.
En 1959 se tuvo conocimiento de que la familia Pidal, concretamente, el bibliófilo Roque, ofrecían en manuscrito por la entonces enorme suma de 10.000.000 Ptas.
En este segundo caso ocurrió lo mismo. El Estado español se vio impotente para pagar esa suma, así que esta vez el propio director de la Biblioteca Nacional, Cesáreo Goicoechea, remitió una carta a la Fundación Juan March, pidiéndoles que lo compraran y así evitar que fuera vendido al extranjero, ya que se sabía que el propietario estaba recibiendo ofertas de varios países.
Así que esta institución aceptó el encargo y decidió colaborar comprando el manuscrito para donarlo a la Biblioteca Nacional. Es posible que le ayudara al director, en su gestión ante la Fundación Juan March, el ex ministro de Gobernación, Blas Pérez, miembro del Patronato de esa Fundación y, además, íntimo amigo de Roque Pidal.
Otro personaje que también participó en esas gestiones fue el famoso médico Gregorio Marañón.
Es importante destacar que, cuando se produjeron esas gestiones, el presupuesto de a Fundación para ese año ya se había gastado y hubo que recurrir al capital social para poder pagar un pecio tan alto.
La venta se llevó a cabo el 20/12/1960 y a la misma no pudieron asistir ni el Dr. Marañón ni Roque Pidal, por haber fallecido ambos unos meses antes de esta fecha.
Se beneficiaron del importe de la venta los 28 herederos de Roque Pidal. No figurando entre ellos el erudito Ramón Menéndez Pidal.
El día de la firma ante Notario, acudieron a la misma, entre otros,  el ministro de Educación Jesús Rubio, Ramón Menéndez Pidal y Juan March Servera. Tampoco estuvo Goicoechea, pues ya había sido cesado de su cargo.

Hasta aquí, la historia de este importantísimo documento de la lengua castellana. El análisis del mismo lo dejo para los amantes de la Filología.

2 comentarios:

  1. Interesante historia, Aliado. Yo tuve la suerte de tener una profesora de literatura excepcional cuando me tocó estudiar el Cantar del Mío Cid en el instituto, y no por explicarnos bien la asignatura le quitó el halo de misterio que podíamos encontrar en torno al Cantar.

    Está claro que para valorar estos grandes tesoros de nuestra cultura tenemos que ver esas cantidades de dinero que se ofrecen por ellas, pero pienso que si los problemas que hubo por el manuscrito del Cantar hubieran tenido lugar ahora, me temo que lo hubiéramos perdido y ahora estaría en Estados Unidos.

    ResponderEliminar
  2. Supongo que, si se hubieran molestado en investigar la trayectoria del Cantar, a lo mejor nos hubiera costado bastante menos o, incluso, nada, pues se trata de un bien del que alguien se apropió indebidamente y lo incluyó dentro de su patrimonio de una manera ilegal.

    Recuerdo que, en una ocasión, comenté con mi profesor de Historia del Arte que me parecía muy extraño que, en todos los pueblos, faltaran muchas cosas que, según ellos, se las habían llevado los franceses.

    Él me dijo que eso era muy normal, pero que luego ibas a algunas casas de ese pueblo o de otros y estaban allí.

    Lo de las cantidades de dinero es pura especulación. Se habla muy bien de Roque Pidal como mecenas del Arte, pero a mí me parece que hizo un buen negocio y nada más.
    También se dijo en algún periódico que Menéndez Pidal estaba tan interesado en el Cantar, por ser un negocio para su familia, pero él indicó que pertenecía a otra rama y no se beneficiaba de ello.

    Saludos.

    ResponderEliminar