ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 18 de julio de 2014

JEDWABNE, UNA ESCONDIDA MATANZA DE JUDÍOS EN TIERRAS POLACAS

Siempre se nos ha dicho, sobre todo en los medios de comunicación, que los nazis alemanes cometieron infinidad de tropelías contra los judíos y los mataron a millones. En eso estoy totalmente de acuerdo, aunque no se sabe a ciencia cierta a cuántos mataron, porque, al final de la guerra, intentaron destruir toda la documentación sobre ese tema.

Hoy traigo al blog otra carnicería realizada contra los judíos, pero ¡oh, sorpresa!, no fue realizada por los nazis. Ni siquiera por los alemanes, aunque no fueran nazis, como ya comenté en otra entrada, sino por ciudadanos polacos. No me he equivocado, he escrito polacos.
Precisamente, ahora se ha cumplido otro aniversario de esa matanza, pues se realizó el 10/07/1941.
Como toda historia, se merece que empiece a contarla desde el principio. Más o menos, desde 1770, Jedwabne, era un pueblo donde convivían judíos y católicos, sin grandes problemas.
Con la invasión de Polonia por parte de Alemania y la URSS, la convivencia comenzó a deteriorarse. Los soviéticos llegaron al pueblo y deportaron a sus campos de concentración, en Siberia,  a todo el que no fuera afín al comunismo.
En 1941, como todo el mundo sabe, Alemania invadió la URSS y este pueblo pasó a manos de los nazis. Estos, para tener a los polacos de su parte, culparon a los judíos de todo lo divino y lo humano. Incluso, de aliarse con los comunistas para que cometieran todo tipo de abusos.
Eso puede ser coherente para la mentalidad polaca, pues, desde hacía mucho, en todo el antiguo Imperio Austro-Húngaro, al que perteneció casi toda Polonia, se identificaba al PC como el partido de los judíos, porque muchos de sus dirigentes pertenecían a esa etnia.
No obstante, eso no les disculpa de las barbaridades y asesinatos que cometieron, porque, además, tanto los asesinos como los asesinados, eran vecinos y se conocían desde siempre.
La noche citada, los vecinos de ese pueblo, que no eran judíos, se organizaron y salieron de sus casas pertrechados de armas como cuchillos, machetes, hachas, etc, y se dirigieron a las casas de sus vecinos judíos.
Les sacaron a la fuerza de sus viviendas y los llevaron a rastras hasta la plaza del pueblo, donde recibieron todo tipo de malos tratos. Luego, los fueron matando con estas armas
blancas, poco a poco.
Tomaron a un grupo de unos 40 judíos y les obligaron a derribar una estatua de Lenin, que había sido erigida por los soviéticos, y la arrastraron por todo el pueblo. Incluso, les obligaron a cantar canciones rusas y a gritar “la guerra es nuestra, la guerra es por nosotros”.
También hubo un grupo de gentes que no los mataron con esas armas. A esos les ordenaron entrar en un granero, al cual, más tarde, le rociaron de keroseno y le prendieron fuego.
Por supuesto, los polacos católicos, lo estuvieron celebrando, como si de una fiesta se tratase, y en ella hubo bebida para todos, como suele ocurrir en cualquier fiesta.
No obstante, tuvieron buen cuidado de que nadie escapara de las llamas y pusieron a algunos individuos de guardia, los cuales le cortaron el cuello a todo el que intentó escapar de las llamas.
Se dice que a los ancianos y a los niños los dejaron para el final y fueron arrojados a las brasas, donde ya se habían quemado sus familiares adultos.
Se cree que murieron en este asesinato colectivo unos 1.600 judíos. Hombres, mujeres y niños. Se calcula que este pueblo tenía unos 3.000 habitantes. No he querido decir “personas, porque, como ya se ha visto, no se portaron como tales, por lo menos, por lo que se refiere a los católicos.
Por supuesto, sus asesinos aprovecharon para repartirse todos los bienes de los judíos, incluidas, sus viviendas, fincas de labor, ganado, objetos personales y hasta su dentadura de oro.
Para no dejar restos por ninguna parte, todos los cadáveres fueron quemados y luego troceados y repartidos por los campos.
No obstante, se conocen estos hechos, porque unos cuantos lograron escapar de toda esta barbarie.
Los nazis llegaron unos días más tarde y se asombraron por lo ocurrido. Así que rodaron un documental sobre este asunto.
No hará falta decir que este pueblo no fue el único donde se cometieron asesinatos de este tipo. Se pueden citar también los casos de otras localidades cercanas como Radzilow y Bialystock, donde hubo menos víctimas por el simple hecho de que allí vivían menos judíos.
Parece ser que uno de los instigadores de estas matanzas fue un dirigente de las SS llamado Hermann Schaper. Este individuo, en la posguerra, fue llevado varias veces ante la Justicia alemana, pero los tribunales no consideraron suficientes las pruebas aportadas en su contra. Ya en 1976, un tribunal lo consideró culpable de otra matanza cometida en otro pueblo y lo condenó a 6 años de cárcel, pero fue liberado al poco tiempo a causa de sus problemas de salud, pues tenía más de 65 años. Murió en libertad durante los años 90.
Durante el gobierno comunista de Polonia se sabe que se hicieron investigaciones y se enjuiciaron a 22 vecinos por esta masacre, pero se les puso en libertad por falta de pruebas concluyentes y porque se sospechó que había participado todo el pueblo y no quisieron meterlos a todos en la cárcel.
Volviendo al tema, esta gente fue tan sinvergüenza que, ya en 1962, no se les ocurrió otra cosa que poner una placa en el antiguo cementerio judío, donde se decía “en memoria de los judíos asesinados por los nazis”.
Parece ser que la verdad se supo a partir de las investigaciones de Jan Gross, un historiador polaco, nacionalizado USA, y judío, el cual escribió en 2001 un libro titulado “Vecinos”, que levantó mucha polémica.
Para su investigación se basó en los testimonios de los únicos 7 supervivientes, que fueron escondidos por una polaca llamada Antonina Brzezoski, la cual no quiso participar en la matanza.
Como ya he dicho, este libro levantó mucha polvareda entre la sociedad polaca. Incluso, el propio Papa, en ese momento, el polaco Juan Pablo II, pidió a la Iglesia polaca
que participara en los actos organizados por la Presidencia de Polonia para homenajear a estas víctimas, en su 60 aniversario.  En  2001, el presidente de Polonia era Aleksander Kwasniewski.
Sin embargo, la respuesta que le llegó por parte del cardenal Glemp, primado de la Iglesia de Polonia, fue que, si los polacos tenían que disculparse con los judíos, éstos también tendrían que disculparse por los crímenes de los comunistas.  No obstante, el Papa dedicó su misa del 26/05/2001 a las víctimas de ese hecho.
Como podemos ver, esa identificación entre judíos y comunistas, increíblemente,  aún existe en la Polonia actual.
Así que la Iglesia no sólo no participó en esos actos oficiales, sino que emitió un comunicado donde se oponía a ellos.
También los familiares de las víctimas pidieron que se rectificara la placa que existía a la entrada del antiguo cementerio judío, a la cual me he referido antes, pero, tanto los partidos como la Iglesia polaca, pusieron el grito en el cielo. Así que la placa fue mínimamente modificada, dando a entender que esos crímenes fueron cometidos por los nazis.
No hará falta decir que a los pocos descendientes de esos judíos que asistieron a ese acto, no les dejaron en ningún momento tomar la palabra. Por supuesto, muchos de los asesinos de los judíos siguen viviendo hoy en día en las casas de sus víctimas, sin remordimiento alguno.

En 2011, Bronislaw Komnorowski, entonces presidente de Polonia, volvió a pedir perdón por esta y otras matanzas de judíos, realizadas en Polonia, durante la II Guerra Mundial. Durante su discursos, pronunció las siguientes palabras: “Hoy, Polonia puede escuchar aún el grito de sus ciudadanos que jamás se apaga", y añadió "Una vez más, ruego perdón”.
Esta vez, asistieron a la ceremonia, tanto Aleksander Kwasniewski, como un alto representante de la Iglesia católica.
El obispo Mieczyslaw Cislo, que preside el consejo episcopal para las relaciones con los judíos, pronunció la siguiente frase: "No permitamos que las tumbas en Jedwabne nos dividan. Oremos juntos por la hermandad y los vínculos estrechos entre polacos y judíos".
En esta última ceremonia, también el rabino jefe de Polonia, Michael Schudrich, rezó por los muertos en un monumento dedicado a las víctimas de la matanza en la aldea. Esperemos que por fin haya vuelto la concordia a Polonia.

5 comentarios:

  1. Se ponen los pelos de punta al leer la historia que has contado. Ahora mismo no me atrevería a compararlo con algo en lo que estoy pensando, pero creo que no me gustaría vivir entre los vecinos de ese lugar. Desgraciadamente, son muchos los acontecimientos como los de Jedwabne que hay que sacar del olvido, y esperemos que el conocimiento de estos hechos sirva de algo.

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  2. Los polacos nazis q pueblo extraño¡¡

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  3. Los polacos nazis q pueblo extraño¡¡

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  4. Honor al marxismo q termino con el nazismo !!

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  5. Honor al marxismo q termino con el nazismo !!

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