ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 28 de diciembre de 2014

HELENA WEISSLER O CÓMO LA UNIÓN HACE LA FUERZA CONTRA LOS NAZIS

Comúnmente se ha dicho que las mujeres siempre consiguen todo lo que desean. Yo no diría tanto, pero sí que suelen tener las ideas más claras que los varones y que también tienen más constancia  para lograr sus objetivos.
Siguiendo con las historias optimistas, que me parecen más propias de Navidad que esas películas de violencia que suelen poner ahora en la TV, esta vez voy a hablar de un grupo de mujeres, capitaneadas por Helena Weissler, que llegó a conseguir lo que no había logrado ningún hombre.
Estamos en plena II GM, concretamente, el 27/02/1943. Aunque parezca mentira, todavía quedaban algunos judíos nada menos que en la capital del III Reich, Berlín. Ese día, el ministro de Propaganda, Goebbels (un tipo bajito, moreno y cojo y, sin embargo, muy ligón), decidió que no quería ver a ningún judío más por allí.
Realmente, la razón de que aún hubiera judíos en Berlín era porque la mayoría de ellos estaban casados con no judíos y no podrían perseguirles sin saltarse las Leyes de Nuremberg, dictadas por los mismos nazis en 1935. Casi todos ellos trabajaban en industrias de guerra y eran muy apreciados por sus jefes.

Así que, al más puro estilo de las SS, se destinaron unos cuantos miembros de esa Entidad al trabajo de arrestar a esos judíos.
No sé si Hitler estaría al tanto de ello, pues esos SS pertenecían en su totalidad a la unidad que se dedicaba a protegerlo.
Para hacer esos arrestos se recurrió a unos camiones cubiertos con lonas y a la colaboración de la Gestapo y de la Policía Municipal, para localizarlos bien en sus domicilios o en sus centros de trabajo.
Con esa eficacia que caracteriza a los alemanes, llegaron a arrestar a unas 5.000 personas, entre las cuales había unos 1.700 esposos judíos de alemanas.
Poco a poco se fue corriendo el rumor por la ciudad. Nuestra protagonista, al ver que su marido, Sebastián, no volvía a  mediodía, como siempre,  del trabajo, fue al sitio donde decían que los estaban encerrando. Se trataba de un edificio ubicado en los números 2 y 4 de la Rosenstrasse, en Berlín.
Realmente, se trataba de un edificio que había pertenecido anteriormente a una organización de asistencia a la comunidad judía y que, obviamente, había sido confiscado por el Estado.
Cuando llegó, ya había otras 200 mujeres frente al edificio, sin explicarse qué había ocurrido ese día.
Pronto, resolvieron acudir todas juntas a otro edificio, en una calle cercana, destinado al Servicio de los Asuntos Judíos de la Gestapo, para seguir con su protesta.
No las amedrentó ni la presencia de los fornidos miembros de las SS, ni el bombardeo que estaba sufriendo la ciudad en ese momento, por parte de la RAF británica.
Tampoco el frío glacial que suele hacer en febrero en la capital alemana. Ellas estaban dispuestas a seguir allí indefinidamente.
Tras gritarle en varias ocasiones “Devuélvannos a nuestros maridos”, incluso, se atrevieron a forcejear e insultar a los miembros de las SS y de la Gestapo, que acudieron para reforzarles.
Goebbels tenía la idea de prender a todos esos judíos y embarcarles enseguida en trenes con destino a los campos de concentración, que tenían los alemanes en el este, pero no contaba con la resistencia de estas mujeres.
Como las mujeres siguieron acudiendo todos los días a esa sede de la Gestapo, en días posteriores, los SS,  intentaron desbloquear la calle a base de utilizar la violencia contra ellas.
Primero, lo intentaron sacándolas por la fuerza de allí, pero no consiguieron nada. Luego, llevaron nada menos que un todoterreno, equipado con ametralladoras, con las cuales dispararon contra las mujeres. Ni aun así consiguieron que se fueran de allí.
Como el Gobierno vio que esta situación se les estaba yendo de las manos y necesitaban que la población les apoyara y no ocurriera lo mismo que al final de la I GM, no tuvieron más remedio que dar  marcha atrás.
El mismo Goebbels dio orden de poner en libertad a todos los que habían sido capturados en esa redada, alegando que había sido “un error burocrático”.
Es más, exigió que los que habían sido ya deportados a los campos de exterminio, fueran devueltos inmediatamente  a sus domicilios.
Parece ser que, por entonces, se había dado la derrota alemana en Stalingrado y, como dije antes,  el Gobierno necesitaba tener a la opinión pública de su parte, para que no decayera la moral en la retaguardia.
Algunos autores dicen que con esta actitud se demostró que el nazismo podría haber sido vencido, si los alemanes hubieran intentado tomar una actitud más activa contra ese régimen.
En un principio, sólo se trataba de unas pocas mujeres que demostraron su valentía haciendo frente al poder nazi, pero, unos días después, llegaron a reunirse allí más de 6.000 personas y eso no debió de gustar nada al Gobierno.
Sobre estos acontecimientos, la conocida directora alemana, Margarethe von Trotta, rodó una película llamada “Rosenstrasse”, la cual fue estrenada en 2003.
En el antiguo Berlín oriental fueron erigidas unas estatuas en un parque, con las que se conmemoraba este hecho. En el pie de ellas había una leyenda que decía: “La fuerza de la desobediencia civil, el vigor del amor supera la violencia de la dictadura, devolvimos a nuestros hombres, las mujeres están de pie aquí, frene a la muerte, los hombres judíos fueron liberados”.

La autora de estas esculturas, la artista alemana Ingeborg Hunzinger, también sufrió en sus carnes la persecución nazi, por ser judía y haberse casado con un alemán no judío.
En fin, como ya dije al principio, lo que no puedan las mujeres, no lo puede nadie. Por supuesto, no se trata de una inocentada, aunque la haya publicado en el Día de los Santos Inocentes.
Por si no vuelvo a publicar nada más antes de final de año, aprovecho la ocasión para desear a todos mis lectores:

¡¡UN MUY FELIZ AÑO 2015!!

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