ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 2 de diciembre de 2014

ISABEL DE MÉDICI Y LEONOR DE TOLEDO (MI CONTRIBUCIÓN AL DÍA PARA LA PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER)

Confieso que la semana pasada estuve oyendo un programa de radio, por aquello de huir del resto de emisoras que sólo hablaban de una cosa: el fútbol.  Allí escuché por primera vez el nombre de una compositora musical renacentista, cuyo nombre no me sonaba de nada.
Seguramente, dentro un tiempo, escribiré una entrada sobre ella, cuando consiga el material suficiente para la misma.
En ese programa, que, mayormente estaba dedicado a intentar eliminar esta lacra de nuestros días, que es la violencia conyugal, salió un nombre que me resultaba muy conocido, Isabel de Médici.
Este nombre salió a colación, porque uno de los locutores dijo que había sido la protectora de esta famosa compositora y no dijeron nada más sobre ese tema.
Me extrañó mucho que no comentaran nada más sobre Isabel, pues, precisamente, había sido víctima de la llamada “violencia de género” y murió por esa causa. Entiendo que a lo mejor es que desconocían ese dato.
Empezaré, como siempre, por el principio. Isabel de Médici nació en 1542 en Florencia, siendo sus padres Cosme I y la guapa, elegante y famosa Leonor Álvarez de Toledo, hija del virrey español en Nápoles. Un matrimonio que gozó de todos los parabienes de la Corte española.
Pasó parte de su niñez en el Palacio Pitti, ese que sale en todos los manuales de Historia del Arte, y luego sus padres la comprometieron con Paolo Giordano Orsini. Miembro de esa distinguida familia, que, además, estaba emparentado, aunque de manera ilegítima, nada menos que con el Papa Julio II.
No si sería una unión para ir en contra de los Colonna, tradicionales y sangrientos enemigos de los Orsini.  Algunos autores dicen que su padre lo hizo para asegurar la frontera sur de sus posesiones. Ya se sabe que, en esa época, se solían concertar estos matrimonios sólo por conveniencia política o económica.
La boda se realizó cuando ella cumplió los 16 años, cuando ya llevaban varios años prometidos. Algo muy común en esa época.
La cosa no empezó muy bien, pues su marido siempre había sido bastante violento y no solía estar en casa. Así que ella, que se quedaba habitualmente sola, se hizo amante del primo de su marido, un tal Troilo.
Éste llegó a saberlo, pero no quería enemistarse con su suegro, ya que su alianza era muy importante para sus negocios.
A la muerte de Cosme, le sucedió en el cargo Francisco I, hermano de Isabel, que ya no la protegió tanto.

Paolo escogió este momento y se llevó a su esposa a una villa alejada de Florencia. Allí consumó el asesinato. Unos dicen que la estranguló y otros que la ahogó, cuando se estaba bañando.
Por lo visto, él alegó en su defensa que “le había dado tiempo para que pidiera perdón por sus pecados”. Algo increíble para la mentalidad actual.
Desgraciadamente, esta actuación fue vista por la Justicia de la época como un medio justo para limpiar su honor e, incluso,  algunos autores lo tomaron como un buen ejemplo a seguir.
Tampoco dejaron escapar a su presunto amante, Troilo, primo de Paolo. Le acusaron de tramar una conspiración contra Francisco I. Así que huyó a París, pero fue localizado por los espías florentinos, siendo capturado y asesinado.
Algunos autores dicen que podría haber tramado ese asesinato para casarse con su amante, Victoria Accoramboni, la cual también estaba casada, pero se quedó viuda, “casualmente”, por las mismas fechas. Su difunto esposo estaba emparentado con Felice Peretti, luego llamado Sixto V, cuando fue coronado como Papa.
Aunque se mudaron al norte de Italia, supongo que para prevenir alguna venganza familiar, Paolo y su pareja tampoco duraron mucho tiempo, pues ambos murieron de repente y con pocos días de diferencia entre ambos óbitos.
 Algunos dicen que fueron envenenados por los agentes de Francisco I de Médici y otros, por los de Ludovico Orsini, a causa de una venganza familiar. O sea, más o menos, como en las películas sobre la Mafia.
Isabel al morir tenía ya 34 años y del matrimonio con Paolo nacieron 3 hijos. No debemos de olvidar que venía de una estirpe muy importante. Concretamente, su bisabuelo fue el II duque de Alba.
No confundirlo con el gran militar que todos conocemos por sus hazañas, que fue el III duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel.
No termina aquí la cosa. Como me ha quedado la entrada un poco corta, voy a  rematar la faena.
Resulta que Isabel tuvo bastantes hermanos. La mayoría fueron hijos legítimos, pero no todos. Algo muy común en su época.
Nos vamos a fijar en la figura de su hermano menor, llamado Pedro. Éste tuvo siempre un carácter muy irritable y algunos dicen que le influyó en ello que casi no conoció a su madre, pues aquella murió joven, con sólo 40 años,  a causa de la malaria.
Esto puede ser difícil de entender hoy en día, pero en Europa era normal la malaria en las zonas costeras. Lo malo del asunto es que, según dicen los científicos, está volviendo de nuevo a nuestras costas. Quizás sea un efecto del llamado “calentamiento global” del planeta.
Volviendo a lo nuestro, en 1571 acordaron su boda con su prima Leonor de Toledo, hija de un hermano de su madre y muy bien relacionada con la familia Colonna. Es curioso, porque su esposa se llamaba igual que su madre. Así que no deberíamos de confundirlas.
Además, los dos cónyuges se conocían desde muy niños, pues, como Leonor se quedó muy pronto sin madre,  fue criada por los padres de Pedro, en Florencia, con el resto de sus hijos. Así que siempre, a pesar de la diferencia de edad,   Isabel y ella fueron muy buenas amigas.
Parece ser que Pedro era muy dado a dejar sola a su esposa e ir a disfrutar de la compañía de prostitutas. Incluso, dicen que la maltrataba físicamente de manera habitual.
A causa de la soledad, su esposa empezó a tener una relación puramente epistolar con Bernardo Antinori, un noble florentino.
El marido llegó a interceptar algunas de esas cartas y, siendo como era, muy violento, no se le ocurrió otra cosa que vengarse de ella con sus propias manos.
Llevó a su esposa a una villa alejada de Florencia y allí la asesinó con la ayuda de una toalla, como reconoció más tarde. Otros dicen que lo hizo con una correa de un perro. Ella solamente tenía 23 años.
El amante fue arrestado y murió en prisión. Algunos afirman que fue estrangulado en su celda de la isla de Elba. La misma isla donde estuvo, más tarde,  exiliado Napoleón.

Pedro envió unos días más tarde una nota a su hermano Francisco, el gran duque, donde decía que Leonor había muerto a causa de un accidente y éste se encargó de comunicar esa noticia al resto de su familia.  
En algunos escritos de ciertos embajadores a sus cortes, se relata el hecho con todo lujo de detalles, informando, además, que la fallecida se intentó defender hasta el último momento, lesionando de forma visible a su marido, y que fue enterrada “como si fuera una plebeya”.
Su hermano, que nunca le llevó ante los tribunales por este asesinato,  movió sus influencias y lo mandó durante unos años a España, donde se endeudó excesivamente a causa de su afición por el juego y los objetos de lujo. Todo ello, a pesar de tener un puesto muy importante en el ejército español.
Los españoles, que por entonces teníamos mucho peso en el mundo, no como ahora, presionaron ante el rey, Felipe II,  para saber la verdad.
Así, Francisco, tuvo que rendir cuentas ante Felipe II y reconocer que había sido asesinada por su hermano a causa de sus amoríos con Antinori.
Sus argumentos tuvieron que ser muy sólidos, pues Antinori era un militar muy condecorado y además se portó como un héroe en Lepanto. Así que era muy apreciado por Felipe II.
Parece ser que también le dijo Francisco a Felipe II que, según había confesado un reo,  la víctima estaba incluida en una de esas conjuras que, periódicamente, se realizaban contra los Médici. A lo mejor no hay que hacer mucho caso de esa confesión de un amigo de Antinori, pues se consiguió bajo tortura, lo que era muy habitual en esa época.
No obstante, Francisco de Médici, consiguió que se absolviese a su hermano Pedro y que Felipe II no se interesase más por este caso, a pesar de las protestas de Pedro de Toledo, hermano de la difunta y persona de mucho peso en la corte española.
En fin, un caso más donde prevaleció la razón de Estado sobre la Justicia y donde dos mujeres jóvenes fueron asesinadas impunemente y, además, con el visto bueno, aunque fuera a posteriori,  del rey Felipe II de España.





3 comentarios:

  1. Aunque con retraso, Aliado, acabo de leer tu estupendo artículo, que me ha dejado un cuerpo que para qué te voy a contar. Lo que nos has contado demuestra que no hace falta ser un iletrado para ser una bestia.

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  2. Bueno, dicen que donde hay más violencia conyugal y más suicidios es en los países escandinavos, que es donde se supone que hay menos analfabetos y donde la educación es mucho mejor.

    Saludos y muchas gracias por tus comentarios.

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