ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 30 de noviembre de 2014

LOS CASTRATI, UNOS FORMIDABLES CANTANTES

Es posible que más de uno haya oído hablar de estos personajes y hasta es casi seguro que hayáis visto la película “Farinelli”, que no es muy antigua, concretamente de 1994, pero seguro que no tenéis una idea muy clara de quiénes eran estos cantantes.
Aunque parezca mentira, hasta el siglo XVIII, las mujeres tenían prohibido cantar en público y, sobre todo, en la Iglesia.
Esta prohibición fue decretada por un Papa llamado Pablo IV, el cual ocupó este cargo a mediados del siglo XVI. Curiosamente, en pleno Renacimiento.
La verdad es que este pontífice parece que no casaba mucho con los ideales renacentistas, pues amplió mucho los poderes inquisitoriales y el Índice de libros prohibidos por la Iglesia.
Evidentemente, como en las óperas había personajes femeninos, esos papeles los tuvieron que representar hombres disfrazados de mujeres y, además, cantar con una voz lo más parecida posible a la voz femenina.
Así que, tras una intervención quirúrgica,  se encontraron con una voz que tenía la potencia de la de un hombre, pero que también podía realizar portentosos agudos como los que realizan las mujeres.
Se sabe que ya había castrados en la antigua Sumeria y en el Imperio Bizantino, sin embargo, se desconoce la razón de la proliferación de los mismos en el siglo XVI. Es posible que resurgieran a causa de la prohibición de Pablo IV.
La mayoría de los candidatos a esta operación eran chicos de familias pobres, que solían cantar en los coros de las iglesias. Si el chico tenía buena voz, el párroco hablaba con su familia y les comentaba la posibilidad de que siguiera cantando.
El problema es que, como todo el mundo sabe, a los chicos les cambia la voz en el paso de la pubertad a la adolescencia y eso es lo que se quería evitar.
No hay cifras concretas, pues esta práctica no estaba legalizada, así que se hacía bajo cuerda. Se cree que solían presentarse unos 4.000 candidatos anualmente. Lógicamente, antes tenían que sufrir una operación para que no se les desarrollaran los testículos y convertirlos en auténticos eunucos.
Evidentemente, en aquella época, la sanidad no estaba tan adelantada como ahora. Incluso, estas operaciones solían realizarlas las personas que se encargaban de esterilizar a los cerdos y también, en algunos casos, las hicieron los famosos barberos que también eran sacamuelas. O sea, que lo más seguro es que no hiciera su trabajo con mucha higiene. Así que había un gran porcentaje de muertes debidas a esta aberrante práctica.
Parece ser que los pacientes eran operados entre los 8 y los 12 años, para asegurarse que conservarían su voz casi infantil.
Sin embargo, la caja torácica llegaba a ser como la de un adulto, así que algunos podían cantar tranquilamente durante varias horas.
Antes de la operación, se les metía en una bañera con agua muy caliente y se les daba  cualquier bebida alcohólica o, incluso, opio, para calmar el dolor. En algunos casos, se les apretaban las carótidas para que quedaran inconscientes.
Lógicamente, si el niño no había llegado aún a la pubertad, se les desarrollaban rasgos propiamente femeninos. En cambio, si ya estaba en ella, podía tener un desarrollo sexual normal, pero sin crear espermatozoides.
Quizás, por ello, eran muy buscados por las damas de la Corte, al no existir ningún peligro de embarazo con ese tipo de relaciones. De hecho, se sabe que tuvieron mucho éxito en ese tipo de relaciones.
El más famoso de todos estos castrati fue Farinelli, el cual debería de ser un monstruo de la naturaleza, pues en una ocasión realizó una competición con un trompetista, hasta que este último tuvo que dejar su trompeta, por no poder seguir tocando.
Llegó a España para actuar durante unos meses ante la corte de Felipe V e Isabel de Farnesio. Tuvo tanto éxito que se quedó 22 años en nuestro país.
Dicen que uno de sus quehaceres en la Corte fue cantarle al rey las mismas 4 arias operísticas durante 10 años, para curar la depresión que sufría este monarca. Fue condecorado por el rey en diversas ocasiones e, incluso, le otorgó un cargo en el Gobierno y en la Orden de Calatrava.
Carlo Broschi, que era su nombre real, fue alumno del maestro Nicola Porpora, el cual le dio muy buena formación. Eso unido a las grandes cualidades innatas de este artista hizo que fuera muy valorado en su época. Dicen que su maestro siempre tuvo buen ojo para seleccionar a los mejores castrati.
Parece ser que no fue un hombre como el que se describe en la película “Farinelli”, sino que era discreto y humilde. Disfrutó con tranquilidad de su fama y su dinero y también se dedicó a coleccionar claves a las que bautizaba, cada una, con el nombre de un pintor famoso. Su favorito era Rafael.

Como Carlos III ya no era tan aficionado a la música ni al arte de los castrati, a los cuales llamaba despectivamente “capones”, se retiró a Bolonia. Allí pasó sus últimos años, gozando de un patrimonio y una pensión vitalicia, que le permitió vivir sin problemas de ningún tipo.
También se pueden citar otros castrati famosos, como Caffarelli, que fue calificado como el segundo en importancia. Sin embargo, siempre fue muy amigo de riñas de todo tipo. En una ocasión, hasta  quiso apuñalar a un espectador, porque se atrevió a criticarle.
La práctica de cantar ante el rey para curarle la depresión ya había sido experimentada anteriormente ante Carlos II de España por un castrato llamado Matteuccio, el cual realizó esa labor durante 2 años, con mucho éxito, invitado por la reina Mariana de Neoburgo.
Fue el castrati más longevo, pues, aunque se retiró ya a una edad muy superior a la del resto de sus colegas, se afirma que seguía cantando con 70 años, cada sábado, en la Capilla Real de Nápoles y seguía teniendo una voz parecida a la de un muchacho.
Supo administrar muy bien sus cualidades, sin esforzarse demasiado, y ganó mucho dinero, retirándose a vivir, en sus últimos años, a un lujoso palacete en Nápoles.
Salimbeni fue un cantante muy cotizado. Actuó muchos años en la corte de Berlín, pero, a causa de su mala salud, murió con sólo 39 años.
Marchesi fue llamado “el bello” y se lo rifaban las austriacas, incluso algunas llevaban adornos con su retrato. Se dice que, en cierta ocasión, se negó a actuar en Milán del mismo Napoleón. Lo cual hizo que, posteriormente, lo honraran como un héroe nacional en Italia.

Se dice que era un tipo muy guapo y que volvía locas a las mujeres. Hasta el punto de que hubo un caso de una esposa que abandonó a su marido y a sus hijos para seguirle al cantante por toda Europa. Además de cantar, también fue compositor.
Este mismo emperador prohibió esta castración, bajo pena de muerte. La Iglesia permitió en 1770, que las mujeres volvieran a los escenarios.
No obstante, los castrados siguieron actuando en muchos templos hasta la prohibición total de esta práctica, en  1902, decretada por el Papa Pío X.
En 1830, la despedida de Velluti, llamado “el vanidoso”, se puede considerar el declive de los castrados. En una ocasión, éste, se negó  a actuar ante la princesa de Gales, alegando que el humo de las lámparas y las velas perjudicaban su garganta.
Sólo se conserva una grabación realizada a un castrado. Se trata de Moreschi, el cual pudo demostrar que había sido operado para curar una hernia inguinal.

El que debutó más joven fue un tal Niccolino, el cual lo hizo a los 12 años siendo un gran intérprete y cosechando muchos éxitos.
El aspecto de esta gente era, habitualmente, el de un tipo afeminado y con una talla superior a la normal en la época, pues la falta de testosterona hace que el crecimiento continúe más tiempo del normal y queden desproporcionadas sus extremidades superiores e inferiores.
Evidentemente, esta práctica fue muy cruel, pero, mirado desde otro punto de vista, a más de una familia “le puso casa”, pues, en muchos casos, con las ganancias de su hijo castrati pudieron vivir muy cómodamente el resto de los miembros de su familia. En el caso de no poder triunfar como cantante, pues se le ordenaba sacerdote y ya tenían también  la vida resuelta.
Esto es más o menos, como ahora, cuando sale en una familia un chico con buenas condiciones de futbolista, pues todos los demás se aprovechan de ello.
Hoy en día, existen unos cantantes llamados contratenores, los cuales, tras mucha formación y entrenamiento, logran cantar con un estilo parecido al de nuestros personajes.
Alfred Deller fue un contratenor muy famoso a principios del XX. Otros contratenores conocidos son James Bowman, René Jacobs, Andreas Scholl, etc.






viernes, 28 de noviembre de 2014

REGINA GARCÍA, UNA MUJER QUE FUE VÍCTIMA DE LAS DOS ESPAÑAS

Esta vez traigo al blog la vida de una mujer de esas que nunca aparecen en los libros de Historia. Bueno, ésta,  por lo menos, aparecía de vez en cuando en la prensa de su época.
Su paso por este mundo se puede resumir en un afán continuo por superarse cada día más. Quizás, eso es lo que pretendemos todos, pero en su caso fue mucho más difícil que para los demás y ahora os contaré por qué.
Bueno, lo suyo es ir directamente a contar su historia. Regina García López nació en 1898 en una aldea o concejo, como las llaman allí,  perteneciente a Luarca (Asturias).
Celestino, su padre había construido un aserradero en su pueblo, con el que pensaba sacar adelante a su numerosa familia, compuesta por el matrimonio y 8 hijos.
Un domingo de agosto de 1907, cuando Regina tenía 9 años,  acudió con su padre al aserradero. No se sabe lo que ocurrió, lo cierto es que la maquinaria comenzó a funcionar y pilló el vestido de la niña, serrándole los dos brazos a la altura de los hombros. Se la operó durante horas, pero sin éxito.
Uno de esos indianos asturianos se interesó por su caso y pagó su educación en un colegio de Luarca.
También intentó adoptarla y llevársela a Argentina, pero sus padres se negaron. Así que, más tarde, trajo a un cirujano alemán, el cual intentó colocarle unos brazos artificiales, pero tampoco funcionaron.

Entre tanto, Regina, se fue preparando y logró adquirir una gran cultura. No obstante, seguía viendo que su vida no podría ser igual a las demás chicas de su pueblo.
Con 17 años intentó estudiar Magisterio, pero las familias ricas a las que pidió una ayuda, le recomendaron que se metiera en un asilo y se dedicara a rezar toda su vida.
Un día pasó un circo por su pueblo y ella se fijó en las habilidades de los monos para manejarse con los pies. Evidentemente, ella probó a hacer lo mismo y en poco tiempo lo consiguió.
A partir de entonces, decidió ser artista, cosa que no gustó mucho a su madre. Sin embargo, ella ya había conseguido escribir, coser hasta bordar con los pies.
En el verano de 1918 volvió su mecenas indiano y, maravillado por sus progresos, la llevó a debutar en el teatro Jovellanos de Gijón, nada menos que ante la infanta María Isabel de Borbón, más conocida popularmente como “la Chata”.
Desde entonces, se dedicó a representar su espectáculo por 42 países y hasta llegó a actuar ante el presidente USA Franklin D. Roosevelt, que también era un discapacitado físico.
Como anécdota, se puede citar que al presidente le gustó tanto su actuación que fue a hablar con ella. Cuando éste le alargó su mano derecha para estrechársela, ella, obviamente, le ofreció su pie. Espero que no se ofendiera por ello.
Durante una de sus actuaciones, concretamente, en Badajoz, conoció al que luego sería su marido, Juan Dámaso Cisneros, un admirador suyo. Se casaron en 1922 y tuvieron tres hijos.
Ella siguió actuando por todo el mundo, mientras su marido dejó de ser empleado de Correos y ejerció como representante suyo. Ella se presentaba en los lugares donde iba a actuar conduciendo un veloz coche con los pies y luego  fumándose un  cigarrillo, tras haber liado antes el papel del mismo.
Lo más notorio de su carácter es que siempre fue una librepensadora. En una ocasión, cuando se enteró de que el párroco de su pueblo quería cobrar una cantidad abusiva a una familia pobre, por realizar una misa funeral por el entierro de su hijo de un año, no se le ocurrió otra cosa que dedicarle una poesía satírica, la cual no gustó nada en el Obispado de Oviedo.
A partir de 1935, cuando ya había conseguido una pequeña fortuna, gracias a sus actuaciones, regresó a Luarca para dedicarse a labores de mecenazgo.
Buscaba niños y niñas con buenas actitudes para el estudio con el fin de que no se desaprovecharan sus conocimientos por vivir en pueblos pequeños.

Aparte de invertir parte de sus ahorros en esta idea, a la que llamó “Selección”,  también dio conferencias y actuaciones para recaudar fondos.
No obstante,  la Iglesia la seguía teniendo en su punto de mira, pues un periódico de la zona la acusó de querer “una enseñanza sin Dios”. Cosa que ella negó.
Es normal que lo hicieran, porque ella estaba atentando contra una de las mayores fuentes de ingresos de la Iglesia, que era la enseñanza. Aparte de ser una forma muy eficaz de adoctrinar a la gente desde su más temprana infancia para que no se metieran con el orden social establecido por las clases dirigentes.
Incluso, se desplazó a Madrid, donde estuvo actuando en el Teatro de la Zarzuela, desde el 13/06/1936 y allí le pilló el comienzo de la guerra civil.
Se movió mucho por el Madrid republicano e, incluso, hizo algunas gestiones para liberar algunos presos encerrados en las famosas checas.
En una de estas gestiones llegó a entrevistarse con Ángel Pedrero, uno de los responsables del Servicio de Inteligencia de la II República. Como le vio ese donde gentes y ese dominio de varias lenguas extranjeras, llegó a proponerle trabajar para ellos como espía en Francia, pero ella rechazó el trabajo.
No sé si sospecharían de ella por este motivo o por ser indiferente, cosa que nunca gustó a ninguno de los dos bandos.
 Lo cierto es que Pedrero ordenó su detención en abril de 1937 y, además, en régimen de aislamiento en la prisión de Ventas. Lo que fue aún peor para una persona tan sociable como ella.
Es posible que esto trajera como consecuencia que, aún durante la guerra, estuviera ingresada de manera temporal en varios manicomios. Pasó nada menos que 11 meses incomunicada.
Además, es muy llamativo que Pedrero hiciera esto con ella, sabiendo cuál era el fin de la recaudación de sus actuaciones, pues él, unos años antes, se dedicó, como maestro que era, a organizar escuelas nocturnas para obreros.
Por si a alguien le sirve de consuelo, Pedrero, junto con varios integrantes del SIM republicano, fue detenido por el entonces capitán Gutiérrez Mellado, cuando todos ellos esperaban un barco en el puerto de Alicante, para poder escapar de España.  Algún tiempo después, fue juzgado y fusilado.
Evidentemente, al acabar la guerra, Regina,  fue puesta en libertad de manera inmediata, pero, desgraciadamente, no por mucho tiempo.
Una tarde fue al cine a ver una película y, al final, era costumbre, por entonces, tocar el himno nacional y ponerse todos los espectadores en pie y brazo en alto, haciendo el saludo fascista.
Un joven falangista  se acercó a ella y le exigió que levantara el brazo, como hacían todos los demás, porque “esta era la España de Franco”.
Ella, que nunca se cortó ni un pelo, le dijo: “yo no levanto el brazo ni aunque me lo pida el mismísimo Franco”, lo cual, supongo, arrancaría alguna carcajada.
Eso no creo que le hiciera ninguna gracia a este tipo y se la llevó detenida. Luego, les explicó que no tenía brazos y que acababa de salir de la cárcel republicana. Así que, tras comprobarlo,  la pusieron en libertad.
Este incidente atrajo la atención de los servicios de seguridad franquistas y un día le propusieron que trabajara para ellos, denunciando a todos los que conociera. Como ella se negó, volvió a ser encerrada en la cárcel de Ventas.
Esta vez, las condiciones de su encierro fueron bastante peores, pues la prisión se hallaba a rebosar de detenidas y había un continuo miedo a las sacas para llevarse a las reclusas al paredón, para su ejecución. Con estas condiciones, es normal que su estado mental empeorase.
Por lo que he leído sobre su juicio, me ha parecido un poco extraño. Por lo que se ve duró varias horas, cuando lo acostumbrado en esa época era despachar a estos pobres presos,  cuanto antes al paredón, sin piedad alguna.
Parece ser que hubo declaraciones de todo tipo, como la de la Policía Militar, que indicó que era afecta al nuevo régimen. Sin embargo, la Guardia Civil de su pueblo la calificó como “propagandista del comunismo y muy peligrosa para la causa”. Ya sabemos que nadie es profeta en su tierra, aunque hubiera ayudado, con su “Selección”, a los niños de 110 colegios de la zona.
El fiscal, como casi siempre, pidió para ella la pena de muerte o la reclusión perpetua. Menos mal que el informe psiquiátrico la diagnosticó como “parafrenia sistemática”. Así que el juez la absolvió de los cargos que se le imputaban, pero ordenó su ingreso en un manicomio, quedando a disposición del juzgado militar.
Ya no pudo superar esa situación y murió al poco tiempo, en mayo de 1942, con sólo 44 años, a causa de un tifus exantemático, contagiado a través de los piojos, durante su estancia en la cárcel, debido al hacinamiento que había en esa época y a las malas condiciones sanitarias de estos centros.
Esta vez no se ve muy claro el motivo por el que el franquismo se empeñó en quitarse del medio a nuestro personaje. Yo pienso que ella fue una persona adelantada a su tiempo y partidaria de la justicia social. Por tanto, una persona con una mentalidad muy crítica, que no gustaría nada a los jerarcas del nuevo régimen y con el tiempo tendría que haberse exiliado de España.
Por supuesto, supongo que, debido a su carácter, si hubieran ganado la guerra los republicanos, le hubiera ocurrido una cosa parecida, porque en ninguno de los bandos tuvieron cabida los críticos al régimen.

Alguien me dijo una vez que en la guerra civil había muerto la mejor gente de España y creo que tenía toda la razón.

sábado, 8 de noviembre de 2014

BOUDICA, LUCHADORA CONTRA ROMA

Esta vez traigo al blog a una mujer digna de admiración, pues supo gobernar a su pueblo y hacer que se les unieran las tribus vecinas para expulsar nada menos que  a los romanos del suelo británico.
Es conocida por varios nombres como Boudica, Búdica, Boadicea, etc. No se sabe dónde ni cuándo nació.
Sólo se puede decir de ella que era una mujer pelirroja, alta, corpulenta y que estaba casada con Prasutago, rey o jefe de la tribu de los icenos y que vivió durante el siglo I d. de C.
Esta tribu estaba asentada en la actual Norforlk, zona situada al este de Inglaterra, cuya actual capital es Norwich.
Como los icenos eran gentes pacíficas y sólo se dedicaban, predominantemente, a las labores agrícolas, los romanos, en un principio, buscaron la amistad de Prasutago y le dieron a este pueblo la consideración de aliado de Roma.
No olvidemos que Britania fue invadida definitivamente por Claudio y conquistada en el 43 d. de C. Lo cierto es que, en un principio,  los romanos se burlaron del emperador Claudio, cuando les dijo que se marchaba a conquistar la irredenta Britania, pero lo cierto es que lo consiguió, para asombro de todos.
Como Prasutago sólo tenía 2 hijas, puso al emperador romano como coheredero de sus bienes, para proteger así el patrimonio de sus hijas y el de su tribu.
A su muerte, los romanos no respetaron la voluntad del difunto y se apropiaron de su reino. También le exigieron a su viuda el pago de sus deudas con Roma.
El administrador romano, Cato Deciano,  declaró que el testamento no tenía validez para ellos y ordenó el saqueo de los campamentos de la tribu. Todo ello ha llegado hasta nosotros de la mano del famoso historiador romano Tácito.
Incluso, se permitieron azotar públicamente a Boudica y violar a sus dos hijas, que entonces eran sólo unas adolescentes.
Poco tiempo después, ya en el 61, los icenos al enterarse de que el gobernador de Britania, Cayo Suetonio Paulino, se hallaba en otra isla, en Gales, luchando contra una tribu rebelde, decidieron ellos levantarse contra los opresores romanos.
Decidieron atacar una colonia romana situada en la actual Colchester, al sur de su territorio. Como esta colonia sólo la habitaban unos cientos de veteranos legionarios romanos, junto con una pequeña guarnición, no pudieron hacer frente a l
os miles de rebeldes britanos que se les echaron encima.
Así que optaron por huir y dejar que los rebeldes destruyeran esta colonia. Algunos dicen que esto hizo que, desde entonces,  empezara Londres a cobrar mayor importancia para los romanos.
También puede que se decidieran a atacar esta ciudad, porque, anteriormente, había sido la capital de sus aliados, los trinovantes, los cuales habían sido expulsados de allí por otra tribu aliada de Roma.
Además, les habían obligado a construir y sufragar un templo romano dedicado al emperador Claudio.
Desde allí, los rebeldes se dirigieron hasta el actual Londres, que tuvo que ser evacuado por los romanos, al no poder hacer frente a tantos rebeldes, y fue saqueado.
Algunos historiadores, como Dión Casio, enumeran las barbaridades realizadas por los rebeldes contra los habitantes de Londinium, la actual Londres.
Los romanos también evacuaron Veralamium, otra ciudad aliada de Roma, que no contaba con fuerzas suficientes para enfrentarse a los rebeldes.

Los britanos necesitaban ganar la guerra cuanto antes y expulsar de allí a los romanos. Habían descuidado mucho sus campos y es probable que pasaran hambre al llegar el invierno.
Aparte de eso, sabían que tenían que derrotar necesariamente a los romanos y expulsarles, porque conocían de sobra la venganza de Roma.

El gobernador Suetonio tuvo que volver a toda prisa con todas sus tropas desde Gales. Esto hizo que los rebeldes modificaran su ruta para combatir a los romanos.
El gobernador romano, como buen militar profesional, eligió un terreno que le fuera favorable. De todas formas, era prácticamente imposible hacer frente con sus 10.000 legionarios, más o menos, a unos 100.000 rebeldes, procedentes de varias tribus de la región.
De todas formas, seguro que no todos los britanos eran guerreros, pues solían desplazarse las familias enteras junto con las tropas.
El lugar exacto del enfrentamiento se desconoce, pero se cree que estuvo entre la actual Londres y Woxeter, en una zona llamada actualmente Watling Street, cercana a la autopista A2, que une Inglaterra con Gales.
Suetonio, parece ser que escogió un lugar muy abierto por su frente, mientras que estaba cerrado por los laterales y por la espalda por un tupido bosque, el cual les protegería de los ataques por sorpresa. Así se planteó una batalla a campo abierto, muy al gusto de los romanos, donde los rebeldes no podrían realizar su característica forma de guerrear.
Así, los romanos formaron una línea, mientras los rebeldes colocaron sus carros en una formación arqueada,  justo detrás de la primera línea de infantería. Parece ser que daban la batalla por ganada e invitaron a sus familias a presenciarla.
Tácito nos informa de que Boudica se dirigió a sus tropas, diciéndoles  lo siguiente: “Nada está a salvo de la arrogancia y del orgullo romano. Desfigurarán lo sagrado y violarán a nuestras vírgenes. Ganar la batalla o morir, tal es mi decisión como mujer. Allá los hombres si quieren vivir y ser esclavos”.
El discurso de esta valiente mujer fue seguido por miles de guerreros con la cara pintada de azul y los párpados manchados de ceniza, para aterrorizar a sus contrincantes.
Ella, mientras tanto,  empuñaba una lanza, la cual agitaba continuamente, para dar más fuerza a sus palabras. Vestía un manto oscuro sujeto con un broche a un lado, encima de una simple túnica. Su único adorno era un torque, una especie de anillo grande de oro, que solían llevar los nobles celtas alrededor de su cuello.
En el campo contrario, Suetonio, les arengó a sus suyos con estas palabras: “Ignorad los clamores de estos salvajes. En sus filas hay más mujeres que hombres. No son soldados y no están bien equipados. Ya les hemos vencido antes. Lanzad vuestros venablos y luego avanzad… Olvidaos del botín. Tan sólo ganad y lo tendréis todo”.
Es posible que Tácito hubiera sido bien informado sobre esta batalla, porque su suegro participó en ella. También lo hizo el mismo Séneca.
Suetonio esperó a ser atacado por los britanos. Éstos avanzaron hasta estar a tiro de las lanzas romanas, lo cual les provocó muchas bajas e hizo que muchos huyeran.
Los romanos aprovecharon el momento para atacar, sin perder su formación. Incluso, atacó su caballería por las alas, para perseguir a los que huían, como solían hacer siempre.
Los infantes britanos se vieron rodeados por las legiones romanas, a su espalda; la caballería romana, en los flancos;  y los carros britanos en su frente. Así fueron rodeados y masacrados por los romanos.
No está claro el número de bajas, pero se cree que hubo unos 50.000 muertos britanos por unos 500 legionarios romanos.
Nerón dudó si seguir ocupando Britania, pero luego se decidió por cambiar a Suetonio por otro gobernador menos represivo, para pacificar el territorio.

Poco se sabe sobre el final de Boudica, aunque la mayoría, como Tácito, afirman que se envenenó, para no caer otra vez en las manos de los romanos.
Muchos dijeron que su entierro fue fastuoso, como corresponde a una reina, pero nunca ha estado claro el lugar donde se halla su tumba. Incluso, algunos han afirmado que fue en el monumento de Stonehenge.
Su nombre casi se pierde con la Historia, pero fue recuperado por los historiadores ingleses en el XVI y, más tarde, en el XIX.
En ese último siglo, muchos autores la compararon con la reina Victoria, porque Boudica, precisamente, significa “victoria”en la antigua lengua de los celtas. 
Se han escrito poemas y obras teatrales en honor a esta reina guerrera. Se han realizado películas y hasta se ha puesto su nombre a un barco de la Armada británica.
En 1905 se erigió una estatua en Londres, financiada por el príncipe Alberto, entre otros, donde se puede ver a esta reina, junto con sus hijas subida en un carro de guerra. Está situada muy cerca de la Cámara de los Comunes.
Incluso, en Harry Potter se menciona que su tumba pudiera estar donde hoy se halla la estación ferroviaria de King’s Cross. Concretamente, entre los andenes 9 y 10 de la misma.





sábado, 1 de noviembre de 2014

SOFONISBA ANGUISSOLA, UNA PINTORA POCO VALORADA HOY EN DÍA

Esta vez voy de una Sofonisba a otra. La verdad es que parece un poco extraño que a una mujer del siglo XVI le pongan un nombre de otra de la Antigüedad. De todas formas, el mundo está lleno de casualidades.
Lo cierto es que no he encontrado una explicación clara sobre el origen de su nombre. Hay unos autores que dicen que su padre le llamó así a ella y Asdrúbal a su hermano menor, para homenajear a los antiguos cartagineses, que, casi pusieron de rodillas a la poderosa Roma.
En aquella época, había una gran rivalidad entre las diferentes zonas de lo que hoy es Italia y veían a Roma como un Estado extranjero.

Otros se atreven a decir que su familia afirmaba estar emparentada con estos antiguos cartagineses.
Parece ser que su padre, Amilcare, era hijo natural de un rico comerciante de Cremona, el cual lo reconoció cuando él ya tenía 18 años.
Como su padre fue ennoblecido por el rey, Amilcare, se casó con una joven de la nobleza cremonesa, llamada Bianca Ponzone.
El matrimonio tuvo 6 hijas y un hijo, en sólo 5 años. Sin embargo, la madre murió joven, probablemente de una infección, que era la forma más común de morir tras un parto, en aquella época.
Sofonisba, que era la mayor de los 7 hermanos, nació en Cremona en 1532 y tuvo la suerte de tener un padre que les dio a todos sus hijos una educación esmerada y les dejó realizar su vocación, algo extraño para su época y más si se trataba de una mujer.
Aparte de ella, 4 de sus hermanas también se dedicaron a la pintura, aunque no con el mismo éxito, ni con la misma calidad, y la otra fue una erudita dedicada al estudio del Latín. Se dice que su hermana Lucía era la que mejor pintaba, pero murió muy joven.
Como su padre tenía una serie de cargos municipales, donde llevaba la administración del mantenimiento de algunos monumentos de la zona, conocía a algunos artistas del momento.
Con sólo 14 años, su padre las envió a su hermana Elena y a ella a estudiar con el pintor local Bernardino Campi, con el que estuvo iniciándose en la pintura, hasta que éste se mudó a otra ciudad.
Luego, siguió sus estudios con otro pintor local, Bernardino Gatti, con el que estuvo durante 3 años más. A esa época corresponde su obra “La partida de ajedrez”, donde retrata a sus hermanas. Esta vez no la acompañó su hermana Elena, pues ingresó en un convento.
En 1554 viaja a Roma, donde logra conocer al gran Miguel Ángel, por mediación de otros artistas que admiraban el estilo de nuestro personaje.
Dicen que el gran maestro, que era ya muy anciano, no estaba muy convencido de su talento, hasta que le encargó dibujar un niño riendo y otro llorando. Ella ejecutó toda una obra maestra, en la que se podía ver a un niño llorando, tras haber sido mordido por un cangrejo,  y él quedó convencido de sus grandes dotes como pintora.
Se conservan algunas cartas enviadas por su padre a Miguel Ángel, donde le agradecía que hubiera acogido como alumna a su hija. Sería para ella algo así como un sueño hecho realidad. Sobre todo, si tenemos en cuenta los prejuicios que había en esa época contra las mujeres.
De hecho, como, cuando empezó, se veía mal que una mujer cobrara por sus obras, solía recibir una serie de regalos que ajustaban antes de empezar a trabajar.
Durante 2 años aprendió junto al gran genio, el cual le enseñaba bosquejos de su cuaderno de notas, para que ella los dibujara y así, mientras él la corregía, fue llegando a su estilo personal.
Incluso, el famoso artista e historiador, Giorgio Vassari, autor del conocido libro “Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos” (1550) escribe grandes elogios sobre las obras de esta pintora.
A pesar de su elevada condición social, no pudo ejercitarse en algunos aspectos de su arte, porque no la dejaron estudiar la anatomía de los cuerpos desnudos.
Sofonisba, poco a poco, se fue especializando en la ejecución de retratos individuales o de un grupo, pero realizados desde unas poses informales.
En 1559 trabajó en Milán para el gran Duque de Alba, el cual la recomendó nada menos que al poderoso rey Felipe II de España.
Seguramente, como el oficio de pintor no estaba muy bien visto en la Corte de entonces, fue llamada por el rey para que fuera dama de honor de su nueva esposa, Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia.
Ya en la Corte de Madrid, se dedicó a dar clases de pintura, tanto a la reina, con la que hizo una gran amistad, a pesar de ser 14 años mayor que la soberana, como a las infantas y a otros personajes de la nobleza. Con ello ganó buena fama y se permitió trabajar con otros pintores de la Corte, como Sánchez Coello o Antonio Moro.
Realizó bastantes obras, pero, dado  que no acostumbraba a firmarlas, todavía hoy en día se duda de muchas de ellas y cada vez se le atribuyen más, que antes se pensaba que eran de otros autores, posiblemente por estar influidos por esta pintora.
Como no cobraba por sus cuadros, pues su cargo era el de dama de honor, pues tampoco se conservan documentos escritos donde se pudiera apreciar que se los encargasen.
Precisamente, un retrato muy conocido que, hasta hace poco, se le había atribuido desde siempre a Sánchez Coello, se ha demostrado que era de ella.
Su fama creció en 1561, cuando el Papa le encargó un retrato de la reina, el cual fue utilizado, posteriormente, como modelo por otros pintores, como Pantoja de la Cruz o hasta el mismísimo Rubens.
En 1567 realizó un retrato del desgraciado príncipe Carlos, hijo de Felipe II, el cual fue copiado varias veces, tras el fallecimiento de éste.
Tras la prematura muerte de la reina, Sofonisba, se quedó en la Corte, por expreso deseo del rey, encargándose de la educación de las infantas. Parece ser que, como tenía una gran amistad con la difunta, su muerte la afectó mucho y cayó en una depresión.
Poco después, en 1573, el rey intervino para que se casara con un noble al que unos llaman Fabrizio y otro Francesc de Moncada, hermano del virrey de Sicilia, dotando a la esposa de una importante dote.
La pareja se mudó a la isla y allí estuvieron viviendo unos años, hasta que, en 1579, su marido navegó hacia España para reclamar la dote de su esposa, que aún no se le había abonado. Durante el viaje, su barco fue atacado por unos piratas argelinos, los cuales, tras una dura lucha, consiguieron que cayera al agua y se ahogara.
Tras quedar viuda, volvió a su Cremona natal, hasta el año siguiente, en el cual se casó con el  marino genovés Orazio Armellino o Lomellino, que era mucho más joven que ella,  y se trasladaron a Génova, donde vivirían 35 años.
Parece ser que la boda no fue bien vista por algunos, ya que ella era noble y él no. Se conserva una carta de Francesco de Médicis, donde la advierte al respecto.
La pareja vivió en una espaciosa casa, donde pudo pintar muy cómodamente y no tuvo ningún problema financiero, gracias a la fortuna de su marido, más la pensión que el pagaba Felipe II. Allí recibía con frecuencia a otros colegas y hablaban sobre su oficio.
También recibió otras visitas, como las de la infanta Isabel Clara Eugenia, que había sido alumna suya, junto con su marido el archiduque Alberto de Austria, que iban de camino a Flandes, para tomar posesión de su puesto como gobernadora de ese territorio.
En 1615, ya con 83 años, se trasladó con su marido a Sicilia para fijar su residencia definitiva  en Palermo
Incluso, en 1623, la visitó el que luego sería un famoso pintor, Van Dyck. Él mismo confesó en sus memorias que, aunque ella tenía ya muchos problemas en la vista, le enseñó muchas cosas de su arte e, increíblemente, su mano no temblaba nada. No olvidemos que ya tenía 91 años, algo muy excepcional para su época.
Esta mujer que solía decir “La vida está llena de sorpresas; intento capturar estos preciosos momentos con los ojos bien abiertos”, murió en Palermo, el 16/11/1625, a la avanzada edad de 93 años.
Su segundo marido, como era mucho más joven que ella, pudo celebrar el centenario del nacimiento de la pintora y puso una lápida, donde elogiaba su figura.
Actualmente, se le atribuyen, con seguridad,  unas 50 obras, aunque se sospecha que pintó algunas más, sin embargo, por error, se les han atribuido a otros pintores. También pintó varios autorretratos en diferentes etapas de su vida.
Varias de sus obras han sido copiadas en infinidad de ocasiones, incluso, por autores que luego se harían muy famosos.
En el ámbito feminista fue toda una precursora, pues, tras ella, llegaron otras muchas mujeres que se pudieron dedicar libremente a la pintura.
No hay que olvidar que el ambiente de aquella época, a pesar de ser el período del Renacimiento, no era muy propicio para las mujeres. El mismo Bocaccio argumentaba que “El arte es ajeno al espíritu de las mujeres, pues esas cosas sólo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”.
Menos mal que su padre nunca tuvo esos prejuicios y supo educar a sus hijos para que se dedicaran a lo que quisieran hacer en la vida. Eso hizo que ahora podamos contemplar las impresionantes obras de esta gran pintora.