ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 17 de febrero de 2015

EDVARD BENES, UN POLÍTICO ATRAPADO EN UNA ETAPA MUY CONVULSA DE LA HISTORIA

Esta vez traigo al blog a un personaje muy controvertido, el cual, a pesar de que murió hace casi 70 años, todavía tiene partidarios y detractores.
Edvard Benes nació en 1884 en una pequeña localidad de Bohemia, en el seno de una modesta familia campesina. Creo que no hará falta indicar que esa región pertenecía, por entonces, al antiguo Imperio Austro-Húngaro.
Realizó sus estudios de Secundaria en el Gymnasium de Praga, donde se le consideró un estudiante muy brillante.
Posteriormente, mediante una beca, estudió Filosofía en la Universidad Carolina de Praga y luego completó sus estudios en París y Dijon, donde también estudió y se doctoró en Derecho.
Desde 1908 estuvo dando clases en la Academia Comercial de Praga, para pasar, en 1912, a hacerlo en la Universidad Carolina. También se dice que fue uno de los miembros fundadores del movimiento de los “boys scouts” en su país.
Al comenzar la I Guerra Mundial fue uno de los organizadores de un movimiento de resistencia a los Habsburgo, a fin de conseguir la independencia de su patria. Fue enviado a varios países, como Francia, USA o el Reino Unido, para intentar conseguir su apoyo y construir un país independiente en la posguerra.
Es muy curiosa la relación entre Checoslovaquia y USA. No sé si habrá en ese país muchos inmigrantes de estos dos países europeos, pero, lo cierto, es que siempre veo que han sido bastante bien acogidos. De hecho, consiguieron que el presidente Wilson fuera el que más apoyó a la independencia de Checoslovaquia.
Incluso, me estaba acordando ahora de que el célebre compositor checo, Antonin Dvorak, estrenó su obra más famosa, “la Sinfonía del Nuevo Mundo”, precisamente en Nueva York y en 1892. Concretamente,  ese año había llegado a esa ciudad atraído por un fabuloso contrato, firmado con una mecenas USA, llamada Jeannette Thurber, la cual le pagó un salario 25 veces mayor que el que cobraba en Praga.
Volviendo a nuestro personaje de hoy, entre 1916 y 1918 fue nombrado Secretario del Consejo Nacional de Checoslovaquia en París y, luego,  ministro de Relaciones Exteriores en el nuevo Gobierno provisional de la nueva Checoslovaquia.
Desde siempre, estuvo muy unido a Masaryk, padre, y juntos organizaron el reclutamiento de efectivos para configurar la Legión Checa, una unidad militar que luchó a favor de los aliados en la I Guerra Mundial. Al mando de esta gran unidad estuvo el general Stefanik, el otro puntal donde se basaba el movimiento para la independencia de Checoslovaquia.
 Es preciso aclarar que ambos se conocieron cuando Benes fue alumno de Masaryk en la Universidad Carolina de Praga.
Durante muchos años, fue ministro de Relaciones Exteriores de Checoslovaquia. Nada menos que entre 1918 y 1935. También llegó a ser presidente del Gobierno entre 1921-22.
Como lo que mejor se le daba era la política exterior, fue delegado checoslovaco en las conversaciones para el Tratado de Versalles, con el que finalizó la I Guerra Mundial.
También fue miembro, durante varios años, concretamente, desde 1923, de la Sociedad de Naciones, donde llegó a ocupar la presidencia, durante un  breve período, en 1935.
En este mismo período, fue uno de los organizadores de la llamada “Pequeña Entente”, una especie de alianza diplomática y militar, apoyada por Francia, y formada por Checoslovaquia, Hungría, Rumanía y Yugoslavia. Se inauguró en 1920 y era una especie de posible “segundo frente” contra Alemania y contra Hungría.

Seguramente, se formó como un contrapeso al poderío de varias potencias emergentes de esa zona, como fueron Italia, Alemania, Polonia y la URSS. Siempre estuvo muy unida a la Sociedad de Naciones.
No hay que olvidar que nuestro personaje siempre fue un elemento  muy relevante en las reuniones internacionales. Por eso, asistió a las conferencias de Génova, en 1922; Locarno, en 1925, La Haya, en 1930 y Lausana en 1932.
Durante toda su carrera política militó dentro de las filas del Partido Socialista de Checoslovaquia. Posteriormente, denominado Partido Nacional Socialista de Checoslovaquia, aunque no tuviera nada que ver con los nazis alemanes.
En 1935, tras la dimisión de Masaryk, como presidente de Checoslovaquia, fue relevado en ese cargo por Benes. Ahí es cuando empezaron sus problemas más graves.
El mundo se hallaba literalmente muy convulso. Se pueden citar como ejemplos la guerra en España, en China, en África, etc.
Desde 1933 gobernaba en Alemania un tal Hitler y, a pesar de que empezó su trabajo sin  irritar mucho a las demás potencias, ahora ya estaba en disposición de empezar a tocar las narices a todo el mundo.
Para empezar, consiguió que le dejaran organizar la votación de un plebiscito para saber si los ciudadanos del Sarre querían volver a pertenecer a  Alemania. No sólo se salió con la suya, sino que ganó la postura favorable a Hitler y esa región regresó a Alemania en 1935.
Por lo que se refiere a Austria, otra de sus zonas más codiciadas, el Gobierno alemán llevaba, desde 1933, con ganas de quedársela, pero no lograba encontrar una excusa creíble para hacerlo y sin que se le echaran encima los demás países.
Incluso, su posterior aliado en la II Guerra Mundial, Italia, le había prohibido hacerlo y le amenazó con enviar sus  tropas a Austria para impedirlo.
Increíblemente, a Hitler no le quedó otra que morderse la lengua, como le pasó, por entonces,  con otros países vecinos, como Polonia, porque aún no tenía la capacidad militar suficiente para enfrentarse a ellos. No olvidemos que Polonia tenía, por entonces,  uno de los ejércitos más numerosos de Europa.
En 1934, siguiendo con su conocida política de ampliar el espacio vital para los germánicos, no se sabe si sólo apoyó o también organizó un golpe de Estado en Austria, que, aunque fracasó estrepitosamente, tuvo como consecuencia principal la muerte del canciller Dolfuss.
El año 1938 fue trascendental para toda esta zona de Europa. Por una parte, como Hitler se vio con la capacidad militar suficiente como para atemorizar a sus vecinos, probó a hacerlo con Austria.
Esta vez se reunió en febrero con el canciller austriaco, Kurt Schuschnigg, y le dijo que, si no se unía Austria a Alemania iba a provocar una guerra civil allí, semejante a la que había por entonces en España. Conviene recordar que Alemania estaba financiando, desde hacía unos años,  cientos de atentados terroristas de los nazis en territorio austriaco.
Como el primer ministro vio que no podía gobernar en esas condiciones, y tampoco le dejaron organizar la votación de un plebiscito donde se decidiría sobre la independencia de Austria,      dimitió y dejó solo al presidente de la República, Miklas. A éste no le quedó más remedio que poner a un primer ministro nazi y así se consumó inmediatamente la anexión alemana.
Esta vez, la mirada de Hitler se puso sobre la región de los Sudetes, situada dentro de Checoslovaquia, pero fronteriza con Alemania. En ella vivían, desde la Edad Media,  más de un millón de personas de origen alemán, que habían conservado sus costumbres y su idioma.
Dado que estos ciudadanos de Checoslovaquia tenían ese origen germánico, Alemania, les ayudó a formar un partido nacionalista. Luego empezaron a realizar peticiones imposibles a Praga y, como, lógicamente, no se las aceptaron, pues Hitler “los envolvió bajo su manto”. Más o menos, lo que ya había hecho en Austria.
Las grandes potencias empezaron a mosquearse y esta vez se reunieron allí los delegados de Francia, la URSS y el Reino Unido. Los dos primeros apoyaron al Gobierno checoslovaco, pero sin demostrar mucho interés en el asunto. Los británicos se mostraron más conciliadores entre ambas partes.
Siguiendo con la política de apaciguamiento, los británicos firmaron en septiembre la cesión de varios de esos territorios a Alemania. Hitler aprovechó para exigir también otros territorios en Polonia y en Hungría.
Francia no podía definirse públicamente a favor de ese acuerdo, pues había firmado, previamente, otro  acuerdo de defensa con Checoslovaquia. También lo tenía la URSS, pero sólo si, primeramente, intervenía Francia.
No obstante, el 30/09/1938, se reunieron las cuatro partes involucradas (Francia, Reino Unido, Alemania e Italia) y firmaron los Acuerdos de Munich. Por supuesto, no invitaron a ningún delegado checoslovaco. Por eso, llamaron a estos acuerdos “acerca de nosotros, sin
 nosotros y contra nosotros”.
Unos días después se produjo esa famosa imagen, correspondiente al premier británico, Chamberlain, saliendo del avión con un papel en la mano. Como a los que acaban de estafar con el timo de la estampita. Ya se lo dijo Churchill un poco más tarde.
En un principio, el Gobierno checoslovaco, dio la orden de movilización general. No vayamos a pensar que el ejército alemán era infinitamente superior al checoslovaco. Desde Praga se había ido organizando en esos últimos años un ejército bien entrenado, que podía movilizar tranquilamente casi 1.300.000 hombres, bien equipados y con un buen armamento. No olvidemos que Checoslovaquia es un país donde ha habido siempre muchas fábricas de armas. Incluso, mucho mejores que las alemanas.
Además, los checos habían fortificado a conciencia la zona de los Sudetes y tenían allí sus mejores unidades militares y muchas de sus grandes fábricas.
En este caso, lo normal es que los alemanes, al final,  hubieran vencido, sin embargo, a costa de muchas bajas. Como les ocurrió luego en Polonia, aunque nunca quisieran reconocerlo.
Los checoslovacos sólo podrían haber vencido en el caso de que hubieran recibido a tiempo la ayuda de los aliados, pero nuestro personaje que, como ya habéis visto, tenía mucha experiencia en la política exterior, se dio cuenta enseguida de que no iban a mover un dedo para ayudarles.
Creo que el problema de los aliados era que guardaban muy malos recuerdos de la I Guerra Mundial y no tenían ningún interés en meterse en otro conflicto por el estilo y eso Hitler lo suponía. Por eso, habitualmente, solía jugar de farol y le salió bien hasta la invasión de Polonia. A la que tampoco ayudaron los aliados.
Volviendo al caso checoslovaco, Benes, como buen patriota, se opuso por completo a ceder ningún territorio de su país a otro. Los aliados le hicieron saber que, si no les cedía esos territorios a los alemanes, no querrían saber nada sobre el futuro de Checoslovaquia.
Incluso, los alemanes se permitieron presionar a los aliados para que consiguieran la dimisión de Benes, la cual se hizo efectiva el 05/10/1938. En su lugar, nombraron a otra persona más fácil de convencer que nuestro personaje. Se trataba de Emil Hacha. Otro político que tuvo una existencia muy azarosa desde que le nombraron para ese puesto y que tuvo un final muy trágico.
Además, Hitler, tras haber invadido de forma pacífica los Sudetes, forzó la situación promoviendo una insurrección  de tipo fascista en Eslovaquia, e invadiendo todo el país, con el argumento de apoyar a los eslovacos.
A finales de octubre de ese mismo año, Benes, se trasladó con su familia al Reino Unido, donde, ya en 1940,  fue reconocido como “presidente del Gobierno checoslovaco en el exilio”. Allí estuvo viviendo, junto a sus colaboradores más cercanos.
Permaneció como presidente, alegando que su dimisión había sido debida a un acto de coacción y no por voluntad propia, lo cual dejaba sin efecto ese acto.
Uno de sus mayores fracasos fue la llamada Operación Antropoide, la cual consistió en enviar unos comandos a su país para asesinar al líder nazi, que gobernaba el territorio en ese momento, Reinhard Heydrich.
En 1942, los comandos enviados lograron su objetivo, pero a costa de sus propias vidas y la de miles de checos que fueron asesinados por los nazis, a causa de la represión por este hecho.
Desde su lugar de exilio siguió organizando el futuro de su país. Por ello, en 1943, firmó una alianza con la URSS, seguramente, porque ya veía que le convendría llevarse bien con los rusos en la posguerra, pero le sirvió de poco.
Tras la sangrienta Insurrección de Praga, en mayo de 1945, Benes volvió a su país y fue confirmado como presidente por la Asamblea Nacional, hasta la elección de un nuevo presidente. En junio de 1946 fue elegido como nuevo presidente.
Todavía se discuten mucho los llamados Decretos Benes, promulgados por Benes durante el exilio y puestos en práctica al final de la II Guerra  Mundial, por los que millones de antiguos ciudadanos de Checoslovaquia, de origen alemán y húngaro, perdieron su nacionalidad y todos sus bienes.
Este tema es hoy en día muy controvertido, llegando algunos especialistas a considerarlo como una limpieza étnica, aunque ese concepto no existía en ese momento.
Lo que sucedió es que estas normas obligaron a una deportación masiva de estos ciudadanos, hacia Alemania y Hungría, sufriendo por el camino malos tratos y vejaciones de todo tipo. Incluso, provocó la muerte de muchos de ellos a manos de los checoslovacos.
Todavía hoy en día no se han aclarado estos temas, a pesar de que, tras la Caída del Muro, a muchos de ellos se les devolvió su nacionalidad,  sin embargo,  muchos descendientes de esos expulsados no han vuelto a recuperar sus bienes. Incluso, han tenido que acudir a la misma ONU, para que les apoyara en sus reivindicaciones.
A partir de 1947 se empezaron a ver los planes de Stalin para este país. Para empezar, consiguió meter a uno de los suyos, Klement Gottwald, como nuevo primer ministro.
La estrategia de los comunistas en todos los países del futuro Bloque Socialista, siempre fue meter a unos cuantos ministros de los suyos en el Gobierno. No hacía falta que fueran muchos, pero sí que controlaran los puestos estratégicos, como Defensa, Interior, Hacienda, etc.
La mayoría de sus ministros no comunistas dimitieron en protesta por la actuación de la policía, muy favorable para los comunistas. Esta situación la aprovechó Gottwald para exigir a Benes que aceptara un nuevo Gobierno, donde ya la mayoría era comunista.
A Benes no le quedó otra que ceder, pues los comunistas habían acumulado mucho poder y el Ejército Rojo aún estaba asentado en su país.
Las siguientes elecciones fueron todo un escándalo, para un país que siempre fue decididamente demócrata. A los votantes sólo se les permitió votar al Frente Nacional. Un partido donde la mayoría eran comunistas. Ya se sabe que los comunistas no deseaban “levantar la liebre”, denominando a las cosas por su nombre. Igual que siempre se llamaron en todos los países de ese Bloque  “partidos socialdemócratas” y cosas por el estilo.
El siguiente paso fue que la nueva Asamblea Nacional, dominada ya por los comunistas, creara una nueva constitución muy al gusto de Moscú. Como Benes se negó a promulgarla, tuvo que dimitir el 07/06/1948 y Gottwald le sucedió en su cargo.
Todos estos sucesos mermaron gravemente su salud y esto trajo como consecuencia que falleciera por causas naturales en su casa el 03/09/1948.

Esta vez reconozco que me ha quedado un poco largo este artículo, pero lo he creído necesario para poder explicar claramente la época en la que se desarrollaron estos hechos. Espero que os haya gustado.

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