ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 13 de febrero de 2015

EL FAMOSO ALMANAQUE GOTHA



Dado que hoy es San Valentín, me voy a salir de mi línea más habitual y voy a dejar de hablar de guerras, asesinatos, ejecuciones y todas esas cosas desagradables, que no le gustan a nadie. En su lugar, voy a escribir sobre un asunto mucho más mundano y agradable.
Esta vez, voy a dedicar mi artículo a hablar sobre una publicación que se hizo muy famosa durante varios siglos. Como trataba sobre la nobleza, pues sólo era famosa entre estos círculos. Hemos de suponer que al resto de las clases sociales les importaría un rábano, aunque luego veremos que no fue así. Desde luego, aunque una persona se pasara toda su vida presumiendo de nobleza, si no salía en ella, no era nadie.
Este Almanaque comenzó a publicarse nada menos que en 1764, en una ciudad llamada Gotha, situada en Turingia, la cual estaba por entonces dentro el Estado de Sajonia. De ahí viene su nombre.
Al principio,  se trataba de una publicación muy pequeña. Sólo tenía 20 páginas y estaban escritas en francés, que era el idioma oficial de aquella y de otras cortes europeas. Más tarde, también salió otra edición en alemán.
Supongo que, para rellenar un poco el libro, aparte de un detallado árbol genealógico de la Casa de Sajonia, también se podían encontrar en él un calendario astronómico, unas hojas para que los jugadores pudieran anotar sus ingresos y pérdidas en el juego y un boletín con la circulación del correo por el Principado.
Más adelante, le fueron añadiendo una serie de anécdotas más o menos curiosas, efemérides históricas y, como ya se le veía cierta vocación internacional, consejos sobre lugares donde comer y dormir por todo el continente europeo.
Incluso, ya se empezaron a publicar los datos demográficos de los países y la población que podría estar en edad militar.
Parece ser que se corrió la voz por las cortes europeas y pronto empezaron a aparecer en esa publicación otras casas reinantes en Europa.
En algunos sitios se llegó a utilizar esta revista para resolver problemas de protocolo, siguiendo las indicaciones que aparecían publicadas en ella. Por ello, cuando había discusiones sobre quién debería de ir delante de quién, muchos jefes de protocolo lo consultaban en sus páginas.
Como todo el mundo sabe, con la llegada de la Revolución Francesa, hubo muchos movimientos entre las monarquías europeas. Unos tuvieron que salir a escape y a otros ni siquiera se lo permitieron y los llevaron al cadalso.
Luego llegó Napoleón, el cual se empeñó en que su familia y sus amigos emparentaran con las dinastías más importantes de Europa.
Ahí se lo tuvieron que pensar mucho los del Gotha para poder colocar correctamente a esos recién llegados a las monarquías europeas.
Tras la época napoleónica, el Almanaque se dedicó casi por entero a la genealogía de las monarquías europeas, prescindiendo de otros datos de interés.
A partir de 1874, la revista experimentó un gran cambio. Ya no se iba a dedicar en exclusiva a las monarquías europeas y a la nobleza germánica. Ahora también aparecerán en sus páginas los miembros de las casas ducales de Rusia, Francia, Reino Unido e Italia. A partir de entonces va a ser el libro más consultado por la nobleza europea.
En 1890 se perfila la forma en la que va a permanecer hasta el final. Se va a dividir en 3 partes. La primera es un Anuario Genealógico. La segunda es un Anuario diplomático y estadístico, donde ya figurarán los principales gobernantes, diplomáticos y militares del mundo. La tercera parte consistiría en una relación de todos los reyes del mundo, relacionados según su edad. Incluso, se indicaba la fecha de su coronación y la del aniversario de cada monarca.
Dentro del primer apartado, que estudiaba la genealogía, que era el más importante, se abrían otros 3 donde se daban más detalles.
En ese primer sub-apartado se detalla la genealogía completa de las casas reinantes en esa época y también de las que han sido destronadas, tras el célebre Congreso de Viena, finalizado en 1815. Aquí, se puede considerar, que estaba la gente con la sangre más azul.
En el segundo sub-apartado aparecían exclusivamente los príncipes alemanes, cuyos títulos eran anteriores a la creación del Sacro Imperio. Estos gozaban del tratamiento de Alteza Serenísima, mientras que los que tenían unos títulos posteriores a esa fecha sólo podían ser llamados Alteza Ilustrísima.
En el tercer sub-apartado se podían contemplar los datos de los miembros del resto de las casas nobiliarias de Alemania. También las del Imperio Austro-Húngaro, así como las casas ducales de Reino Unido, Francia, Bélgica, Italia y España.
En el siglo XX aumentó este sub-apartado con la llegada de  los nobles,  con títulos concedidos por el Papa y los que tenían los muchos títulos que concedió Alfonso XIII. Dicen que este monarca encontró ahí una de sus mejores fuentes de financiación. Consistía en cobrar una pasta por cada título nobiliario. Todo un filón.

Incluso, se dice que muchos ricos extranjeros se dieron una vuelta por aquí, para conseguir uno de esos títulos, ya que los monarcas que gobernaban en sus respectivos países se negaban a hacerlo.
A veces, se daba el caso de que los miembros de pequeños principados aparecían en el Gotha con un linaje muy superior al que se les atribuía a otros de grandes potencias.
Eso les vino muy bien a los miembros de esas dinastías tan reverenciadas, como los Sajonia, pues consiguieron casarse con miembros de las familias reinantes de Reino Unido, Bélgica, Bulgaria y Portugal.
Como los redactores de esta revista eran muy conservadores, además de que se les consideraba insobornables, pues, cada vez que se producía un matrimonio morganático o desigual, “condenaban” a esa persona a salir del Almanaque o, lo que era casi peor, a ser relegada al último grupo.
A partir de las revoluciones liberales que recorrieron el suelo de Europa en 1848, las monarquías tuvieron que hacer grandes esfuerzos para poder continuar. Casi todas tuvieron que renunciar al absolutismo y ponerse al servicio de su pueblo.
Con el surgimiento de los nuevos ricos burgueses aumentó el número de las suscripciones, pues allí es donde debían buscar a un miembro de una familia importante para dar mayor lustre a su apellido y ennoblecerlo.
Era la época de los ricachones procedentes de Brasil, los armadores griegos, los industriales americanos y muchos más.
El siglo XX trae también otras modificaciones al famoso Almanaque. Aumenta el tamaño de la publicación. Cambia el color verde oliva de su portada por el carmesí. Incluso, sus páginas pasan de ser de papel grueso al fino papel Biblia. Es conveniente explicar que, por entonces, ya tenía 1.225 páginas en 2 tomos.
Se siguen publicando en sus páginas los retratos dibujados de los monarcas que se han casado el año anterior.
Ya en los años 20, se sustituyen estos dibujos por fotografías de los miembros de las casas reales y de los políticos importantes de cada país.
Tras la I Guerra Mundial desaparecen varias monarquías europeas. Luego, ya en los 30, también cae la monarquía española y todas las de los Balcanes.
En esos años el Almanaque fue sobreviviendo a duras penas, a pesar de que al régimen de Hitler no le gustaba nada esa publicación.
De todas formas, hay que decir que había “tortas” para que se publicara el nombre de
alguien en ese Anuario. Era la forma más efectiva de confirmar su nobleza.
También fue siempre y sigue siendo un buen instrumento de trabajo para los historiadores especializados en esa época.
A finales de la II Guerra Mundial, la zona donde se publicaba fue invadida por el ejército de la URSS. Todos sus archivos fueron incautados y destruidos y no se volvió a publicar más en esa ciudad.
A finales del siglo XX se ha vuelto a publicar un Almanaque parecido en Londres, estando apoyado por varios monarcas, entre ellos nuestro antiguo rey, Juan Carlos I.
Espero que os haya gustado y que paséis todos un feliz día de San Valentín.

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