ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

lunes, 16 de marzo de 2015

LA LEYENDA DE UGOLINO Y SUS HIJOS



Ya sé que me vais a decir que cada día traigo más gente rara al blog, pero yo creo que esta historia no os va a defraudar. Además, de los personajes más corrientes ya habla todo el mundo. Así que no tiene mucho mérito.
El conde Ugolino della Gherardesca fue un noble de Pisa. No sería  correcto decir de Italia, porque este país no existía, por entonces.
Nació hacia 1220 en esa ciudad, en el seno de una familia noble y perteneciente  al partido de los gibelinos, también llamado el partido del emperador. Como contrapartida, estaba el de los güelfos, también llamado partido de la Iglesia.
Durante los siglos XII y XIII, en lo que hoy llamamos Italia, hubo muchas luchas, pues el territorio se dividió entre esos dos partidos. En esa época, hubo muchas luchas para poder dirimir quién debería mandar sobre la Cristiandad.
En realidad, estos nombres procedían de Alemania, donde unos apoyaban a los duques de Baviera, a los que llamaban Welf, y otros a la familia Hohenstaufen, a los que llamaban Waiblingen, que degeneró en gibelino, al llegar a Italia.
Se cree que estos partidos nacieron en Italia, cuando el emperador Federico Barbarroja se anexionó varias zonas de esa península.
La liga Lombarda defendió sus derechos y los de las comunas, ante los intentos de apropiación de los mismos, por parte del emperador. Estos fueron llamados güelfos y apoyaron el poder del Papa para contrarrestar el del emperador.
Este partido solía estar formado por las familias enriquecidas por el comercio. Mientras que los gibelinos, que apoyaban el poder del emperador, solían ser propietarios agrícolas y ganaderos.
La cosa llegó a tal extremo que el propio emperador, Federico Barbarroja, fue vencido en 1176, en la batalla de Legnano y tuvo que reconocer la autonomía de las ciudades pertenecientes a la Liga Lombarda.
Estas rivalidades llegaron a provocar que una ciudad se proclamara, en su totalidad, partidaria de una causa u otra y presentara batalla contra la rival. Esto ocurrió en varias ocasiones, como la batalla de Montaperti, que tuvo lugar en 1260. Este enfrentamiento duró hasta el siglo XV.
Hubo ciudades, como Florencia, donde se alternó durante un tiempo el control por uno u otro partido. Incluso, como anécdota, se puede decir que algunos vistieron de cierta manera, para indicar a qué partido pertenecían. Otros llevaban una pluma en un lugar determinado del
sombrero, etc.
Los gibelinos optaron por una bandera con una cruz blanca sobre un fondo rojo, que era la bandera del Sacro Imperio. Por el contrario, los güelfos, optaron por una bandera parecida, pero con los colores a la inversa. O sea, una cruz roja sobre un fondo blanco.

Todavía, hoy en día, podemos saber si una ciudad fue de un partido u otro observando su escudo. Esto ocurre con las antiguas ciudades gibelinas de Pavía, Novara, Treviso, Módena, Pisa, etc.
Lo mismo ocurre en los casos de antiguas ciudades güelfas como
Milán, Padua, Bolonia, Cremona, Florencia, etc.
Una vez aclarado este tema, tengo que decir que Pisa, la ciudad de nuestro personaje, se decantó por los gibelinos, mientras que sus vecinas de alrededor se fueron al bando contrario.
Esto hizo que en Pisa se viviera constantemente en una situación de emergencia y, por ello, se le dio a su gobernante el título de podestá, para que tuviera unos poderes casi dictatoriales.
Ugolini era uno de los jefes de la facción gibelina. Su familia siempre tuvo muy buenas relaciones con los emperadores de la dinastía Hohenstaufen, lo cual hizo que ésta destacara sobre las demás.
En 1252 fue nombrado gobernador de Cerdeña, por el emperador Federico II, permaneciendo en ese puesto hasta que las tropas de Génova conquistaron esa isla, en 1259.
Precisamente, unos años antes, había casado a su hijo, Güelfo, con una hija del rey Enzo de Cerdeña.
Después, fue nombrado Podestá de Pisa, tomando una serie de medidas que no gustaron a muchos de sus conciudadanos.
En 1271 aprobó el matrimonio de su hermana con Giovanni Visconti, aliándose con esta familia, que eran los líderes del partido contrario. Esto levantó muchas sospechas entre sus compañeros de partido.
En 1274, ambos fueron encerrados, acusados de realizar un complot para destruir el gobierno de Pisa, para unirse con otras ciudades.
Una vez puestos en libertad, tuvieron que exiliarse. No perdió el tiempo, pues consiguió reunir muchos partidarios güelfos en Florencia y Lucca y, junto con la ayuda prestada por el rey francés, Carlos I, consiguió atacar Pisa y hacerse de nuevo con el poder.
Los partidarios de Ugolino, capitaneados por sus hijos, Güelfo y Lotto, vencieron en 1275 a las tropas de Pisa en la batalla de Bolgheri.
Así que, al año siguiente, los pisanos tuvieron que aceptar que volvieran todos los exiliados y devolverles los bienes que les habían confiscado.
En 1282 hubo una nueva guerra entre Pisa y Génova. Esta vez, las fuerzas pisanas iban capitaneadas por Ugolino.
No hay mucho acuerdo en lo que pasó en la batalla de Meloria, en 1284, lo cierto es que las naves de Ugolino se retiraron antes de tiempo y su hijo, Lotto, cayó prisionero del enemigo.
Ese mismo año, se reanudó el conflicto contra Pisa. El problema es que esta vez se habían aliado contra ella nada menos que Génova, Florencia y Lucca.
Los pisanos recurrieron a Ugolino y le nombraron podestá. Éste, recurriendo a ese dominio de la diplomacia, que les es tan querido a los italianos, consiguió firmar unos tratados, por separado, con Florencia y Lucca. Así que Génova tuvo que seguir haciendo la guerra por su cuenta contra Pisa.
En 1286, asoció a su puesto a su sobrino Ugolino Visconti, también llamado Nino. Cuando el pueblo de Pisa pretendió que hiciera un tratado con Génova, para que volvieran los prisioneros a la ciudad, se opuso vivamente, aduciendo que eso iba en contra de los intereses de Pisa en Cerdeña.
Tal vez, eligió esa postura, porque él aún tenía intereses personales en esa isla o también para que no volvieran, al menos, de momento, gentes que le podían haber descabalgado del poder en Pisa.
La familia Ubaldini organizó un complot para derrocarle, comenzando por un levantamiento popular.
El 01/07/1288, el arzobispo Ruggieri degli Ubaldini lanzó las masas populares contra los partidarios de Ugolino. Hubo luchas por toda la ciudad, hasta que consiguieron vencer a nuestro personaje y capturarle.
Fue encerrado por orden del arzobispo en la torre Gualandi, también llamada Mida. No obstante, siguiendo las costumbres del lugar, sus familiares intentaron pagar su rescate. Algo que no fue aceptado por el clérigo.
Junto con él, fueron encerrados en esa torre, sus hijos Gaddo y Uguccione y dos nietos, Nino y Anselmuccio. El arzobispo les condenó a todos a morir de hambre, prohibiendo que se les socorriera, ni siquiera les permitió la tradicional asistencia religiosa a los moribundos. Incluso, tiró al río las llaves de la torre.
En marzo de 1289, cuando ya no se escuchaba ningún ruido en la torre, se procedió a abrir la celda y se les encontró a todos muertos. Sus restos fueron enterrados en la iglesia de San Francesco.
Una leyenda decía que Ugolino había muerto el último, por lo que la única explicación es que se hubiese ido comiendo a los que iban muriendo.
Por eso, los muchos artistas que han retratado a ese grupo, lo representan como un caníbal, mordiéndose sus propios dedos.
No obstante, estudios más recientes ponen en duda esa versión, pues no han encontrado ninguna evidencia de antropofagia en los cadáveres.
Este suceso se hizo famoso por aparecer en la obra “La Divina Comedia”, dentro  de “El Infierno”, de Dante, donde se le cita, devorando el cuerpo de su enemigo el arzobispo. Incluso, sus hijos le invitan, en la obra, a que devore sus propias carnes, "pues a él se las debían".

  








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