ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 12 de marzo de 2015

LA REBELIÓN DE MASANIELLO



A lo mejor, este título, así, de pronto, no os dice nada, pero ya veréis cómo la Historia se repite una y otra vez y así comprobaremos que no somos tan diferentes de nuestros antepasados, como podría parecer a primera vista.
Tommasio Aniello d’Amalfi, que así es como se llamaba realmente nuestro personaje de hoy, nació en 1620, en una villa cercana a Nápoles, aunque hay mucha discusión sobre ese particular. Luego, vivió toda su vida en el barrio del Mercado, en Nápoles.
Su familia era modesta, pero no demasiado pobre, gracias a que su padre era pescador y también  comerciante. Tenía otros dos hermanos y una hermana. Todos menores que él.
Hay que destacar que, por entonces, la ciudad de Nápoles era una de las más pobladas de Europa, con más de 250.000 habitantes y pertenecía a la Corona española, desde su conquista, en 1504, por el reino de Aragón.
En aquellos años, del siglo XVII, España se enfrentaba en varios conflictos a la vez a sus enemigos tradicionales, por lo que, como es lógico, pero no ético,  tuvo que aumentar mucho los impuestos.
Masaniello siempre fue un pescador más y se vestía como tal. O sea, con una camisa y un pantalón de algodón, una gorra e iba siempre descalzo.
Su aspecto, habitual era el de un hombre curtido por el sol, de estatura normal, piel morena y pelo y bigote de color castaño. El pelo solía sujetarlo con una coleta, como era habitual entre las personas dedicadas a ese oficio.
En algunas ocasiones, se dedicó al contrabando, para sortear los altos impuestos que había en ese virreinato y fue encarcelado varias veces por ello.
Parece ser que uno de los motivos que le enfrentaron al Gobierno fue que su mujer fue detenida y le impusieron una fuerte multa para que lograra salir de la cárcel. Así que tuvo que endeudarse mucho para poder sacarla.
Según dicen, Masaniello, conoció en la cárcel a varios personajes que cambiarían su vida. Uno de ellos fue el abogado Marco Vitale, que le puso en contacto con otros miembros de la emergente y descontenta burguesía napolitana, y también el sacerdote y abogado Giulio Genoino, que fue quién le influyó en mayor medida y, además, fue el ideólogo de su futura insurrección.
Como lo que ocurrió más adelante en Francia, en Nápoles, los individuos del Tercer Estado, concretamente, la burguesía, pugnaban, por entonces, por tener un papel
más significativo en el Gobierno de su territorio. Sobre todo, porque, al ser los que tenían una mayor fortuna, eran los que pagaban los mayores impuestos.
Tras el intento de Genoino, en 1620, de ser escuchado por el duque de Osuna, entonces, virrey de Nápoles,  fracasó y fue encarcelado.
En 1639 fue puesto en libertad, volviendo a su ciudad para fomentar la rebelión contra el poder del virrey. Se formó una camarilla a su alrededor, compuesta por Francesco Antonio Arpaja, Fray Savino Boccardo, Marcos Vitale y algunos más.
Si una pequeña guerra genera grandes gastos, podremos imaginarnos lo que costó la famosa Guerra de los 30 años, que duró entre 1618-1648.
Evidentemente, los gobernantes no tuvieron ningún problema para presionar más a sus súbditos, subiendo los impuestos de una forma desmedida, para seguir con su fastuoso tren de vida. Sin importarles para nada, que se pudieran morir de hambre.
Este descontento fue aprovechado por los revolucionarios habituales para sublevar a un pueblo muy descontento con sus gobernantes.
La rebelión comenzó en Palermo (Sicilia) en 1647 y luego se propagó al cercano virreinato de Nápoles. La causa esgrimida fue la creación de un fuerte impuesto sobre la fruta, que era lo poco que les dejaban comer a los pobres.
El 07/07/1647, se registró el primer enfrentamiento a las puertas de la ciudad de Nápoles, entre los vendedores de frutas y los aduaneros del virrey. Ante la violencia ejercida por los fruteros, los aduaneros tuvieron que salir huyendo, mientras que el puesto de aduanas fue quemado por los manifestantes.
Posteriormente, marcharon sobre la ciudad y llegaron al palacio del virrey, entonces el duque de Arcos, el cual tuvo que huir a varios sitios, perseguido de cerca por la multitud.
Por lo que se ve, Masaniello tomó el mando para calmar los ánimos e impartir Justicia. Algunos revolucionarios que sólo acudieron a la ciudad para montar más jaleo, fueron condenados y ejecutados por los rebeldes. Éstos nombraron a Masianello capitán general de sus fuerzas.
Incluso, a estas alturas, como la voz se había corrido por las ciudades vecinas, éstas también se rebelaron contra la autoridad del virrey.
Realmente, la intención de Masianello no era derribar al virrey, sino trabajar con él para rebajar el poder de la nobleza en la ciudad. Seguramente, esto se lo había enseñado su maestro, Genoino, pues era lo que quería la burguesía.
Llegaron a asaltar todos los arsenales y pusieron en libertad a todos los presos. No obstante, nuestro personaje, llegó a negociar con el virrey, el cual les dio todo lo que le pedían.
Una semana después, con la mediación del arzobispo de Nápoles, el virrey y Masianello firmaron un convenio por el que todos  los rebeldes fueron indultados, los nuevos impuestos fueron cancelados y todo eso quedó pendiente de la aprobación por parte del rey, Felipe III de España.
Parecer ser que el virrey quiso atraerse a Masianello a base de darle grandes honores y condecoraciones. Algunos dicen, incluso, que fue envenenado por el virrey, porque le cambió rápidamente su personalidad. Igual sólo fue que se le subieron los honores a la cabeza.
Los nobles de la ciudad se negaron a perder su poder e intentaron asesinar a
nuestro personaje. No obstante, el virrey, en una ceremonia donde todo el mundo vistió sus mejores galas, nombró a Masianello capitán general de la ciudad, sentado en una silla dorada y en el interior de la catedral.
Aunque la mayoría de la gente seguía estando a sus órdenes, sus amigos le fueron abandonando poco a poco, al verse traicionados por él.
Masianello, al fin comprendió, a finales de 1647,  que se había alejado de la gente y se fue a la iglesia del Carmen, donde el arzobispo estaba celebrando una misa.
Aprovechando el gentío, se decidió por dar una arenga a la multitud, insultando a algunos de los ciudadanos. Fue arrestado, por ello, y, más tarde, asesinado por un grupo de comerciantes de granos.
Su cabeza fue llevada a presencia del virrey, por si quería darles alguna recompensa, y su cuerpo fue enterrado fuera de la ciudad, como se hacía habitualmente con los delincuentes que habían sido ejecutados por la Justicia.
Poco después, al ver la gente que se volvía a las habituales trampas virreinales, exhumó el cadáver de Masianello, y lo enterró con un gran ceremonial, reivindicando su memoria. En un acto donde acudió hasta el mismo virrey a rendirle honores.
La situación revolucionaria no se apagó con este entierro. El virrey tuvo que negociar con Genoino, pero éste tampoco pudo apaciguar a la gente y tuvo que exiliarse.
No hay que olvidar que el rey, en lugar de apaciguar a la gente, tomó una medida habitual en esa época, como fue la de mandar una flota al mando de Juan José de Austria, para bombardear, desde el mar, los barrios donde aún se asentaban los revolucionarios.
Bajo el liderazgo del artesano armero Gennaro Annese, se proclamó una república napolitana, que contaba con la protección de Francia (¡qué casualidad!), bajo el mando de Enrique de Lorena, duque de Guisa, el cual tenía ciertos derechos sucesorios sobre la corona del antiguo Reino de Nápoles.
La nueva república nació con poco futuro, pues las fuerzas virreinales la rodeaban, sin posibilidad de que le llegaran suministros por ningún sitio.
Además, el virrey, supo atraerse a los nobles napolitanos y quizás también a la burguesía, para que actuaran a su favor como espías o saboteadores. Ahora la rebelión  se había convertido en popular y, seguramente, ya no les servía adecuadamente a sus intereses.
A mediados de abril de 1648 se produjo la salida de Enrique y la reconquista por parte de las tropas virreinales.
La flota francesa llegó algo más tarde y ya no consiguió volver a reconquistar la ciudad. Tuvo que enfrentarse a una eficaz flota española, que le derrotó en varias ocasiones.
El líder, Genanro Annese, que había sido encarcelado por el virrey, fue juzgado y condenado a muerte,  para ser, más tarde, decapitado en la plaza del Mercado de Nápoles. Precisamente, el mismo barrio donde vivió Masianello.  A lo mejor, lo hicieron, precisamente, por eso.

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