ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 21 de marzo de 2015

MARGARITA RUIZ DE LIHORY, LLAMADA LA MATA-HARI ESPAÑOLA



Esta vez traigo al blog a un personaje con el que me he topado de forma involuntaria y que me ha parecido muy interesante.
La verdad es que no hay muchos datos concretos sobre la misma, pero, al menos, intentaré mencionar los que parecen estar más claros.
Nació en el seno de una familia noble, por lo que me ha parecido muy raro que no se pongan de acuerdo sobre el año de su nacimiento. Parece ser que la mayoría dicen que nació en 1888.
Su padre fue José María Ruiz de Lihory y de Pardines, barón de Alcahalí y de Mosquera, que llegó a ser gobernador civil de Baleares, concejal en el Ayuntamiento de Valencia y diputado en las Cortes, en 1904.
Su madre fue Soledad Resino y de la Bastida, VIII condesa de Val del Águila y VI Marquesa de Villasante.
En algunos artículos se cita a nuestro personaje como marquesa de Villasante, pero yo creo que este título y los demás, los heredó su hermana mayor, Soledad, ya que ella era la segunda.
Casó con sólo 17 años con Ricardo Shelly, un valenciano de una familia muy conocida allí y que trabajaba en una compañía de seguros.
Durante este matrimonio, a Margarita aparte de tener 4 hijos, le dio tiempo a licenciarse en  Derecho en sólo 2 años y también estudió 2 cursos de Medicina y algo de idiomas. También conducía ya su coche, cuando ninguna mujer aún lo hacía.
Margarita se hizo muy feminista, lo cual no casaba con las costumbres del momento. Así que, unos años después, según parece, a causa de las infidelidades de su esposo, decidieron divorciarse.
De esa manera, tras dejar sus hijos a su madre, recobró su libertad
y, gracias a sus contactos, consiguió una credencial como periodista, marchándose nada menos que al norte de África, para ser la primera corresponsal femenina de un diario español. En este caso, se trataba de “La correspondencia de España”. Más tarde, también lo sería de otros periódicos de Madrid.
Así que de esa manera fue, en todo el mundo,  la primera corresponsal de prensa en otro país y además, en una situación como la Guerra de África.
Fue reclutada por el famoso general Primo de Rivera, el padre de José Antonio,  para espiar en la zona. Parece ser que se habían conocido antes, cuando el militar había sido capitán general de Valencia.
Incluso, se disfrazó de moro, en varias ocasiones, para hacer llegar mensajes del Gobierno español al sultán de Marruecos.
Además, se hizo muy amiga del cabecilla rebelde Abd-el-Krim, para el que también espió, aunque sólo en el Marruecos controlado por Francia.
En esa época, hizo buenas amistades con algunas personas que luego pasaron a primer plano. Como fue el caso del futuro general Franco. Decían que era de las pocas personas a quien él admitía que le tutearan, porque, en una ocasión, ella le advirtió  que los moros le habían preparado una emboscada.
Dicen que también brilló en el arte de la pintura. Quizás, por eso, al acabar la guerra, se embarcó hacia América, donde  retrató a los presidentes de Cuba, México y USA.
Tras la muerte de su madre, tuvo que regresar a España, donde se quedó ya definitivamente a vivir con sus hijos.
Fue amiga del famoso escritor Vicente Blasco Ibáñez, quien la introdujo en el novedoso mundo del cine, lo que le llevó a ser productora de algunas películas. También lo fue del pintor Sorolla y hasta del famosísimo fabricante Henry Ford.
Como siempre fue una mujer muy seductora, se le suponen muchos amoríos con personajes de su época.
Dicen que, tras su vuelta a nuestro país, siguió haciendo algunas labores de espionaje por encargo de Primo de Rivera. Algunos afirman que hasta  llegó a espiar al ilustre escritor Unamuno.
A finales de los años 30, conoció a un abogado llamado José María Bassols, el cual tenía uno de los bufetes más conocidos de Barcelona. Se enamoraron, y, tras divorciarse él de su esposa, se casaron.
Luchó denodadamente a favor de la causa de la mujer y de la infancia, durante el período de la II República.

También daba conferencias. En una de ellas dijo que “la mujer debe de buscar su placer y no el del hombre. Debe de buscar su realización en la vida activa y no solo en el matrimonio. Debe participar en la política, en el trabajo, en la lucha…”.
En esa ciudad pasaron la Guerra Civil y, según comentan algunos, como ya tenía experiencia en el mundo del espionaje, participó en ese conflicto dentro de la famosa Quinta Columna, aunque fuera en Barcelona.
Parece ser que siempre tuvo mucha afición por el esoterismo y la magia  negra, teniendo sus casas decoradas con objetos propios de esos ritos.
Incluso, se comenta que en una casa que tuvo en Albacete, llegó a recoger a dos antiguos médicos nazis, que huían de los aliados, los cuales siguieron practicando experimentos en el sótano de su casa.
En 1954 saltó un escándalo, pues uno de sus hijos presentó una denuncia contra ella. Resulta que en la misma afirmaba que su madre, que, por entonces, ya con 67 años, residía en la calle Princesa, 72 de Madrid, tenía la costumbre de tener muchos animales domésticos en casa y, cuando morían, los diseccionaba.
El problema es que la criada les había dicho a los hijos que sospechaba que hubiera hecho lo mismo con su difunta hija, que había fallecido unos días antes, aquejada de una enfermedad no aclarada, aunque probablemente fuera leucemia.
Tras una orden judicial, se buscó por toda la casa, encontrándose unos ojos humanos, una lengua y una mano de mujer, dentro de una lechera de plástico y latón y flotando en alcohol.
Lógicamente, el juez, Aguado González, ordenó, posteriormente, la exhumación del cadáver y se comprobó que todos los restos procedían de la difunta. Incluso, la había depilado el vello púbico, siguiendo la costumbre propia de los musulmanes.
Aunque algunos afirman que no fue ella la que realizó las amputaciones, sino aquellos extraños médicos nazis,  nuestro personaje y su marido fueron ingresados inmediatamente en el Hospital Psiquiátrico de la cárcel de Carabanchel.
De hecho, tras este suceso, nunca más se volvió a ver por nuestro país, a esos dos médicos nazis. Incluso, se afirma que la propia CIA estuvo investigando sobre la estancia de estos nazis en España.
Alguien comentó que nuestro personaje pretendió con esas partes del cuerpo de la difunta, realizar una ceremonia ritual para hacer resucitar a su hija.
Dicen que su marido estuvo allí encerrado poco tiempo, pero que ella recuperó la libertad de inmediato, gracias a una oportuna llamada procedente del Palacio del Pardo.
En el juicio, por la profanación del cadáver de su hija, el cual se prolongó durante más de 10 años, se alegaron motivos muy pintorescos. Uno de ellos fue que, si Franco conservaba en su poder el brazo incorrupto de Santa Teresa, no tendría por qué ser un problema que ella conservara algunos órganos de su difunta hija, porque, para ella, era una santa.
Evidentemente, el juicio acabó con unas penas totalmente  ridículas. No se podía esperar otra cosa en un caso como éste, con gente con amistades en las más altas esferas del país.
Todo terminó con sendas multas para ambos de 5.000 Ptas., actualmente, unos 30€, y una pequeña condena de 3 meses de arresto, que no cumplieron, claro está.
Al final, un triste día de 1968,  murió en su casa de Albacete, sola y arruinada, y, según dicen, habiendo malvendido todas sus propiedades para poder subsistir.

3 comentarios:

  1. Bueno pero ella no mato a su hija, por que tanto lio, solo era una cientifica, se inspiro en conocimiento arabe, de la medicina no tiene realmente mucho de malo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, no sé de qué país será Vd., lo que le puedo decir es que en España existe un respeto por la vida humana y por los restos mortales de los difuntos.
      Así que no se puede realizar una exhumación, salvo que lo ordene un juez y para un motivo muy concreto.
      Esta mujer realizó una serie de actos que, entonces, eran ilegales y lo siguen siendo ahora.
      La única diferencia es que la pena que figuraba, por estos actos, en el Código Penal, era mayor y ahora es más leve.
      A ella la salvó su amistad con el entonces Jefe del Estado, Franco.
      Saludos.

      Eliminar