ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 18 de abril de 2015

FRÉDÉRIC PASSY, UN HOMBRE DE PAZ



Como, últimamente, hay una gran cantidad de conflictos en el mundo y tras la Semana Santa, me apetece hablar de un personaje que dedicó toda su vida a luchar a favor de la paz. A lo mejor, por eso, en el mundo actual, donde en todos los medios de comunicación parece que se le rinde culto a la violencia, pues no aparece este tipo de gente ni por asomo.
Este hombre tan barbudo, que podemos ver en las fotos, fue Frédérick Passy, el cual nació en París, un día de mayo de 1822.
De su padre sólo se dice que había luchado en la famosa batalla de Waterloo. Sin embargo, uno de sus tíos, Hipolytte,  fue ministro de Finanzas de Francia tanto durante el mandato de Luis Felipe como en el de Luis Napoleón, luego emperador Napoleón III.
Nuestro hombre empezó estudiando Derecho, pero, como por lo visto, tras haber terminado la carrera,  no tuvo mucho éxito, pues se puso a trabajar como contable en el Consejo de Estado.
Su tío, el ministro, le animó a estudiar Economía, cosa que hizo, retirándose de su puesto en el Consejo, tras haber trabajado allí durante 3 años.
Como siempre tuvo un ferviente espíritu republicano, tras la llegada del Segundo Imperio, en 1851, de la mano de Napoleón III, se negó a prestarle obediencia y se retiró de toda actividad política. Con ello quedó marcado por el nuevo régimen y se convirtió en periodista.
En ese período tuvo que sobrevivir dando clases y conferencias en las universidades, así como escribiendo libros. Esto último empezó a darle cierta popularidad en su país.
Ya por entonces, entre sus colegas de profesión, se le consideraba uno de los mejores teóricos de la Economía.
Algunas de sus conferencias, que luego fueron recogidas en dos volúmenes, llamaron mucho la atención del público y de sus colegas.
Se podrían mencionar “Las máquinas y su influencia en el desarrollo de la Humanidad” (1866), Malthus y su doctrina” (1868), “Historia del trabajo” (1873). Su interés por la educación se pudo comprobar en “De la propiedad intelectual” (1859) y “La Democracia y la Educación” (1864).
En 1857 escribió su primera obra “Melanges economiques”, donde
se definió como seguidor del librecambismo. Precisamente, porque, para él, el libre intercambio de mercancías daría lugar a un libre intercambio de ideas entre los ciudadanos de los países y eso promovería la paz en el mundo.
Otras de sus obras más famosas fueron “La guerra y la paz”, de 1867 y la “Historia del movimiento de la paz”, de 1905. A partir de  esta última se origina el Derecho Humanitario.
Durante el II Imperio fue partidario de hacer una reforma educativa y de oponerse, en 1867,  a la guerra con Prusia, sobre la cuestión de Luxemburgo, para lo cual lanzó toda una campaña en la prensa. También se opuso a la guerra de Crimea.
Al mismo tiempo, siendo diputado republicano, independiente y de izquierdas, siempre se opuso en la Cámara a la política colonial francesa, por ser contraria al librecambismo que él propugnaba.
En 1868 fundó la Liga internacional
y permanente de la paz, para intentar evitar todo tipo de conflictos bélicos.
Con la llegada de la guerra franco-prusiana esta organización fue disuelta. Así que creó, en su lugar, la Sociedad francesa de amigos de la paz, que llegó a hacer un congreso en París, coincidiendo con la Exposición Universal de 1878.  En 1889 pasó a ser la Sociedad de arbitraje entre las naciones.
Tras la caída del II Imperio se le empezaron a reconocer sus méritos, nombrándole, en 1877, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia y otorgándole, posteriormente,  la Legión de Honor.
En 1881 fue elegido diputado y así pudo defender sus ideas sobre unas reformas en la política exterior, en la política educativa y en la normativa laboral, incidiendo en una mayor cobertura en los seguros para los afectados por accidentes de trabajo. Incluso, presentó varias mociones para prohibir las guerras para siempre, promoviendo el desarme internacional y el arbitraje para resolver los asuntos entre naciones.
A lo mejor, esto creó un precedente, pues ya en la Constitución de la II República española, se puede leer en su artículo 6º: “España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”.
Aunque perdió ese escaño en 1889, continuó intentando organizar un sistema de arbitraje para solucionar de forma pacífica los conflictos entre naciones. De esa manera, consiguió, en 1888, que se reunieran en París 24 parlamentarios franceses y 8 británicos a fin de solucionar un problema común. Los británicos estuvieron liderados por el parlamentario liberal Randall Cremer, el cual ya había conseguido que se aprobara algo parecido en su parlamento, para resolver los conflictos entre el Reino Unido y USA, que no pudieran resolverse de una manera diplomática.
Así, promovieron que otros parlamentarios propusieran en sus distintos parlamentos, una serie de medidas para que los conflictos internacionales pudieran resolverse mediante arbitraje y no de una forma bélica.
Siendo el objetivo general la paz internacional, el medio para lograrla sería el arbitraje. Los promotores serían los parlamentos y la representación popular sería la que le daría fuerza a estos acuerdos.
En 1889 se creó la Unión Interparlamentaria (UIP), siendo Passy su primer presidente, al mismo tiempo que participó en la Oficina Internacional de la Paz, que estaba radicada en Suiza.
Conviene no olvidar que la UIP presenta habitualmente sus resoluciones a la Asamblea General de la ONU y, por ello, le dieron en 2002 el estatus de observador permanente.
Todavía, hoy en día, se intenta crear una Asamblea Parlamentaria internacional en la ONU, para resolver ciertos problemas globales, pero aún no se ha conseguido.
Nuestro personaje, por sus desvelos a fin de conseguir una paz duradera a nivel mundial, fue premiado en 1901 con el Premio Nobel de la Paz. Como anécdota, me gustaría indicar que fue la primera persona a la que le dieron este premio, aunque fuera compartido con Henri Dunant, fundador de la Cruz Roja.
No sé si sabréis que este es el único Premio Nobel que no se otorga en Suecia, sino que lo concede el parlamento de Noruega.
Nobel, que falleció en 1896,  dispuso, entre otras cosas,  en su testamento, que, en quinto lugar debería de concederse un premio a “la personalidad que habría contribuido más o mejor a la unión de los pueblos, a la supresión o a la reducción de los ejércitos permanentes, a la reunión y a la propagación de congresos para la paz”. Así se organizó el Premio Nobel de la paz.
Este testamento fue muy bien acogido por las organizaciones pacifistas, así que en “El almanaque para la paz”, editado por la Asociación de la Paz para el Derecho se propuso a Passy como primer candidato a este noble premio.
Aunque tengamos una idea de que el final del XIX y comienzos del XX fue una etapa bastante belicista, fueron muchos los que lucharon por la paz en el mundo.
Al respecto, se pueden mencionar una serie de nombres que hoy en día igual no nos dicen nada, pero que en su momento, tuvieron cierta popularidad por sus esfuerzos a fin de lograr una ansiada paz en el mundo. Por ejemplo, podemos destacar a Élie Ducommun, Evans Darby, Hogdon Pratt, la baronesa von Suttner, Gustave Moynier, etc.
 Es posible que le dieran el Nobel a Passy, porque en su época se le consideraba el decano, o sea, el más antiguo defensor de los movimientos pacifistas. No en vano, se le llamó el “Apóstol de la paz”.
Es curioso, porque hoy en día nos parecería que la Cruz Roja tendría méritos más que suficientes para llevarse ese premio. De hecho, se los llevó más adelante. Sin embargo, en aquella época, les parecía que era una entidad recién llegada a la lucha del pacifismo y que había otras personas que llevaban más tiempo en esa “trinchera” que ella.
Parece ser que la propia baronesa von Suttner fue una de las personas que influyó sobre Nobel para que creara este premio Nobel de la Paz. Se conocieron cuando ella fue, durante un breve plazo, su secretaria personal.
La baronesa fue una de las personas que más apoyó la candidatura de Passy, aunque también abogó para que se lo dieran, conjuntamente, a Dunant.
Cuando se va a dar un premio tan importante como éste, es normal que haya muchas candidaturas. Siempre se ha dicho que por cada premio Nobel “hay un galardonado y 20 descontentos”. Además, en aquella época no se daban tantos premios como ahora.
Lo curioso es que alguno de los compañeros de Dunant en la Cruz Roja, en principio, no estuvieron muy de acuerdo con su candidatura, argumentando que la fundación de esta Entidad no fue obra de un solo hombre, sino de la Sociedad Ginebrina de Utilidad Pública y el Comité Internacional de Socorro a los Militares Heridos, creado en Ginebra en 1863.
Volviendo a nuestro personaje del día, Frédéric Passy, conviene no olvidar que, todavía en 1905, a pesar de su avanzada edad, hizo unas oportunas gestiones en el conflicto que, por entonces,  enfrentaba a los gobiernos de Suecia y Noruega y dijo que, si se llegaba a una solución pacífica le llenaría más de satisfacción que haber recibido el Nobel.
Todavía en 1909 publicó su obra “Por la paz”, donde contaba su peripecia vital para intentar lograr una paz duradera en el mundo.
Desgraciadamente, murió en 1912. Podemos decir que, a pesar de que, en vida, no tuvo mucha suerte para lograr la paz mundial, su semilla germinó y todavía existen algunas organizaciones creadas por él, como la UIP.
 Las naciones ya no abusan tanto de la violencia, para resolver sus conflictos internacionales, como ocurría en su época.
No obstante, esperemos que tomen ejemplo y se decidan por resolver los conflictos actuales por la vía diplomática o por el arbitraje, antes de hacerlo por medio de guerras, que no conducen a ningún sitio. Algo que hemos aprendido en Europa a costa de millones de muertos, desgraciadamente.
Espero que os haya gustado y que no consideréis a este personaje demasiado rebuscado, por mi parte.

3 comentarios:

  1. Muy buen blog compañero, voy a empezar a seguirlo y recomendarlo desde mi blog

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  2. Muy buen blog compañero, voy a empezar a seguirlo y recomendarlo desde mi blog

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    Respuestas
    1. Me alegra que le haya gustado. Su amable comentario es muy de agradecer, porque me anima a seguir adelante.

      Por cierto, no me ha dicho cómo se llama su blog, para poder visitarlo.

      Muchas gracias y saludos.

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