ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 12 de julio de 2015

SOBRE LAS MATANZAS DE INDIOS EN ARGENTINA



Me ha llamado mucho la atención que el Papa Francisco, que parece un hombre muy cultivado, aparte de ser un jesuita, que, sólo por eso, ya debería de serlo, haya dicho ayer en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), lo siguiente: “Pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante
la llamada conquista de América”.
En parte, puede tener razón, pero me da que un escaso número de conquistadores españoles no podrían haber cometido tantos crímenes como dice. Por lo menos, en la zona del Caribe, aunque nunca se ha sabido  cuánta gente vivía allí antes de que llegara Colón con sus naves.
No hay que olvidar que a los españoles solían acompañarles bastantes miles de guerreros indios, por supuesto, enemigos de incas, aztecas, mayas, etc.
Evidentemente, les acompañaban porque estaban hasta el gorro de los individuos de esas tribus, los cuales solían asesinarlos y hasta comérselos ritualmente. En ese aspecto no parecían estar tan avanzados como presumían.
Como veo que, por lo que se ve, en el Vaticano deben desconocer estas cosas, pues me he atrevido hoy a escribir un artículo para describir algunas matanzas que se hicieron desde el otro bando.
Para empezar, sólo voy a enumerar un conflicto que es hoy bastante desconocido, la Guerra de Castas. Se dio en la península del Yucatán entre los mayas y los criollos y mestizos.
 Comenzó en 1847 y acabó casi en pleno siglo XX. La consigna entre los mayas, era, no sólo vencerlos, sino exterminar a todos los enemigos. Algo que nunca hicieron los españoles, pues ya desde las Leyes de Burgos, se tomaron medidas para proteger a los indios, ya que se les necesitaba como mano de obra y para pagar impuestos. En fin, como es un conflicto bastante largo de explicar,  dedicaré en el futuro un artículo monográfico sobre este tema.
Por otra parte, está más que demostrado que se persiguió a los indios con más encono tras la independencia de las nuevas repúblicas que durante el período colonial. A lo mejor, porque muchas tribus indias apoyaron a los españoles en las guerras de independencia.
Hubo muchas matanzas, pero, ya que el Papa es argentino, pues le voy a mostrar las que se hicieron concretamente en su país, para no alargarme demasiado en el tema. De todas formas, me extraña mucho que una persona que fue arzobispo de Buenos Aires, no conociera este tema.
Entre 1878 y 1885, al Gobierno argentino, presidido por Nicolás Avellaneda, no se le ocurrió otra cosa que ocupar una serie de zonas, que pertenecieron en el período colonial al Virreinato del Río de la Plata y que entendían que ahora tenían que ser de su nuevo país.
 Como en las famosas películas de vaqueros, evidentemente, estas zonas ya estaban pobladas por numerosos indios de diferentes tribus y, lógicamente, les estorbaban para sus planes de colonización del territorio. No obstante, ya lo habían intentado anteriormente en la primera mitad del siglo XIX.

Aquí ya vemos una gran diferencia entre el sistema de colonización
español y el argentino, pues los españoles le dieron un valor al indio, mientras que a los argentinos les molestaron y no les importó eliminarlos.
De hecho, en el Informe Oficial de la Comisión Científica que acompañaba al Ejército, se dice que “la supresión de los indios ladrones que ocupaban el Sur de nuestro territorio”. Es curioso, porque, durante el período colonial, apenas hubo problemas, en esa zona, entre los indios y las autoridades virreinales.
También se dice en ese informe:  "Se trataba de conquistar un área de 15.000 leguas cuadradas ocupadas cuando menos por unas 15.000 almas, pues pasa de 14.000 el número de muertos y prisioneros que ha reportado la campaña”.
Aún más: “Era necesario conquistar real y eficazmente esas 15.000 leguas, limpiarlas de indios de un modo tan absoluto, tan incuestionable, que la más asustadiza de las asustadizas cosa del mundo, el capital destinado a vivificar las empresas de ganadería y agricultura, tuviera él mismo que tributar homenaje a la evidencia, que no experimentase recelo en lanzarse sobre las huellas del ejército expedicionario y sellar la toma de posesión por el hombre civilizado de tan dilatadas comarcas.”
Para acabar con el informe: “Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habría que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y progreso, no están fuera de proporción con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustración, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de producción para la humanidad, son los mejores títulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se les han quitado éstas a la raza estéril que las ocupaba”. 
No sé por qué, estos párrafos que he tomado del referido informe, me recuerdan mucho a la mentalidad de los nazis, pero no, aunque parezca mentira, se escribió en pleno siglo XIX.
También se crearon campos de concentración con una valla de alambre, que llegaba a alcanzar gran altura y que estuvieron en activo hasta 1889. Hubo varios de estos campos en la Patagonia y hay hasta informes de los salesianos donde se mencionan los mismos. Se cree que fueron unos lugares de paso para unos 15.000 indios, aunque muchos dejaron allí sus vidas. Parece ser que los más rebeldes eran encadenados por la noche.
Cuentan que  a los prisioneros los separaron por sexos. Por una parte, enviaron a las mujeres a la ciudad de Buenos Aires para que trabajaran como sirvientes. En forma de esclavas, supongo. También les quitaron a muchas sus hijos, sin que pudieran impedirlo.
En cambio, a la mayoría de los hombres prisioneros los enviaron a la inhóspita isla de Martín García, donde murieron a los pocos años. Siempre consideraron a los indígenas como propiedad del ejército, el cual podía hacer con ellos lo que quisiera.
El Estado argentino argumentó que había ocupado esas tierras para que no lo hicieran otras potencias vecinas o europeas.
Por si alguno se le  había pasado por la cabeza que el Estado  argentino hubiera pensado en repartir esas inmensas tierras, unos 10.000.000 Ha, sólo en un principio, en pequeñas parcelas para los colonos, como se hizo en USA, pues estaba muy equivocado, porque,  prácticamente, se las regalaron a los amigos terratenientes de los políticos de turno. Más o menos, como pasó aquí durante la Reconquista.

También quedaron algunos excedentes de tierras, que vendieron a algunos terratenientes ingleses y franceses, en lotes de nada menos que 40.000 Ha, cada uno.
Además, como aún quedaron algunas zonas sin repartir y muchos militares llevaban nada menos que 7 años sin cobrar, pues se las cedieron, pero como éstos lo que querían era dinero en efectivo, pues las vendieron a la desesperada a los mismos terratenientes amigos de los políticos de Buenos Aires.
No creo que fuera casual que las 41.787.000 Ha se repartieran a 1.843 terratenientes, los cuales, muchos de ellos, estaban relacionados mediante lazos familiares o económicos con la familia de Julio Argentino Roca, el militar que conquistó ese territorio y que luego fue presidente de la República.
Concretamente, se dice en algunos estudios, que 67 propietarios se quedaron con 6.000.000 Ha. De ellos, algunos se llevaron 200.000 Ha y hasta la familia del futuro ministro de Economía Martínez de la Hoz, se llevó 2.500.000 Ha.
Como Chile también estuvo siempre interesado en algunos de estos territorios, hay quien argumenta que Argentina aprovechó que, en ese momento,  el ejército chileno se hallaba luchando contra Perú y Bolivia, para acometer esta campaña contra los indios y agenciarse todo el territorio al completo.
El Estado argentino siempre tuvo muy claro que había que exterminar a esos indios. Es lo que hoy se podría entender como un delito de genocidio.
Al votar los fondos para esa campaña en el Congreso argentino se habló de “exterminar a los indios salvajes y bárbaros de pampa y Patagonia”.
Hasta el mismo gobernador de Buenos Aires decía: “primero exterminaremos a los nómadas y luego a los sedentarios”. Más claro no se puede hablar.
Fueron muy comunes los ataques del ejército a los poblados indígenas, cuando sabían que habían salido de allí los guerreros, para luchar contra otra unidad militar. Así que arrasaban estos poblados cuando sólo se encontraban en ellos mujeres, niños y viejos.
A los varones que trasladaron a la isla de Martín García, se les obligó a ir caminando hasta el puerto de  embarque, el cual estaba situado a más de 1.000 km. Por supuesto, al que se cayera por el camino, se le mataba allí mismo. Muchos murieron de esa forma, aunque no hay datos sobre ello.
A los supervivientes que se quedaron poblando el sur de la Patagonia, ni siquiera les contabilizaron en los censos del país hasta 1914.
Ya en esta campaña se utilizaron algunos medios militares bastante modernos para la época, como el telégrafo. Parece ser que, durante la campaña, se enviaron más de
52.000 telegramas, a fin de coordinar los movimientos de las diferentes unidades del ejército y mejorar su logística.
Bueno,  a estas alturas de la película, creo que más de uno habrá quedado bastante asombrado con lo que he narrado hasta el momento. No obstante, argumentará, que son cosas más propias de la gente del siglo XIX y no de personas con ideas más modernas. Pues, se equivocan los que hayan pensado así y ahora lo verán.
Casualmente, durante el segundo mandato presidencial de Julio
Argentino Roca, que había sido el militar que conquistara esos territorios y ahora era el presidente de la República, se dio un suceso muy curioso.
En una zona de la Tierra de Fuego, donde vivían unos indios llamados onas, alguien dejó una ballena muerta y abandonada.
Estos indios no tuvieron muchos problemas para quedársela, pues se la dejaron en una zona muy próxima a la costa.
Conclusión, 500 de estos indios murieron, porque la ballena había sido previa y criminalmente envenenada. Este suceso tuvo lugar en 1903, en una localidad llamada Springhill. O sea, ya en pleno siglo XX.
En 1905, un grupo de  terratenientes criadores de ovejas, también en la Tierra del Fuego, invitaron a un grupo de indios a un banquete, con el ardid de que iban a firmar ambos bandos un tratado de paz.
Una vez personados los indios en ese lugar, los terratenientes y sus esbirros dispararon contra ellos, matando a unos 300, incluyendo hombres, mujeres y niños.
Dando un salto en el siglo XX, llegamos a 1924. En una localidad del Chaco, llamada Napalpí, unos indios tobas se rebelaron contra los terratenientes, protestando por los pobres salarios que les pagaban.
El Estado argentino no se cortó un pelo y mandó varias unidades de policías, que los asesinó impunemente. Se cree que asesinaron entre 200 y 400 indígenas.
De esta narración no se salva ni el mismísimo Perón. Siendo él presidente, en 1947, unos indios pilagá, en la provincia norteña de Formosa,  quisieron realizar una marcha de protesta a causa de sus malas condiciones laborales. Esta vez, el ejército no se lo pensó mucho y los ametralló, causando unos 1.500 muertos.
Incluso, hoy mismo, se sigue persiguiendo de manera sigilosa a los indios. Viven en condiciones realmente miserables y nadie les hace caso.
Por ello, entiendo, Su Santidad, que debería de dejar de mirar las injusticias que cometieron otros hace mucho y ver las que siguen cometiendo actualmente sus paisanos. O sea, como decimos aquí, dejar de mirar la paja en el ojo ajeno y mirar la viga que tienen en el propio.

2 comentarios:

  1. Has tocado un tema más que delicado. Que se pida perdón por lo que ocurrió cuando fueron los españoles me parece muy bien. Pero ¿por qué no piden perdón también todos los otros “imperialismos” que pasaron por allí? Es justo que se reconozca lo malo que ocurrió pero también debe reconocerse lo bueno (que lo hubo) y, al mismo tiempo, me parece contraproducente pasarse la vida con ese asunto porque, de tanto mirar hacia atrás, no se va mirar hacia delante y no se van a ver los problemas actuales, que son, a fin de cuentas, los que hay que solucionar porque, además, los de hace más de quinientos años ya no tienen remedio.

    Respecto al trato recibido por la población indígena argentina por parte de “sus” autoridades creo que no debe sorprendernos. No serían los primeros en recibir el trato de ser la última mierda dentro de su propio país. Otra cosa es que en su propio país quieran reconocerlo.

    ResponderEliminar
  2. Me parece que, para los imperalistas, sólo hay 2 alternativas para con los indios. Por una parte, tenemos la que utilizaron los anglosajones y los argentinos, o sea, eliminarlos, porque les molestaban para quedarse con sus tierras. Cosa que siempre me ha parecido muy censurable.
    La otra opción es la de intentar un mestizaje con ellos, que es por la que optaron los españoles.
    Por eso, los mestizos y los criollos han llegado al poder en los países que fueron colonias españolas y es muy difícil que lleguen en otros, como USA, Australia, Canadá, etc.
    Saludos.

    ResponderEliminar