ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 16 de agosto de 2015

EL CASO DEL VAMPIRO DE DÜSSELDORF



Esta vez traigo al blog una historia sucedida en Alemania, en un período inmediatamente anterior a la llegada al poder del nazismo.
Entre 1925 y 1930 suceden en la ciudad de Düsseldorf una serie de crímenes para los que la Policía no encuentra explicación, ni tampoco tiene ninguna pista para detener a ningún sospechoso de haber cometido estos delitos.
Como es una historia bastante tétrica, me limitaré a dar algunos detalles, ya que se
me hace muy desagradable meterme a fondo a detallar los hechos.
El 24/08/1929, se celebra en esa ciudad la feria de Flehe, uno de sus barrios, y a las 22.30, en una calle un poco oscura, un hombre muy educado y bien vestido, se acerca a dos hermanas. Se trata de Louise, de 14 años, y de Gertrude, de sólo 5 años.
Le pide a Loiuise que le vaya a comprar un paquete de tabaco, le da el dinero y, mientras tanto, él le promete que cuidará de su hermana.
En cuanto se marcha la mayor, el hombre estrangula fácilmente a la pequeña y luego la degüella con una navaja automática.
Cuando vuelve la mayor con el tabaco, le da un golpe que la tira al suelo. Luego, la estrangula y la apuñala varias veces, para degollarla también, igual que hizo con la otra niña.
Al día siguiente, un caballero de mediana edad y bien educado, se presenta ante una chica llamada Gertrude Schulte, de 26 años y que trabajaba de sirvienta, y la invita a ir con él a la cercana feria de Neuss.
Caminan a través de una zona arbolada, pero desierta. Él aprovecha para proponerle unas relaciones asexuales. Ella se resiste, así que luchan y él aprovecha para sacar una navaja del bolsillo y apuñalarla hasta que la hoja de la misma se rompe. Por este motivo, él salió corriendo y ella pudo sobrevivir al asesino.
La verdad es que sólo pudo dar una descripción muy pobre a la Policía, porque sólo había podido ver que su asaltante era un hombre de unos cuarenta años y que parecía bien educado.
Ante esto, la Policía no sabía por dónde empezar a buscar al asesino, mientras la prensa amarilla aumenta sus beneficios a base de multiplicar la tirada de sus periódicos a causa del temor de la gente.
El 29 de septiembre de ese año, se halló en un bosque el cuerpo de Ida Reuter, de 31 años. Había sido golpeada varias veces con un martillo, además de violada.
El 12 de octubre le ocurrió más o menos lo mismo a otra joven sirvienta llamada Elizabeth Dorrier.

El día 25 del mismo mes, desgraciadamente, les tocó el turno a dos mujeres, cuyos apellidos eran Meurer y Wanders.
El 7 de noviembre se denunció la desaparición de una niña de sólo 5 años, llamada Gertrude Albermann.
Esta vez, el asesino, se permitió el lujo de enviar una carta a un periódico, donde indicaba el lugar exacto donde había enterrado el cadáver.
Efectivamente, en la parte posterior de una fábrica abandonada y debajo de un montón de escombros y ramas se encontró su cuerpo. Como en los casos anteriores, se pudieron apreciar un montón de cuchilladas, marca de estrangulamiento, violación y, además, señales de haberle succionado la sangre, como hacen los vampiros.
Como dicen en las películas que el criminal vuelve al lugar donde ha realizado
 el crimen, pues, según dijo después, entre los curiosos que rodearon esa fábrica se encontraba el culpable. Incluso, se permitió hablar con los agentes que investigaban el crimen.
Unos días después, el criminal, mandó otra carta a un  periódico para indicar dónde había depositado el cadáver de otra de sus víctimas.
Esta vez se trataba de una chica llamada María Hahn, de 20 años, a la cual había matado por el mismo sistema que a las demás, pero, que, además, intentó crucificarla, aunque no pudo dada su poca corpulencia.
En la ciudad no se habla otra cosa y, además, se ofrece una gran suma, como recompensa, por dar algún dato de este criminal. Posiblemente, debido a que Alemania atravesaba una situación económica realmente crítica, la Policía, recibió miles y miles de llamadas de gente que decía saber algo. Tampoco consiguieron dar con el culpable.
En 1930, en una ciudad realmente aterrorizada, donde, en cuanto cae la noche, no se ve un alma por la calle, el asesino lo intenta en varias ocasiones, pero, afortunadamente,  falla en todas.
El 14 de mayo, se encontró con una joven de 21 años, llamada María Budlik, la cual acababa de llegar de su pueblo a la búsqueda de un trabajo en la ciudad.
La chica baja muy despistada del tren y no sabe cómo ir a la residencia femenina, donde se tiene previsto alojarse. Un hombre de mediana edad se acerca a ella y se ofrece a acompañarla, ya que, según se dice, esta ciudad es cada día más peligrosa.
Cuando llegan a un jardín, llamado Volksgarten, él se empeña en entrar, pero ella se niega. Se entabla entre los dos una agria discusión, que termina cuando llega otro hombre, el cual les pregunta si tienen algún problema. El primer hombre aprovecha para salir huyendo de allí.
Este segundo hombre, a la chica, le inspira mucha más confianza que el primero y, por eso, accede a acompañarle para tomar algo en su casa, que les pilla cerca de allí.
Le ofrece a la joven  un bocadillo y un vaso de leche, que consume con suma rapidez. Luego, la lleva en tranvía hasta el bosque de Grafenburg.
Allí, él la coge de la garganta y le intenta arrancar el vestido, pero ella opone resistencia y, al final, no le queda otra que soltarla. Tras esto, ella le promete que no le va a denunciar, ni a informar a la Policía sobre el piso donde han estado. Así que él acaba acompañándola hasta la parada del tranvía, que llevará a la chica a su residencia.
Unos días después, esta chica le escribió a una amiga, contándole lo que la había pasado. Parece ser que, por un error, el cartero se la entrega a otra persona con un apellido parecido. Así que esta destinataria errónea es la que da el aviso a la Policía.
Inmediatamente, se personan en la residencia de la chica y la interrogan. Unos días después, ésta les acompaña  hasta el piso donde estuvo con el criminal.
En ese momento no se encuentra allí, sin embargo, por la descripción, la portera les informa que se trata del inquilino del cuarto piso y les abre la puerta.
No ven nada de particular y, cuando están bajando, se dan de bruces con nuestro personaje, el cual entra en su vivienda y, cuando, más tarde,  intenta salir de allí, con el sombrero bajo para que no se le vea la carta, es detenido por la Policía.
En principio, no tienen nada contra él, aunque sí ven que tiene un abultado expediente delictivo y es conocido por algunos agentes. A partir de los interrogatorios, los agentes empiezan a conocer su verdadera vida.
Peter Kürten, que así se llamaba nuestro personaje de hoy, nació en 1883, en Mülheim, cerca de Colonia.
Procedía de una familia muy pobre. Compuesta por nada menos que 13 hermanos. Su padre que, además de estar mucho tiempo en el paro, era muy aficionado a la bebida,
solía maltratar a su madre y a sus hermanas, incluso abusaba sexualmente de las pequeñas.
A los 9 años se fugó por primera vez de su casa, cometiendo algunos pequeños robos y realizado zoofilia con algunos animales, antes de cortarles el cuello.
También confesó que, en esta época, cuando estaba remando en un río con unos amigos, los empujó fuera de la barca y, cuando uno de ellos fue a salvar al otro, les golpeó para que se ahogaran.
En aquella época, se pensó que había sido un accidente y no se le culpó de nada, pero, cuando fue detenido por sus asesinatos, confesó que los había matado él.
A los 14 años volvió a escaparse de su casa. Entonces solía acosar a algunas jóvenes a las que en algunas ocasiones, incluso, violó y les robó todo lo que pudo.
Más tarde, volvió con su familia y se puso a trabajar como aprendiz en la misma empresa que su padre, pero cometió un robo y lo echaron.
Luego, se fue a Coblenza, donde convivió con una prostituta, que practicaba el sadomasoquismo y le enseñó todos sus trucos.
También nuestro personaje se dedicaba a los pequeños robos, por lo que fue detenido en 1899 y pasó una temporada encarcelado.
A finales de ese año encontró a una joven campesina a la que le pidió sexo a cambio de dinero, a lo que ella aceptó. Lo que no se esperaba ella es que él, durante el acto sexual, iba a intentar estrangularla, pero tuvo suerte, porque esta vez sólo la dejó inconsciente.
A partir de 1900 fue arrestado en varias ocasiones por robo e intento de homicidio. En la cárcel se le consideraba como un hombre muy solitario.
Al salir de la misma, en 1904, no se le ocurre otra cosa que ingresar como soldado en el Ejército. Evidentemente, eso de la disciplina no le gustó nada y desertó en cuanto que pudo.
Luego, se pasó al sector de los pirómanos. Le gustaba pasear junto a las granjas y prender fuego al pasto y a los graneros. Parecer ser que disfrutaba viendo, a cierta distancia,  cómo se abrasaban el ganado o la gente que las habitaba.
Como ya era un elemento de cuidado, en 1905 le cayeron, por robo, nada menos que 7 años de cárcel. Allí se dedicó a envenenar a otros presos, cuando estuvo trabajando en el hospital de la prisión.
En 1912, fue liberado de nuevo, pero entonces volvió a sus orígenes como violador. En una ocasión, cuando molestó a unas jóvenes que salían de un restaurante, un camarero intentó defenderlas y aquél le disparó con un revólver. Eso le costó otro año en la cárcel.
Al año siguiente, se coló en un restaurante de Colonia, el cual estaba vacío, pero encontró allí a la hija de los dueños, de 13 años de edad.
La pilló dormida, le tapó la boca, la degolló y bebió su sangre. Hasta se permitió escribir, con la sangre de la chica, sus iniciales en un pañuelo antes de salir zumbando.
Esta vez, pudo haberse dado otra desgracia, pues unos días antes, el padre de la chica había discutido con su hermano y éste le había amenazado seriamente. Así que se le consideró el principal sospechoso del hecho. Menos mal, que no encontraron ninguna clara evidencia contra él y, tras permanecer algún tiempo en la cárcel, en prisión preventiva, se le dejó en libertad.
Nuestro personaje, se había envalentonado, al ver que no le pillaban. Así que se compró un hacha y atacó a algunos viandantes, excitándose cuando veía correr su sangre.
Esta vez le pillaron cuando trataba de estrangular a dos mujeres y le cayeron 8 años en la cárcel. Durante ese período tuvo lugar la I Guerra Mundial, así que no tuvo que ir al frente. Una pena que se la perdiera, porque allí podría haber matado a mucha gente, sin que nadie le dijera nada. Hasta le habrían puesto alguna medalla.
En 1921, una vez liberado, fijó su nueva residencia en Altenburg, donde contaba a sus vecinos sus falsas aventuras militares durante la guerra.
También conoció allí a su futura esposa, una antigua prostituta, que acababa de salir de la cárcel, por haberle disparado a su novio.
Fue muy curioso, porque Kürten sólo la quería como una especie de criada, porque no la maltrataba, le era infiel y ni siquiera tenía relaciones sexuales con ella.
En 1925, como ya dije en un principio, regresó a Düsseldorf, donde su locura le llevó a cometer todos esos asesinatos y siguió incendiando graneros.
Según su declaración, cuando fue por fin detenido, además de esas mujeres, atacó en febrero a una mujer, cuyo apellido era Kuhn, a la cual la acuchilló en varias ocasiones y luego bebió su sangre, pero ésta tuvo suerte y se recuperó del ataque.  Fue la primera que dijo que su asaltante era un vampiro. Algo que no pasó desapercibido a los periodistas.
No se limitó a atacar a las mujeres. Unos días después se encontró con un mecánico algo borracho, llamado Rudolf Scheer,  al que le dio un montón de puñaladas, matándolo y, luego, bebiendo su sangre.
En marzo, le tocó el desgraciado turno a otra mujer, de mediana edad,  llamada Rase Ohliger, a la cual mató por el mismo método y a la que también violó.
Entre tanto, la Policía, que había sufrido muchas críticas por parte de la prensa,  estaba interrogando a miles de personas, recibiendo llamadas de todas partes y hasta acudió a una médium, para intentar solucionar de alguna forma este caso.
Dado que estaba como una cabra, cuando le interrogaron los agentes, también confesó que, en el caso de María Hahn, desenterró el cadáver para violarla y la volvió a enterrar de nuevo. Ya se sabe que los alemanes son, ante todo, muy amantes de la precisión en los detalles.
No obstante, la Policía seguía una pista falsa, pues, desde el
principio, creyó que todos estos crímenes tenían que haber sido realizados por varios malhechores, cada uno por su cuenta, y no por una sola persona.
Incluso, se dice, que hasta las habituales bandas delictivas de esa ciudad, prestaron ayuda a la Policía, para intentar capturar al asesino.
Los vecinos de nuestro personaje lo veían como un tipo absolutamente normal, que solía trabajar como camionero y que se mostraba muy amable con todos.
Como unos días antes de que le pillaran en su apartamento, María Budlik, había dado a la Policía un retrato robot del asesino, se divulgó su retrato robot por todas partes.
Parece ser que cuando él se enteró, se vio perdido. Así que una tarde se lo contó todo a su mujer, para que ella lo denunciara y pudiera cobrar la famosa recompensa.
Aquí, las versiones no coinciden, pues unas dicen que los agentes lo detuvieron en su apartamento y otras, que su esposa lo denunció y los llevó hasta donde él los estaba esperando tranquilamente.
El 13/04/1931 comenzó, por fin su juicio. Se hallaba custodiado dentro de una jaula de madera, con su mirada amable y cariñosa, como de costumbre.
Según escribieron algunos periodistas asistentes al juicio, gracias a su habitual elegancia en el vestir, tenía el aspecto de un hombre de negocios venido a menos.
Su juicio duró 8 días y, aunque se le acusó de haber cometido 9 asesinatos, él confesó haber realizado 79 asaltos sexuales y no menos de 13 asesinatos. Incluso, dio todo tipo
de detalles para demostrar que era cierto lo que afirmaba.
Parece ser que alguna taquígrafa hubo de ser sustituida durante las sesiones, por sentirse indispuesta.
Así que al jurado no le llevó más de 90 minutos decidirse por declararlo culpable de esos 9 asesinatos.
Parece ser que entabló amistad con un médico psiquiatra, llamado Karl Berg, el cual alegó que el acusado tenía una enfermedad mental, llamada hematodipsia, pero no convenció ni al tribunal, ni al jurado.
Aunque parezca mentira, durante su estancia en la cárcel, recibió miles de cartas. Unas, lógicamente donde le ponían a parir. Sin embargo, otras, procedían de gente que decía admirarle por lo que había hecho. Hasta recibió cartas de mujeres, que deseaban que se casara con ellas. Como dijo aquel famoso torero: “hay gente pa tó”.
Incluso, durante el juicio, nuestro personaje escribió varias cartas
a los familiares de sus víctimas, pidiendo perdón por sus crímenes e intentando disculparse diciendo que “él necesitaba beber sangre al igual que otras personas necesitan beber alcohol”. Digo yo que hubiera sido más sencillo y más pacífico haber acudido a un matadero a comprar sangre. Igual, hasta se la hubieran regalado.
Evidentemente y conforme al Código Penal de Alemania, vigente en ese momento, nuestro personaje fue condenado a muerte.
Yo creo que él lo tomó como una liberación, pues ni siquiera se molestó en encargar a su abogado que apelara la sentencia.
Como el procedimiento habitual de ejecución era por medio de la guillotina, en una ocasión se le ocurrió preguntarle a su amigo, el doctor Berg, si creía que, cuando le cortaran la cabeza, podría escuchar el sonido del torrente de su sangre, al salir de su cuello. Dijo que sería todo un placer para él.
Por fin, el 02/07/1931, se cumplió la sentencia y la cabeza de nuestro personaje fue guillotinada en la prisión de Klingelputz, en Colonia.
Parece ser que su cabeza fue comprada por un millonario de USA para ser diseccionada y momificada y actualmente se expone en un museo privado de ese país.
El psiquiatra, Berg, fue uno de los que, indirectamente, sacó provecho de esta historia. Poco más tarde, escribió su famosa obra “El Sádico”, el cual se vendió muchísimo y es uno de los libros básicos sobre Criminología.
Parece ser que su conducta fue estudiada al detalle y ha servido, posteriormente, para poder detener a muchos asesinos en serie.
No entiendo mucho del tema, pero pienso que, dado que este personaje había pasado muchas veces por las cárceles alemanas, le podría haber estudiado algún psiquiatra y, seguramente, habría ordenado su ingreso en un manicomio. Seguramente, de esa manera, se habrían ahorrado muchos disgustos y muchas vidas humanas.
Hay que tener en cuenta que era un delincuente habitual y no una persona desconocida para la Policía.
De todas formas, entiendo que, tanto el tribunal como el jurado, estarían muy presionados por la prensa y la opinión pública, que no admitirían otra sentencia que la condena a muerte de este reo.
Evidentemente, aún no había llegado Hitler al poder, cosa que hizo dos años después, pero seguro que ya tendría muchos de sus partidarios entre algunos de los jueces alemanes.
Sobre este tema se han escrito muchos libros y se han realizado varias películas. Yo destacaría “M, el vampiro de Düsseldorf”,  que la estrenó el famoso director, Fritz Lang, poco antes de tener lugar la ejecución del reo. También es preciso destacar en ella la insuperable interpretación del famoso actor Peter Lorre.
Espero que os haya gustado, aunque confieso que, posiblemente, esta vez, me he enrollado mucho.

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