ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 5 de agosto de 2015

SANSÓN, EL MÁS FAMOSO DE LOS VERDUGOS



Al leer este título, seguro que más de uno habrá pensado algo raro. Seguramente, se le habrá venido a la memoria el mítico Sansón, que figura en la Biblia. Concretamente, en el Viejo Testamento. Incluso, creo recordar que se le considera uno de los jueces de Israel. Pues se ha equivocado.
En esta ocasión y, como ahora me ha dado por los verdugos, pues me voy a referir a Charles-Henri Sanson, el cual, estoy seguro que a más de uno ni le sonará. Bueno, pues para eso estoy yo aquí.
Sanson fue el apellido de una famosa dinastía francesa de verdugos.  Comenzó con  su bisabuelo Charles-Louis Sanson de Abbeville, que era soldado en el ejército francés y fue nombrado, en 1684, verdugo oficial del reino por Luis XIV.
A su muerte, le dejó el puesto a su hijo Charles, el cual ocupó ese funesto cargo hasta su muerte, en 1726. Ejecutó al famoso bandido cinematográfico Cartouche.
Luego, le sucedió, aunque no inmediatamente, su hijo Charles-Jean-Baptiste, nacido en 1719, pues su padre murió cuando él todavía era muy pequeño.
Aprendió del segundo esposo de su madre, François Prudhomme, que también sería un buen elemento, pues dicen que estaba especializado en torturar a los reos antes de ejecutarlos.
No obstante, Charles-Jean-Baptiste consiguió del rey los cargos de ejecutor de la ciudad, preboste y vizconde de París.
Posteriormente, vino Charles-Henri, nacido en 1739, el mayor de los hijos del anterior, que tuvo nada menos que nueve hermanos. Este es nuestro personaje de hoy, que llegó a ser conocido como “el Señor de París”.
Nació en París y fue hijo de Charles-Jean-Baptiste y de su primera esposa, Madeleine Tronson.
Le quisieron dar una educación muy esmerada y lo enviaron a  estudiar a un convento en Rouen, pero el padre de otro alumno lo descubrió y le obligaron a irse a causa de la profesión de su padre, para que no diera mala fama al centro. Así que tuvo que terminar sus estudios a base de clases particulares, que recibía  en su casa.
Como su padre debería de ganar mucha pasta con su trabajo, lo envió a estudiar a la famosa Universidad de Leiden, la más antigua de Holanda, para estudiar Medicina.
En un principio, no quería seguir con la tradición familiar, pero debido a una parálisis de su padre, tuvo que empezar a ejercer como tal, con sólo 15 años, para poder mantener a su familia. Me gustaría recordar que en el Antiguo Régimen era muy normal
continuar con la profesión paterna y, en ciertos oficios como éste, era completamente obligatorio.
En 1757 ya tuvo que ayudar a su tío, Charles-Gabriel, verdugo en Reims, en la ejecución de Robert François Damiens, que intentó asesinar al rey.
Este tipo de ejecuciones eran muy sangrientas, pues, a los regicidas, les esperaba una muerte atroz. El verdugo le iba desmembrando el cuerpo al reo, bien con la ayuda de 4 caballos o con hachas,  y lo iba quemando con azufre.
Concretamente, esa ejecución duró nada menos que 4 horas, entre los gritos terroríficos que daba el reo y el numeroso público asistente, como nos cuenta el aventurero Casanova en sus memorias.
No vayamos a pensar que las ejecuciones eran detestadas por el pueblo, como se puede ver en las películas. Lo normal es que fuera mucha gente. Incluso, en España, era habitual llevar a los niños a presenciar las ejecuciones y algunos padres luego les daban una paliza para que los niños no acabaran como los reos.
En 1778, ya con 39 años, recibió de manos de su padre, la capa de color rojo, que sólo la llevaba el verdugo principal. Ocupó ese cargo durante sólo 38 años, pero coincidió con los más sangrientos de la historia de Francia. Lo curioso es que sus habilidades fueron válidas tanto para los monárquicos como para los republicanos. Cayó el régimen, pero no él.
Nuestro personaje fue el principal promotor, junto con el doctor Guillotin,  del invento de un constructor alemán de violines y clavicémbalos, llamado Tobías Schmidt.
Defendió este nuevo artilugio ante la Asamblea Francesa, proporcionando su opinión como especialista en la materia y asegurando que de esa manera las ejecuciones serían menos dolorosas, más humanitarias y más rápidas para todos.
No olvidemos que era una costumbre muy habitual que, antes de empezar,  el propio reo le diera una propina al verdugo para que acabara cuanto antes con sus sufrimientos. En la decapitación con hacha se fallaba menos. Sin embargo, en el caso de la espada, muchas veces había que realizar repetidos golpes sobre el cuello del reo, para poder decapitarle. No hará falta imaginar lo que sufriría el afectado y los espectadores. Con la diferencia de que estos últimos siempre podrían irse a otra parte.
Hasta ese momento, el método de ejecución del reo dependía, como todo en la sociedad del Antiguo Régimen, del estamento al que se perteneciera. Si el reo era un villano, le esperaba la conocida horca. En el caso de los nobles, se hacía mediante la decapitación. Por último, en el caso de los asesinos, la ejecución de la pena era mucho más compleja, pues se realizaba en la terrible rueda, donde se le ataba para ir machacándole todos sus huesos. Debía de ser un espectáculo horrible.
La guillotina era ideal para un sistema que presumía de igualitario, pues sería el mismo para todos los ciudadanos y evitaría sufrimientos desagradables al reo y al público. Algunos de sus  contemporáneos la llamaron la “máquina niveladora”.
Parece ser que el autor de la idea no fue ninguno de ellos, sino el Dr.
Antoine Louis, un cirujano perteneciente a la Academia de Cirugía de Francia, que fue el que le encargó su construcción al artesano Schmidt. Por eso, al principio, se la llamó Louison o Louisette.
Parece ser que su diseño estaba basado en el de un artefacto, originario de Italia, pero bastante más simple. Con uno de ellos se ejecutó, en 1632,  al duque de Montmorency, tras haberse rebelado contra su rey y ser vencido por las tropas del cardenal Richelieu.
La primera prueba se realizó en abril de 1792, en el hospital Bicêtre de Paris. Empezaron cortando pacas de paja, después animales vivos y, posteriormente, cadáveres humanos procedentes de este hospital.
Parece ser que produjo muy buena impresión, pues se aprobó su uso en sólo una semana y ya el 25/04/1792, Sanson, pudo probarla al ejecutar a un ladrón y asesino llamado Nicolas Jacques Pelletier, que fue su primera víctima.
Durante su larga carrera llegó a tener hasta 6 ayudantes para realizar su odioso trabajo y, así, se dice que entre el famoso 14/07/1789 y el 21/10/1796, guillotinó la espeluznante cifra de 2.918 personas, incluido el mismo rey Luis XVI, el cual, como buen aficionado a la relojería, unos años antes,  se había permitido dar algún consejo para perfeccionar la cuchilla que efectuaba el corte.

Aunque la cifra parece muy abultada, parece ser que ha sido comprobada. De todas maneras, el máximo record de ejecuciones lo tiene un verdugo turco, llamado Soufikar Bostanci, que ejerció a mediados del siglo XVII, el cual mandó “al otro barrio” a unas 5.000 personas. Además, lo hacía estrangulándolas con sus propias manos, que tiene más mérito que hacer bajar una cuchilla. Se dice que, en algunas ocasiones,  ejecutó a más de 3 personas al día.
En el caso del rey Luis XVI, se cuenta que fue a su ejecución dentro de una carroza de color verde. Se quitó su chaqueta y se desabrochó la camisa, quitándose un pañuelo del cuello.
Unos guardias pretendieron atarle las manos, pero él se revolvió
indignado. Subió al patíbulo, con la ayuda de un amigo y Sanson le cortó la coleta. Luego, su amigo le pidió que se dejase atar las manos, como era la norma en esos casos.
Posteriormente, quiso volverse hacia el pueblo allí congregado, aunque no le dejaron y dijo estas palabras: “¡Pueblo, muero inocente de los delitos de los que se me acusa! Perdono a los que me matan. ¡Que mi sangre no recaiga jamás sobre Francia!”.
Todos los que estaban con él en el patíbulo quedaron admirados de la compostura del rey y así lo narraron en sus memorias. Aproximadamente, a las 10.22, de aquel 21/01/1793 se realizó la ejecución de su sentencia. De ahí viene la fama de este miembro de la familia Sanson.
La verdad es que Sanson, en principio, no estuvo de acuerdo con la idea de ejecutar al rey, aunque nunca fue partidario de la monarquía, pero luego aceptó el encargo. No le quedaba otra que hacerlo. Incluso, se cuenta, que los revolucionarios amenazaron a su familia.
Parece ser que la reacción del público fue diversa, a pesar de la férrea vigilancia, que había alrededor de la plaza, donde se estaba celebrando la ejecución.
De hecho, unos días antes, el Gobierno había traído a París amplios refuerzos militares, por si se montaba alguna sublevación para impedir la muerte del rey.
Lo cierto es que una parte del público se puso a bailar en corro, alrededor del patíbulo, dando vivas a la República. Otros, por el contrario, se dedicaron  a recoger y hasta probar la sangre del rey, que se estaba filtrando entre los huecos del entarimado. También uno de los ayudantes del verdugo, se dedicó a subastar las ropas y el pelo del rey.
Los restos del rey, junto con su cabeza,  fueron colocados por los
guardias en un cesto de mimbre, que metieron en un carro. Más tarde, se dirigieron al cementerio de la Magdalena, donde lo enterraron.
Posteriormente, en 1815, durante el reinado de Luis XVIII, en el período llamado de la Restauración, sus restos, junto con los de su esposa, María Antonieta, también guillotinada,  fueron trasladados a la basílica de Saint Denis, donde reposan la mayoría de los reyes franceses.
Parece ser que se encontraron fácilmente sus cuerpos, pues se habían inhumado en una tumba sin nombre, gracias a que un abogado señalizó el lugar preciso plantando árboles a su alrededor.
Entre su clientela más conocida podemos destacar las figuras de Danton, Hebert,  Robespierre, San Just y Camille Desmoulins. La ejecución de la reina María Antonieta, en 1793, se la dejó a su hijo, Henri, al igual que la de Fouquier Tinville, en 1795.
Curiosamente, en su juventud, Robespierre era un abogado absolutamente contrario a la pena de muerte. Tras la llegada al poder y viéndose rodeada Francia de enemigos por todas partes, optó por eliminar a todo el que le pareciera contario a sus intereses. Una de sus frases era: “El terror no es más que la justicia rápida, severa e inflexible”. Se dice que sólo en un mes se ordenaron 1.300 ejecuciones y en total, sólo en la época del Terror, fueron guillotinadas en Francia unas 40.000 personas.
No obstante, ya durante el período de Luis XVIII, empezó el llamado “terror blanco” por el que los monárquicos se tomaron la venganza y asesinaron a todos los revolucionarios que les dio la gana.  Por ello, a la época de Robespierre se le llama el Terror Rojo.
En Francia, la pena de muerte tiene una historia muy curiosa. En 1791 varios diputados y, entre ellos, el propio Robespierre, abogaron por la abolición de la pena de muerte, pero la proposición no fue aprobada por la Asamblea. Aunque sí que suprimieron los suplicios previos, que tenían que practicar los verdugos.
En 1795, tras la ejecución de Robespierre y algunos de sus partidarios, con la llegada de la nueva constitución, se prohibió parcialmente la pena de muerte, hasta que en 1810 se puso de nuevo totalmente en vigor.
En 1848, se abolió parcialmente esta pena, tras una serie de debates a nivel nacional, donde participaron, incluso,  los famosos escritores Víctor Hugo y Lamartine.
Entre 1906 y 1908 hubo otro gran debate sobre el tema, suscitado por un proyecto de Ley, presentado por el gran político Aristide Briand, por entonces, ministro de Justicia. Lamentablemente, no fue aprobado y la pena continuó en vigor.
Tras la II GM hubo otro gran debate, fomentado por conocidos intelectuales como Albert Camus o Arthur Koestler, pero no produjo ningún efecto.
En 1981, tras la llegada de Mitterrand a la presidencia de la República Francesa, dado que siempre se sintió abolicionista, aprobó una ley para abolir esta pena en Francia. Realmente, aunque estaba en vigor en ese país, la última ejecución se había llevado a cabo en 1977.
Por fin, nada menos que en  2007, el presidente Chirac aprobó una Ley con rango constitucional que afirmaba que “nadie puede ser condenado a la pena de muerte” en Francia.  
Volviendo a nuestro personaje, se dice que Sanson eran muy aficionado a presenciar  autopsias y a cultivar hierbas medicinales. También tocaba el violín y el cello.
Tuvo dos hijos Gabriel y Henri. El primero, realmente, era el más pequeño, pero siempre se consideró su heredero, porque le gustaba más ese oficio. Desgraciadamente, en 1792, en una de las ejecuciones, al mostrar al público una cabeza decapitada, cayó desde el patíbulo a la calle, rompiéndose el cuello y muriendo casi instantáneamente, con sólo 23 años. Así que, según la ley vigente,  le tuvo que suceder su otro hijo, Henri, que no tenía mucha afición y que ya era capitán de la Guardia Nacional en París.
Éste se mantuvo en ese cargo nada menos que 47 años, hasta que le sucedió su hijo Henri Clement, el cual realizó su oficio hasta 1847 y fue el  último miembro de la dinastía Sanson. En ese mismo año se derogó la norma por la que ese cargo tenía que ser ocupado, con carácter obligatorio, por un miembro de esa familia.
A este último miembro de la familia se le atribuyen las “Memorias de los Sanson”, publicadas en varios tomos en 1830, pero, según parece, esta obra fue escrita a medias por Honoré de Balzac, en su juventud, y por un tal François-Louis L`heritier de l’Ain.
Parece ser que en algunas ediciones figura una campana rota, como el emblema de esta familia. “Sans son”, que significa "sin sonido"  en castellano.
Este libro es  una narración de supuestas anécdotas, que les ocurrieron a los miembros de esta familia en los numerosos años que llevaron a cabo su trabajo.
Parece ser que lo publicó el último miembro de la familia Sanson, por estar arruinado a causa de su vicio por el juego.
Se cuenta que Charles-Henri, en una ocasión en que se reunió con el famoso Napoleón, éste le preguntó si podía dormir bien, después de haber matado a tanta gente. Él le respondió, más o menos, que si los emperadores, los reyes y los dictadores podían hacerlo ¿por qué no un verdugo?
También he leído por ahí que le preguntó si él le ejecutaría, si algún día le depusieran del trono, y el verdugo le contestó que no tendría ningún inconveniente en hacerlo. Había que ser muy valiente para hablarle en ese tono a Napoleón.
Para finalizar, nuestro personaje, cuyo nombre completo era “caballero Charles-Henri Sanson de Longval” murió en 1806 y fue enterrado en el conocido cementerio de Montmartre, en París.

6 comentarios:

  1. No sé si fue un Sansón al que una reina mandó llamar para ser decapitada por él... Me parece haber leído ese relato en un libro de Daniel Sueiro pero no recuerdo qué reina fue ni estoy seguro de si fue Charles-Henry...

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  2. No sé si fue un Sansón al que una reina mandó llamar para ser decapitada por él... Me parece haber leído ese relato en un libro de Daniel Sueiro pero no recuerdo qué reina fue ni estoy seguro de si fue Charles-Henry...

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    1. Ese dato lo desconozco. Sólo puedo decir que, por lo que he leído, este personaje, fue una persona muy respetada en la sociedad francesa. Estaba bastante bien pagado y siempre tuvo varios ayudantes a su cargo.
      Tenía fama de ser muy profesional y muy eficaz en su labor, porque también hay que decir que muchos verdugos no tenían demasiada práctica y tardaban demasiado en realizar su tarea, con el consiguiente sufrimiento para los reos y para los espectadores que iban a contemplar ese "espectáculo".
      Muchas gracias por su comentario y saludos.

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  3. Excelente artículo! Me vi nteresada por esta historia al comenzar a leer un manga llamado Innocent, donde narra la historia de Charles-Henri Sanson. Gracias por la información aportada en este artículo! Me gustaría saber donde puedo conseguir la obra de Balzac si es que fue publicada. Gracias!!

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  4. no encuentro nada de lo q busco pero es interesante

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    1. Me alegra que te haya gustado.
      Si no es mucho preguntar ¿qué estás buscando?
      Muchas gracias y saludos.

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