ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

sábado, 17 de octubre de 2015

EDOUARD DALADIER Y LOS ACUERDOS DE MUNICH



Ha habido algunas veces en la Historia, en que ciertas naciones no han tenido unos líderes a la altura de las circunstancias y a sus pueblos  los ha amedrentando un simple matón de barrio, como era Hitler. Este es el caso de nuestro personaje de hoy. Aunque, por otra parte, me parece que éste no fue el más amedrentado, pero no podía permitirse que lo dejara tirado su gran aliado, el Reino Unido.
Edouard Daladier nació en 1884 en una localidad llamada Carpentras al sudeste de Francia y muy cerca de la famosa Costa Azul.
Su familia era de tipo modesto, pues su padre era panadero en esa ciudad. Nuestro personaje empezó siendo un joven profesor de Historia.
También muy joven, en 1911, fue elegido alcalde de su ciudad, pero, al llegar la I Guerra Mundial, fue al frente, consiguiendo regresar vivo y acabarla con el grado de capitán y con la medalla de la Legión de Honor.
Ya en la posguerra, fue elegido diputado por su región,  Vaucluse, entre 1919 y 1940. También fue elegido en varias ocasiones presidente del Partido Radical Socialista.
Entre 1924 y 1932 entró a formar parte de varios gobiernos. Sucesivamente, fue ministro de Colonias, Guerra, Instrucción Pública y Obras Públicas. También llegó a ser Presidente del Gobierno de Francia en 1933 y 1934. La segunda vez tuvo que dimitir a causa de los disturbios que realizaron por todo el país los miembros de la extrema derecha. En esa ocasión, le acusaron de falta de mando para acabar con ese tipo de violencia.
Durante el Gobierno del Frente Popular, liderado por León Blum, entre 1936 y 1937, ocupó la cartera de Defensa Nacional. Por entonces, siempre se mostró contrario a que Francia ayudara de alguna manera a la II República española.
En 1938, cuando volvió a ser presidente del Gobierno, formando parte del Frente Popular y teniendo como aliados al PS de León Blum y al PCF, fue casi obligado por el primer ministro británico, Chamberlain, para que aceptara la cesión de la región de los Sudetes, perteneciente a Checoslovaquia. Aunque en las fotos no se le veía muy convencido de que los célebres Acuerdos de Múnich solucionarían todos esos problemas.
Precisamente, su vuelta a la Presidencia del Gobierno coincide con el cierre de la frontera hispano-francesa, para que, durante la guerra civil,  los republicanos no pudieran recibir por allí los suministros militares.
Es más, en febrero de 1939, Francia reconoció al Gobierno de Franco y dejó de reconocer al de la II República. Incluso, a la mayoría de los exiliados españoles que huyeron a Francia los internaron en campos de concentración, acusándolos, según uno de sus decretos, de extranjeros indeseables.
Con el pretexto de que hostigar a Franco haría que tuvieran más poder los nazis en España, se apresuró a firmar un acuerdo con ese Gobierno, al igual que lo hicieron los británicos.
Como nuevo embajador de Francia, ante el Gobierno de Franco nombraron, casualmente, al famoso general Pétain, que también era cuñado del pintor Zuloaga.
A pesar de que varios países contribuyeron al mantenimiento de los refugiados españoles en Francia,  la prioridad de su Gobierno era quitárselos de encima cuanto antes, incluso, devolviendo a algunos a España.
Coincidía con  ellos, un diario nazi alemán, que se mostraba a favor de Francia, calificando como “el gigantesco sacrificio financiero de Francia por los refugiados rojos españoles”.
Curiosamente y me parece que, no por casualidad, pusieron a los refugiados republicanos bajo la vigilancia de tropas moras y senegalesas. Sabiendo el terror que habían producido durante toda la guerra civil los moros a los milicianos.
Algunos autores comentan que, cuando regresó a su país, después de haber firmado los Acuerdos de Múnich, una gran multitud le esperaba para felicitarle, por haber preservado la paz mundial. En ese momento, él masculló: “Idiotas, idiotas”
De hecho, hubo 3 ministros de su gabinete que presentaron su dimisión, por no apoyar ese acuerdo, pero él no se las aceptó hasta haberlo firmado.
Estos Acuerdos de Múnich hicieron caer al Gobierno de Checoslovaquia y le sucedió otro plagado de militares. Posteriormente, también dimitió Benes, el presidente de
la república.
Desde luego, al quitarle la zona de los Sudetes a Checoslovaquia, le daban la puntilla a ese país, pues la dejarían sin su zona fortificada para poder defenderse de los posibles ataques alemanes, sin su mejor industria y sin la mayoría de sus materias primas. Aparte de que las potencias occidentales y hasta la URSS, tenían firmados varios acuerdos con estos países, para protegerlos de un posible ataque alemán.
Concretamente, Francia había firmado un acuerdo defensivo con Polonia en 1921. En 1924, con Checoslovaquia, en 1926, con Rumanía y en 1927, con Yugoslavia.
Tras la I Guerra Mundial, Francia, creó la llamada Pequeña Entente, formada por Checoslovaquia, Rumania y Yugoslavia, con el objetivo de defenderse de las ambiciones expansionistas de la URSS.
No obstante, Polonia nunca quiso adherirse a esta alianza, porque siempre había tenido muchas discusiones con Checoslovaquia y, como todo el mundo sabe, no puede haber dos gallos en el mismo corral.
Los países occidentales consiguieron que Polonia y Rumania firmaran un acuerdo de defensa mutua. Por otra parte, redirigieron a la Pequeña Entente hacia la Alemania nazi, que la veían más peligrosa ahora que la URSS.
Realmente, la idea de ambos mandatarios occidentales era buscar la alianza con la URSS de Stalin, para poner freno a las ansias expansionistas de Hitler.
Por cierto, en España, el Gobierno de Negrín miraba con lupa todos estos acontecimientos.  Por entonces, se estaba desarrollando la Guerra Civil y los republicanos, sobre todo Negrín, estaban esperando que una nueva guerra europea pudiera hacer que cambiara el curso de la nuestra, provocando que los aliados lucharan por la II República. Incluso, para llamar más la atención, despidieron a los miembros de las Brigadas Internacionales.
Precisamente, en la época de la firma de los Acuerdos de Múnich, septiembre de 1938,  se estaba dando en España la batalla del Ebro.
Por otra parte, como los polacos no debían de fiarse mucho de los aliados occidentales, desde 1932 firmaron pactos de no agresión con la URSS y luego con Alemania. Esto ya lo comenté en mi blog en otro artículo dedicado al general polaco Josef Beck.
No obstante, mientras tanto, nuestro personaje, dio las órdenes oportunas para enviar dinero y suministros militares a Polonia, para que, en caso de guerra, pudiera aguantar la primera embestida de los alemanes. También habían enviado, anteriormente, asesores militares, como el futuro general De Gaulle.
Algunos autores han defendido la idea de que Francia, Bélgica y Polonia tenían en estudio, desde antes de 1933,  realizar una guerra preventiva contra Alemania, pero esto nunca ha sido probado.

Stalin les hizo sufrir hasta el último momento y, cuando pensaban que iba a firmar con ellos un pacto para acorralar a Alemania, contra todo pronóstico, firmó un pacto con Hitler. Así que la llegada de la guerra estaba asegurada, pero no así la victoria, para el bando aliado.
El 26/08/1939, cuando ya se veía la guerra como algo inevitable, se desmarcó, en parte, de los ingleses y le escribió una carta directamente a Hitler, en la que se dirigía al canciller alemán como un mensaje de un excombatiente a otro.
En principio, le dice que Francia tiene un compromiso con Polonia, para defenderla en caso de ataque exterior y que lo va a cumplir.
No obstante, como prueba de amistad, le dice que cualquier cosa puede llegar a ser negociable, sin tener que meterse en guerras, como el caso de Danzig.
Al final, le pide que le conteste si desea continuar con las conversaciones, porque, ambos deben saber que lo único que triunfa en las guerras es la devastación y la barbarie.
Hitler contestó unos días después con una misiva aún más larga. Comenzaba por decir que ellos no habían tenido ningún problema con Francia, desde que les fue devuelto el territorio del Sarre. Por ello, renunciaron a sus reivindicaciones sobre las disputadas Alsacia y Lorena.
Por otro lado, el renunciar a estos territorios, según él, no quería decir que renunciaran a otros que les habían quitado en Versalles.
Decía que, en el caso de Polonia, había intentado llegar a un acuerdo con el Gobierno polaco. Sin embargo, en ese momento, los británicos, desataron una campaña de prensa contra Alemania que no les gustó nada y que dio unas garantías erróneas a Polonia, sintiéndose protegida por los aliados. La cual, incluso, se envalentonó y empezó a lanzar exigencias a Alemania.
Luego, le pone el ejemplo de una Marsella que le fuera arrebatada a Francia y qué haría el Gobierno francés para recuperarla.
Él considera que, si llegara a invadir Polonia, sería para reparar una injusticia, mientras que los polacos se batirían para mantenerla.
Se despide diciendo que lamenta las graves consecuencias de este futuro conflicto y el papel en que va a poner a Francia, pero no ve otra forma de recuperar ese territorio.
El 31/08/1939, una unidad SS hizo un atentado de “falsa bandera”, disfrazándose de soldados polacos y atacando una emisora alemana cercana a la frontera. Ese fue el pretexto y, así, al día siguiente comenzó la II Guerra Mundial, con la invasión de Polonia, por parte de Alemania, que fue seguida por otra, unos días más tarde, por parte de la URSS.
Esta vez, las grandes potencias no se quedaron quietas y el 03/09 declararon la guerra a Alemania. La verdad es que la cosa quedó así, los aliados no hicieron nada por obstaculizar el avance de los alemanes y los soviéticos en Polonia. Así que, en muy poco tiempo, conquistaron ese país al completo.
Eso sí, los franceses movilizaron sus fuerzas hacia la frontera con Alemania, pero no se atrevieron a atacarles.
Hoy día, se sabe que, si lo hubieran hecho, hubieran puesto en un serio peligro al país germano, porque todavía no tenían un gran ejército, como sucedió más adelante y no hubieran podido contener a los franceses.
No hay que olvidar que el Ejército francés era el ejército europeo más importante de esa época, sin embargo, los alemanes, acababan de salir de una situación, donde el Tratado de Versalles, no les permitía tener, en la práctica, más que un pequeño ejército. De hecho, los franceses tenían más y mejores tanques que los alemanes, pero no supieron usarlos tan bien como los germanos.
Realmente, el ejército alemán, aunque, ciertamente, se hizo muy potente, tampoco lo fue tanto como presumían ellos. Por ejemplo, presumían de ir con todas las tropas y pertrechos en unidades motorizadas. Eso no es cierto, porque tanto en la campaña de Polonia, como en la de la URSS, tuvieron que disponer de infinidad de animales de carga. Eso no solía verse en las fotos de sus revistas, el ministro Goebels, siempre controló muy bien esas cosas.
A lo mejor, esa inactividad del Ejército francés tuvo que ver con la dimisión de Daladier, sucedido por Reynaud.  No obstante, nuestro personaje, se quedó en el gabinete ocupando la cartera de Defensa.
En junio de 1940, cuando los alemanes invadieron Francia, le apresaron y le encerraron en la fortaleza de Portalet.
 Posteriormente, fue juzgado por traición a la Patria, ya dentro del régimen colaboracionista de Vichy. Después, fue entregado a los nazis y éstos lo encerraron primero en Austria y luego en Alemania . Allí estuvo durante toda la guerra, concretamente, en Büchenwald, cerca de Weimar, donde coincidió con León Blum, Mafalda de Italia y Jorge Semprún. Evidentemente, los dos primeros estuvieron en unas condiciones mucho mejores que el resto de los presos, al ser considerados presos políticos.
En el caso de Mafalda, como ya comenté en otro de mis artículos, fue una lástima, pues ya al final de la II Guerra Mundial, los aliados bombardearon ese campo de concentración, hiriéndola gravemente. Como ya sabemos, a esa altura de la guerra a Alemania le faltaba de todo y los médicos no pudieron hacer nada por ella, por falta de medicamentos para intentar curarla.
Por fin, fue liberado por las tropas USA, cuando llegaron a su campo. Concretamente, en la primavera de 1945.
Al año siguiente, ya de vuelta en Francia, pasa a ser miembro de Asamblea Nacional Constituyente, que redacta en poco tiempo la Constitución de la nueva IV República Francesa. Una vez aprobada, continuó en su escaño de diputado.
En 1957, fue elegido presidente de su partido. Sin embargo, en 1958, tras la vuelta de De Gaulle a la Presidencia, mediante un método muy poco “adecuado”, que podríamos llamar pronunciamiento militar y del cual ya he hablado en otro artículo, se opuso a ello y dejó completamente la política.
Murió en octubre de 1970 y fue enterrado en el famoso cementerio parisino de Père Lachaise.

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