ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 9 de octubre de 2015

EL SUDOR INGLÉS



Con este título, alguno podría pensar que voy a hablar sobre la poca higiene de los ingleses o el calor que nunca  hace en ese país. No es eso. Sencillamente, voy a hablar de una enfermedad muy extraña.
Este mal, totalmente desconocido, aún hoy en día, se empezó a dar durante la época de la Guerra de las dos rosas. O sea, aquel conflicto armado que enfrentó, entre 1455 y 1487, a los partidarios de la Casa de York con los de la Casa de Lancaster.
Los primeros tenían como emblema una rosa blanca, mientras que los segundos la llevaron roja. De ahí el nombre de la guerra.
Lo que se dilucidaba en esa guerra era nada menos que la Corona de Inglaterra, pues los pretendientes de ambos bandos eran descendientes del rey Eduardo III.
El conflicto debilitó mucho el poder de los nobles e hizo ascender el de los comerciantes y fortaleció a la Casa Tudor, creando una monarquía absoluta propia de su época. El final de esta guerra coincide con el comienzo del Renacimiento en Inglaterra.
En 1485, después de muchos años de guerra, se dio la batalla de Bosworth. Lucharon en ella los partidarios de Ricardo III contra los de Enrique Tudor. El segundo venció al primero, el cual murió tras la batalla.
Enrique Tudor llegó al trono con el nombre de Enrique VII y para reconciliar las dos casas en conflicto, se casó con Isabel de York.
Ambos, fueron los padres de ese rey tan cinematográfico, llamado Enrique VIII, el cual, como ya sabemos,  tenía un  pasatiempo muy singular consistente en asesinar a sus esposas.
Pues bien, volviendo al tema de este artículo, esta extraña enfermedad comenzó entre los primeros días de agosto de 1485 y el 22 de ese mes, fecha de la mencionada batalla.
A Londres llegó ya a finales del mismo mes, pues fue cuando llegaron el nuevo rey, junto su séquito y su ejército.
Sus síntomas eran diferentes de la muy conocida peste. Los que la padecían,  eran casi siempre hombres, nunca atacó ni a niños ni a bebés.
Hubo dos médicos, llamados John Caius y Euricius Cordus que se dedicaron a estudiar la enfermedad y gracias a ellos la conocemos hoy en día. De todas formas, parece ser que el primero que tuvo que luchar contra ella, desde el inicio,  fue el médico Thomas le Forestier.

Los síntomas eran mareos, dolor de cabeza y cuello, hombros, extremidades y agotamiento. Todo ello, en un plazo muy corto de unas 3 horas.
A continuación, se presentaban el agotamiento, somnolencia y convulsiones, aparte de frecuentes hemorragias nasales. Así, la mayoría de los pacientes moría en un plazo demasiado corto. Sólo transcurrían entre 4 y 12 horas, desde el inicio de la enfermedad y el fallecimiento.
También nos dicen estos doctores que aquellos pacientes que consiguieron vivir 24 horas, tras el contagio, pudieron superar esta enfermedad.
Hoy en día, seguimos sin saber exactamente de qué enfermedad se trataba. Solía aparecer en verano y desaparecer en otoño.
Lo más llamativo de ella era la sudoración tan fuerte que padecían los enfermos. Algunos autores actuales han conjeturado que podría tratarse de algún tipo de gripe o una enfermedad provocada por los conocidos como hantavirus.
No fue el único brote, pues se repitieron los años 1485, 1502, 1507, 1517, 1528 y 1551. Desde el año 1578 no se han conocido, afortunadamente, nuevos casos debidos a esta enfermedad.
Como todas las enfermedades, el brote se fue extendiendo. Empezó en Inglaterra y luego fue a Hamburgo, donde provocó una gran mortandad. De allí pasó a Suiza, países escandinavos, Lituania, Polonia y Rusia. Tampoco se salvaron Bélgica y Holanda. Incluso, afectó a los turcos que se hallaban asediando Viena.
La enfermedad solía atacar durante un plazo muy corto, unas dos semanas. En Suiza se alargó este plazo hasta final de ese año. En muchos países fue conocida como la “peste inglesa” o “sudor anglicus”.
Entre los años 1718 y 1861, se dio otra enfermedad parecida en Francia,
Italia y sur de Alemania. Se conoció como la miliaria y no era tan mortal como la inglesa. En muchos casos, se producía por un exceso de calor o de abrigo, el cual provocaba mucho sudor, que producía la obstrucción de los poros y muchos sarpullidos.
En cuanto a la “peste inglesa”, algunos expertos piensan que se debió a problemas con las aguas residuales o a la falta de higiene.

Sin embargo, atacaba por igual a los ricos y a los pobres.

Como la enfermedad desaparecía con el otoño, también se piensa que su origen podría estar en pulgas o piojos
 y que es posible que la trajeran los mercenarios franceses contratados por Enrique VII.
De hecho, parece ser que el primer brote se dio entre las tropas, que habían llegado embarcadas a Inglaterra al mando del duque de Richmond.
Entre los ilustres pacientes, fallecidos a causa de esta enfermedad, tenemos a Arturo Tudor, muerto en 1502,  con sólo 15 años, primogénito de Enrique VII y heredero a la corona inglesa, que iba a casarse con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos.
Su muerte produjo un gran problema diplomático, que se solucionó tras su boda con su hermano y nuevo heredero, el futuro Enrique VIII.
Precisamente, Catalina, fue una de las pacientes que logró superar tan enigmática y mortal enfermedad. Incluso, una de sus rivales, Ana Bolena, también la sufrió años después, pero sobrevivió a ella.
Dicen que las primeras víctimas londinenses fueron el alcalde y todos sus concejales. En algunas ciudades esta enfermedad llegó a matar a la tercera parte de su población.
Esta vez no os quejaréis, porque el artículo me ha quedado muy cortito. La verdad es que no hay muchas fuentes y todas dicen más o menos lo mismo.
La verdad es que, aunque reconozco que no tengo ni idea de Medicina, esta enfermedad me recuerda mucho a la tristemente célebre “Gripe española”, de 1918, que se cebó con los varones jóvenes en edad militar, los cuales morían sufriendo graves hemorragias.

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