ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 20 de diciembre de 2015

EL PLAN AMARILLO, LA INVASIÓN ALEMANA DE FRANCIA EN 1940



Tras la rápida invasión alemana de Polonia, llamada en clave por el estado Mayor alemán, el Plan Blanco, lo siguiente fue elaborar un plan para atacar a la poderosa Francia.
Siempre me ha parecido muy curioso que Francia, a pesar de que Polonia siempre había sido un buen aliado suyo, no movió un dedo para intentar parar a los alemanes. Lo mismo ocurrió en el caso del Reino Unido. Debe de ser que muchos de sus inversores y empresas estaban ganando tanta pasta con Hitler, que ninguno quería perder el negocio.
Sin embargo, lo que siempre me ha parecido muy paradójico es que los aliados le declararan la guerra a Alemania, por haber invadido Polonia, y no se la declararan a la antigua URSS, por haber hecho lo mismo. Desde luego, es algo que, por más que lo he preguntado, nadie ha sabido explicármelo de una manera satisfactoria.
No obstante, aunque los aliados le declararon la guerra a la Alemania de Hitler, no se les ocurrió, en ningún momento, traspasar la frontera con Alemania. Algo que, según se ha demostrado posteriormente, hubiera puesto en serios aprietos al Ejército alemán, pues, en ese momento, aún no tenía tropas suficientes para intentar haber parado a los aliados.
El período comprendido entre septiembre de 1939, cuando se produce la invasión de Polonia y las declaraciones de guerra, y mayo de 1940, es conocido habitualmente como la “guerra tonta” o la “guerra de broma”.
En ese período, los dos bandos en conflicto sólo se vieron las caras en Noruega, con una clara derrota aliada, y también en alguna escaramuza naval.
A los sucesivos gobiernos franceses, pecando de pacifistas, no se les ocurrió otra cosa que construir la famosa Línea Maginot, donde se gastaron una pasta, algo que ya estaba más que desfasado desde la llegada de la aviación.
También, la mayoría de la gente, piensa que, a primera vista, el Ejército alemán era muy superior al de los aliados. Pues no, los alemanes tenían algunas tropas más, pero no había mucha diferencia con las de los aliados. No hay que olvidar que Alemania siempre ha tenido más habitantes que Francia. Aparte de que, a esas alturas, ya tenía en su poder Austria y Checoslovaquia.
Incluso, los aliados, tenían muchos más carros de combate, 3.384 frente a 2.445 y también más artillería, 13.974 frente a 7.738.
Sin embargo, los alemanes, tenían más aviones, 5.446 frente a 3.090. Además, habría que aclarar que, como ya se demostró en nuestra Guerra Civil, los aviones franceses eran auténticos ataúdes volantes. Sin embargo, los rusos sí que demostraron su valía.
Dicho de otra forma, los aparatos franceses eran una auténtica porquería, si los comparamos con los que tenían los alemanes. Los de los británicos eran un poco mejores, pero todavía más escasos que los de los alemanes.
Muchos expertos creen que la gran diferencia entre el Ejército alemán y el francés, se basaba en su cadena de mando. Mientras que en el alemán estaba muy claro quién tenía el poder supremo, en el francés, se puede decir que cada uno mandaba por su cuenta.
Al frente del potente Ejército francés, que era el más grande de Europa, si no contamos el ruso, claro está, nombraron a un general muy mayor, ya camino de la setentena, aunque había sido todo un héroe en la I GM, el general Maurice Gamelin.
Realmente, no se sabe muy bien por qué este prestigioso militar no dio la orden de atacar Alemania. Tal vez, es posible que fuera presionado por el Gobierno francés para que no lo hiciera, porque se temían las represalias que pudieran tomar los alemanes.
En Francia, realmente, no estaba muy claro quién tenía el mando. Como presidente del Gobierno tenemos a Edouard Daladier, al que ya dediqué otro de mis artículos, un hombre que nunca quiso meterse en temas militares.
El general Gamelin era, teóricamente, el jefe del Estado Mayor de la Defensa, sin embargo, increíblemente, no tenía atribuciones ni sobre la Armada, ni sobre la Fuerza Aérea.
El jefe del Ejército del Nordeste era el general Georges, sin embargo, Gamelin, le usurpó algunas de sus atribuciones, como la de nombrar a los oficiales de ese Cuerpo de Ejército.
Gamelin, se puede decir que se “refugió” en el viejo castillo de Valenciennes, donde no había más que un teléfono, el cual, casi siempre estaba comunicando y ni siquiera había una emisora de radio. Hoy en día, puede parecer increíble, sin embargo, fue así como ocurrió.
De hecho, en algunas ocasiones se tuvieron que utilizar nada menos que palomas mensajeras para llevar las órdenes al frente. Alguien dijo que su cuartel general era lo más parecido a “un submarino sin periscopio”.
En fin, que, entre unos y otros, tuvieron dando tumbos al Ejército francés y, sobre todo, a las unidades blindadas. Tan pronto les mandaban hacia un sitio y cuando habían llegado, les hacían darse la vuelta. Al final, a algún listillo no se le ocurrió otra cosa que repartir los tanques entre las unidades de Infantería, lo cual fue aún peor.
Además, la logística, dejaba mucho que desear, pues, en más de una
ocasión, las unidades se quedaron sin municiones, porque nadie había dado la orden a los camiones para que se las llevaran y éstos se hallaban nada menos que a 100 km del frente.
Es verdad que también la inmensa cantidad de refugiados que se encontraron de frente, huyendo de los combates, entorpeció mucho la marcha de los refuerzos.
A Gamelin también se le ha acusado siempre de estar más cerca de los despachos de los políticos, que de visita en el frente, para conocer de cerca las unidades sobre las que mandaba.
Además, basta poner un ejemplo sobre lo inútiles que eran los mandos aliados. El propio agregado militar de la embajada francesa en Suiza, les transmitió que se había enterado que el ataque alemán sobre Francia tendría lugar entre los días 8 y 10 de mayo. Pues no le creyeron.
Otro ejemplo más. Un par de oficiales alemanes volaban entre Münster y Colonia, con la intención de asistir a una reunión del estado Mayor. A causa de la espesa niebla, perdieron su rumbo y, como se quedaron sin combustible, tuvieron que hacer un aterrizaje de emergencia en Bélgica, sin sospechar que se hallaban en el territorio de ese país.
Evidentemente, los capturaron, pero, como Bélgica se había declarado neutral, se negó a entregar a los aliados los planes de guerra que portaban esos alemanes.
De todas maneras, los aliados, pensaron que era demasiada casualidad y los tildaron de falsos. No obstante, Hitler, cuando se enteró de este incidente, exigió que se hicieran algunas modificaciones en esos planes.
La verdad era que los jefes aliados actuaron muy condicionados por la enorme cantidad de bajas que tuvieron en la I GM. Así que, mientras que los franceses se refugiaron en su enorme Línea Maginot, los británicos, enviaron pocas tropas, dejando la iniciativa al bombardeo aéreo.
También, los mandos aliados, vivían mucho de las rentas de haber ganado la I GM y no pensaban cambiar de estrategia para combatir en este nuevo conflicto.
Tampoco, Bélgica, ayudó mucho, porque, en un principio, se declaró neutral y se negó en redondo a colaborar con los aliados. Incluso, el Gobierno belga se permitió dar la excéntrica orden de disparar a todo soldado extranjero que traspasara sus fronteras.
Tenía un ejército bien organizado y con armamento moderno, pero, como era de esperar,  sería derrotado al primer “soplido” de los germanos.
Los alemanes atacaron por un lado no previsto por el mando aliado. También les cayó de sorpresa la velocidad de la llamada “Guerra relámpago” y no supieron pararla. Por último, no supieron actuar con la misma brillantez que en la I GM y no trasladaron rápidamente los refuerzos a las zonas donde eran más necesarios. Esas fueron las principales razones por las que fracasaron para contener ese ataque.
La idea de Gamelin siempre fue dejar la iniciativa a los alemanes, parándoles cada vez que intentaran un nuevo ataque. Incluso, dispuso unos miles de soldados a lo largo de la frontera con España y  Andorra, porque no se fiaba mucho de las intenciones de Franco.
A Gamelin no le gustaba nada la neutralidad de Bélgica, dado que tenía previsto realizar un ataque a Alemania, desde territorio belga, y esa postura le entorpecía sus movimientos.
No obstante, como tenía ya previsto que los alemanes pensaran atacarles a través de Bélgica, hizo que se trasladara hacia allí todo un Cuerpo de Ejército, pero nunca pensó que los alemanes pudieran atravesar con sus blindados la boscosa región de las Ardenas.
Además, por esa zona no se había construido aún la Línea Maginot para no molestar a las autoridades belgas.
El Plan o Caso Amarillo, que de las dos maneras le denominan los expertos, eran una especie de copia del famoso Plan Schlieffen, que fue el que utilizaron los alemanes en la I GM.
En un principio, la idea del Estado Mayor alemán era atacar Holanda y Bélgica y desde allí avanzar hacia Francia.
Sin embargo, uno de los mejores estrategas alemanes, von Manstein, argumentó que, si se utilizaba el mismo plan de la I GM, ya lo conocerían los aliados. No obstante, su insistencia le costó el puesto en el Estado mayor y lo destinaron al mando de un cuerpo de Ejército.
A pesar de todo, von Manstein, logró ser recibido por Hitler, a quien le contó su plan con todo detalle y consiguió convencerle para que ordenara al Estado Mayor que utilizaran su plan.
Este nuevo plan consistía en atacar Holanda y Bélgica y así atraer a las tropas aliadas. Mientras tanto, el grueso de las fuerzas alemanas penetraría a través de las Ardenas, para girar hacia el noroeste y envolver a las tropas aliadas, que habían invadido Bélgica, a fin de expulsarlas hacia el mar.
Para realizar este plan, según su creador, era necesario que les dieran plena libertad a los tanques, la infantería ya les alcanzaría  más adelante.
Como la artillería no podría moverse a ese ritmo, en su lugar se utilizaría a la fuerza aérea,  con el uso de bombardeos constantes a fin de debilitar al enemigo.
Ya que las tropas marcharían muy rápidamente y se alejarían demasiado de sus bases, era preciso que sus jefes les acompañaran en todo momento.
El 10 de mayo, las tropas alemanas atacaron Holanda, bombardeando los principales núcleos de comunicaciones y tomaron las fortalezas militares sin demasiado esfuerzo.
Igual ocurrió con la invasión de Bélgica. A las tropas de este país, ni siquiera les dio tiempo de volar los puentes.
El 13 de mayo, los alemanes habían conseguido atravesar el bosque de las Ardenas y el general Guderian se dispuso a cruzar el Mosa. Antes de hacerlo, los alemanes utilizaron su fuerza aérea para bombardear a fondo la orilla opuesta, lo que dio lugar a una huida general en desbandada de las fuerzas francesas en esa zona.
Al contrario de lo esperado, el general Gamelin, no envió refuerzos a esa zona, sino que protegió aún más la Línea Maginot, creyendo que los alemanes atacarían por allí.
El 14 de mayo ya se podía decir que los alemanes habían ganado la batalla en el Mosa. En los siguientes días, los alemanes aprovecharán esa cabeza de puente creada por Guderian y Rommel y seguirán avanzando con una marcha tan rápida, que hasta llego a
asustar al Estado Mayor alemán.
Mientras tanto, los generales franceses estaban absolutamente descoordinados y ni siquiera sabían dónde estaban sus depósitos de combustible. El mismo general De Gaulle intentó parar con sus blindados a los alemanes, pero tuvo que replegarse a causa del bombardeo aéreo.
A pesar de que el Estado Mayor alemán le ha prohibido a Guderian que siguiera avanzando, éste insiste en que debe hacerlo y tiene que ordenarle directamente el propio Hitler que parase sus blindados.
En el lado aliado, la cosa va mucho peor. El mariscal británico Gort pide a sus superiores autorización para retirarse hacia Dunkerque y desde Londres le deniegan su petición.
El Gobierno francés cesa a Gamelin y pone en su puesto al general Weygand, que es otro carcamal de la I GM y que no se entera de nada.
El 20 de mayo, los aliados se dan cuenta que no tienen nada que hacer y empiezan a replegarse hacia la zona bien defendida de Dunkerque.
El 23 del mismo mes, los alemanes llegan a una zona situada a sólo 15 km de Dunkerque, amenazando a las tropas que han huido hasta allí.
En ese momento, Hitler, convencido por el mariscal Goering, da la orden de parar a las fuerzas de tierra, para que se encargue la aviación de bombardear a las tropas sitiadas y así rematar la faena.
Por fin, el día 27, Londres consiente la evacuación de sus tropas y de las de los aliados. Para ello, tiene que movilizar cientos de barcos de todo tipo y protegerlos con los aviones de la RAF.
De esa forma, los británicos lograron evacuar hasta el 4 de junio, nada menos que 338.662 soldados propios y de la fuerza aliada.
Sólo quedaron en la playa 40.000 soldados franceses, al mando del general Fagalde, que fueron tomados como prisioneros por los alemanes.
Mientras los aliados han tenido 1.200.000 bajas, donde se incluyen los muertos, heridos y prisioneros; los alemanes sólo han tenido que soportar 10.255 muertos y 42.523
heridos.
Aquí es donde acababa el Plan Amarillo. Ahora le seguirán inmediatamente los planes marrón y rojo, hasta la total derrota francesa y ocupación de su territorio por las tropas alemanas.
A pesar de que los aliados acaban de perder 75 divisiones,  aún cuentan con otras 70 francesas, 5 británicas y 2 polacas.
El plan de los alemanes sigue siendo penetrar en Francia de oeste a este, envolviendo París y atacando por detrás a las defensas aliadas.
La defensa propuesta por Weygand consiste en mantener ciertas posiciones defensivas en ciertos lugares. Lo que no sabe el mariscal francés es que los alemanes no se van a molestar en atacar esas posiciones y sus blindados van a pasar de largo, con la vista puesta en París.

El 10 de junio, la Italia de Mussolini declara también la guerra a Francia. Intentan atacar por los Alpes y eso le ocasiona muchas bajas a los italianos.
El día 11 de junio, París, es declarada ciudad abierta por el Gobierno francés, a fin de que no sea bombardeada por los alemanes.
El 13 de junio, por la tarde, el Consejo de ministros de Francia se reúne en el castillo de Cangé, junto con el general Weygand, el cual les pide que soliciten el armisticio, pero no le hacen caso.
Al día siguiente, los alemanes entran en París, en medio de la consternación de sus habitantes. Algunos de ellos, lloran como niños al ver pasar esas tropas extranjeras de ocupación.
El día 15 se vuelve a reunir el Consejo de Ministros. Reynaud, el Presidente, les hace una propuesta consistente en huir hacia el norte de África con las tropas de tierra y la Armada y seguir desde allí la guerra contra Alemania, a lo que Weygand se opone rotundamente.
Por otra parte, De Gaulle, que se ha ido ya a Londres, ha podido hablar con un comité franco-británico, presidido por Jean Monnet. Éste le presenta una propuesta elaborada por ese comité, consistente en una unión entre Francia y el Reino Unido.
Tras quedarse estupefacto, De Gaulle, se pone en contacto con Reynaud, para informarle de ello e intentar convencerle, como le ha encargado Churchill. Lo cierto es que no lo acepta.
Poco después, Reynaud dimitió y el presidente de la República Francesa, Lebrun, nombró en su lugar al anciano mariscal Petain, que ya había cumplido los 84 años y al que autorizó a negociar un armisticio.
Esta misión le es encomendada al general Huntziger, que se reúne con los alemanes el día 21 de junio.
Los alemanes se quedan con todo el norte, el centro y el oeste de Francia, dejando sin ocupar una gran zona al sur, donde podrá seguir Pétain al frente de un gobierno títere.
También le permiten a Pétain quedarse con la flota y las colonias, así como un ejército formado por unos 100.000 hombres en la metrópoli y unos 180.000 en al colonias.
El día 22, Francia, firma ese convenio con Alemania. El 24, con Italia y el día 25 cesa, por fin, la Batalla de Francia.

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