ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 11 de diciembre de 2015

LOS LUDITAS, OBREROS CONTRA MÁQUINAS



Hoy traigo al blog un movimiento, que tuvo su apogeo en el siglo XIX, pero que no sería de extrañar que renaciera en cualquier momento.De hecho, ya va existiendo un neo-ludismo.
Por cierto, hace unos días, he leído que existe un programa del Gobierno USA con el que quieren fomentar el uso de robots en todas las empresas de ese país.
Lo cierto es que soy partidario del progreso de la Humanidad, pero no a cualquier precio, porque, desde la Revolución Industrial, los únicos que han progresado son los empresarios, yendo los obreros cada vez a peor.
Empezaremos por el principio. El citado movimiento lo comenzaron una serie de artesanos ingleses, que, hasta entonces, se habían dedicado a trabajar en talleres con unas condiciones de vida aceptables.
De pronto, la Revolución Industrial, trajo una serie de máquinas, que lo hacían todo mucho más rápido y con un coste menor para el empresario.
Evidentemente, los obreros, aunque la mayoría de ellos eran analfabetos, se dieron cuenta de que en su empresa, cada vez echaban más gente a la calle y pagaban menos.
Lo que estaba muy claro, y eso se puede ver muy bien hoy en día, es que las máquinas sustituyeron a una gran cantidad de obreros, produciendo cada día más, aunque no con la misma calidad de un artesano.
Las fábricas cada vez se hacían más grandes, al igual que las jornadas de trabajo de los obreros, mientras que los salarios eran cada vez más pequeños. Una de las razones era que, prácticamente, ya no necesitaban mano de obra especializada y que el trabajo de manejar una máquina lo podía hacer gente con muy escasa formación.
Por ello, nadie tenía su puesto de trabajo asegurado, ya que era muy fácil sustituir a un obrero por otro.
Parece ser que también tuvieron algo que ver las duras condiciones de trabajo que se dieron en Inglaterra, durante las guerras napoleónicas. Efectivamente, la época de mayor auge del ludismo se dio entre 1811 y 1813.
Se suele decir que este movimiento comenzó en Nottingham. Se llamó el triángulo ludita el compuesto por los condados de Yorkshire, Lancashire, Cheshire, Derbyshire y Nottinghamshire. Todos ellos en el centro de Gran Bretaña. Esta era la zona  donde solían operar los manifestantes luditas.
No está muy claro de dónde procede ese nombre. Unos dicen que era un homenaje a un personaje llamado Ned Ludd, obrero nacido en Anstey y que trabajaba en Leicester, que, en un momento de furia, alrededor de 1779, destrozó dos tejedoras mecánicas de la fábrica donde trabajaba.
Otros hablaban de un tal Robert Hode, que habitó en el siglo XIII, y que se convirtió, a través de la leyenda, y de las novelas de Sir Walter Scott, en el Robin Hood que hoy en día, conocemos todos a través de la Literatura y el Cine.
Lo cierto es que muchos campesinos se vieron obligados a abandonar sus pueblos a causa de la política del gobierno británico, consistente en privatizar los campos que habían sido comunales desde siglos atrás.
Esos campos privatizados fueron comprados por algunos nobles con el fin de criar allí ganado ovino y producir lana para la industria y la exportación. Lógicamente, tuvieron que talar muchos bosques para crear pastos para el ganado.
Toda esa masa de gente se fue acumulando en las ciudades para buscar trabajo en las fábricas. Así que estas urbes cada día fueron más insalubres y la gente tenía unas condiciones de trabajo y de vida menos aceptables.
La gente decía que se hartaba de trabajar, pero no le llegaba con su sueldo para vivir. ¿Os suena eso de algo?
Volviendo al comienzo del ludismo, se suele decir que empezó un 12/04/1811, cuando, en plena noche, un grupo formado por unas 350 personas (hombres, mujeres y niños) atacaron una fábrica de hilaturas en Notthingham.
Primero, destrozaron los grandes telares a base de golpes con la maza y luego le prendieron fuego a la fábrica. El propietario se llamaba William Cartwright y se dedicaba a confeccionar telas de mala calidad con máquinas modernas.
Parece ser que esta gente estaba muy bien organizada, pues, esa misma noche, otros grupos de este tipo, lograron atacar unos 70 talleres de esa zona.
Según el Gobierno británico, los luditas, provocaron abundantes pérdidas a causa del destrozo de maquinaria, fábricas, almacenes, etc.
No obstante, también el Estado tuvo que movilizar y enviar al Ejército a esa zona, aparte de ampliar el personal de los juzgados para procesar a los detenidos.
Los luditas también estaban en contra del nuevo tipo de sociedad que se les venía encima. Ellos eran partidarios del trabajo bien hecho, sin importar el tiempo que se necesitara para ello.
En cambio, esta Revolución industrial, promovida por los liberales, era partidaria de la velocidad en la producción, la búsqueda del mayor beneficio posible y a cualquier precio, etc.
Incluso, se dedicaron a estropear el paisaje campestre, pues muchas de sus fábricas las construyeron en esos bonitos valles, donde antes pastaba el ganado y ahora sólo se veía en ellos el hollín y el humo que salía por sus chimeneas. Una contaminación que aún puede apreciarse   hoy en día.
Estas nuevas máquinas habían dejado a miles de obreros y artesanos sin trabajo. Además, según parece, ese año hubo una mala cosecha y mucha gente no tenía nada para vivir.
Allí empezó algo que nosotros solemos padecer a diario. Entonces, se decía que el que controlara el capital, tendría todo el poder y no le afectarían ni las leyes ni el poder del rey. Desgraciadamente, en eso, acertaron de lleno.
Quizás, por eso mismo, vieron en este movimiento un serio peligro para sus intereses. Así que se unieron, una vez más, el Gobierno y los capitalistas, para ejercer una contundente represión sobre esta gente.
Enviaron casi 15.000 soldados a esa zona, lo cual era una cantidad considerable sólo para reprimir un movimiento obrero. Dicen que Wellington utilizaba, habitualmente, una menor cantidad de soldados para enfrentarse a los ejércitos de Napoleón.
Ocuparon militarmente esa zona e infundieron el miedo a sus habitantes, a base de detenciones e interrogatorios nocturnos, amenazas para que la población no les apoyara, etc.
También enviaron muchos policías, espías, milicias, etc, con el único afán de detener a la mayor cantidad de gente posible y juzgarla sin garantías de ningún tipo.
A pesar de que los obreros se dirigieron al Parlamento para hacer llegar sus quejas y mejorar su forma de vida, no se les escuchó.
Es más, el partido conservador consiguió que se aprobara en febrero de 1812 un endurecimiento de las penas que suponía que un ludita podría ser condenado a muerte.
También, esta norma fue aprobada casi unánimemente en la Cámara de los Lores. El único que se opuso a ella fue el poeta Lord Byron, el cual escribió lo siguiente: “…Algunos seguramente han pensado que era vergonzoso/cuando el hambre llame y la pobreza gime,/que la vida se deba valorar en menos que una tejedora/ y el romper de bastidores conduzca a romper de huesos.”
El Gobierno realizó una campaña contra los luditas, calificándolos como ladrones, asesinos y alborotadores y así justificaba la Ley aprobada contra ellos.
Por otra parte, se ocupó de enviar a los jueces más sanguinarios,  para acabar cuanto antes con este movimiento a base de pronunciar rápidas y duras condenas, consistentes en trabajos forzados, el exilio en Australia y hasta la horca.
También enviaron a un abogado del Departamento del Tesoro, para intentar conseguir que la mayoría fueran ahorcados. La idea era “encontrar víctimas a modo de chivos expiatorios, que sirviesen de ejemplo para el resto de la sociedad”.
Al final, 28 personas fueron juzgadas. De ellas, 5 fueron encarceladas en el Reino Unido, 8 deportadas a Australia con una condena de 7 años de trabajos forzados y 15 fueron condenadas a penas que les pudieran llevar a la horca.
De ellos, 7 habían sido condenados por extorsión para recaudar dinero para la causa. Otros 6 de robar comida durante unos disturbios. Los dos restantes, por destruir maquinaria.
Al final,  5 de ellos fueron condenados a muerte, siendo ahorcados sólo dos. Uno de ellos fue Joseph Thompson, de 34 años, que había sido condenado por robar algunas piezas de la cubertería de plata de la casa de un empresario. El otro fue John Temples, de 27 años, que también había robado algunas cucharas de plata y prendas de abrigo de la casa de un empresario.
El resto fue enviado a Australia con una condena de 14 años para cumplir en esa isla.
A pesar de que las tropas y los funcionarios enviados desde Londres consiguieron meter el miedo en el cuerpo a los habitantes de esa zona, nadie quiso testificar contra esos acusados. Lo que les llevó a pensar a los jueces que esta rebelión podría ser mucho más gigantesca de lo que parecía en un principio.
Desgraciadamente, el ludismo fracasó y el capitalismo siempre ha calificado a este movimiento como el de unos locos irracionales, que no comprendían lo que era el progreso.
Es cierto que la Revolución industrial trajo un gran progreso para la sociedad. No obstante, es preciso decir que también, en nombre del progreso, se han cometido muchas barbaridades.
Podemos destacar, entre otras, los campos de exterminio, los de experimentación médica, los daños causados en la salud por el DDT, la talidomida, los escapes radioactivos, la contaminación de la capa de ozono, el cambio climático, etc.
Los luditas no estaban en contra de todo tipo de maquinaria, sino sólo de aquella que consideraban que podría dañar a su comunidad.
Hoy en día, si tomamos conciencia de los excesos provocados por la industria, podríamos intentar crear un nuevo tipo de sociedad, más respetuosa con el medio ambiente y que permitieran un desarrollo sostenible.
En la actualidad, muchos ciudadanos se movilizan cada día más para intentar que la tecnociencia no ponga en peligro nuestro presente y tampoco nuestro futuro.
En USA, muchos afectados por desastres tecnológicos, como los afectados por radioactividad, pesticidas, amianto, etc, están presionando al Gobierno para que controle más a la industria.
Así, demuestran que la tecnología puede tener un aumento del bienestar social, pero también un aspecto muy negativo para la salud.
Aparte de que, normalmente, los empresarios, sólo tienen puesta la vista en obtener los mayores beneficios posibles. En cambio, cuando hay que gastar para arreglar lo que ellos han contaminado, esa labor se la suelen dejar al Estado. Para que la paguemos entre todos.

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