ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

martes, 29 de marzo de 2016

EL PRESIDENTE WILSON, UN PACIFISTA QUE TUVO QUE ENTRAR EN UNA GUERRA



En una etapa como ésta, donde parece que las guerras son algo irremediable y que se dan por todas partes, me ha apetecido traeros al blog a un personaje que abominaba de ellas y que puso todo su empeño para que la guerra mundial que padeció fuera la última.
Nuestro personaje de hoy, Tomas Woodrow Wilson,  nació un día de 1856 en un pueblo  de Virginia, llamado Staunton, en la zona oriental de los USA.
Su padre fue uno de estos tipos raros, que parece que sólo los hay en ese país. Se trataba de un pastor presbiteriano, muy versado en Teología, que, a la vez, siempre fue un gran admirador de las ideas del suizo Rousseau y, concretamente, de su famosa obra “Emilio”.  Quizás, por eso mismo, no consintió que su hijo aprendiera a leer hasta los 9 años.
Seguramente, el niño encontraría muchas diferencias entre la educación recibida de su padre y lo que veía por la calle, pues había nacido en un Estado sudista y esclavista en plena guerra de Secesión o guerra civil de USA.
Parece ser que su padre le inculcó, desde muy pequeño, las ideas de tratar a cada de igual manera, ayudar a los más débiles y sostener esas ideas éticas a cualquier precio.
Desconozco cómo fue a parar allí. Lo cierto es que comenzó sus estudios superiores en la prestigiosa y selecta Universidad de Princeton, en Nueva Jersey. Es posible que se decidiera por ella, porque fue fundada por presbiterianos.
Tras su graduación, en 1882, abrió un despacho de abogado en Atlanta, Georgia. Otra vez había vuelto al Sur.
Lo cierto es que no se le dio muy bien. Así que se decidió por dar clases en varios centros universitarios.
En 1889, volvió a Princeton, donde impartió clases de Jurisprudencia y Economía. A la vez, se dedicó a escribir artículos donde criticaba sobre la política de USA.
Ya en 1902, fue elegido presidente de esa prestigiosa universidad. Algo muy importante para un intelectual norteamericano.
El problema es que allí intentó aplicar algunas de las ideas que le inculcó su padre. Intentó que vivieran igual de cómodos los estudiantes de familias adineradas y los procedentes de familias modestas. Algo que no pudo conseguir, porque, en  ese centro, las diferencias sociales estaban muy marcadas.
No obstante, alguien le dio otra oportunidad. El Partido Demócrata le ofreció presentarse como candidato por su partido al puesto de gobernador de Nueva Jersey. Ahí tuvo más suerte y salió elegido.
Parece ser que agradó mucho a sus nuevos amigos y no se lo pensaron mucho a la hora de presentarlo, sólo dos años después, como candidato a la presidencia de USA.
Esta vez, tuvo que competir con el presidente republicano, William Taft, y con un antiguo presidente, Teddy Roosevelt, que había ganado mucha popularidad durante su mandato.
Como todos sabemos, nuestro personaje llegó en 1913 a la Casa Blanca. Comenzó su mandato con un nuevo estilo de gobierno. Empezó por acudir en persona al Congreso para convencer directamente a los diputados. Algo muy inusual en la política de ese país.
Evidentemente, fue más de una vez a esa cámara a buscar los apoyos que le hacían falta para poder batallar contra los grandes poderes fácticos del país, como eran la industria y la Banca.
Contra los primeros usó cierto desarme arancelario. Para contrarrestar el poder del sector financiero, fundó la Reserva Federal.
Aparte de ello, creó una política que protegía más los derechos laborales  de los trabajadores y sacó los fondos para aplicarla a base de aumentar los impuestos a las clases más adineradas.
Tras el estallido de la I Guerra Mundial, declaró: “No tenemos nada que ver con la guerra europea y sus causas no nos conciernen”.
Lo cierto es que, en USA, siempre han mirado un poco por encima del hombro a Europa, calificándola como un continente donde, periódicamente, se mata la gente.
Así y todo, ya, por aquella época, la tercera parte de la población era inmigrante. Me refiero, claro, a los inmigrantes recientes, porque allí son todos inmigrantes, menos los indios.
Así que los de ascendencia británica, querían ir con los británicos. Sin embargo, los irlandeses, querían lo contrario.
En el caso de los polacos y los judíos, que abundaban, no querían ni ver al zar de Rusia, ya que se habían tenido que ir de su tierra a causa de su dura política contra ellos.
En cambio, los de origen germánico apostaban por ayudar al káiser. No hay que olvidar que, hoy en día, se calcula que hay unos 50 millones de personas en USA que tienen esa procedencia. Lo cual es para pensárselo.
Así y todo, el presidente Wilson, no se apartó de su política de neutralidad y no quiso apoyar a ninguno de los dos bandos en conflicto.
Los alemanes se lo pusieron siempre muy difícil, pues, aparte de los frecuentes ataques de los submarinos a los mercantes de bandera USA, en 1915, hundieron el trasatlántico Lusitania, donde perdieron la vida 128 ciudadanos USA.
Increíblemente, Wilson, no aprovechó este hecho para declarar la guerra a Alemania, como le pedían muchos de sus conciudadanos. Se limitó a presionarles y conseguir que la Armada alemana dejara de atacar a los barcos con bandera de USA.
En 1916, se presentó a la reelección. Esta vez, competía contra el republicano Hughes, que le acusaba de cobardía, apoyado por el expresidente Teddy Roosevelt. De todas formas, volvió a ganar, gracias a sus victorias en los Estados de la costa del Pacífico.
Comenzó su segundo mandato intentando que los dos contendientes firmaran un armisticio, pero no consiguió nada.
Sin embargo, a finales de enero de 1917, la Armada alemana le hizo llegar un aviso de que volverían a hundir las naves de cualquier país que navegaran por las aguas de los aliados.
Para rematar el rizo, por aquella época, se conoció un famoso documento llamado “Telegrama Zimmermann”.
Se trataba de un telegrama enviado desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de Alemania a su embajador en México.
En él, se daban instrucciones al embajador alemán para que negociara con México una posible entrada en la I Guerra Mundial, en su bando, lógicamente, y Alemania haría lo posible para que recuperara sus territorios perdidos, correspondientes a los Estados de Texas, Nuevo México y Arizona. Curiosamente, en el citado documento, no se mencionaba a California.
Parece ser que este documento fue interceptado por los británicos y mostrado de una forma indirecta al Gobierno USA.
En un principio, tras publicarlo en la prensa, se pensó que podría tratarse de una falsificación británica, sin embargo, unos días más tarde, el ministro alemán, confirmó la veracidad del mismo y eso provocó la indignación nacional en USA.
Así que a nuestro personaje no le quedó más remedio que acudir al Congreso para exigir que todas las naves civiles se artillaran, para repeler los frecuentes ataques de los submarinos.
Unos días después, acudió de nuevo a la Cámara para pedir a los diputados que declararan la guerra a Alemania. Cosa que se aprobó sólo cuatro días después.
A pesar de que habían conseguido embarcarle en una guerra, Wilson, no abandonó sus principios y se puso a redactar sus famosos “Catorce Puntos”, para conseguir una paz duradera en Europa.
A pesar de los buenos deseos del presidente USA, sus aliados no estaban por la labor y no  iban a dejar que Alemania se escapara de la guerra, como si no hubiera pasado nada.
No obstante, a Wilson no se le puede decir que no lo intentara. De hecho, hizo algo inesperado, dejó los USA y se instaló más de 6 meses en Europa.
Intentó ejercer como mediador entre las partes y perdió ese apuesta. Nadie parecía necesitarlo.
Al principio, todo pareció bien, pero luego, los otros tres aliados, presentaron las "facturas" que debía pagarles Alemania.
En lo único que se pusieron de acuerdo fue en la creación de la Sociedad de Naciones, con la intención de poder manejarla, según les conviniera, como hacen ahora con la ONU.
Hasta el mismo Senado de USA se manifestó en su contra y se opuso a que su país entrara en ese Organismo.
Todo este aluvión de trabajo hizo que enfermase, pillando una apoplejía, que le dejó paralitico durante mucho tiempo.
Ya no pudo intervenir en las elecciones de 1920 y esta vez ganaron los republicanos y el tradicional aislacionismo internacional de USA.
Tras esa derrota electoral, le fue concedido el Premio Nobel de la Paz, pero eso no le consoló de su fracaso. Muriendo tres años después.
Lo cierto es que, si le hubieran hecho caso, igual no se hubiera firmado el famoso Tratado de Versalles, en los términos en que se redactó, y es posible que no hubiera tenido lugar la II Guerra Mundial, con las decenas de millones de víctimas que provocó.

1 comentario:

  1. Aunque siempre he dudado de los políticos que van de pacifistas, me parece que no debemos incluir a Wilson en ese grupo.

    Es uno de esos personajes de los que siempre sorprende algo, en este caso, su interés por proteger los derechos de los trabajadores. ¿Cuántos presidentes de los Estados Unidos hicieron de verdad algo en ese sentido? Quizás Franklin D. Roosevelt pero, al igual que Wilson, se topó con una pared: Wilson con sus "colegas" de Versalles y con todos los grupos políticos que en Estados Unidos le rechazaron sus 14 puntos; Roosevelt, con los poderes económicos que, dentro de Estados Unidos, se oponían a su New Deal.

    Demasiado idealista para la época que le tocó vivir, si hubiera tenido una salud como la que se adivina a Taft o a Theodore Roosevelt, igual no le hubiera dado la apoplejía que le frenó en su carrera a la paz.

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