ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

miércoles, 23 de marzo de 2016

EL GRUPO ANTINAZI LLAMADO CÍRCULO DE SOLF



Como ya he dicho en otros anteriores artículos, no todos los alemanes fueron partidarios de los nazis. Al contrario, a pesar del férreo control de la población, ejercido por el régimen nazi, hubo mucha gente que le opuso resistencia. Cada uno a su manera.

Para empezar, ese nombre tan raro que tenía este grupo, se debía a que su fundadora fue Hanna Solf, una persona perteneciente a una familia con gran influencia en Alemania. Dedicada
al mundo industrial y financiero.

Su nombre de soltera fue Johanna Susanne Elisabeth Dotti. Lo cambió, tras su matrimonio con el diplomático y especialista en culturas orientales Wilhelm Solf.


Wilhelm fue muy conocido en Alemania, por haber sido ministro de las Colonias, durante el reinado del káiser, Guillermo II,  y, más tarde,  hasta 1928, embajador de  Alemania en Japón.

Aparte de haber sido, anteriormente, gobernador de varias de las colonias alemanas, como Samoa. Donde, según parece, dejó un buen recuerdo de su gestión.

A la muerte de éste, Hanna, organizó un grupo de gente opuesta al nazismo. Solían reunirse en su casa y conversaban sobre diversos temas. Al estilo de los famosos “salones” de la Ilustración.

Algunos de los miembros del llamado “Círculo Solf” procedían de un antiguo grupo, llamado “SeSiSo Club”. Ese nombre estaba formado por el anagrama de los apellidos de sus fundadores: Hans von Seeckt, Walter Simons y Wilhelm Solf, su difunto esposo.

Ese club siempre tuvo poca influencia política, pues a sus reuniones, asistían personas de todas las ideologías y tuvo su etapa de apogeo en los años 20. Celebraban sus reuniones en un hotel de Berlín.
Volviendo al Círculo Solf, se puede decir que a sus reuniones acudían
personas de diversos sectores como banqueros, intelectuales, militares, diplomáticos, etc.

A pesar de no tener demasiada influencia, sí que consiguieron esconder a muchos judíos y lograr que escaparan de las garras de los nazis.

Parece ser que algunos de ellos mantuvieron relaciones cordiales con el llamado Círculo de Kreisau, al que dediqué, hace tiempo, otro de mis artículos.

Por lo que se ve, no eran un grupo de personas con una ideología concreta, como otros grupos de carácter comunista, sino, simplemente, un grupo de gente preocupada por la marcha y el futuro de su país.

Lo único que tenían en común es que casi todos ellos eran miembros de la nobleza y la alta burguesía de Alemania. Este detalle es muy curioso, porque también fueron miembros de este mismo colectivo social los que llevaron a Hitler al poder. Es de suponer que no fueran los mismos que se reunían en este círculo.

Todo les iba muy bien, hasta que un día se les ocurrió reunirse en la ciudad de Heidelberg, invitados a tomar un té con la Sra. Solf. Eso fue el 10 de septiembre de 1943.

Parece ser que, aunque no lo sospecharan,  la Gestapo ya andaba tras ellos. Así que alguien invitó a esa reunión a un joven médico suizo, llamado Paul Reckzeh, el cual, según se comprobó después, era un agente de la Gestapo.
A partir de aquí, todo fue un desastre total. Aunque los miembros del grupo consiguieron huir, los nazis los capturaron a casi todos.

A mediados de enero de 1944, ya los habían encarcelado. Esto tuvo unas graves consecuencias que ahora veremos.

Uno de los detenidos más importantes fue Otto Kiep, un conocido diplomático, que, además, tenía varios amigos en las filas de la Abwehr, uno de los servicios alemanes de Inteligencia.

Seguramente, por ello, la Gestapo, ordenó que dos de estos espías, Erich Vermehren y su esposa, Elizabeth von Plettenberg, los cuales se hallaban destinados en Estambul, volvieran urgentemente a Berlín.

Es posible que alguien les avisara, así que no se atrevieron a regresar y, encima, no se les ocurrió otra cosa que entregarse a los británicos.

Como a la SS le faltó tiempo para ir con el chivatazo ante Hitler, pues éste llamó inmediatamente a su presencia al jefe de ese servicio, el famoso almirante Canaris.

Parece ser que hubo una fuerte discusión ente ambos personajes y el almirante llegó a decir que no le sorprendía que desertaran sus agentes, porque Alemania estaba perdiendo la guerra. Hay que reconocer que este hombre le echó mucho valor al asunto. En aquella
época, se cargaban a la gente por mucho menos.

Hay que suponer que eso le sentaría como un tiro a Hitler, así que le destituyó fulminantemente de ese cargo y, posteriormente, el 18/02/1944, suprimió ese servicio de Inteligencia. Dándole mayor poder a los servicios controlados por Himmler.

Eso fue una lástima, pues, dentro de la Abwehr, había varios agentes judíos, que habían  conseguido ayudar a muchos de los suyos a cruzar la frontera con Suiza.
También, se dice que el propio Canaris dio varias informaciones falsas a Hitler, para que no invadiera Suiza e, incluso, hizo gestiones ante Franco, para que no dejara pasar a las tropas alemanas a través de España.

Volviendo al grupo a quien dedico este artículo, me gustaría enumerar algunos de sus integrantes. Aparte de la fundadora, Hanna Solf, y su hija, Lagi von Ballestrem, que fueron de las pocas que se salvaron de ser ejecutadas,  tenemos algún que otro personaje más o menos conocido, a los que me referiré más adelante.
El caso de Hanna y su hija fue muy curioso, pues las detuvieron y las encerraron en el campo de concentración de Ravensbrück, sufriendo torturas habitualmente.

Más tarde, fueron trasladadas a otra prisión, en espera de juicio, el cual se demoró a petición de un antiguo amigo suyo, el embajador de Japón en Alemania.
Se salvaron, porque, durante un bombardeo aliado sobre Berlín, las bombas alcanzaron la propia sala del juicio, matando al sanguinario juez Freiser y quemando toda la documentación de la causa contra Hanna y su hija. Así que continuaron encerradas en esa prisión hasta que las liberaron los rusos. Desgraciadamente, ambas murieron pocos años después, debido al maltrato sufrido durante el período en que estuvieron encarceladas.

Una de las miembros del grupo fue Elisabeth von Thadden, la cual fue una famosa pedagoga, que fundó varios colegios para niños protestantes. Ella misma era una conocida opositora al régimen nazi, por lo que el Gobierno no dudó en cerrar sus colegios.

Más tarde, se unió a otros teólogos con la intención de impedir que el régimen nazi se apoderase de toda la Iglesia protestante de Alemania. De esa forma, crearon la llamada Iglesia Confesante.

Seguramente, ya llevarían tiempo tras ella y la capturaron en territorio francés, con el argumento de haber asistido a las reuniones del grupo de Solf.
Fue internada en Ravensbrück, donde la interrogaron de una manera salvaje. Parece ser que, en un principio, la intención de los nazis no era matarla. A lo mejor, es porque no querían que empeoraran sus relaciones con la iglesia protestante. Más tarde, tuvo lugar el famoso complot fallido de von Stauffenberg, el cual aprovecharon los nazis para eliminar a mucha gente, que les estaba molestando.
Así que la llevaron ante el juez favorito de Hitler, Freiser, para que, como siempre, en un simulacro de juicio,  lógicamente, la condenara a muerte. Poco después, fue ejecutada.

Posiblemente, como ya he mencionado anteriormente, uno de los objetivos prioritarios de los nazis, para forzar esas detenciones, fue la detención de Otto Kiep. El cual fue capturado a mediados de enero de 1944.

Este era un personaje importante. Nacido en Escocia e hijo de aristócratas y de profesión diplomático. Trabajó en varias misiones importantes, como en el Comité de no Intervención en la Guerra Civil española. También fue  jefe de prensa del Gobierno del III Reich, aunque siempre fue un conocido anti-nazi.

En un principio, no lo asesinaron, pero sí lo sometieron a terribles interrogatorios, donde no consiguieron sonsacarle nada.

Más tarde, tras el fallido atentado, ya mencionado, su nombre apareció en las listas de los conspiradores.

A partir de ahí, lo llevaron ante el famoso juez Freisler, al que ya dediqué otro de mis artículos,  y ya nos podemos hacer idea del resto.

Es curioso, porque este juez empezó siendo miembro del Partido
Comunista y dicen que dictaba mecánicamente condenas a muerte para hacer méritos dentro del Partido Nazi.

Otra de las participantes en ese Círculo fue Isa Vermehren, que empezó siendo una conocida cantante de cabaret, donde a veces, hacía mofa de los nazis.

A causa de la deserción de su hermano, Erich,  ella y su familia,  fueron encerrados, sucesivamente,  en los campos de concentración de Ravensbrück, Büchenwald y Dachau.

Posteriormente, la llevaron en el famoso “Convoy de los prisioneros de los campos de concentración del Tirol”.

Para el que no conozca esa historia, puedo mencionar que los de la SS organizaron ese convoy, seleccionando prisioneros importantes, para un posible canje, pero con instrucciones concretas de matarlos, si no se producía el mismo. Menos mal que un oficial del ejército alemán llegó a tiempo y les arrebató esos prisioneros a los criminales de las SS y así pudieron salvar sus vidas.

Afortunadamente, los nazis tampoco habían podido  probar nada contra ella y no la ejecutaron, como hicieron con los demás. Tras la guerra se hizo religiosa.

Wilhelm Staehle, fue un militar que participó en varias guerras. Con la llegada del nazismo ya estaba jubilado. No obstante, en un principio, apoyó la llegada de Hitler al poder.

Tras ver el trato que daba a los religiosos y a los judíos, como él era un miembro muy conservador de la Iglesia calvinista no lo pudo soportar y se apuntó a ese grupo.

También fue arrestado, pero no fue llevado ante el citado juez hasta que falló el complot. Parece ser que los nazis aprovecharon ese complot para quitarse del medio a todos los opositores que consideraban molestos y, con ese argumento, consiguieron que la opinión pública alemana estuviera de su parte.

Otro de los miembros de este grupo fue un sacerdote católico llamado Bernhard Lichtenberg. Precisamente, de este hombre no se puede decir que se callara ante las autoridades nazis, como hicieron muchos de sus colegas católicos y protestantes. Algo de lo que tuvieron que arrepentirse muchos de ellos, en la posguerra.

Protestó de igual forma contra la persecución a los judíos, la situación en los campos de concentración, el programa para asesinar a los discapacitados, etc.

En 1942 fue detenido y condenado a dos años de cárcel. Le enviaron a varios campos de concentración y acabó falleciendo en el traslado de uno a otro, dada su avanzada edad y su grave estado de salud. Fue beatificado en 1996.

Otro de los miembros de este círculo fue Rudolph Pechel. Este fue un conocido periodista, que se hizo famoso por ser el director de la revista semanal “Deutsche Rundschau”, portavoz de los conservadores que se oponían a la política del Gobierno nazi.

Sus críticas al régimen le llevaron a ser detenido y encarcelado en el campo de concentración de Sachsenhausen. Pasó por varias cárceles hasta el fin de la guerra.

Incluso, aunque fue acusado de traición y llevado ante el “eficaz” juez Freisler, no pudieron probar ese cargo. No obstante, en lugar de ponerlo en libertad, lo volvieron a encerrar en otro centro. Consiguió salir vivo del conflicto y, en la posguerra, se volvió a dedicar al periodismo.
 
El caso de Albrecht Graf von Bernstorff era el de un noble ale
mán, que se dedicó siempre a la diplomacia y estuvo destinado en varias embajadas de su país en el extranjero.

Posiblemente, por tener buenas relaciones con los británicos, fue detenido, por vez primera en 1940 y enviado a Dachau.

Tras su puesta en libertad, volvió a ser detenido en 1943, por haber ayudado a huir a muchos judíos y por su pertenencia a varias organizaciones anti-nazis. También es preciso decir que se trataba de una persona muy religiosa.

Pasó por varios campos de concentración hasta el fallido intento de asesinato de Hitler, tras el cual lo torturaron salvajemente hasta que lo asesinaron en 1945.

Richard Kuenzer fue un jurista y diplomático, hijo de un conocido industrial alemán. Debido a su trabajo, estuvo destinado en varios países, representando a Alemania.

Tras la llegada de los nazis al poder, estuvo en varios círculos opositores al régimen. A causa de ello, fue encarcelado en el campo de Ravensbrück.

Después del fallido atentado contra Hitler, se supo que era uno de los implicados en ese complot. Así que fue juzgado y ejecutado en abril de 1945, junto a otros conocidos opositores al régimen.

El general Kurt von Hammerstein-Equord fue un militar con unas opiniones bastante particulares. Se sentía un servidor del Estado, pero no de los políticos.

Siempre tuvo muy mala opinión de Hitler y desaconsejó al presidente y mariscal Hindenburg que le diera el puesto de canciller. Obviamente, no tuvo mucho éxito.

Solía decir que los nazis eran “una banda de mafiosos y pervertidos sexuales”, lo cual, es de suponer que no le gustaría nada a esta gente y seguro que ya le habían hecho una cruz negra en su lista.

Hasta 1933, fue el jefe del Ejército alemán, pero, tras la llegada de Hitler a la Cancillería, lógicamente,  le obligaron a dimitir y se jubiló.

Hitler, intentó atraérselo y, durante la guerra, le dio el puesto de comandante militar en Silesia. Más tarde, fue cesado por su oposición evidente a las órdenes del Gobierno.

Parece ser que formaba parte del Club de la Nobleza alemana y se retiró del mismo el día en que su junta directiva acató la orden de expulsar a todo el que no fuera ario.

En 1943, murió de un cáncer. Su familia rehusó que le dieran honores militares para que su ataúd no pudiera ser envuelto con la nueva bandera nazi.

Por último, para no cansaros más, aunque se podrían dar muchos más nombres, me referiré a la figura de Hilger van Scherpenberg.

Este personaje fue un diplomático alemán, que llegó a tener un elevado cargo en el Ministerio de Asuntos Exteriores.
 
Como los demás, fue denunciado por asistir a aquella reunión del Círculo de Solf. Fue encarcelado, juzgado y sentenciado a dos años de prisión.

Es posible que fueran más blandos con este personaje, porque se trataba del hijo del presidente del Reichsbank, el Banco central alemán, y luego ministro de Economía del III Reich, Hjalmar Schacht.

Bueno, como habréis visto, no todos los alemanes fueron nazis. Siempre hubo opositores a su régimen, aunque también es cierto que la mayoría de la población, según parece, no se manifestó en contra.

Lo cierto es que, como todos sabemos, había que ser muy valiente para manifestarse en contra de un régimen tan dictatorial y sanguinario como el de Hitler.

En fin, espero no haberos cansado, leyendo las historias de todos los personajes que he citado. Prometo hacer más corto mi próximo artículo. Saludos y muchas gracias por haberlo leído.

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