ESCRIBANO MONACAL

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UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

domingo, 19 de junio de 2016

GRACCHUS BABEUF, EL PRIMER COMUNISTA



Esta vez traigo al blog a un personaje bastante extraño, encuadrado dentro de la famosa Revolución Francesa.
Siempre se ha dicho que una de las habilidades que debe tener todo buen político es saber analizar el momento en que vive.
Es muy posible que este hombre no se diera cuenta de algo que vemos como obvio, desde la perspectiva del momento actual. La Revolución Francesa la crearon ciertos círculos burgueses, que se empeñaron en llegar al poder, al precio que fuera. Pues, según ellos, aportaban tanto o más que los nobles y deberían tener los mismos derechos que aquellos.
Para ello, no se les ocurrió en ningún momento establecer un Estado democrático, sino uno a su medida, donde un estamento social, concretamente, la burguesía, pudiera ascender hasta los puestos más altos del Estado. Sin preocuparse de lo que le pasara al resto de la sociedad.
De momento, no voy a enrollarme más y seguiré al final de este artículo, con mis conclusiones sobre este personaje.
François Noël Babeuf, también conocido como Gracchus, nació en 1760 en el pueblo de Saint Quentin, cerca de la frontera francesa con la actual Bélgica.
Precisamente, al lado de ese pueblo se libró, en 1557, la célebre batalla donde Felipe II de España venció a las tropas francesas y, para conmemorar esa victoria, mandó edificar el famoso Monasterio del Escorial.
Nuestro personaje nació en el seno de una familia modesta. Su padre era recaudador de
contribuciones y su madre había sido criada.
Parece ser que a su padre le había costado bastante encontrar un puesto de trabajo, pues, en 1738, había desertado, del Ejército francés y tuvo que vivir en el exilio hasta 1755, cuando fue amnistiado y pudo regresar. Por ello, a la vuelta, nadie quería darle un trabajo.
Nuestro personaje,  empezó trabajando junto a su padre, en su región de Picardía, y luego fue archivero de las escrituras sobre posesiones feudales. Allí pudo comprobar las injusticias que se estaban realizando con los campesinos, pues los nobles les estaban usurpando grandes cantidades de terrenos, que siempre habían sido comunales.
Parece ser que en su juventud leyó a Rousseau y a Mably. Así, no es de extrañar que, muy pronto, se mostrara partidario de eliminar las desigualdades sociales del Antiguo Régimen y hasta de eliminar por completo la propiedad privada. Con lo cual, ya sobrepasaba los ideales de estos dos autores.
Sin embargo, sí que fue partidario de la revolución, como forma de abolir por completo la esclavitud, los impuestos indirectos y el derecho hereditario.
En 1789, publicó su obra “Discurso preliminar al Catastro Perpetuo”, donde proponía que se aprobara una nueva ley agraria por la que el campesino disfrutara de su tierra, mientras viviera, y, a su muerte, fuera devuelta a la propiedad comunal, para ser repartida nuevamente.
Tras la llegada de la Revolución, se alineó junto a los jacobinos y los sans-culottes, que defendían que el fin de la misma tenía que ser “la dicha común”.
Sin embargo, él fue más allá, pues, mientras sus socios, defendían la limitación de la propiedad en manos de una sola persona, él ya propuso la eliminación de la propiedad privada, sustituyéndola por una comunal, llamada “comunidad de bienes y trabajos”.
También se opuso a los impuestos indirectos, por tener un carácter indiscriminado, y al sufragio censitario, o sea, la capacidad de poder votar, si tenías una determinada renta.
Algunos especialistas afirman que esta obra fue la primera donde se publicó la ideología del comunismo.
Entre 1790 y 1794, fue encarcelado en diversas ocasiones, acusado de ser un agitador social. Es curioso que, en esa época, acusaran a alguien de ser un agitador social, cuando todos los que detentaban el poder habían llegado hasta ahí por haberlo sido antes que él.
Hizo buenas migas con el revolucionario Marat, el que fue asesinado mientras tomaba un baño. Sin embargo, nunca se llevó bien con Robespierre y sus amigos. La amistad con el primero le sirvió para que le sacaran en varias ocasiones  de la cárcel.
Lo cierto es que se mostró púbicamente en contra del pago de indemnizaciones a los antiguos señores feudales, por haberles confiscado sus propiedades y repartirlas entre el
pueblo. Quizás, estas ideas las calificaron las nuevas autoridades como demasiado revolucionarias.
En 1795, se radicaliza aún más. En su nuevo periódico “Le Tribun du Peuple”, que tiene una buena tirada, ya defiende que la sociedad ha de organizarse hacia un trabajo de todos en común y que debe de llegarse a ello por cualquier medio. Incluso, empleando la violencia y la dictadura.
Evidentemente, el gobierno no toleró que se pudieran expandir esas ideas y, por ello, fue de nuevo, encarcelado durante  varios meses.
Parece ser que la verdadera razón de este encarcelamiento se debió a que nuestro personaje se opuso a una nueva medida del Gobierno, consistente en que, en plena crisis económica, se liberalizara el precio de los alimentos en París y la gente pasara mucha hambre.
Debido a la escasez en las provincias, muchas miles de personas se habían ido asentando en París y el Gobierno temía que Babeuf soliviantara a las masas y se volvieran descontroladas. Sin embargo, los famosos sans-culottes, a pesar de ser los revolucionarios más radicales, nunca apoyaron las ideas de nuestro personaje.
Utilizaba este periódico, donde ya firmaba como Gracchus, como una especie de púlpito, desde donde le daba igual meterse con los jacobinos, como con el propio Gobierno.
Es casi seguro que utilizara el seudónimo de Gracchus y denominara a su periódico el tribuno del pueblo, por su gran afición al estudio de la República de Roma. Siempre lo consideró como un período histórico ejemplar. Ese sería su tributo a los famosos hermanos Graco.
A causa de ello, fue apartado de todo cargo público y ya se refugió en el llamado “Club del Panteón”, denominado así porque se reunían en una zona cercana a ese monumento.
Este club está formado por gentes que la marcha de la  propia Revolución  había ido dejando por el camino. Incluso, se citaban allí antiguos miembros del Gobierno durante la época del Terror, como el ex fiscal Darthé.
Todos ellos desean que la Revolución tome un decidido giro a la izquierda y allí es donde nuestro personaje triunfa con sus incendiarios discursos.
En febrero de 1796, el joven general Bonaparte, como miembro del Gobierno revolucionario, ordena el cierre de este club.
Curiosamente, aunque pueda pensarse lo contrario, en el club no deseaban codearse con la gente de la clase humilde y, por ello, impusieron una cuota mensual un poco cara. Lo suficiente para que los pobres no pudieran pagarla. La verdad es que me recuerda mucho aquello de “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.
Realmente, él propugnaba que se pudiera distribuir la riqueza a todo el país, mediante un sistema igualitario.
Según él, la sociedad se dividiría entre agentes de producción, que llevarían sus productos a una especie de almacenes centrales, y agentes de distribución, que los repartirían por todo el país.
Ponía como ejemplo el hecho de que en 1793, cuando él estaba al frente de la administración de los víveres de la Comuna de París, se logró equipar y enviar, constantemente, suministros a los 200.000 hombres que estaban en el frente defendiendo el país contra los enemigos de la Revolución.
A finales de 1795, publicó en su periódico el llamado Manifiesto de los Iguales. Escrito por Maréchal y él mismo. Una especie de programa político para lograr llegar a esa sociedad igualitaria.
Dado que les habían clausurado el club, pasaron a la clandestinidad y, en marzo de 1796, se creó el llamado Comité de Insurrectos, en el que figuraban, entre otros, Babeuf, Buonarroti, Maréchal y Agustin Darthé. Precisamente, a Buonarroti lo había conocido el año anterior en la prisión.
El objetivo de esta conspiración era derrocar al Directorio y poner en vigor la Constitución de 1793, que era más democrática, para abrir el camino hacia el Igualitarismo. Parece ser que no confiaban en conseguir  llegar a ese estado mediante las urnas.
De esa manera, pusieron en marcha toda una organización de tipo clandestino en los distritos de París y hasta en el propio Ejército. La fecha fijada para ese levantamiento era el 11/05/1796 y pretendían que se les unieran otros grupos de descontentos.
Parece ser que, a finales de abril, uno de los implicados en ese complot, lo denunció a las autoridades.
La Policía detuvo a mediados de mayo a toda la cúpula de la organización, junto con la confiscación de todos los archivos de la misma.
En agosto de 1796, los seguidores de ese club organizaron una revuelta a fin de intentar liberar a estos presos, sin embargo, fueron fácilmente dominados por el Ejército.
En febrero de 1797, comenzó el juicio contra los implicados en ese complot. El proceso fue muy largo y ya en mayo de ese año los cabecillas fueron condenados a muerte.
Babeuf y Darthé intentaron suicidarse, sin embargo, fracasaron y fueron llevados al cadalso en un estado lamentable . Ambos fueron ejecutados el 27/05/1797. Según parece, sus últimas palabras fueron: “¡Pueblo! ¡Despiértate en la esperanza!”
Los expertos consideran que, tras este complot, la ideología del comunismo había pasado de ser solamente una idea filosófica a toda una fuerza dentro de la política. Incluso, algunos han dicho que su labor fue el primer intento de llevar la Revolución Francesa de 1789 hacia una última conclusión lógica.  Como ya he dicho al principio, esa revolución no fue, precisamente, diseñada para eso.
El propio Babeuf se dio cuenta de que había sido todo un precursor de una nueva ideología, que luego se llamó el Babuvismo y, más tarde, el Comunismo. Así que pidió que recogieran y archivaran todos sus escritos, para publicarlos cuando la sociedad estuviera más madura.
Evidentemente, él no tuvo ocasión de seguir publicando nuevos escritos. Sin embargo, Filippo Buonarroti, que fue uno de los miembros de ese club, que pudo escapar de la guillotina, en 1828, publicó en Bruselas “Conspiración para la Igualdad, llamada de Babeuf”.
Gracias a esta obra se pudo conocer a fondo la ideología de nuestro personaje y también tuvo mucha influencia sobre  los  revolucionarios de mediados del siglo XIX.
Los mismos Marx y Engels afirmaron que Babeuf fue un precursor en la futura lucha del “proletariado revolucionario”. Se podría decir que fue el primero que divulgó, de forma intuitiva,  la posterior teoría marxista de la lucha de clases.
La misma Rosa Luxemburgo siempre se declaró admiradora de nuestro personaje. Una de sus frases favoritas era: “La naturaleza nos ha dotado de un derecho igual para el disfrute de todos los bienes, el fin de la sociedad es defender esa igualdad atacada frecuentemente por el fuerte y el malo, y así aumentar de forma colectiva los disfrutes comunes”.
Precisamente, en “El Manifiesto de los Iguales”, se podía leer: “La revolución francesa es sólo la precursora de una revolución mucho más grande, mucho más solemne y que será la última”.
En otro de sus párrafos se puede leer: “Mucho menos de un millón de individuos, y durante demasiado tiempo, ha dispuesto de lo que corresponde a más de veinte millones de sus semejantes, de sus iguales”.
Por fin, en sus últimos párrafos se puede leer: “La organización de la igualdad real, la única que responde a todas las necesidades, sin provocar víctimas, sin que cueste grandes sacrificios, puede que, de entrada, no le guste a todo el mundo”.
“El egoísta, el ambicioso, temblará de rabia. Los que poseen injustamente clamarán que es injusticia. Los goces exclusivos, los placeres solitarios, los acomodos personales provocarán fuerte rechazo a algunos individuos hastiados de los sufrimientos ajenos. Los amantes del poder absoluto, los viles secuaces de la autoridad arbitraria replegarán con pena sus orgullosas cabezas bajo el nivel de la igualdad real. Su corta visión penetrará con dificultad en la próxima llegada de una felicidad común, pero ¿qué pueden algunos millares de descontentos contra una masa de hombres, todos ellos felices y sorprendidos de haber buscado tanto tiempo una felicidad que tenían al alcance de la mano?”
“Inmediatamente después de esta verdadera revolución, se dirán extrañados: ¡qué cosa! ¿La felicidad común dependía de tan poco? No teníamos más que quererla. ¡Por qué no la habremos querido antes! Sin duda, con un sólo hombre en la tierra que sea más rico, más poderoso que sus semejantes, que sus iguales, el equilibrio se rompe; el crimen y la desdicha se hacen presentes.”
En fin, como habréis podido ver, se trata de un personaje que parecía salido del túnel del tiempo y que apareció en una época que no le correspondía.
Seguramente, por eso mismo, lo ejecutaron sin pensárselo dos veces, para que su ideología no calara enseguida en esas incipientes masas proletarias, que habían conseguido lo que llevaba muchos años ansiando la burguesía, pero sin darles  nada a cambio.

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