ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 25 de agosto de 2016

EL ORIGEN DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL (1ª PARTE)


Esta vez, me voy a meter con un asunto muy controvertido y la verdad es que va a ser un tema algo difícil de explicar. Así que, si me lo permitís, me iré un poco hacia atrás, para que tengáis una visión clara de los hechos.
Prácticamente, desde el siglo XV, casi toda la Europa balcánica pertenecía al Imperio Turco o eran protectorados con gobernadores impuestos por el sultán.
En 1859, precisamente, cuando empezaban a surgir los nacionalismos en Europa, se produjo la rebelión de Serbia. Esto hizo que las demás piezas del dominó fueran cayendo. La rebelión siguió por Montenegro, Bosnia-Herzegovina y luego llegó a Bulgaria.
Me imagino que Londres y París no serían ajenos a este conflicto, porque se apresuraron a enviar allí a sus periodistas para narrar de una forma descarnada la fuerte represión ejercida por los turcos sobre los rebeldes.
Supongo que Rusia tampoco sería ajena a este tema, porque en 1877, se alió con Rumania para conseguir derrotar a Turquía.
Este conflicto acabó con la Paz de San Stefano, impuesto desde Moscú a Estambul. Por medio del cual, se ampliaba mucho el territorio de Bulgaria, añadiéndole Macedonia. También se reconocieron las independencias de Serbia, Montenegro y Rumania. Bosnia-Herzegovina pasaba a ser una zona autónoma. Una especie de protectorado del Imperio Austro-Húngaro.
Evidentemente, este tratado estaba hecho sólo al gusto de Moscú, pero no al de París, Londres o Viena, que, inmediatamente,  se opusieron al mismo. Sobre todo, se temía que la nueva Bulgaria fuera la puerta de entrada de Rusia en los Balcanes y de ahí al Mediterráneo. Saltándose el control de Turquía.
Así que, sólo dos meses más tarde, en junio de 1878, se reunieron en Berlín los representantes de las principales potencias y le dieron un repaso al tema.
Realmente, el Imperio Otomano, seguía existiendo por conveniencia de ciertas potencias europeas, a fin de parar al gigante ruso.
También, habían conseguido parar a los nacionalistas de esa zona, tanto eslavos como griegos, a base de crear pequeños Estados, con grandes rivalidades entre ellos y que, según estaba previsto, nunca podrían unirse y poner en peligro la zona. Es lo que se suele llamar la “balcanización”.
La idea que prosperó en ese tratado fue la de una independencia progresiva de los territorios y no inminente, como proponían los rusos.
Así, Bulgaria, volvió a perder el territorio que había logrado anteriormente. La mayor parte del mismo pasó a ser un protectorado de Turquía y el resto, llamado Rumelia Oriental,  tuvo una autonomía propia. Hasta 1908 no logró Bulgaria ser  una nación plenamente independiente.
No obstante, como les habían quitado el “caramelo” de la boca, este país luchó, incluso, durante la II Guerra Mundial, por recuperar el territorio perdido.
De ese modo, Bismarck, el organizador del evento, se puso la medalla de haber evitado otra guerra. Mientras que los rusos se erigieron en defensores de los cristianos y los británicos de los judíos, que habitaran dentro del territorio turco.
No hará falta decir que, por entonces, el primer ministro del Reino Unido era el gran político Disraeli, de origen judío.
A partir de entonces, Bulgaria, Serbia y Montenegro fueron aliadas de Rusia, al tener muy claro que sólo Rusia defendía plenamente sus intereses y no los países del Occidente europeo.
A Rumania la obligaron a ceder parte de su territorio a Rusia, lo que hizo que abandonara su alianza con ellos. No obstante, obtuvieron otras zonas, como la famosa Transilvania.
Volviendo a Serbia, el Compromiso Austro-Húngaro de 1867, que había dividido de facto el Imperio, en dos mitades, le dio mucho poder a los húngaros sobre zonas donde vivían los serbios y eso no hizo ninguna gracia en Belgrado.
También, aunque el haberse metido en una guerra, al lado de Rusia, y contra Turquía, le produjo muchas bajas a Serbia, no obstante, sirvió para que su independencia fuera reconocida por el resto de las potencias.
A pesar de ello, los nacionalistas serbios se quejaron de que no habían podido conseguir el territorio de Bosnia-Herzegovina, que reivindicaban como antigua zona perteneciente a la Gran Serbia medieval, Kosovo y el norte de Macedonia. Ese fue otro motivo por el que siguieron odiando al Imperio Austro-Húngaro.
Por otra parte, el príncipe Milán de Serbia, apoyado por algunos miembros del Partido Progresista, firmó un acuerdo comercial con Viena, por el que les compraban casi todas las exportaciones serbias, que se componían, principalmente,  de cereales y ganado.
Evidentemente, como estas cosas no se hacen gratis, pues Viena les impuso no firmar ningún otro acuerdo comercial con otro país, sin  la autorización previa de ellos, ni apoyar a las minorías nacionalistas eslavas, que poblaban el Imperio.
En 1882, Milan se convirtió en rey de Serbia. Sin embargo, su alianza con Viena, su forma despótica de gobernar y sus escándalos financieros, convenientemente aireados ante la opinión pública, le granjearon la enemistad de sus súbditos.
La sociedad serbia se dividió entre el Partido Progresista, que apoyaba la alianza con el Imperio Austro-Húngaro, y el Partido Radical, que miraba hacia Rusia.
Para recuperar su popularidad, intentó hacer lo que muchos otros dictadores, buscarse un enemigo y hacer creer a la sociedad que hay que afrontar esa empresa en común. En su caso, intentó conquistar la Rumelia Oriental, que le había sido arrebatada a Bulgaria.
No hay que olvidar que los nacionalistas serbios veían a ese territorio como parte de la Gran Serbia y, por ello, se le ocurrió conquistarlo.
De todas formas, fracasó estrepitosamente y, gracias a la alianza con los austriacos consiguió no salir muy malparado de este conflicto.
La situación iba cada vez  peor para el monarca. Así que no se le ocurrió otra cosa que convocar nuevas elecciones, donde ganó el Partido Radical, que era más proclive a Moscú.
En 1889, viendo que las cosas tenían ya muy poco arreglo, el soberano abdicó y cedió el trono a su hijo Alejandro, que entonces tenía sólo 13 años. Así que se formó un consejo de regencia, hasta la mayoría de edad del nuevo monarca.
Alejandro I fue mucho peor que su padre. Dos años después se declaró mayor de edad y disolvió el consejo de regencia. Gobernó junto a su padre hasta 1894, cuando tomó todo el poder. De él hablaré más ampliamente en otro artículo, describiendo su reinado y asesinato.
Tras este monarca, se nombró un gobierno provisional y se propuso al noble  Pedro Karadjeordjevic, que permanecía exiliado en Ginebra, como nuevo rey.
Con ello, no sólo se cambiaba una dinastía por otra, sino que Serbia, que, con la primera dinastía había basculado hacia Viena, con la segunda lo haría hacia Moscú.
Realmente, los conspiradores no tenían unas ideas muy claras. Sólo coincidían en que el país necesitaba una verdadera monarquía constitucional y para ello, necesitaba el apoyo de Rusia.
Ciertamente,  les hubiera gustado más instaurar una república, pero sabían que eso no iba a gustar ni en Viena ni en Moscú. Así que optaron por una monarquía constitucional.
El nuevo rey, Pedro I, dada su formación occidental, intentó implantar en su país una monarquía constitucional al gusto europeo.
Siempre fue muy popular entre sus súbditos por su modestia y se le considera el fundador de Yugoslavia o unión de todos los eslavos.
Debido a su mala salud, desde la guerra de los Balcanes, fue dejando, poco a poco, los asuntos de Gobierno en manos de su hijo y sucesor, Alejandro. El futuro Alejandro I de Yugoslavia, el cual fue asesinado, en 1934,  en Marsella, a manos de un anarquista.
El nuevo régimen aportó una mayor libertad política, pero también un auge del nacionalismo, que se tradujo en un afán expansionista, que les llevó a enemistarse con los Estados vecinos.
Incluso, llegó a provocar un cierto nerviosismo en Viena y Budapest, pues Serbia empezó a rearmarse y decretó el servicio militar obligatorio. Además, se dedicó a atizar las revueltas de los eslavos que vivían dentro de las fronteras del Imperio Austro-Húngaro.
No obstante, el primer ministro serbio, Pasic, intentó estabilizar las relaciones con la corte vienesa y no dar a entender que su país podría ser un peligro para el Imperio.
Sin embargo, en Viena, les apretaron las clavijas con la llamada “guerra de los cerdos”. El origen del conflicto venía dado por un tratado entre Serbia y Bulgaria, sin haber obtenido el visto bueno de Viena.
Como más del 80% de la producción de cerdos de Serbia iba destinada al mercado del Imperio, éste elevó sus aranceles, para encarecer sus productos. Además, como la única vía fluvial de salida de los productos serbios discurría por el Danubio y este río estaba controlado por el Imperio, pues lo tenían peor todavía.
Esta guerra comercial continuó entre los años 1906 a 1909. A pesar de que Serbia consiguió vender sus productos a Francia, pasando a través de Bulgaria hasta el mar. Para la población, cada vez estaba más claro que el país necesitaba una salida propia al mar, para poder comerciar libremente con sus productos.
En 1908, la anexión de Bosnia-Herzegovina, por parte del Imperio Austro-Húngaro fue muy sentida en Belgrado. Incluso, llegaron a movilizar a sus tropas. De hecho, el primer ministro, Pasic, se desplazó a Rusia para ver si podrían contar con ellos, en el caso de que estallase una guerra contra el Imperio, pero obtuvo una negativa por respuesta.
Tampoco gustó nada en Belgrado el golpe de Estado de los militares, dentro del movimiento de los Jóvenes Turcos. Eso haría que Turquía tuviera un nuevo vigor y a partir de ahora, sería mucho más difícil añadir nuevos territorios a Serbia.
Ya que no pudieron hacer nada para parar la anexión de Bosnia-Herzegovina, varios políticos y militares crearon una organización dedicada a la propaganda contra Viena y dirigida a los eslavos que vivían dentro del Imperio y en Macedonia.
En cambio, en Viena, contestaron con otra campaña, donde realizaron medio centenar de detenciones y llevaron a juicio, en Zagreb,  a personas serbias y croatas con unas pruebas que luego se demostraron que eran falsas.
También realizaron propaganda contra el Imperio en Bosnia-Herzegovina. Allí, refundaron una organización llamada Joven Bosnia, integrada por jóvenes serbo-bosnios de ideología izquierdista. No sólo se dedicaron a actos de propaganda, sino también al sabotaje.
En 1910, un joven musulmán llegó a asesinar al gobernador austriaco enviado desde Viena. Este joven fue calificado de héroe por la prensa serbia.
En 1911, surgió en la zona serbia de Bosnia-Herzegovina una organización secreta llamada Unidad o muerte, pero que, más tarde, fue conocida con el siniestro nombre de la Mano Negra.
Esta organización se dedicó a realizar verdaderos actos terroristas. Lo cual radicalizó aún más las ya tensas relaciones entre Viena y Belgrado.
Es posible que Belgrado la  utilizara para que el Imperio estuviera entretenido reprimiendo las revueltas en los diversos territorios que lo formaban y no dirigiera su vista hacia Serbia.
Ahora, os invito a leer la segunda parte de esta historia, que la he dividido en dos, para no cansaros mucho.

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