ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

jueves, 6 de octubre de 2016

EL DESEMBARCO DE LOS MONÁRQUICOS FRANCESES EN QUIBERON



Seguramente, a todos nos han enseñado que la
Revolución Francesa fue uno de los hitos más importantes de la Historia de la Humanidad.
También, que a partir de ahí, se empezaron a respetar los Derechos Humanos y cosas por el estilo.
Precisamente, en España, conocemos de sobra lo bien que respetaban esos derechos los soldados franceses. Si pudieran hablar los asesinados en Madrid, aquel famoso 2 de mayo de 1808, posiblemente, cambiarían muchos libros de texto.
A modo de ejemplo, puedo decir que, en Madrid,  fusilaron a varios esquiladores, que salían de su trabajo, por el mero hecho de portar unas tijeras propias de su oficio.
Lo que no se suele decir es que, tras la famosa Revolución, Francia, quedó dividida en dos bandos. Uno republicano y otro monárquico.
Como, desde un principio, los republicanos, se dedicaron a cortar cabezas, a los monárquicos, no les quedó otra que exiliarse, si querían salvar las suyas.
Desde luego, los monárquicos, no se quedaron de brazos cruzados. Muchos de ellos residieron en el Reino Unido y desde allí intentaron en varias ocasiones recuperar lo perdido.
Ya comenté, hace tiempo, en otro de mis artículos, lo que ocurrió en una región, llamada la Vendée, situada al oeste de Francia, que tomó partido por la monarquía.
Os recomiendo que leáis ese artículo, porque no hay muchos datos sobre esa rebelión, ya que, seguramente, todavía les da vergüenza intentar justificar de alguna manera la enorme matanza producida, en esa región, por las tropas republicanas.

De hecho, un historiador contemporáneo francés, pretendió realizar su tesis doctoral sobre ese tema y fue amenazado por ello.
En 1795, se puede decir que la República Francesa, a duras penas, había conseguido detener la ofensiva de las tropas aliadas contra su territorio. Incluso, logró resonantes victorias, como las de Valmy y Fleurus.
Ese mismo año, los británicos, apoyaron un desembarco de realistas franceses en una zona de Bretaña controlada por sus seguidores. El lugar elegido fue la península de Quiberon.
Evidentemente, los jefes del bando monárquico eran Luis, futuro Luis XVIII, y su hermano, el conde de Artois, futuro Carlos X.
Este último, tras recibir la visita del conde Joseph de la Puisaye, que luchaba en la Vendée, a pesar de que, en principio, fue tratado con cierta desconfianza, al pensar que pudiera ser un agente de los republicanos,  le otorgó el mando supremo de las tropas en Bretaña.
El mismo conde trabó amistad con varios ministros británicos, los cuales le dotaron de medios materiales para realizar el desembarco previsto.
No sé si los exiliados seguirían desconfiando del conde, lo cierto es que también enviaron en esa expedición a Louis Charles d’Hervilly, con el mando sobre todos los combatientes monárquicos.
Como los británicos tendrían mucho interés en complicarle la vida a los revolucionarios franceses, esta vez les cedieron una gran cantidad de medios a los monárquico
s. Supongo que, también, así aprovecharían para quitarse del medio a estos incómodos exiliados, que les estorbarían si un día quisieran firmar la paz con Francia.
Se trataba de 3 barcos de línea, 6 fragatas y varias cañoneras, que iban a escoltar nada menos que a 60 barcos de transporte.
Parce ser que llevaban unos 3.500 combatientes, aparte de sus familias. Además, también transportaban armas, uniformes, alimentos y otros suministros para los rebeldes de la Vendée.
Incluso, es preciso decir, que una de las mercancías que más abultaba era un enorme cargamento de moneda falsa francesa. Al objeto de arruinar al país y provocar la caída de el República.
El desembarco se produjo el 25/06/1795, en dos oleadas y en  el lugar previsto. Precisamente, en este mismo sitio tuvo lugar una batalla entre las tropas de Julio César y las tribus galas, en el 56 a. de C.
No tuvieron ningún problema, porque, los rebeldes de la Vendée y los chuanes se habían pasado por esa zona y habían eliminado a los republicanos que estaban de guarnición en la costa.
Enseguida comenzaron las luchas por el poder. Mientras el conde Puisaye había previsto, nada más desembarcar, dirigirse hacia la zona segura de la Bretaña y unirse a los rebeldes que luchaban allí contra los republicanos.
Sin embargo, d’Hervilly, que no se fiaba de la situación, propuso atrincherarse en esa zona a la espera de nuevos refuerzos, procedentes del Reino Unido.
Parece ser que el mismo día del desembarco, d’Hervilly, recibió una carta de un amigo, en la que se acusaba a Puisaye de ser un agente al servicio del Reino Unido.
También siempre hubo mucha rivalidad entre ellos, pues el primero quería una monarquía constitucional. Mientras que el segundo era partidario de volver al Absolutismo.
Por otra parte, no sé si los republicanos tendrían alguna información sobre este desembarco, porque los localizaron enseguida.
Durante la travesía, se encontraron con algunas naves de la flota francesa, que les intentaron cortar el paso, pero tuvieron que huir ante el poderío naval británico.
Lo cierto es que el general Lazare Hoche, jefe de las tropas republicanas en esa zona, se dirigió inmediatamente hacia ese lugar.
Inmediatamente, tomó la iniciativa y ocupó el castillo de Penthievre, desde donde podían vigilar a los desembarcados y bombardearles.
Tras la ocupación del castillo, los británicos, quisieron hostigar a los republicanos, sin embargo, dispararon, con su artillería naval, tanto a las filas republicanas como a las monárquicas.
Los combates comenzaron el 30 de junio y acabaron el 21 de julio del mismo año.
Los monárquicos intentaron varias veces romper el cerco republicano.  Incluso, embarcando en la naves británicas, para desembarcar en otro lugar, pero no fue posible.
El líder de los rebeldes chuanes se indignó cuando se enteró de que los refuerzos prometidos habían recibido en Londres la orden de desembarcar en otra zona, alejada de la suya. Así que la mayoría de sus hombres desertaron y se volvieron a sus tierras.
Cuando los monárquicos se dieron cuenta que iban a ser derrotados, el conde Puisaye, que parecía más listo, procuró que no mataran a sus hombres y se fueron en unos botes para reembarcar en las naves británicas y volver a su punto de origen. A su regreso a Londres, esa decisión le costó innumerables críticas, por parte de los exiliados.
Tras el ataque, se contabilizaron, entre las filas de los monárquicos, 1.200 muertos y unos 10.000 prisioneros. Ente los primeros, estaba d’Hervilly, aunque no murió allí mismo, sino en el viaje de vuelta a Londres. No se conocen las bajas por parte de los republicanos.
Parece ser que aquella estrecha península se llenó, enseguida de gente llena de lodo y de sangre, que les rogaba a los británicos que vinieran a rescatarles, pero no consiguieron nada.
Los últimos combatientes monárquicos, dirigidos por el marqués de Sombreuil, capitularon con la condición de que se respetarían sus vidas.
A pesar de que Hoche les había prometido respetar sus vidas, siguiendo las instrucciones recibidas desde París, les hicieron un simulacro de consejo de guerra y condenaron
a muerte a unos 757 hombres, dejando libres a las mujeres y a los niños. Se dice que, de todos los condenados, sólo pudieron escapar una media docena. No olvidemos que, en Francia, se hallaban en la época del Terror. Uno de esos muertos fue un abuelo del famoso poeta Baudelaire.
Parece ser que entre los fusilados se hallaban unos 430 nobles. Muchos de ellos habían sido marinos militares a las órdenes del guillotinado Luis XVI.
Algunos afirman que los británicos dispararon sus cañones sobre ellos para así terminar con los mandos supervivientes de la antigua Armada francesa.
También fusilaron a varios miembros del clero. Incluidos un obispo y su hermano, que era abad.
Las ejecuciones tuvieron lugar en la cercana población de Auray. Los cadáveres fueron enterrados allí mismo. Desde entonces, ese lugar se llama Campo de los Mártires.
Parece ser que esa cifra aumentó, en meses posteriores, hasta 952 prisioneros muertos. Supongo que sería a causa de las heridas y el maltrato recibido. Todos ellos fueron enterrados en una capilla que se construyó en ese lugar.
Esta masacre también dio lugar a que el responsable de la misma, Tallien, perdiera todos sus apoyos y cayera en desgracia.
Puisaye consiguió huir. Sin embargo, tras su regreso a Inglaterra, los monárquicos exiliados le culparon del fracaso de la expedición.
Incluso, decían que pudiera ser un agente de los republicanos o del gobierno británico. Esto último podría ser cierto, pues, un poco más tarde, el citado gobierno, le regaló un título nobiliario y unos terrenos en Canadá, aparte de una pensión vitalicia. Así que ya no quiso volver con sus antiguos compañeros y se nacionalizó británico.
También llovieron las críticas contra el primer ministro británico, Pitt. Él se limitó a responder: “Por lo menos, no ha corrido sangre inglesa”.
Sheridan, el jefe de la Oposición le contestó: “No, sin duda, no ha corrido la sangre inglesa; pero el honor inglés ha corrido por todos los poros”.

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