ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

lunes, 10 de octubre de 2016

EL MISTERIO DE LUIS XVII



Como me había salido un artículo demasiado largo, para que no haya quejas, por parte de los lectores, he decidido dividirlo en varias partes y así, entiendo, que será más fácil de comprender.
Empecemos por el principio, sobre Luis XVII, o sea, Luis Carlos,  lo único que se sabe a ciencia cierta es que nació el 27/03/1785.
Como no era el mayor  de los hijos de Luis XVI, su padre le dio el título de duque de Normandía.
En cambio, como su hermano mayor, Luis José,  murió a mediados de 1789, en esa época, pasó a ser el nuevo Delfín, o sea, el heredero a la corona de Francia.
Tras la Revolución Francesa, que, como todo el mundo sabe, comenzó con la toma de la prisión de la Bastilla, el 14/07/1789, se inició el principio del fin de la monarquía en Francia.
En octubre, un grupo de mujeres se amotinaron y fueron hasta Versalles. Allí obligaron a la familia real a volver a París para firmar una serie de medidas, que dieron lugar a la aprobación de la Asamblea Nacional.
Dado que la situación se tornaba peligrosa para la familia real, en junio de 1791, Luis XVI, decidió huir con toda la familia hacia Austria, donde reinaba el hermano de María Antonieta.
Desafortunadamente, cuando estaban casi a punto de cruzar la frontera, cerca de Varennes, su coche de caballos fue a dar con un control, donde un miliciano reconoció al rey, porque su efigie aparecía en todas las monedas de la época. Así que fueron detenidos y escoltados de vuelta a París.
De esta forma, nuestro personaje fue encarcelado, junto con su familia, en la fortaleza del Temple, el 13/08/1792.
El 21/09/1792, la Convención Nacional, mediante una votación previa, abolió la monarquía y declaró la I República Francesa.
Más tarde, la misma Convención, debatió sobre la actuación de Luis XVI. La acusación más grave esgrimida contra él era que había hecho un pacto con otros Estados, para que invadieran Francia y así salvar su trono.
Parece ser que esta acusación se basaba en que, al invadir las Tullerías, habían conseguido abrir una especie de caja fuerte, donde encontraron algunos documentos incriminatorios.
Así que lo condenaron  a muerte por 361 votos a favor, 288 en contra y 72 abstenciones. Curiosamente, su primo, el duque de Orleans, que andaba enemistado con los reyes, votó a favor de esa pena de muerte.
El 21/01/1793, fecha de la ejecución de su padre en la guillotina , fue reconocido, por su madre, María Antonieta,  como nuevo rey de Francia.
Más tarde, fue reconocido por todas las potencias europeas, incluso, la república de USA. Es más, Catalina la Grande, expulsó de Rusia a todos los franceses que se negaron a reconocer al nuevo rey.
El conde de Provenza se autonombró regente de Francia y el conde de Artois, lugarteniente general del reino. Por si acaso, ellos permanecieron exiliados en Westfalia.
Los ejércitos monárquicos, que combatían a la República, en algunas regiones de Francia, enarbolaron estandartes en honor al nuevo monarca.
Por otro lado, los revolucionarios, jugaron sucio, durante el juicio contra María Antonieta, y obligaron a declarar al niño, que había tenido juegos sexuales con su madre.
Poco más tarde, la reina rebatió esta acusación y se indignó de tal manera que pidió a las mujeres del público que se pusieran de su parte.
Tras la ejecución de su madre, a mediados de octubre de 1793, unos 9 meses después de la de su padre, permaneció solo en una celda de la cárcel y alejado de su hermana.
Posteriormente, le fue encargada su custodia a un zapatero llamado Antoine Simon. Parece ser que este individuo era un tipo alcohólico y agredió en diversas ocasiones al niño. Al año siguiente fue detenido y guillotinado.
Otros dicen que no fue así, sino que Simon le quiso tratar como a un niño republicano y le dejó jugar. Sin embargo, el nuevo alcaide del Temple, Chaumette,  despidió a Simon y dio órdenes para aumentar la rigidez carcelaria sobre el niño.

Más tarde, el niño, fue aislado, durante seis meses, en otra celda sin tener contacto con ninguna persona y en unas condiciones muy insalubres. Como si fuera un peligroso delincuente.
De hecho, estaba custodiado por cuatro guardianes, que se cambiaban continuamente. Parece ser que su hermana, María Teresa, que se hallaba en otra celda del piso superior, desconocía si su hermano estaba vivo o muerto.
Por cierto, el mismo Robespierre, consideraba a Chaumette un tipo demasiado radical y hasta sospechaba que fuera un agente extranjero, llegado del exterior para hacer fracasar la Revolución. Así que no paró hasta llevarle ante los tribunales y guillotinarle ese mismo día.
En julio de 1794, el niño, fue visitado por el político Paul Barras, el cual protestó por la forma en que se había tratado al niño e insistió en que se deberían de mejorar sus condiciones de encierro.
A primeros de 1795, la Convención Nacional, realizó una votación para decidir si deberían de mandar el niño al exilio. Desgraciadamente, unos informes médicos indicaron que el chico ya no estaba en condiciones de viajar a ninguna parte.
Parece ser que murió el 08/06/1795, en su celda del Temple, posiblemente, a causa de una peritonitis o tuberculosis en las glándulas linfáticas.
Su cuerpo fue sepultado en una tumba del cementerio de Santa Margarita, en París, sin indicación de ningún tipo, salvo una D, que se pintó en su ataúd.
Tras su muerte, la sucesión pasó a su tío, el conde de Provenza, que se hizo llamar Luis XVIII, aunque no llegaría al trono hasta 1814, tras la derrota y el primer exilio de Napoleón en la isla de Elba.
El encargado de realizar la autopsia al cadáver del niño fue el doctor Pelletan. Éste, le sustrajo el corazón y lo mantuvo dentro de un recipiente de cristal, en su domicilio.
Lo cierto es que siempre hubo dudas acerca de la identidad del niño difunto. La misma esposa de Antoine Simon declaró que  el cesto de ropa sucia, que había dentro de la celda tenía un doble fondo y ahí se podría haber escapado el chico y haber puesto a otro en su lugar.
El médico mantuvo el corazón dentro de un frasco, pero fue robado por uno de sus estudiantes.
El ladrón, antes de morir, pidió a su esposa que devolviera el corazón a los miembros de la familia real.
En 1828, su viuda entregó la reliquia al arzobispo de París. Sin embargo, tres años más tarde, unos ladrones robaron en su casa y arrojaron el corazón a un vertedero de basura.
Un hijo del doctor Pelletan logró encontrarlo. Lo momificó y declaró ante Notario que era el corazón de Luis XVII.
Parece ser que intentó, en diversas ocasiones, hacer llegar esta reliquia a los siguientes monarcas, Luis XVIII y Carlos X, pero ellos se negaron a recibirla, por entender que debía de ser falsa. Posteriormente, fue recibido por el conde de Chambord, jefe de la Casa Real.
En 1895, esta reliquia fue trasladada, secretamente,  a una iglesia de Venecia, donde pasó las dos guerras mundiales.
En 1975, el corazón, fue entregado a la Basílica de Saint-Denis, donde están enterrados la mayoría de los reyes de Francia. Allí lo introdujeron en un gran recipiente de cristal.
Parece ser que hubo disparidad de opiniones entre los descendientes de la Casa de Borbón. El conde de París había dicho que hacerle las  pruebas de ADN lo consideraba “una pérdida de tiempo”.
No obstante, transigió y pudieron sacar de Saint Denis la urna de cristal, donde se hallaba el corazón. La cubrieron con un velo, que tenía bordada una flor de lis, transportándola en una carroza negra hasta el laboratorio, donde se realizarían esas pruebas.
Posteriormente, dos reputados científicos, uno de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, y otro de la de Münster, en Alemania, lograron demostrar, comparando la muestra con unos cabellos de María Antonieta y de sus hermanas, que efectivamente, se trataba del corazón de Luis XVII.
Parece ser que el mechón de pelo de María Antonieta fue enviado por ésta a su madre, antes de morir y se conservaba dentro de un medallón.
El resto del cuerpo nunca fue hallado, porque se enterró en una fosa común. De hecho, en 1846, se buscó entre los cadáveres enterrados en la fosa común. Sólo se encontró el cadáver de un chico de unos 14 años, sin embargo, Luis XVII, murió a los 10 años.
Curiosamente, durante esa autopsia, uno de los presentes se hizo con un rizo del pelo del niño. Luego se ha visto que no podía ser de Luis XVII, porque ese chico había muerto a causa de otra enfermedad.
En 2004, una vez concluidas todas las pruebas de ADN, se celebró un funeral, colocando el recipiente de cristal dentro de un mausoleo situado en la cripta de ese templo. Lugar donde reposa también el resto de su familia.
Realmente, había cierta discusión entre los miembros de la Casa de Borbón. Si se demostraba que el corazón perteneció a Luis XVII, ganarían los legitimistas, encabezados por el duque de Beauffremont, como descendientes legítimos de Luis XVI.
En cambio, los de la rama de Orleans sostenían que el niño no murió en la cárcel y podrían tener razón alguno de los muchos pretendientes, que han ido surgiendo a lo largo de la Historia. En otros artículos,  hablaré de ellos.

Precisamente, los legitimistas, nunca han olvidado que Luis Felipe de Orleans votó a favor de la pena de muerte contra su pariente, Luis XVI. Eso sólo le sirvió para que él durara dos años más, antes de ser también guillotinado. 
En resumen, esta fue la vida de un pobre chiquillo, cuyo único "delito" fue ser el hijo del rey y el heredero a la corona de Francia.

3 comentarios:

  1. Me alegra mucho que le haya gustado.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Excelente relato de la historia de Luis XVII, su corta vida fue apagada por la venganza y el odio hacia sus padres!

    ResponderEliminar