ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 15 de diciembre de 2017

LA SUBLEVACIÓN DEL CUARTEL DE SAN GIL

Muchas veces, cuando paseamos por una ciudad con tanta historia como Madrid, no tenemos en cuenta que, en ciertos lugares de la misma, se produjeron hechos que cambiaron la Historia de España. Hoy vamos a hablar de uno de ellos.
Esta vez, nos vamos a situar en la segunda mitad del siglo XIX. En 1865, a causa de la crisis, la Hacienda española sufre un gran déficit, que cada año va a más.

Parece ser que, en este contexto,  el Gobierno publicó que se quedaría con un 75% de los bienes del Patrimonio Real y cedería el resto a la reina Isabel II. Lógicamente, eso motivó una ola de elogios, por parte de los parlamentarios moderados, o sea, lo que ahora llamaríamos conservadores, que eran los del partido en el poder.
Sin embargo, el famoso político republicano Emilio Castelar, que tiene una estatua en el Paseo de la Castellana y que también era catedrático de Historia, publicó dos artículos, donde atacaba esta “donación”, al considerar que la reina se apropiaba de unos bienes que eran de todo el Estado.
Como era de esperar, esos artículos no tardaron en ser censurados. Sin embargo, como ocurre hoy en día, también llegaron al pueblo en forma de pasquines que se repartían por todas partes.
Evidentemente, eso encolerizó al Gobierno y le ordenó al rector de la antigua Universidad Central de Madrid, que destituyera fulminantemente a Castelar de su puesto en la misma.
Como el rector, Juan Manuel Montalbán, en un gesto que le honra, se negó a cumplir esa orden, el ministro no tardó en cesarlo y también a Castelar de su cátedra en esa Universidad. Aparte de que se dictó una orden de captura y prisión contra Castelar.

Por lo visto, la cosa se estaría poniendo muy fea, porque el Gobierno llegó a declarar el estado de guerra, para prevenir altercados de todo tipo. No hay que olvidar que, en aquella época, era normal ver gente armada por la calle.
A partir de ahí, se desarrollaron unos hechos cada vez más graves. Por una parte,  el Gobierno nombró a uno de sus partidarios para ocupar ese puesto de rector, que había quedado vacante.
Por otro lado, los alumnos y la mayoría de los profesores de esa Universidad se solidarizaron con los represaliados y empezaron las protestas.
Aparte de ello, varios catedráticos dimitieron de sus puestos. Los más conocidos fueron Nicolás Salmerón y Miguel Morayta. El primero es famoso por haber sido uno de los presidentes de la I República y el segundo por haber
escrito una Historia de España, que fue muy famosa, en su tiempo.
No obstante, a pesar de las amenazas del ministro de la Gobernación, los estudiantes convocaron una serenata en la Puerta del Sol, en apoyo de los profesores represaliados.
A la marcha de los estudiantes hacia la Puerta del Sol, se les unieron obreros y miembros del Partido Progresista, que, en ese momento, estaba en la Oposición.
Siguiendo las instrucciones del ministro de la Gobernación, la Guardia Civil, junto con unidades de Caballería y de Infantería, que les estaban esperando en la Puerta del Sol, cargaron contra los manifestantes, disparándoles y utilizando la bayoneta calada. Parece ser que la mayoría de los disturbios tuvieron lugar en la calle Montera, a la altura del número 32, donde estaba entonces la sede del Ateneo.En ese enfrentamiento se produjeron 14 muertos y 193 heridos. Curiosamente, la mayoría de las víctimas ni siquiera eran manifestantes, sino gente que circulaba por la plaza en ese momento. Este acontecimiento es conocido como la Noche de San Daniel.
Parece ser que las consecuencias de estos hechos llegaron hasta el Consejo de Ministros, donde se enfrentaron directamente el ministro de Gobernación, Luis González
Bravo, con el de Fomento, Antonio Alcalá Galiano. El resultado fue que a este último, en la mitad de la discusión, le dio una angina de pecho que le llevó a la tumba.
Todos estos acontecimientos provocaron una gran crisis política, que llevaron a la caída del gobierno de Narváez.
Hasta entonces, la gente pensaba que el problema no era la reina Isabel II, sino los políticos que formaban sus gobiernos. De ahora en adelante, empezó a pensarse que la única manera de hacer progresar al país era obligar a la reina a dejar el trono.
A mi modo de ver, Isabel II, que era una reina, que nunca estuvo preparada para asumir tal responsabilidad, tenía una mentalidad muy conservadora. Así que, prácticamente, nunca permitió que los progresistas o liberales llegaran al Gobierno. De esa manera, a estos no les quedó otra que conspirar continuamente contra ella.
Esta vez, la reina ofreció al Gobierno al general O’Donnell y éste le ofreció un puesto en el mismo al general Prim. Sin embargo, el partido progresista no se dejó engañar y prefirió seguir como hasta entonces. O sea, sin participar en la política y denunciando la ilegitimidad de los gobiernos de turno.
La situación económica se agravó tras conocerse la crisis en el sector de los ferrocarriles, que también hizo caer a algunos Bancos. Parece ser que se habían efectuado fuertes inversiones en el tráfico ferroviario, pero la gente no solía utilizarlo porque los billetes eran muy caros y porque todavía no se tenía la costumbre de viajar.
Esta vez, la idea fue realizar un movimiento, donde se concentraran civiles y militares, cuyo claro objetivo era expulsar a Isabel II del trono de España. El cabecilla de ese movimiento fue el famoso general Prim. También se hallaba Sagasta entre los políticos que se unieron a ese movimiento.

La idea era comenzar el 26 de junio de 1866. La primera unidad en sublevarse tendría que ser la Artillería, que estaba destinada en el cuartel de San Gil y a ésta se uniría otra unidad de Infantería, radicada en el antiguo y famoso Cuartel de la Montaña. Ambas situadas en zonas muy próximas al Palacio Real.
El cuartel de San Gil estaba en la calle Leganitos, la cual llegaba entonces, aproximadamente, hasta donde está el monumento a don Quijote y Sancho Panza, en la Plaza de España. O sea, el cuartel ocupaba la mitad de lo que es  ahora  la Plaza de España.
Mientras que el cuartel de la Montaña estaba situado donde ahora se halla el Templo egipcio de Debod, dentro del Parque del Oeste.
Parece ser que los insurrectos no tuvieron mucha suerte a la hora de convencer a los oficiales. Así que se dedicaron a atraerse a los suboficiales y a la tropa.
El nerviosismo llegó a tal punto que, por miedo a ser descubiertos, en el Cuartel de San Gil, decidieron comenzar la sublevación 4 días antes de lo acordado. Parece ser que el único oficial de ese cuartel que se unió a los sublevados fue el capitán Baltasar Hidalgo de Quintana y Trigueros, que era seguidor del general Prim y fue el que los convenció para que se sublevasen contra sus propios mandos.
Ocurría que en el seno de la Artillería había un profundo descontento entre los suboficiales, motivado porque los oficiales no permitían el ascenso de los primeros, pretextando que no tenían la formación suficiente al no haber pasado por la Academia de Artillería. No hay que olvidar que uno de los requisitos para estudiar en esa Academia era que los padres del alumno fueran nobles.
La idea de los suboficiales sublevados era apresar a los oficiales de guardia y encerrarlos en el cuartel para seguir con la sublevación por la calle. Sin embargo, parece ser que un teniente se defendió, disparando con su arma y eso provocó una matanza, donde murieron varios oficiales y suboficiales.

No pudieron matar a todos los oficiales, así que dos de ellos, que resultaron heridos, consiguieron escapar y llegar hasta el Ministerio de la Guerra, situado junto a Cibeles, donde avisaron de lo ocurrido en su cuartel.
Posteriormente, se dedicaron a repartir armas entre los milicianos, lo que hizo que se produjeran tiroteos por algunos lugares céntricos de Madrid.
La situación se convirtió en caótica, y así siguió durante todo el día. El Alto Mando del Ejército tuvo que emplearse a fondo para luchar contra los insurrectos. Se pudieron ver por las calles hasta 5 capitanes generales  y 3 tenientes generales luchando contra los sublevados.

El mismo general Serrano tuvo que salir apresuradamente de su casa en la calle Barquillo y se dirigió a un cuartel de Artillería, situado frente al Retiro a fin de ponerse al frente de esas tropas.
Los rebeldes también fracasaron en su intento de asaltar el Palacio Real, bien defendido por unidades de la Guardia Real, que habían recibido refuerzos de otras unidades próximas.
La sublevación fracasó, porque no se unió ninguna otra unidad al regimiento de Artillería del Cuartel de San Gil. Así que fueron retrocediendo hasta su base.
El propio general Serrano se puso al mando de las tropas que fueron cercando a los insurrectos, cuyo último foco de resistencia fue el mencionado Cuartel de San Gil. Tuvieron que utilizar la Artillería y al día siguiente lo asaltaron las fuerzas al mando del marqués del Duero. Otro al que también le han dedicado una estatua en el Paseo de la Castellana.
Parece ser que  la rebelión se convirtió en una auténtica masacre. Hubo unos 200 muertos y 300 heridos. Aparte de ello, se apresaron a unos 1.750, entre civiles y militares.
En pocas palabras, el centro de Madrid se convirtió en un auténtico campo de batalla, con muchas calles bloqueadas por medio de barricadas.
Entre los políticos, las alarmas se encendieron cuando comprobaron el alcance de este movimiento insurreccional. Se le llegó a calificar como de una “revolución social”. Algo que, según decían, había que cortar de cuajo.
Realmente, la represión fue brutal y al saberse  que la reina estaba empeñada en fusilar a todo el que hubieran pillado empuñando un arma, esto sólo valió para aumentar la antipatía popular hacia ella y los Borbones.
Parece ser que, en los días posteriores, fueron fusiladas 66 personas. La mayoría de ellos suboficiales y soldados del Cuartel de San Gil. Previamente, les hicieron un consejo de guerra en un cuartel de Ingenieros, que se hallaba enfrente de la puerta principal del Parque del Retiro.
No obstante, también fusilaron al antiguo general carlista, Juan Ordóñez de Lara, que les había estado disparando desde la
 ventana de un edificio.
Las ejecuciones tuvieron lugar delante de  una tapia, que había tras una antigua plaza de toros, que estaba situada junto a la Puerta de Alcalá. Más o menos, donde empieza la calle Serrano y ahí los fusilaron.
Llama la atención la crueldad mostrada por la reina, algo que no era muy normal en ella. No sé si tendría algo que ver que en esos sucesos alguien mató al coronel Federico Puig Romero, que era el jefe de ese regimiento de Artillería.
La verdad es que sigue sin saberse cómo fue el asunto, ni quien lo mató. Sin embargo, las autoridades dijeron que, entre los fusilados estaba el que mató a este militar. La singularidad de este militar es que se cree que fue uno de los múltiples amantes de la reina y hasta dicen las malas lenguas que podría ser el padre del rey Alfonso XII y no Puigmoltó, como se venía afirmando habitualmente. Parece ser que existe una carta de Alfonso XII a los hijos de Puig, donde les llama “hermanos”. Incluso, la reina, otorgó más ayudas a la familia de este coronel, que a las del resto de los oficiales muertos en ese suceso.
Estos hechos provocaron la caída del general O’Donnell y el regreso al Gobierno del general Narváez. Parece ser que el primero no se llevaba muy bien con la reina.
La cosa no acabó aquí, sino que continuó teniendo trascendencia a lo largo del tiempo. Antes he mencionado que el único oficial de Artillería que se puso del lado de los sublevados fue el capitán Baltasar Hidalgo de Quintana.
Evidentemente, esto nunca se lo perdonaron sus antiguos compañeros y siempre lo consideraron responsable de la muerte de esos jefes y oficiales a manos de los sublevados. Parece ser que, como logró escapar, desde el exilio, escribió una carta explicándoles los motivos por los que se había sublevado, pero así y todo no le perdonaron.

En 1868, tras el éxito de la Gloriosa, liderada por Prim, Serrano y Topete, regresa a España, donde es ascendido a coronel y también se le nombra ayudante de Prim. Precisamente, estuvo luchando en la famosa batalla de Alcolea, a las órdenes del general Serrano. Poco a poco va ascendiendo, llegando en 1872 a mariscal de campo, equivalente a general de división.
Con la llegada al trono del rey Amadeo I de Saboya es nombrado capitán general del País Vasco y Navarra. Parece ser que en ese destino volvió a coincidir con algunos antiguos compañeros artilleros y surgió el conflicto.
De hecho, Hidalgo, se enfadó mucho cuando vio que no se presentó ningún artillero a su toma de posesión en su sede de Vitoria. Así que dimitió de su cargo.
En 1873, fue destinado a Cataluña como mariscal para combatir en las guerras carlistas y tenía mando directo sobre unidades de Artillería.
Aunque parezca mentira, el nombramiento de Hidalgo cayó tan mal entre sus antiguos compañeros que se pusieron todos de acuerdo, salvo los que se hallaban de servicio en las colonias,  para pedir la dimisión o el retiro. Hasta el director general de Artillería dimitió de su puesto.
Incluso,  la misma Academia de Artillería, situada en Segovia, cerró sus puertas y, durante un tiempo, los cadetes siguieron recibiendo sus clases en un palacete cedido por un noble, aunque acudían todos vestidos de paisano.
Esto era más importante de lo que pudiera parecer a primera vista, porque los artilleros eran a la vez los ingenieros industriales que diseñaban y fabricaban las armas utilizadas por el Ejército.
Así que los artilleros amenazaron al Gobierno y a éste, presidido por Ruiz Zorrilla,  no se le ocurrió otra cosa que proponerle al monarca que disolviera la Artillería. Parece ser que esto fue la gota que colmó el vaso y, acto seguido, el monarca abdicó y regresó a Italia.
Durante la I República, a Hidalgo no le fue mal y  ocupó varias capitanías generales. Precisamente, durante este periodo republicano, fue Emilio Castelar el que restableció el Cuerpo de Artillería tal y como estaba antes de esa disolución. Parece ser que, cuando erigieron su estatua en el Paseo de la Castellana, los artilleros encargaron que se le colocara un cañón, como agradecimiento de la Artillería.
Sin embargo, tras la llegada de Alfonso XII, la cosa fue a peor. No sé si sería porque le culpaba de la muerte del coronel Puig.

El Gobierno ordenó su apresamiento y su encierro en varias cárceles militares. Así estuvo, de un lado para otro, durante todo el reinado de Alfonso XII.

Sin embargo, durante la regencia de María Cristina, viuda de Alfonso XII, la situación cambió radicalmente. Volvieron a darle puestos de importancia y hasta consiguió ser ascendido a teniente general. Además fue presidente del Consejo Supremo de Guerra y Marina y también, durante varios años, fue senador por la provincia de Badajoz. Murió en 1903.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

LUIS DE SANTÁNGEL, EL FINANCIERO DEL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

Seguro que más de una vez habremos oído que el Descubrimiento de América se debió a que la reina Isabel la Católica empeñó sus joyas a fin de obtener el dinero,
que le dio a Colón para que hiciera su primer viaje a América. Hoy en día está más que demostrado que no fue así y en este artículo voy a contar lo que pasó realmente.
Se cree que Luis de Santángel nació hacia 1435 en Valencia, aunque otros dicen que fue unos 20 años después. Incluso, que no nació en la ciudad de Valencia, sino en un pueblo de esa misma provincia, llamado Vilamarchante. También se tienen noticias de que su familia, durante un tiempo, residió en Mallorca.
No obstante, hubo dos antecesores suyos que tuvieron el mismo nombre. Uno de ellos fue su padre, conocido como “el viejo”. El otro fue su abuelo, que antes de convertirse se llamaba Azarías Ginillo.
Su familia procedía de Aragón, concretamente, de la zona entre Calatayud y Barbastro y llegó a ser una de las más ricas de ese reino. De hecho, su madre era una aragonesa conocida como doña Brianda.
Ellos eran de origen judío, sin embargo, nuestro personaje perteneció a la tercera generación de cristianos de ese linaje.
Parece ser que su familia tuvo que convertirse tras las predicaciones de San Vicente Ferrer, habidas en 1391, que dieron lugar a fuertes persecuciones contra los judíos en el Reino de Valencia.
En 1471, nuestro personaje ya obtuvo el arriendo real de la sal. Hay que decir que, durante la Edad Media, la sal era casi un producto de lujo y el monopolio de la venta lo tenían los reyes, sacando a subasta su arriendo.
Posiblemente, ya existía de antaño una cercana relación entre la familia de nuestro personaje y la dinastía de los reyes de Aragón. Parece ser que su padre fue financiero y consejero de los reyes  de Aragón Alfonso V y Juan II. Este último le otorgó el arriendo de las salinas de la Mata, en Torrevieja (Alicante).
Precisamente, su tío, que también se llamaba Luis, se lo llevó a estudiar en Nápoles, donde estaba la corte de Alfonso V el Magnánimo, al que ya dediqué otro de mis artículos.
Al volver a Aragón se casó con Juana de la Caballería, también procedente de una familia de judíos conversos. Empezó trabajando en una oficina donde se cobraban los aranceles a las importaciones de telas procedentes de Lombardía.
En 1479, cuando Fernando el Católico fue proclamado rey de Aragón, ya le concedió a Santángel el nombramiento de alcaide de la ceca de Valencia. Para el que no lo sepa, una ceca es el lugar donde se acuñan las monedas y en aquella época era un cargo muy bien retribuido y destinado exclusivamente a la gente que gozara de la confianza total del monarca.
A Jaime, hermano de Luis, también le dio un cargo importante, nombrándole escribano en la curia de la Bailía General. Algo así como la alta administración del reino.
En 1481, Luis fue nombrado por el rey escribano de ración, que era una especie de agente de la tesorería real, cuyo trabajo era buscar dinero entre los inversores para luego financiar al monarca. Éste solía pagarle dejando que Luis cobrara las rentas de algún lugar de su reino.
No obstante, él y su familia siguieron dedicándose a sus negocios privados, como eran la construcción naval, la financiación a los cartógrafos para que dibujaran cartas de navegación (los famosos portulanos, muy cotizados en su época), el comercio de la sal, el aceite de oliva, etc.
Parece ser que nuestro personaje conoció a Cristóbal Colón, en enero de 1486, durante la primera visita que efectuó éste a los Reyes Católicos, cuando se hallaban en Córdoba.
Aunque parezca mentira, el primer lugar de la Península Ibérica donde funcionó la Inquisición fue en la Corona de Aragón, donde comenzó en 1242, aunque ya funcionaba en otros lugares de Cataluña unos diez años antes. Esa es la verdad y no como se nos quiere hacer ver ahora.
En Castilla no la hubo hasta el reinado de los Reyes Católicos y se fundó por imposición del rey Fernando, pues ya la había conocido en su reino.

Así que, a mediados de julio de 1491, este tribunal llamó a declarar a nuestro personaje a causa de la típica acusación de judaizante. O sea, que se le acusaba de que, a pesar de haberse convertido al Cristianismo, seguía practicando en secreto el Judaísmo.
Parece ser que, debido a su gran amistad con el monarca, éste consiguió sacarle de la cárcel de la Inquisición y le firmó un documento para que nunca más le volvieran a molestar, ni a él ni a su familia.
Algunos dicen que también trabó una gran amistad con Colón, porque ambos eran judíos. Eso no se sabe, pero sí es cierto que fueron muy amigos.
Curiosamente, cuando estando la corte en Santa Fe (Granada),  en enero de 1492, se enteró de que Colón se iba a marchar por no haber conseguido convencer a los reyes, fue a ver a la reina.
Parece ser que le dijo que le extrañaba que no hubiera aprobado esa expedición, pues parecía que podría ser muy rentable y que cualquier otro monarca de Europa la financiaría con sumo gusto. Incluso, que la Corona ya se había metido a financiar otras operaciones con un riesgo mucho mayor.
También que sería criticada por sus amigos y censurada por sus enemigos, cuando se supiera lo que había hecho.
Evidentemente, también contaba intentar hacer la competencia a los navegantes portugueses, que estaban teniendo muchos éxitos en sus intentos de bordear la costa de África para llegar hasta Asia.
Según parece, la reina, mostró su intención de apoyar esta expedición, pero dejándolo para más adelante, pues la tesorería estaba casi vacía a causa de la Guerra de Granada. Incluso, decía estar dispuesta a empeñar sus joyas.
Sin embargo, él la respondió afirmando que no hacía falta, pues él podría financiar la expedición, si la aprobaban los reyes, como así fue. Concretamente, Santángel, aportó 1.140.000 maravedíes, procedentes de su patrimonio. También le dieron otros préstamos  Gabriel Sánchez (funcionario de la Tesorería real)  e Isaac Abravanel, ambos judíos y amigos de Santángel. El primero era converso, mientras que el segundo se fue de España para no tener que convertirse.
A los reyes les prestaron otros 6.300.000 maravedíes para acabar la guerra de Granada.
Incluso, algunos autores afirman que la mayoría de la tripulación que llegó por primera vez a América, estaba formada por judíos conversos.

Así que la reina envió a un alguacil a buscar a Colón, el cual ya se había marchado de allí. Volvió y esta vez fue mejor acogido por los reyes. Acto seguido, se redactaron y firmaron las famosas Capitulaciones de Santa Fe. De esa forma se evitó que Colón fuera a pedir ayuda para su expedición al rey Carlos VIII de Francia, como pensaba haber hecho.
No es por casualidad, pero las dos cartas que escribió Colón a su regreso de su primer viaje a América, una de ellas estaba dirigida a nuestro personaje y la otra a los Reyes Católicos.
Precisamente, el 31/03/1492, los Reyes Católicos dieron la orden de expulsión de los judíos de todos los reinos de España. En aquella época sólo había unos 800.000 judíos que no se habían convertido. A estos les dieron 4 meses para cerrar sus negocios y marcharse del reino.
Antes de eso, miles de judíos ya se habían convertido al Cristianismo, como la familia de Luis. Unos lo habían hecho de forma voluntaria y otros sólo para quedarse, aunque, en privado, siguieran practicando el Judaísmo. Estos últimos fueron perseguidos por la Inquisición.
Curiosamente, el rey Fernando el católico, a quien sus contemporáneos le apodaban “el catalán”, aunque no hubiera nacido allí, tuvo buen cuidado en firmar que la devolución del préstamo realizado por Santángel lo pagara sólo Castilla y no la Corona de Aragón, aunque luego se beneficiara también del descubrimiento. Más o menos, lo que han hecho siempre.
Volviendo a nuestro personaje de hoy, era tal la estima que le tenían los Reyes Católicos, que, en 1497, llegaron a extender un privilegio de limpieza de sangre a su nombre. A fin de que la Inquisición no les molestara ni a él ni a sus descendientes.
Curiosamente, algunos autores dicen que participó en la organización de los barcos que llevaron a los judíos fuera de España hacia otros puertos de Italia o de Grecia.
Incluso, según dicen, se dedicó a buscarles acomodo en otros países, donde estuvieran a salvo de persecuciones contra ellos.

Parece ser que murió en 1498. Unos dicen que fue en Alcalá de Henares, mientras que otros afirman que fue en Ávila. Sus restos están enterrados en el Monasterio de la Trinidad de Valencia tal y como había indicado en su testamento.

domingo, 10 de diciembre de 2017

JOHANNES BERNHARDT, UNO DE LOS MAYORES COLABORADORES DE FRANCO

Cuando se empieza a estudiar la Guerra Civil española una de las cosas que más sorprenden es que el Ejército sublevado se pudiera imponer al del resto del país, teniendo, en principio, muy pocos medios y, además, con el grueso de sus tropas destinadas en el norte de África.
Así que está muy claro que el bando nacional tuvo que tener mucha colaboración en el exterior, ya que la mayoría de las fábricas de armas y otras industrias quedaron en la zona republicana.
Nuestro personaje de hoy se llamaba Johannes Eberhard Franz Bernhardt y nació en 1897 en una población llamada Osterode, que actualmente pertenece a Polonia y ha pasado a llamarse Ostróda.
Posteriormente, participó en la I Guerra Mundial, tanto en el frente oriental como en el occidental y fue condecorado con la Cruz de Hierro.
Más tarde, se estableció en la próspera ciudad de Hamburgo, donde fundó una compañía naviera. Parece ser que, en un principio, le fue todo muy bien y se hizo rico.
Desgraciadamente, también se vio afectado más tarde, por la famosa Crisis de 1929, agravada por las deudas que tenía que pagar Alemania a los vencedores de la I GM.
No hay que olvidar que buena parte de la economía alemana se basaba en las inversiones realizadas en ese país por los USA. Al dejar de hacerlo, la economía alemana cayó en picado. Eso fue lo que le ocurrió a él. Así que tuvo que vender todas sus propiedades a causa de las 
deudas contraídas y se marchó de su país.
Como otros muchos miles de alemanes, se buscó otro sitio donde empezar de nuevo. Muchos de ellos vinieron a España. Sobre todo, se establecieron en Cataluña, Madrid, Andalucía y el País Vasco.
Nuestro personaje lo hizo en Larache, ciudad situada entonces dentro del llamado Protectorado español de Marruecos, cuya capital estaba en Tetuán. Parece ser que, desde 1930, se dedicó al negocio de la exportación-importación de productos de todo tipo, llevando también la representación de una empresa alemana. Algo más tarde, se mudó a Tetuán, supongo que para estar más cerca del gobierno de ese territorio.
Allí sería dónde tomó contacto con la flor y nata de los militares africanistas. Una amistad que, más tarde, sirvió para beneficiar a ambas partes.
También, por esas fechas, se sabe que se afilió al Partido Nacional Socialista, dirigido por Hitler, que acababa de llegar al Gobierno de Alemania.
Como todo el mundo sabe, la Guerra Civil española, fue la consecuencia de un golpe de Estado fallido, que dio lugar a que el Ejército se dividiera en dos bandos.
Lógicamente, ninguno de los dos bandos estaba preparado para meterse en una guerra, que tampoco sabían lo que podría durar. Así que lo principal era avituallarse lo más rápidamente posible y al precio que fuera. Con la diferencia de que el Gobierno republicano tenía en su poder todas las reservas del Estado y el bando nacional no.
Parece ser que nuestro personaje tendría un fino olfato para hacer negocios y aquí vio uno que no se le tendría que escapar.
El día 21 de julio, sólo tres días después del comienzo de la guerra, se entrevistó con Franco, que debería de estar muy preocupado por la falta de suministros.
No obstante, convendría no olvidar que, unos años antes, Franco fue el jefe del Estado Mayor central y gracias a ese puesto conoció a muchos de los principales fabricantes de armas.
Así que el día 23 de julio le entrega una carta  nuestro personaje para que se la lleve en mano al propio Hitler.
Parece ser que en esa carta le pide aviones y diverso armamento. Supongo que sería para poder cruzar el Estrecho y, posteriormente, llegar a entablar combates con las suficientes municiones para ello.
Como buen hombre de negocios, antes de partir hacia Berlín, negoció las condiciones económicas, para que pudiera sacar un buen filón de este asunto.
También protestó porque, unos días antes, las tropas del bando nacional habían confiscado un avión Ju-52 de pasajeros, perteneciente a la conocida compañía de transporte aéreo civil Lufthansa.
Precisamente, en ese mismo avión partieron hacia Berlín, el mismo día 23 de julio, nuestro personaje; el jefe del partido nazi en Marruecos, Adolf P. Langenheim y el capitán de la Aviación española, Francisco Arranz Monasterio.

Este avión, tras hacer varias escalas, aterriza en Berlín, donde el mismo día de la llegada consiguen hablar con Rudolf Hess, hombre de confianza de Hitler, el cual les concierta una entrevista con el principal jerarca nazi.
Como todos sabemos, Hitler, siempre fue muy aficionado a las óperas de Wagner. Así que, en ese momento, se hallaba asistiendo al famoso Festival de Bayreuth, donde todavía, cada año, se siguen representando sus obras.
Nuestro personaje le mostró, personalmente, la carta de Franco a Hitler y se la fue traduciendo. Parece ser que el líder nazi también le preguntó acerca de la personalidad de Franco y si podría ser alguien del que se pudieran fiar. A todo esto, Bernhardt, lo definió como un famoso y victorioso líder militar.
Hoy en día, los especialistas discrepan sobre el mucho o poco interés de Hitler en apoyar la causa franquista en la Guerra Civil española. Parece ser que nunca se había planteado intervenir en España, hasta que los enviados de Franco se lo pidieron oficialmente y a partir de entonces no tardó en enviarles la ayuda prometida.
Así que, a finales de julio, Hitler tomó la decisión de ayudar al bando nacional. Parece ser que llamó a esta operación Fuego Mágico por el final de la ópera de Wagner que acababa de presenciar en el citado festival.

Más adelante, el propio Bernhardt, como buen empresario alemán, no quiso dejar ningún cabo suelto y llegó a un acuerdo con el presidente de Portugal, Oliveira Salazar, a fin de que permitiera desembarcar esos suministros en puertos de su país y así no ser interceptados por las flotas republicanas y de otros países que patrullaban por las costas españolas.
Parece ser que la propuesta de Franco fue del agrado de Hitler, así que nuestro personaje le llegó a conseguir  el doble de los aviones de transporte, que había solicitado en el mencionado escrito.
Curiosamente,  Göring, que se había opuesto a esa ayuda a Franco, fue al que le encargaron coordinarla con Bernhardt.
Sin embargo, cuando Göring fue interrogado, durante su juicio en Nüremberg, dijo que le gustó la idea de participar en la guerra de España, para así probar el rendimiento de sus aviones en un auténtico conflicto bélico. De hecho, creó un organismo llamado Estado Mayor Especial W, dentro de su Ministerio del Aire, con objeto de coordinar todos los envíos de personal y equipos que se mandaran a España.
Además, a finales de octubre, decidieron crear la llamada Legión Cóndor, compuesta por unos 5.000 soldados y 140 aviones, que se relevaban periódicamente.
Parece ser que lo primero que se les ocurrió, para que el Gobierno alemán no figurara por ninguna parte, fue crear una nueva compañía, llamada Hisma (Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes). Con lo cual, daban a entender que se trataba de una operación comercial entre particulares.
Así que a partir del 31 de julio comienza a llegar la ayuda prometida por Alemania. Lógicamente, por vía aérea.
Gracias a los aviones de transporte aportados por Alemania, pudieron ser transportados, entre los meses de julio y octubre de 1936,  nada menos que unos 14.000 hombres del Ejército de África hasta la Península Ibérica. Aparte de diverso material de todo tipo.
A primeros de septiembre, nuestro personaje, intervino en una entrevista entre un teniente coronel del Estado Mayor alemán, llamado Walter Warlimont y Franco. Éste sería el enlace directo entre Franco y el Gobierno de Alemania.
No obstante, los alemanes, que no tienen un pelo de tontos, crearon una sociedad llamada Rowak, que se dedicaba a exportar todas las materias primas halladas en la España nacional, que fueran de interés para Alemania, como compensación por la ayuda prestada por ellos.
Parece ser que muy pronto, los alemanes, se dieron cuenta de que el bando nacional no podría pagar la deuda contraída con Alemania. Así que fueron obteniendo un trato preferencial a la hora de fundar nuevas empresas para explotar las riquezas de España.
Entre otros productos se citan minerales de todo tipo, aceites, pieles, cueros, lanas, frutas  y otros productos agrícolas. Así que ya podemos imaginar por qué en España duraron tanto tiempo las famosas cartillas de racionamiento.
Posteriormente, ambas empresas pasarían a formar parte de una corporación más grande, llamada Sofindus, constituida por unas 350 empresas, que se dedicaba a monopolizar el comercio con las materias primas que precisaba urgentemente la industria alemana. 
Supongo que ya se estarían preparando para asegurarse esas materias de cara a una próxima guerra mundial. Como así fue. No hará falta que diga quién fue el presidente de Sofindus en España. Os lo podéis suponer.
Incluso, según parece, esta empresa se dedicó a suministrar a las unidades alemanas en Francia, que habían quedado desconectadas de su Cuartel General, tras el desembarco de Normandía.
Es más, el Gobierno español, aguantó todo tipo de presiones de los aliados y hasta 1948 no cerró las instalaciones de estas empresas en España.
Durante la II Guerra Mundial, España, y sobre todo, Madrid, se convirtió en un nido de espías de varios países. La mayoría de los centros alemanes se hallaban en los lugares más céntricos.
La propia embajada estaba situada en un lugar muy visible, al comienzo del Paseo de la Castellana. En la acera de la derecha, justamente al lado de un templo alemán, que sigue existiendo en ese lugar. Actualmente, La embajada está situada  en el mismo paseo, pero en la acera de enfrente.
Volviendo a nuestro personaje, se sabe que en los años 50 emigró a Argentina, como muchos otros de sus compatriotas. Supongo que también lo haría, porque los aliados seguían presionando a Franco para que entregara a los nazis que se encontraban refugiados en España.
De hecho, le entregaron al Gobierno español una lista con 104 nombres de nazis a los que andaban buscando y nuestro personaje figuraba en el puesto número 7 de la misma.

Parece ser que sus problemas terminaron en los años 70, cuando decidió volver a Alemania. Allí vivió y murió en Munich en 1980.

sábado, 9 de diciembre de 2017

EL ALMIRANTE BUIZA, UN HOMBRE DE AVENTURAS

Hoy voy a hablar sobre la vida de un marino español al cual, como a tantos muchos, la vida le llevó por unos caminos que nunca habría sospechado.
Su nombre fue Miguel Buiza Fernández-Palacios y nació en 1898, perteneciendo a una acomodada familia de Sevilla.
En 1915, ya con 17 años, ingresó en la Escuela Naval Militar, entonces sita en el Apostadero de Cádiz.
La verdad es que tuvo mucha suerte. Nació justamente cuando España perdió sus últimas colonias, junto con el grueso de su flota. Por lo que, durante unos años, no se admitieron nuevos alumnos en la Escuela Naval, por falta de barcos.
Precisamente, por eso mismo, Franco no pudo ingresar en la Escuela Naval, como había hecho su hermano Nicolás, unos años antes.
Además, entre 1871 y 1910 los cursos de guardiamarinas se realizaron en la fragata Asturias, designada como Escuela Naval flotante. La cual solía estar navegando por la ría de El Ferrol, salvo cuando se aproximaba un temporal y tenía que refugiarse dentro de un puerto. Me imagino que no sería un sitio muy cómodo ni para los guardiamarinas ni para los profesores.
Afortunadamente, en 1913, se inauguró la nueva Escuela Naval en San Fernando (Cádiz). Un sitio más parecido a lo que debe de ser un centro de enseñanza. Allí estuvo hasta 1943, cuando este centro fue trasladado a la ciudad de Marín (Pontevedra), donde sigue estando actualmente.
Hasta el año 1932, cuando asciende a capitán de corbeta, su carrera parece un tanto anodina. Incluso, estaba al mando de una nave de segundo orden. En este caso, se trataba de un remolcador militar.
En 1936, su vida dio un vuelco completo, tras el comienzo de la Guerra Civil. Fue uno de los escasos mandos de la Armada, que se negó rotundamente a unirse al bando de los sublevados. Supongo que, por ello, el gobierno reparó en él y quizá porque alguien le conocería en los despachos de su ministerio.
No hay que olvidar que la mayoría de los mandos de la Armada se sublevaron o intentaron hacerlo. Los que no lo consiguieron fueron encarcelados por sus respectivas tripulaciones y muchos de ellos asesinados en sus propios barcos.
Así que, de la noche a la mañana,  la II República, se vio con muchos barcos y pocos mandos de la Armada que supieran gobernar esos buques.
Por tanto, no es de extrañar que la Armada republicana tuviera un escaso papel en la guerra civil. Lo que todavía se discute es si eso fue a causa de las erradas órdenes de los gobiernos de turno o porque nunca tuvieron muy clara su estrategia.
En cambio, se dice que la Armada del bando nacional tuvo una actuación muy efectiva. Por una parte, habían conseguido que sus oficiales permanecieran al mando de sus naves. Aunque tenían menos naves que los republicanos, siempre gozaron de la ayuda de las naves alemanas y, sobre todo, italianas, que les ayudaron a controlar el tráfico naval hacia las costas españolas.
Volviendo a nuestro personaje, en agosto de 1936, fue destinado al intento del bloqueo del Estrecho al mando del crucero Libertad. Así intentaron parar el constante traslado de 
las fuerzas sublevadas del Ejército de África hasta la Península.
Entre mediados de agosto y septiembre de ese mismo año, fue destinado al intento fallido de conquista de Mallorca, bajo el mando del comandante Bayo. Hace tiempo también escribí un artículo sobre este personaje.
Como el Gobierno se encontró con que apenas tenía oficiales de la Armada en su bando, hubo de escoger rápidamente a quien pudiera sustituirlos. Supongo que de esa manera, nuestro personaje, fue nombrado, con sólo 38 años,  nada menos que jefe de toda la flota republicana.
Es de suponer que los ministros deberían de estar muy desesperados para tomar esas medidas. Por otra parte, una cosa que siempre caracterizó a todos los gobiernos republicanos españoles fue su desconfianza hacia los militares.
Es posible que alguien confiara en él, aunque, como ocurrió en muchas familias, un hermano suyo combatió en el bando nacional y fue muerto en la Sierra de Madrid.
Lo cierto es que a nuestro personaje se le nombró para ese cargo, aunque siguió estando al mando del crucero Libertad. Anteriormente, llamado Príncipe Alfonso y luego,  en la posguerra, Galicia.
En septiembre de 1937 tuvo lugar la llamada batalla del cabo Cherchell, situado en las costas de Argelia.
Parece ser que una flota de la Armada republicana, que había partido de Cartagena,  se dirigía hacia la Península Ibérica, escoltando un convoy de tres mercantes españoles procedentes de la antigua URSS.
A la altura del citado cabo se encontraron de frente con el famoso crucero Baleares, el más moderno de la Armada nacional. Parece ser que los republicanos no fueron muy efectivos, pues, a pesar de ser varias naves contra una, no consiguieron hundir al crucero nacional, el cual les provocó varias averías.
Además, los barcos mercantes se desviaron hacia la costa argelina, donde fueron interceptados por la flota francesa y se les incautó su cargamento. Parece ser que, en su mayoría, consistía en armamento para el Ejército republicano.

Todo eso hizo que el Gobierno republicano montara en cólera y eso provocara la consiguiente destitución de nuestro personaje.
También hay que decir que el Gobierno no estaba muy contento con su labor. No se sabe si estos fallos sólo podrían achacársele a él o la falta de organización de los mandos en el bando republicano. Lo que parece evidente es que el cargo le venía demasiado grande y podría no haber recibido la formación adecuada para ello.

Lo cierto es que a la Armada republicana se la vio muy poco por el Cantábrico. Lo mismo ocurrió con el Estrecho y tampoco supo participar en la defensa de Málaga, cuando se halló asediada por el bando nacional.
A partir de ahí, se le dieron unos cargos muy secundarios, como la inspección de las defensas de la costa y de las bases navales.
Posteriormente, es posible que lo quisieran recuperar, porque le nombraron jefe del Estado Mayor de la Armada y jefe de personal de la misma.

Desgraciadamente, en los últimos meses de la guerra, cae en una depresión a causa del suicidio de su esposa. Ocurrido poco antes de la entrada de las tropas nacionales en Barcelona, donde se había refugiado ella.
Por fin, en febrero de 1939, cuando ya se ve que la guerra está totalmente perdida, le vuelven a nombrar jefe de la flota republicana.
A mediados de febrero se reunió en Valencia con el presidente Negrín. Allí le comunica que la situación es desesperada, porque la Armada está muy desmoralizada.
Posteriormente, a finales del mismo mes, asiste, con Negrín y otros mandos militares, a una reunión convocada en la base aérea de Los Llanos (Albacete).

Les comunica a todos que la flota está dispuesta a abandonar España, si no se firma, inmediatamente, la paz. Parece ser que Negrín no le hace caso y cree que son opiniones propias de derrotistas.
No hay que olvidar que la idea de Negrín era continuar el conflicto hasta que estallara la II Guerra Mundial, que ya se adivinaba en el horizonte de Europa. Suponía que, una vez que estallara, los aliados le ayudarían a derrotar a las tropas de Franco.

En aquella época, Negrín, solía argumentar que no se podían pedir unas negociaciones de paz con el bando nacional, porque a esas alturas, Franco 
ya sólo admitía la rendición incondicional.
En Cartagena, donde estaba la base naval más importante del bando republicano, a partir de marzo de 1939, la desorganización fue total. Los responsables de las baterías de costa se sublevaron a favor de los nacionales.

Sin embargo, Negrín nombró al coronel Francisco Galán, como nuevo jefe de la base naval. Esto no gustó nada a los marinos, porque Galán era del Ejército de Tierra y además un conocido miembro del PCE.
Este coronel también fue hermano de Fermín Galán, uno de los oficiales que se sublevaron en 1930, en Jaca, a favor de la llegada de la II República y fue fusilado por ello.
Así que el coronel Galán, nada más llegar a Cartagena, fue detenido por la marinería y encerrado. Posteriormente, fue puesto en libertad y renunció a su cargo, refugiándose en uno de los barcos de la Armada.
A partir del 27/02/1939, fecha en que Francia y el Reino Unido reconocieron al gobierno de Franco, como auténtico gobierno de España, todo fue mucho más rápido.

Al día siguiente, Azaña, que ya se hallaba en Francia, dimitió como presidente de la II República y, siguiendo la Constitución de 1931, su puesto lo ocupó el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio.
El día 4 de marzo comenzó la sublevación en la base naval de Cartagena y al día siguiente el golpe de Estado del coronel Casado contra Negrín.
Parece ser que Casado se había enterado de que Negrín había pensado sustituir a todos los mandos militares por comunistas amigos suyos a fin de que los militares no le volvieran a poner más pegas ante sus intenciones de continuar la guerra.
Buiza, intuyendo que la sublevación de Cartagena se había realizado para poner a la flota republicana en manos del bando nacional, no se lo piensa y el día 5 ordena que zarpen todas las naves del puerto.
Concretamente, la flota republicana en Cartagena estaba compuesta por 3 cruceros y 8 destructores. Lo cual no es una fuerza desdeñable.
Su primera intención fue llegar hasta el puerto de Orán, en Argelia, que entonces era una colonia francesa. Así que pidió permiso por radio a las autoridades francesas. Sin embargo, éstas no se lo dieron y le indicaron que fuera al puerto de Bizerta, en la actual Túnez, también bajo el dominio francés.
El día 7 atracaron en ese puerto, siendo detenidos y llevados a un campo de concentración. Supongo que, como a otros muchos, se le ofrecería salir de allí alistándose a la Legión Extranjera francesa. Creo que a otros también se les ofreció salir a cambio de trabajar en la construcción de las fortificaciones fronterizas de Francia.
Parece ser que a nuestro personaje, por alguna razón desconocida, lo admitieron en la Legión francesa con el grado de capitán. Ascendiendo a comandante en plena II Guerra Mundial.
Tras el armisticio de Francia, dimitió de su cargo y consiguió un empleo como contable. Más adelante, se alistó en el Ejército de la Francia libre, comandado por De Gaulle, participando en los combates en Túnez. Siendo condecorado por ello.
En 1947, fue contratado por las organizaciones sionistas, para trabajar como capitán de un barco mercante que llevaba ilegalmente judíos a Israel, el cual se hallaba entonces  bajo mandato británico.
Desgraciadamente, esta vez, los británicos, le detuvieron y le encerraron en un campo de concentración, donde estuvo hasta febrero de 1948. Recordemos que el Estado de Israel no fue proclamado hasta mayo de ese año.
Los británicos le repatriaron a Orán, donde volvió a trabajar como contable. Las últimas noticias que tenemos sobre él es que murió en un hospital de Marsella, en 1963, a consecuencia de un cáncer de pulmón.
Lo cierto es que los republicanos siempre le echaron en cara el escaso papel de la flota, durante la guerra civil. No obstante, tras su cese y la toma de posesión de su sucesor en el cargo, el papel de la Armada republicana siguió siendo el mismo. No olvidemos que el Gobierno republicano decretó muy tarde el bloqueo de los puertos del enemigo. Algo que parece muy básico en cualquier tipo de guerra.

Algunos sospechan que eso ocurrió a causa de las presiones franco-británicas, al igual que la orden dada a la Armada republicana para que levantaran el bloqueo del Estrecho de Gibraltar. Como ejemplo, no hay más que ver que Buiza atracó en Bizerta el 7 de marzo y fue detenido. Mientras que el 30 del mismo mes llegó el marino franquista, Salvador Moreno, y se hizo cargo de la flota, sin ponerle ningún problema,  regresando con ella a España.
Al contrario de lo que hizo la Armada nacional, con menos efectivos que la republicana, la cual se dedicó a realizar ese boicot e interceptar el paso de los buques que llevaran suministros para el otro bando.

Por otra parte, tampoco les gustó a los republicanos que la flota se marchara apresuradamente de Cartagena. Muchos de ellos confiaban en poder embarcar en esos buques para intentar escapar de la persecución del bando nacional. Como no pudieron disponer de esas naves, miles de personas fueron capturadas en el puerto de Alicante. Sin embargo, parece ser que muchos civiles fueron admitidos en esos barcos antes de zarpar de Cartagena.
Lo cierto es que no hay que olvidar que siempre hubo bastante desconfianza entre los oficiales de la Armada republicana y sus tripulaciones. Sin embargo, parece ser que nuestro personaje llegó a ser muy popular. Se cuenta que uno de los blindados de la División Leclerc, que tomaron París, llevaba el nombre de “Amiral Buiza”.

Tampoco deberíamos de olvidar que los militares republicanos estuvieron constantemente vigilados por los famosos comisarios políticos. La Armada no fue una excepción. A finales de 1936 fue nombrado el socialista Bruno Alonso comisario general de la flota. Incluso, navegó a menudo a bordo del crucero Libertad, aunque no se sabe que tuviera ningún tipo de formación como marino.
La sublevación de Cartagena originó un tremendo caos, donde casi nadie estaba seguro de quién era amigo o enemigo. El mando republicano mandó una división de milicianos que consiguieron restablecer el orden.
Sin embargo, como los sublevados en esa base habían pedido refuerzos al bando nacional, estos les enviaron, apresuradamente tropas por vía marítima. Unos 30 barcos, que llevaban alrededor de 20.000 soldados, partieron de diferentes puertos. Cuando estaban llegando a Cartagena, recibieron una contraorden, porque se habían enterado del fracaso de la sublevación. Todos los barcos regresaron, menos el Castillo de Olite, que no recibió el aviso, porque tenía la radio averiada.
Dado que confiaban en que las baterías de costa estaban en poder de los sublevados, este barco se acercó sin tomar ninguna medida de precaución. Sin embargo, no contaban con que esas baterías harían fuego contra la nave. A causa de ello, la nave se hundió y con ella murieron 1.476 tripulantes, mientras que 342 resultaron heridos y 294 fueron apresados. Fue el naufragio de un solo barco, que ha provocado más muertos en toda nuestra Historia.

La mayoría de los especialistas discuten si Buiza dio la orden de zarpar a la flota para restar fuerzas al Gobierno de Negrín y darle una ventaja al coronel Casado o, simplemente, lo hizo por su cuenta.
En lo que sí que están de acuerdo es en que fue un militar muy valiente, pero que tenía muchas dudas a la hora de tomar las más importantes decisiones.

Supongo que eso nos habría ocurrido a la mayoría de nosotros, si nos hubieran colocado tan apresuradamente en un puesto de tanta responsabilidad y  con unos comisarios políticos, que todos los días analizaban y aprobaban o denegaban sus órdenes, dando cuenta al Gobierno de las mismas.