ESCRIBANO MONACAL

ESCRIBANO MONACAL
UNA GRAN OBRA MAESTRA REALIZADA EN MARFIL

viernes, 21 de abril de 2017

EL REY GODO CHINDASVINTO



Hoy voy a narrar el reinado de un monarca que nunca fue muy popular. Sin embargo, pese a su avanzada edad, fue el único rey godo que se enfrentó de una manera seria a los problemas del reino. Aunque, como veréis, lo hizo, quizás,  de una manera demasiado expeditiva.

Chindasvinto nació alrededor del año 563, aunque no se tienen demasiados datos para poder confirmar ni su fecha, ni su lugar de nacimiento.
Sus antecesores en el cargo habían sido Chintila, un rey con muy buenos propósitos, pero al que  le faltó la suficiente energía para poner en su sitio a los nobles del reino, que robaban todo lo que querían y tenían casi más poder que el propio monarca.
Lo único que le salió bien fue intentar establecer una monarquía hereditaria, porque, como todo el mundo sabe, la de los godos era electiva.
Tras el corto reinado de éste, en 639, llegó al trono su hijo Tulga, que, según  parece, era un muchacho muy joven con muy poca personalidad  y una casi nula formación.
Parece ser que, a pesar de que la monarquía hereditaria iba en contra de lo aprobado en el IV Concilio de Toledo, los obispos aprobaron de muy buena gana este nombramiento y seguro que se frotaron las manos. Lo cierto es que al padre le habían sacado de todo,
así que lo más probable es que con su hijo lo tuvieran todavía mucho más fácil.
El pobre chico no llegó a estar ni tres años sentado en el trono. Incluso, durante ese corto período, tuvo que enfrentarse a varios intentos de rebelión. Algo que les había ocurrido a casi todos los reyes godos.
Evidentemente, a la nobleza no le hizo mucha gracia esto de la monarquía hereditaria, pues, si se fundaba una dinastía sucesoria, ninguno de ellos podría aspirar al trono, como habían hecho hasta la fecha.
Desgraciadamente, en 642, este chico topó con un noble ya anciano llamado Chindasvinto. Le he llamado anciano, porque se sabe que ya tenía nada menos que 79 años, o sea, en la actualidad, más o menos, como una persona de 90.
Lo que parece increíble es que este hombre, a esa edad, le restara todavía tanta vitalidad como para hacer lo que hizo durante su reinado.
No valieron para nada ni los cánones, ni los anatemas, lanzados por los eclesiásticos contra Chindasvinto. Capturó a Tulga, ordenó que lo tonsuraran y que lo encerraran de por vida en un convento. Esto siempre fue muy habitual en las conjuras palaciegas de los godos.
Los que entraban a formar parte del clero perdían todos sus derechos al trono. Así que si alguien era tonsurado, se entendía que iba a ser eclesiástico y ya no se podía ser rey.
Incluso, en el caso de que un rey estuviera a punto de morirse, si se le hacía la tonsura y se le vestía con un  hábito de fraile, aunque se repusiera, ya no podía continuar siendo rey. Esas normas formaban parte de las que se aprobaban en los Concilios, donde se reunía cada rey con los nobles y los obispos.
Parece ser que ni siquiera se molestó en ir a Toledo para que lo proclamaran rey. Como se cree que era un jefe militar, que tendría a su cargo alguna zona próxima a la actual del País Vasco, pues se proclamó rey en Pampliega (Burgos).
Como conocía muy bien a la nobleza goda, que siempre había sido muy levantisca, dedicó sus primeros años de reinado  a hacer una gran purga entre ellos.
La mayoría de los autores creen que ordenó la muerte de unos 200 nobles, pertenecientes a  la alta aristocracia, y otros 500 nobles de menor importancia.

No obstante, otros muchos se salvaron por el sencillo procedimiento de exiliarse y a estos les confiscó todas sus propiedades. Parece ser que en este nutrido grupo de exiliados, que se fueron a la Galia, predominaban los eclesiásticos. O sea que, como hemos visto, este rey era un especialista en ir haciendo amigos por donde pasaba.
Supongo que a causa de estas medidas tan terroríficas, fue capaz de organizar el VII Concilio, en 646, donde los reunidos aprobaron una medida consistente en que, para los clérigos, la falta de lealtad al rey,  llevaría consigo la pérdida del estado clerical y convertir a esa persona en un mendigo de por vida. Independiente del rango que tuviera dentro de la Iglesia.
Conociendo la envidia que hay en este país,  enseguida proliferaron, por todas partes, acusadores contra los nobles o clérigos. Así que el rey tuvo que ordenar que, al que hiciera una acusación falsa, se le castigaría con la misma pena con la que debería de haberse castigado a su víctima. Hay que reconocer que este tipo conocía muy bien al país sobre el que gobernaba.
Parece ser que siempre estuvo enfrentado con la Iglesia. Castigó a los clérigos que dieran refugio en sus templos a la gente perseguida por la Ley. Impuso multas a los clérigos que no acudieran a los juicios o a los concilios y hasta nombró, personalmente, a algunos obispos. Por otra parte, quiso ganárselos a base de hacerles donaciones.
Evidentemente, como siempre ha sido normal en este país, también se enriqueció con los bienes confiscados y repartió una buena parte de ellos entre un grupo de gente, que siempre le habían sido leales. Era una forma de crearse una clientela política.
Desde luego, parece ser que tuvo un reinado mucho más pacífico que el resto de los reyes godos. Nadie se atrevió a enfrentarse a él.
Incluso, para intentar que la pacificación de su reino durara más tiempo, fomentó los matrimonios entre gente leal a su persona y familiares de exiliados o asesinados durante su mandato.
En el terreno legal, tuvo tiempo de mandar revisar el Código de Leovigildo, aunque no pudo acabar esa labor, porque le llegó la muerte y lo terminó su hijo. No obstante, ya tenía casi 100 leyes preparadas para ser promulgadas. Con ello, gobernaría con las mismas leyes tanto a los godos como a los hispano-romanos. Era la primera vez que se hacía un texto legal válido para ambas sociedades y ellos le dieron su redacción definitiva. Es lo que después se llamó el Fuero Juzgo, que estuvo vigente durante varios siglos. Desde entonces, ya sólo hubo un único pueblo en España.
En el 649, quiso probar también la fórmula de la monarquía hereditaria, como había hecho Chintila. Sin embargo, él asoció al trono a su hijo Recesvinto, para gobernar juntos. Por supuesto, en este caso, a nadie se le ocurrió alzar la voz para oponerse, por si acaso.
Realmente, hasta el 653, el único rey que ejerció como tal fue Recesvinto, porque su padre ya estaba demasiado mayor para ese arduo trabajo.
No obstante, Chindasvinto, llegó a vivir 90 años. Una edad muy avanzada para esa época y hasta se podría decir que para la actual.
Parece ser que tuvo tres hijos y una hija. El mayor, Recesvinto, fue su sucesor en el trono. El segundo, Teodofredo, de quien dicen que fue el padre del rey don Rodrigo. El tercero, Favila, que, según una leyenda, fue el padre de don Pelayo. También tuvo una hija llamada Glasiunto,  de la que no se poseen más datos.
Aunque falleció en Toledo, parece ser que fue enterrado, junto con su esposa, Reciberga, en una iglesia fundada por él en San Román de Hornija (Valladolid).
Se podrá decir que fue muy cruel. Sin embargo, yo creo que fue igual de cruel que el resto de los reyes godos.
No obstante, se puede decir en su favor que tuvo la valentía de enfrentarse a  los poderosos y derrotarlos.
En cambio, como todos sabemos, la mayoría de los gobernantes actuales,  se caracterizan porque son débiles con los fuertes y fuertes con los débiles. Esto último sí que me parece una gran crueldad y nadie piensa remediarlo.

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